Pensar a chorros, con permiso de Oliverio.

Reversionando el
Poema 18 – Espantapájaros de Oliverio Girondo.

Pensar a lágrima viva
Pensar a chorros.
Pensar la digestión.
Pensar el sueño.
Pensar ante las puertas y los puertos.
Pensar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del pensamiento.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestra mente.

Asistir a los cursos de antropología,
pensando.
Festejar los cumpleaños familiares,
pensando.
Atravesar el África,
pensando.

Pensar como un cacuy,
como un cocodrilo…
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de pensar.

Pensarlo todo,
pero pensarlo bien.
Pensarlo con la nariz,
con las rodillas.
Pensarlo por el ombligo,
por la boca.

Pensar de amor,
de hastío,
de alegría.
Pensar de frac,
de flato, de flacura.
Pensar improvisando,
de memoria.
¡Pensar todo el insomnio y todo el día!

detrás de los cristales, llueve y llueve…

[audio:https://giusseppe.net/blog/wp-content/uploads/2013/05/baladaotono.mp3|titles=Serrat – Balada de Otoño]

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Pintaron de gris el cielo
y el suelo
se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece
un niño que el viento mece
con su balada en otoño.

Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.

Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.

Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.

Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.

Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados…

Pero es que se titula Una balada de Otoño
¡Coño!

Basta ya de llover, por favor, que no salgo de esta tristeza negra que se metió en mi pecho el domingo…
Y encima me quedan dentro regustos de bandoneón y nostalgia porteña, vamos, para no parar de llorar.

Privatizando, que es gerundio.

Dice una amiga, que me envía este email, esta frase, y parece acertada:
La realidad como siempre supera a la ficción.

Por muy inverosímil que parezca, se venden operaciones en el Corte Inglés desde ya… ¡y no es coña! Todo lo justifica el mercado, así que si hay gente que lo compra, está bien… ¡Y una Puta Mierda! Pero no me extiendo entre la diferencia entre lo que se normaliza y lo bueno… más o menos relativo, pero no dependiente de la ley de oferta y la demanda.

HM Hospitales comienza a vender operaciones en el Corte Inglés

Proyecto pionero que busca «descongestionar» las listas de espera del SNS y abrir la sanidad privada a la población
2013-03-13

HM Hospitales ha abierto en el Corte Inglés de Princesa (Madrid) un stand informativo para la venta de procesos médicos y quirúrgicos benignos, con el objetivo de «descongestionar» las listas de espera del Sistema Nacional de Salud (SNS) y de dar a conocer, de una manera «más cercana», la sanidad privada a la población.

Así lo ha comentado el director general de HM Hospitales, Juan Abarca, quien ha asegurado que a través de esta iniciativa pionera se va a conseguir «ahorrar» costes al SNS en un momento en el que, ha apostillado, la sanidad pública tiene grandes «dificultades económicas» y necesita un posible cambio de modelo.

Por ello, el grupo ha creado este espacio donde profesionales del HM Hospitales informarán a los interesados que tengan ya un diagnóstico sobre «cualquier» intervención quirúrgica que necesiten o sobre la posibilidad de realizar chequeos personalizados. Entre estos procesos se encuentran, según ha explicado Abarca, prótesis de cadera y rodilla, operaciones de juanetes, cataratas, varices, hernias, hemorroides o, incluso, de estética.

Todas estas intervenciones se llevarán a cabo en los centros hospitalarios que el grupo tiene en Madrid y de los que se informará al cliente en el stand de forma detallada, explicando qué técnica se va a utilizar, cuál va a ser el tiempo estimado de ingresos, cuáles son los servicios incluidos y excluidos, y cuáles son las tarifas de las intervenciones.

En este sentido, Abarca ha comentado que los precios que van a ofrecer a todo aquel que se acerque al stand para someterse a un proceso quirúrgico serán «cerrados», «competitivos» y en condiciones de pago «accesibles» para cada intervención que, además, podrán ser financiados con la tarjeta de El Corte Inglés.

