OuLIPO
Tres palabras
SECRETO
SECRETOS
DECRETOS
LipoHaiku Fuerte
Como ejercicio de los Talleres de Poesía Contemporánea, en este caso, basado en el temático de Poesía Clásica Japonesa, pido que escriban, en algún momento, un haiku combinándolo con una de las más interesantes restricciones de OuLIPO: el lipograma (en este caso, lo que yo llamo lipograma fuerte) y este fue el que yo hice a modo de ejemplo:
solo los ojos
son locos como pozos
con poco fondo
En el que, entre otras cosas, quería evitar la repetición de palabras, lo que suele ser difícil en este tipo de ejercicios. No es, obviamente, el primero que hago, como este otro dedicado a «embellecer» un poema objetual que le regalé a Pepe Buitrago.
Cigarrillo
humo opaco abarca
la luz final
tu morir último acabó conmigo
nos hallamos atribulados
con la flor sin color
con la flor apagada
con tu margarita mustia
un humo opaco
obturó la vista
hasta alcanzar la nada
olvidada
contra todo pronóstico
humo opaco
al fin
sin fin
10 palabras esculpidas

recuerdo extraño
la palabra persona
pregunté
con desapego de tristeza
Nudos
nudos sobre la cuerda
inundan el mundo
de nudos
inundados
anudados
a la cuerda
sin acuerdo
ni recuerdo
de ciertos
nudos
que anudan
la duda
donde el nudo
del mundo
sobre una cuerda
floja
afloja
la soga
alrededor
del cuello
de nudos
sobre la cuerda
de un mundo
inundado
de nudos
mudos
inmundos nudos
aunando
verbos
y adverbios
sobre la proverbial
inundación
de nudos idos
a otros mundos
idos
a otros recuerdos
sin acuerdo
sin cuerdas
atados
en la mayor locura
que imaginar puedo.
Sobre los champiñones y su evocación

Si los champiñones se desordenan me pongo nervioso. Sí, ya sé que es algo banal, pero es cierto. Procuro, dado el espacio disponible, minimizar el número de cortes sin que ello tenga el más mínimo sentido. Seguramente, sólo por alinearlos, estoy perdiendo tiempo y energía, pero me gusta que estén, al menos durante unos instantes, con un mínimo entrópico que me hace sentir que el universo no conspira contra la vida como parece indicar el segundo principio de la termodinámica. Es una batalla perdida. Sé que todo acabará en un máximo desorden. La muerte no es ordenada, por mucho que nos empeñemos en archivar cadáveres en tumbas alineadas como mis portobello, tumbas que en ocasiones han sido usadas como abrevadero de caballos, como bancos para sentarse, como suelos de iglesia donde bailar. Si los champiñones se desordenan, mi lugar en el mundo se tambalea y tiemblo, sí, tiemblo… además de temer cortarme accidentalmente con un cuchillo largo sin noche, un cuchillo poco afilado, de sierra, que me recuerda y evoca mis montañas de Colmenar, cuando escapaba en la adolescencia (que en mi vida duró una quincena desde la quincena) a la soledad fría de una nava cerrada. Malditos hongos que evocan tristeza siendo una alegría deleitarse con su melosa carne sacrificada sin sistema nervioso central sufriente. Malditos y desobedientes. Ese díscolo champi que saltimbanquea sobre sus compañeros juguetando a ser distinto como si pudiese evitar su destino inapelable (y sin pelar). La tabla no es glamurosa y de repente quiero tener una de madera de haya que he visto en un vídeo de sabiduría infinita que es más higiénico y menos dañino para mis mal cuidados cortadores que una de plástico o una de titanio respectivamente. Si los champiñones se desordenan tengo que contárselo al mundo, por si acaso alguien más ha sentido ese movimiento sísmico, esa perturbación en la calma, por si alguien más ha sentido o siente empatía con esos pequeños seres que van a morir y han muerto, a mis manos, para alimentarme, para dar de comer a unas células que mueren a razón de varias por minuto, desordenadamente, sin avisar, traidoras células que me abandonan y pueblan el mar de los sargazos del aire que respiro. Mientras tanto, para simplificar, porque siempre hay que simplificar, que diría Perec, sé que la comida estará lista en menos de media hora y que mi amiga disfrutará de mi cariño hecho receta, mucho más de lo que yo lo haría en una franquicia recalcitrante que me eduque a comer con la ética oportunista y de postureo que se lleva en esta ciudad acartonada, desordenada como champiñones mal alineados.
