La colmena de las letras

La Colmena de las Letras es una «mini biblioteca» municipal promovida por el escritor taramundés Chema Cotarelo Asturias en el Ayuntamiento de Taramundi.

Su funcionamiento es simple y su gestión por parte de la Biblioteca del ayuntamiento también lo es.

No he sacado ningún libro de la misma, salvo para hojearlo y ojearlo. Pero este año deposité 3 libros que nos había regalado un amigo en Gijón. Las dedicatorias las extrajimos y plastificamos para quedárnoslas como recuerdos.

Los libros eran:

  • una colección de relatos y poesías titulado «Las Xanas también cuentan», de un Taller de Escritura Creativa gijonesa.
  • Un poemario de un escritor-guerrillero gijonés-nicaragüense, llamado Gaspar García Laviana, titulado «Cantos de amor y guerra», que resultó algo panfletario, pero bienintencionado.
  • Una novela de Isabel Allende, cuyo título he olvidado.

Fue bonito verlos allí, esperando otra persona que los leyese como los habíamos leído nosotros.

Fanzines de regalo

Me llega desde Granada este precioso regalo (todo regalo es precioso) de Llorch, quien ofreció hace tiempo la opción de recibirlo enviándole una carta postal, cosa que hice, por supuesto, con todo el cariño posible.

Ahora me dan ganas de ponerme a editar una revista mensual de distribución postal… si no fuera por el elevadísimo precio de los sellos de correos, que no para de subir (más de un 9% anual).

Correos dispara un 8,5% el precio de los sellos nacionales y casi un 4% el de paquetes para 2025

Correos subirá un 8,54% el precio de los sellos necesarios para el envío de cartas y tarjetas postales normalizadas y de hasta veinte gramos de peso a destinos nacionales para el próximo año 2025.

Previamente, en 2023, aumentó otro 4%, un 7% en 2022, un 7,7% en 2021, un 8,3% en 2020, un 9% en 2019, un 10% en 2018, un 11,1% en 2017, un 7,14% en 2016 y un 10,5% en 2015, cuando costaba 0,42 euros.

Así que posiblemente me quede con la idea de editar libros pequeños de tiradas mínimas cada tres meses. Ya veremos. El curso está comenzando.

el giste del bitter kas

soy el giste olvidado
el giste rosado que no ve la luz
en los diccionarios históricos
soy el burbujeo violáceo
o dorado
que ingería una señora
a la luz de las farolas grises
de una ciudad caduca

soy el giste triste
bajo la tenue mirada alcoholizada
que nunca es amarga
y siempre amarga
incluso amaga
con amargar
con menos de un grado
de etanol

soy el giste revolucionario
desde el salón acolchado
de muebles beige
que pronunciamos beisss
y que realmente
el paso de los años
y las decepciones
tiñen de un marrón apagado
como la vida misma

soy el giste ignorante
del bitter kas
de botellas diminutas
al lado
del refrigerador
desapareciendo
en esferas carbónicas
disueltas en carmesí elemento

Nota: la palabra giste está recogida en el diccionario de la RAE para significar la espuma de la cerveza, pero su entrada en el diccionario histórico de la lengua española merece un visionado. ¡Qué palabra! Gracias a Anita Ges por presentármela.

Bat

Tonta ilusión la de gastar 6€ en esta tarjeta (que incluía 3€ en dinero utilizable) para poder viajar por Euskadi. Me hace particular ilusión saber que la próxima vez que viaje a Donosti podré moverme en transporte público (aunque suelo ir caminando a todas partes para no perderme ni un milímetro de ciudad).

Me siento como en casa cuando voy a Euskadi. No sé por qué me pasa, pero lo sé.

Y eso que, de Gazteiz, confesé a mi buen amigo Xabi:

No ha sido mi ciudad preferida. No podía evitar compararla con Donosti (y sentir que estaba tan cerca era peor, a punto estuvimos de acercarnos…) y no hay color. Hay 2 calles que me gustaron… el resto es «burgos».

Nada en contra de Castilla. Pero no es mi casa.