«Va a ser un punto de información, no va a ser una consulta. Se trata de un proyecto que complementa la sanidad pública y que, por tanto, puede ser un alivio para el SNS. Esta es una idea que funciona ya en otros países y nosotros vamos a ver cómo lo acoge la sociedad española y, si hay una buena acogida, ampliaremos estos stand a otros centros», ha asegurado Abarca.

Así, antes del proceso, al paciente se le citará para una consulta gratuita con un médico especialista que, además de estudiar su caso clínico, le dará las explicaciones necesarias sobre la conveniencia o no de la intervención, así como las ventajas que ofrece la técnica propuesta dentro del tratamiento integral de su patología.

Por último, una de las responsables de la sección de explotaciones ajenas y nuevos negocios del departamento de ventas del Corte Inglés, Mariló Munera, quien ha estado acompañada por el director del Corte Inglés de Princesa, Iván Hevia, ha asegurado que los servicios que se van a ofertar son de «calidad» y ha explicado que la financiación con la tarjeta del Corte Inglés es una forma de «facilitar» la forma de pago a los clientes.

¿De qué vive un poeta?

Ayer en una clase de poesía
me preguntaron
¿de qué vivía Paul Eluard?

Yo había estado presentando su contexto
su relación con Gala
su pertenencia al Surrealismo
su estancia en Suiza en el momento adecuado
para conocer el nacimiento de Dadá
su amistad con Bretón
su militancia política…

y no tenía ni la más remota idea
de si vivía de la poesía
aunque estaba casi seguro de que no.

Poeta no es aquél que vive de la poesía
sino aquél que vive para la poesía.

No pude evitar darme por aludido
si bien
algo en mi interior me decía
que yo no era
ni remotamente parecido
a Paul Eluard.

Hice un repaso
(no solo mental)
sobre de qué vivían
(de qué ingresaban dinero)
los poetas y artistas que conozco
vivos y/o muertos
comentando cómo, muchos, cobraban en especies
en obra plástica
como Duchamp y Picasso
y cómo el primero había ayudado a coleccionistas
de la talla de Peggy Guggenheim
a acercarse a obra de autores que nunca habría conocido
o cómo Baudelaire
uno de los primeros escritores malditos
había escrito un libro titulado
Cartas a mi madre
en las que
cada vez que terminaba
le pedía dinero para sus re
ediciones
de las Flores del Mal.

Dinero que
en última instancia
salía de las manos de su odiado padrastro
burgués militar hasta la médula
que habría querido impedir
el desarrollo artístico de quien estaba llamado a ser
el revolucionario mayor de la poesía contemporánea.

Charles
como muchos otros
ingresó de traducir obras ajenas
como haría Paul Celan
o Paul Auster
o tantos otros
que tenían
con ello
la oportunidad de trabajar en algo cercano
a aquello para lo que querían trabajar.

Algunos habían vivido de participar en publicaciones
tan prosaicas como la prensa
y ahora las tertulias televisadas
o radiadas
en cierto tiempo.

Otros
de hacer obra de encargo
en paralelo a la obra que deseaban hacer
tanto cineastas
como pintores
como fotógrafos
como escultores
como arquitectos.

Había ejemplos de todas las clases
de todo pelaje.

Muchos tenían trabajos más o menos ignorables
e ignorados en sus biografías
como Bukowski el cartero
y luego tantos otros trabajos ocasionales
o Henry Miller jefe de personal
o Auster negro literario
o pintores diseñadores gráficos
y recordé la entrevista que hacían a un escritor español
cuyo nombre no recuerdo
en la que afirmaba que una de las mejores profesiones
para un poeta o novelista
era la de barrendero
por la disponibilidad de tiempo
estabilidad económica
aporte de experiencias únicas
y mínimo consumo cerebral.

Porque sí
el cerebro se gasta
en determinados trabajos
y así yo preferí
trabajar de teleoperador
a administrador de sistemas o consultor tecnológico
porque mi para qué
se veía mucho menos turbado
en un trabajo eventual
que no requiriese la participación
de mi mente.