Pero esta última frase no resulta en absoluto simple ni simplificada, sino más bien lo contrario pues remite a la conflictividad socio-política que emerge en este siglo XXI en el que se abandona el afán por perseguir utopías en aras de una imagen que llene o rellene el tiempo y el espacio de una red social, producto de consumo dopamínimo oligopólico y esdrújulo en grado máximo.
Desisto de intentar simplificar lo que me pasa por la cabeza cuando corto unas setas redondeadas pues hierve mi mente en constante desestructuración, en constante decaimiento a un estado de mínima energía irreversiblemente. ¡Qué inefable me resulta todo (y nada)!
¡Gloria al silencio!
Dije a los gritos.
Inexorable
Inexorable
acero inoxidable
el tiempo
pasa
dejando un rastro de cadáveres
porque el rastro
siempre es de cadáveres
para no ser
mercadillo
inexorable.
Inexorable
la vida
inefable indefinida
avanza
por una autopista
en dirección contraria.
Inexorable
el bolígrafo azul
agita efervescentes
lágrimas de tinta
al filo de
la madrugada
la noche
la angustia
la nada.
Inexorable
exorable
adorable
orable.
Inexorable
este texto
dejó de ser profundo
para jugar con las palabras
otra orgía
a la que llamar
poema.
esteganografía
mis próximos poemas
no los verás llegar
ESTEGANOGRAFÍA
ESTA NO
ES EGO
NO FÍA
Algunos cadáveres exquisitos algo atípicos
Andamos abrazando árboles arcaicos
altos abismos acuden altaneros
al abrazo absurdo antes de acostarse
agotado artefacto antiguo
al altar es sagrado en mi habitación
además alucono alguna alergia
artista antes anfibio
ahora alcahueta acolchonada abuhardillada.
Algunas amantes amaban
amargamente agazapadas atravesando
anchura adorada
anchoa anclada
aguas calientes me relajan
amaneciendo alcalde armando ansiedades
aluminio acariciando albañiles
acharolados, acartonados, acojonados
acostumbrados a acabar alterados.
Aterrados.
Al amanecer antes amarillea
ámameeee a ambos atardeceres alucinantes
ancianas agotadas acongojadas aislan
abstraerse aunque arenques amargos
ardan arañas andantes al año agazapado
ante amores arduos
ardillas aroma almíbar
atormentada voy yo en el martes sagrado.
Amanece antes, ayer aconteció,
amarillo angosta angustia
académicaaaa altura amorfa atraigo
adelante, atrás, adelante, atrás, adelante
¡Adelante! Hacia atrás atrapa
la alborada ancha anclada
a amplia habitación ilumina el techo
ansiando arroces algo antiguos.
Abrazando a alguien
artículé alabanzas almas adobadas
ansía lo que no tengo,
añoro abuelos alocados ansiosos.
Ánfora anticongelante absurda
a armando armarios amontillados
a altura abotonada
arrebujados alrededor, apasionados,
animados almibarados
albaricoques alucinan azucarados.
Arrancar el martes con mis deberes
animar ansiedades abstractas
anochece acaba asqueada alcantarilla
absurda ambas asquerosas apoltronadas
aunque avisaras
aves aviesas avistarían
almacenes al alba amontonan
amargura antediluviana
andando aparte apesta a andar.
Ansia anclada a alma
adoro niños de miércoles
ando abordo axiomas antiguos.
Ahorro amalgamas absurdas abstractas
amontonados anacardos acomplejados
ahora aldabonazo arrancando arras
al almirante amanerado
admira al alabardero antipático
abrazando amargos áticos.
Textos escritos a muchas manos el 4 de noviembre de 2025
Tanja Ulbrich, Kay Woo, Manuel Rufo, Mónica Rubio, Anita Ges, José Luis González, Alejandro Gallego y Giusseppe Domínguez