Amistades peligrosas

Me llamó la atención leer el artículo de El País Amigos ‘yo, yo, yo’: cómo reaccionar ante quienes solo hablan de sí mismos, porque a medida que lo leía me iba quedando claro que el problema eran «Los Otros», nunca yo. A pesar de tanto «yo, yo, yo» del título del artículo, y es que encontré que nos dicen cómo evitar a esas amistades, pero no cómo dejar de ser uno de ellas, como si no lo fuésemos nunca.

Es una reflexión que cada día intento (no siempre con logros) hacer más: ¿Qué puedo cambiar EN MÍ para mejorar el mundo?

En lugar de perseguir cambiar a la gente (que nunca me incluye), aceptar a las personas como son, incluso si no me gustan (siempre puedo tomar la distancia que considere necesaria para no sufrir).

¿Es inmovilista? Puede ser. Pero es la manera en la que me encuentro a gusto en mi vida actualmente. Siempre habrá quien quiera cambiarme, y no pasa nada… pueden intentarlo. Aquí estoy. Inténtalo.

Pruebas de imprenta caseras

Estamos terminando la maquetación/edición de la primera Obra de Teatro que Clave 53 ha editado.

Está siendo complicado porque hay decisiones que no sabíamos tomar, dado que es muy muy diferente a la edición de poesía que no tiene, en general, que tener en cuenta aspectos como dónde colocar (y con qué tipo de letra) los nombres de los personajes de la obra, no hay tantas acotaciones que, además, pueden incluir otras voces, otras referencias…

Afortunadamente, apostamos por una familia tipográfica muy completa, que incluía una buena itálica, fatface, thin, etc… como es la Bodoni que hemos usado también para la cubierta.

Recientemente, hicimos una prueba en una copistería, pero no salía con una calidad suficiente, sin entender muy bien la razón, así que revisamos que las imágenes usadas estuviesen en CMYK (lo que con Linux siempre es un pequeño tormento) y hemos impreso una copia en papel normal con una impresora convencional para ver si sale más o menos legible y todo parece estar bien.

Pero siempre, siempre, pasamos miedo en estos últimos pasos. Al fin y al cabo, es ahora cuando nos jugamos el dinero y, posteriormente y más importante, la reputación.

El lunes, si los autores de la obra están conformes, procederemos a la solicitud a imprenta de producción de 200 ejemplares. Cruzando los dedos…

Los años, de Annie Ernaux

El viernes me terminé el libro Los años, de la Nobelmente galardonada Annie Ernaux.

Es un libro que hacía un año largo me había recomendado Jaime Vallaure, quien, en su día hará algo como 25 años, me regaló uno de los libros que más me ha impresionado en la vida: La vida instrucciones de uso, de Perec.

Unos meses después, de cara a mis vacaciones del pasado verano, comencé a buscarlo hasta encontrar un par de ejemplares de otros libros de Annie Ernaux en una librería increíble en Gijón, con un nombre bien apropiado para su contenido: La habitación propia. Compré La otra hija y Lo que ellos dicen o nada.

Ambos libros me parecieron una delicia (editorial también, todo hay que reconocerlo), pero los devoré en poco más de un día de mis vacaciones. Se me hicieron breves. Joyas para degustar.

Definitivamente, quería saber y leer más de Ernaux y Jaime, otra vez, había dado en el clavo.

Mi amiga Aída, también admiradora de la obra de esta escritora, entre otras muchas, muchísimas, coincidencias, me dijo que tenía ese libro que andaba buscando de Los años y otro más. Así que hace un mes hicimos un intercambio, como los de rehenes o prisioneros a la luz de un farol mientras llueve sobre el puente fronterizo.

En este caso, nos encontramos en un bar amigo y nos canjeamos los libritos: ella me trajo mi esperado Los años y un librito que me leí en una mañana sin parar, titulado El lugar, en esta ocasión editado, no por Cabaret Voltaire, como los otros tres, sino por Tusquets Editores.

Cuando comencé a leer Los años supe inmediatamente que había dado con algo increíble.

Me gustó de principio a fin, sin fisuras, por su contenido y por su forma, por su enfoque y por lo enfocado, por esas pausas para respirar tanta historia (sin mayúsculas o con mayúsculas, a elegir), por sus imágenes conformadas con texto, por su modo de generar una autoficción o autobiografía en una primera/tercera persona tan sumamente bien elegida para una autobiografía impersonal y, simultáneamente, absolutamente personal. Su ego no oculto y, sin embargo, no molesto, no autoritario o impuesto.