De un tiempo a esta parte
muchos artistas y ocasionalmente
algún poeta
habían vivido de la subvención pública
que era un camino razonable
para quienes están haciendo obras
de marcado carácter contemporáneo
exentas de la posibilidad de crear un público espectador
habiendo abolido la expectativa.

Parecía que se había hecho posible
el deseo de Maiakovski
expresado tan maravillosa e inteligentemente
en su poema
Conversaciones con el inspector fiscal sobre la poesía.

Pero no podía durar.

Ahora están
navegando en el mar de dudas de la carencia más absoluta
en una economía que más que de guerra podríamos llamar
de postguerra
de país vencido.

O estamos.

Y vamos recogiendo migajas
en forma de trueques
ayudándonos entre nosotros
a seguir adelante
comprándonos entre nosotros las obras que
en muchos casos
solo leemos nosotros o vemos nosotros.

Y vamos fabricando más jabón para esta burbuja
que nos mantiene aislados
como en un lugar impoluto y limpito
carente del problema de la subsistencia
en el que no hablamos de qué es lo que hacemos
para ingresar dinero.

En muchas ocasiones
(y me incluyo)
tenemos familiares o amigos
que ejercen un mecenazgo
puntual
con el que vamos tirando
y tiramos
porque somos cigarras en un mundo de hormigas
a quienes molesta el ruido de las cigarras.

No sé de qué vive Paul Eluard
pero sí sé
seguro
cómo vivió
y para qué vivió.

Vivir es
tan difícil
cuando se hace contracorriente…

Referendum por la Sanidad Pública

referendum sanidad

A pesar de estar a favor de la sanidad pública, tanto como para opinar que no debería haber sanidad privada (lo mismo lo aplico (y más) para la educación), este tipo de encuestas no me convencen. No creo en su objetividad para empezar, están planteando una pregunta sin contexto: ¿Está a favor de una sanidad pública y en contra de su privatización? Pues claro que sí, pero ¿a costa de qué? ¿De dónde se extraen los fondos para su mantenimiento?

Para mí esta pregunta está inscrita en la de la elección de un modelo de estado, no puede ser respondida de manera aislada porque carece de sentido.

Aun así, contesté un sí, aportando mi firma, mi DNI, etc… pero he de reconocer que fue más un gesto de apoyo a quienes están tan motivados como para seguir movilizando conciencias. No creo en el carácter vinculante de estas consultas populares, pues, entre otras razones, «votan» quienes ya tienen la predisposición a decir que sí. Si se considera un éxito que haya más de un millón de firmas a favor, habría que tener en cuenta que habrá más de 30 millones que no han dicho nada, muchos de los cuales (por ser positivo no más de 10 millones) no desean cambiar el modelo de estado que está llevando asociado el desmantelamiento de todo servicio público que pueda ser privatizado haciendo mayor la ruptura social y acabando con la clase media… pero es la misma clase media la que ha elegido este modelo.

Sigo sin ver, de ningún lado, una propuesta coherente, de estado, verosímil, que me convenza. Algunos puntos de Equo me convencían, hasta haberles votado, pero no su capacidad movilizadora, nula.

Ups… hoy estoy pesimista y no veo muchas formas de salir de esta desbandada con algo en las manos que no haya caído en el camino.

1 de mayo

El Cuarto Estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo

Es una de mis fiestas del año que considero más sacras, pero mañana voy a trabajar.

Voy a darle una clase a Marta, pero es que sé que será de las últimas. Sé que va a terminarse la posibilidad de enseñarle matemáticas o química. Me digo que habrá más personas estupendas a quienes dar clase, alumnos, alumnas, que serán tan interesantes como ella, pero no acabo de creérmelo.

Es responsabilidad de los trabajadores hacer de un festivo como este algo especial, un momento de reflexión, de recuerdo, de reivindicación de derechos arrebatándose, pero yo voy a ir a trabajar.