La trama es casi lo de menos y al mismo tiempo es crucial. Su contexto social, la historia del Siglo XX desde 1940 y su nacimiento en guerra hasta su decisión de escribir el libro que tenía entre las manos, en la segunda década de este estrenado milenio.

Pero contiene todo, a modo de libro de libros, esa aspiración borgiana, tan bien lograda en la perequiana La vida instrucciones de uso, contiene la historia política de esas 7 décadas, pero con referencias a las pretéritas y a las por venir, que ya han llegado, contiene su biografía y la de quienes la rodearon, sus circunstancias vitales y sociales, contiene la economía, la ilusión o desilusión de varias generaciones, contiene reflexiones sobre la escritura, sobre la creación, sobre el acto de crear, de creer… contiene fotografías sin contenerlas, contiene tecnología sin contenerla, contiene respiraciones…

Está vivo. Es un libro vivo y vibrante.

No pude evitar leerlo imaginando cómo lo leerían otras personas pues inmediatamente te conduce a otros referentes que crees tener en común con amigas, con amigos, con diferentes lectores posibles de esta pieza increíble de literatura. Menos aún pude sustraerme a intentar sentir cómo lo había leído mi querida amiga, con quien tengo más de 12 años de separación, aunque no suelo ser muy consciente de ello, amén de diferencia de género.

Me planteé la duda de ¿este libro apegado a la historia lo leería igual cualquier persona de cualquier edad o especialmente iba dirigido a un público lector de más de, pongamos, 50 años y con un conocimiento de la historia contemporánea lo suficiente capaz de aprovechar los detalles que regaban la narración?

Por suerte, tuve el gustazo de compartir esta duda con ella misma (el viernes pasado, en el mismo lugar donde nos habíamos trocado los libritos) quien sostenía que Ernaux era, de alguna manera, universal, que conectaba con personas de diverso género, edad… y aunque sigo teniendo dudas al respecto, sí que parcialmente me convenció: al fin y al cabo, ¿no había, yo, hombre español de unos 57 años, conectar personal y perfectamente con una escritora francesa de más de 80?

Creo que hacía décadas que no encontraba un libro que me pareciese tan especial, con una escritora de quien desease conocer todo su trabajo, como ya me hubo pasado con Perec, con Gunter Grass, parcialmente con Paul Auster a quien siempre reconocí como escritor no tan especial, con Tolstoi.

Soy dolorosamente consciente de que es la única mujer entre tantos hombres, pero también de que afortunadamente he ido, poco a poco (y sigo en ello), descubriendo toda la literatura que habían escrito mujeres y que no conocía. En parte porque no se publicaba (o traducía), pero también por falta de interés en buscarlas. Proseguiré mi búsqueda, porque hay mucho por descubrir. A veces calladamente, a veces avergonzado.

De momento, para este verano, si no antes, quiero nuevos libros de esta autora y, posiblemente, de Clarice Lispector, quien merece, por lo menos, otro texto en este diario íntimo y público.

Amigo invisible

El miércoles con uno de los grupos de los Talleres de Poesía Contemporánea que defiendo desde hace décadas, realizamos (por fin después de varios intentos fallidos) el encuentro para darnos los regalos del «amigo invisible» que finalmente no tiene nada de invisible.

Me regalaron (en este caso mi estimado Ettore Ravina) un libro-poema titulado 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat que me pareció una auténtica maravilla y que no pude sustraerme a la tentación de extenderlos en la sala donde nos entregamos los presentes (entre los presentes con algún ser ausente).

Yo, por mi parte, le había realizado un poema programable de la Serie Permutaciones y un poema objetual (libro objeto único) con las letras de su nombre ADRIANA y que Carla Aurelia fotografió con mimo en una de las múltiples variaciones que se pueden obtener.

Recibo belleza en el buzón

Hoy he vuelto a mi rutina (que ya era hora) de piscina y estudio, revisión de cuentas, de buzones de correo electrónico y, por supuesto, de correo postal. Y me encanta recibir joyas como esta pequeña pieza delicada de Yolanda Pérez Herreras, quien siempre me sorprende y me enseña nuevas formas de concebir el acto poético.

Muchas gracias al mundo por la generosidad de poner personas como ella en mi vida.

Esto no es una broma