No puedo decir que no pudiera haber escogido otro día. Me dieron a elegir trabajar el viernes, que ni siquiera es festivo, o el miércoles 1 de mayo. Y yo mismo elegí el 1 de mayo. Otros alumnos me pidieron clase y les dije que no trabajaba en este puente. Pero tengo preferidos…

Y cuando se hace con tal placer, ¿se puede considerar trabajo?

Parece que el trabajo ha de estar asociado al sufrimiento. (Impersonal que no tengo tiempo ni ganas de desgranar en este día) Y no puede ser voluntad propia… parece.

Sin embargo…

mañana, 1 de mayo, día de los trabajadores, yo voy a trabajar.

El doble espacio

¿Cómo puede ser que me moleste tanto una cosa tan invisible, tan insignificante, como el doble espacio?

En algo están claros: en las prisiones, cuando las rejas se cierran, es otro  mundo. Aunque no tienen necesariamente que cerrase las rejas para cometer violaciones de derechos humanos.

Hoy, en un artículo que he estado tentado de leer, en una publicación cubana en la que hablaban de las condiciones de los presos en las cárceles, me he encontrado este texto. Además de ligeras faltas de ortografía, ya de por sí molestas, no he podido seguir leyendo porque me he fijado en que entre otro y mundo hay un espacio sobrante.

No hablo de juegos tipográficos más o menos intencionados, no, hablo de ese espacio que se ha colado por una pulsación rápida de pulgar sobre la barra, hablo del descuido, de la falta de cuidado, de la desidia y la pereza a la hora de repasar la calidad de la escritura de un texto. La importancia del significante. Y cuando pasa en un periódico o en una publicación que presume de profesionalidad en cuanto a esto mismo, me parece especialmente grave, molesto, inaceptable.

¿Qué es un espacio sobrante?

Cuando se separan las palabras con un procesador de textos o algo similar, se añaden espacios para delimitarlas, pero ¿por qué con tanta frecuencia se añaden más de uno? Con un espacio es suficiente, es lo justo para que las palabras tengan aire alrededor, pero si tienen más aire no debería ser un problema para nadie, ¿no?

Pues para mí es un problema cuando se añaden espacios en blanco de más sin ninguna razón. No puedo aguantar algo que considero signo de dejadez máxima y, además de un desaliño, me resulta sintomático de cómo se trata al lector: alguien que no se va a dar cuenta de algo tan nimio como un espacio de más, un huequito insignificante, una pequeña oquedad innecesaria, aparente inocua. Pero ahí está, ahí radica el verdadero problema: no se le da importancia a la escritura si no se ve, como si la escritura fuese todo visible, cuando está, verdaderamente, basada en el contrapunto entre llenados y oquedades, entre tinta y blanco… entre sonido y silencio, por decirlo en términos musicales al más puro estilo John Cage.

Creo que este odio por el doble espacio me viene de ahorrador, de cuando un espacio era un byte (ahora también lo es, en términos de almacenamiento de información electrónica, dentro de una sencilla codificación ASCII extendida (aún puede ser más si se trata de unicode)) y había que eliminar todos los no imprescindibles para su envío telemático, por ejemplo. O para su almacenamiento magnético.

De aquella época, derivó cierto respeto por el texto como algo matemáticamente convertible, algo mensurable, y esa medida era discreta, cuántica, de bloques enteros de 8 ceros o unos exactamente, ni más ni menos. Y, sin embargo, hay a quien le da igual 8 que 16, porque no se trata de euros, sino de despreciables ceros o unos, sís o noes.

Y así, van dejando huecos de más donde no son necesarios, como al final de una oración o de un párrafo, pero este es más difícil de ver, ¡aunque se puede ver!, y también al principio de una oración, usándolos para cuadrar o maquetar texto, con fuentes no monoespaciadas, lo que resulta un descalabro desde el punto de vista del diseño del texto sobre el papel o sobre soportes de pantalla.

Pero el que peor llevo, el que no soporto y me irrita cuando lo encuentro, es el doble espacio en mitad de un texto (sin que se trata de ninguna licencia poética) por dejadez, por descuido, por desprecio del lector, por suponer que nadie se va a dar cuenta, que no hay que perseguirlo, que se puede dejar así, que se va a leer igual… ¡No! y 100 veces ¡No!

¡Lectores, rebelaos! ¡Que no os cuelen un espacio donde no haga falta! Os están llamando lerdos, incapaces de ver lo invisible, os dejan de respetar, os relegan a una posición pasiva, de complacencia y confort.

Voy a dejar varios  espacios en esta frase  que puedes contar y pensar si  sobra alguno.

Pensar o forma de pensar

Ayer vi una publicación en un muro de esos de las redes sociales en la que una muchacha se lamentaba de que había tenido que eliminar a un «amigo» por quejarse de su forma de pensar repetidamente. Parece ser que le achacaba el hecho de ser «roja«, de izquierdas, más o menos insistente al respecto. Ella defendía su ideología, pero decía que no soportaba que se metieran con su forma de pensar.

Pero yo me quedo con una cosa, al tal amigo no le molestaba la forma de pensar de la muchacha, sino lo que pensaba.

No es lo mismo.

No es lo mismo en absoluto.

Pensar no es lo pensado.

Pensar es una acción. Lo pensado, un objeto.

Verbo frente a sustantivo.

A mí lo que suele molestarme es la forma de pensar, la mala forma de pensar, aquella que ignora la lógica, el método de pensamiento que puede conducir a lugares más o menos comunes, pero fundamentados, eso sí, lo que no me importa es el lugar, sino la forma de llegar.

Pensar es una acción apasionante que ocurre en el universo más delicioso concebible. Quizá por esto sigo leyendo a Wittgenstein. Él sí sabía la diferencia entre pensar e idea.

O, como diría una canción, el pensamiento no puede tomar asiento, el pensamiento es estar siempre de paso… del gran Luis Eduardo Aute, artista, cantante y pensador.

Cuando se asienta, se muere, se objetiza, se concreta, se detiene… y huele mal. Es lo que tienen las ideas fijas, que son como lagos de agua estancada, viscosos y putrefactos, aparentan tener más fondo del que en realidad tienen y no merece la pena, ni siquiera, saber cómo han llegado a estar tan verdes.

Una mala acción

13plumasNo, no es de moral de lo que hablo, sino de arte, arte de acción. Y no es una referencia a la maravillosa acción que realizó Isidoro Valcárcel Medina en la convocatoria del Acción10MAD.

El viernes pasado estaba convocado para realizar una acción dentro de un evento lleno de eventos que es la presentación del libro de Ana Matey, titulado 13 plumas. Nos había hecho llegar a varias personas (13), varias plumas, envueltas y con la propuesta de realizar una acción que iba a solaparse con acciones de otras tantas personas. Debíamos llegar sin avisar, sin ser presentados, y accionar directamente.

La propuesta era divertida y fue bien, pero quedé bastante descontento con mi acción. Desde varios días atrás, pensé poco en ella, en la acción, hasta el punto de que barajé dejar de hacerla para poder darle una clase a mi alumna preferida, más que nada porque en esa acción me pagaban y como performer no. Aunque no era solo una cuestión de dinero. Ambas cosas me apetecían, pero ninguna mucho. Faltaba motivación. No tenía claro qué quería hacer y eso acabó pasándome factura.

¿Qué exactamente no me gustó de mi performance?

Faltó presencia, pero, sobre todo, faltó nitidez. No estaba bien perfilada, no estaba bien definida, como si fuese una improvisación deslavazada en la que iba haciendo un poco lo que me venía en gana, pero sin haber decidido, tampoco, que iba a ser una improvisación. En resumidas cuentas, fue hacer por hacer. No hubo un proyecto, no hubo poesía, no hubo intención.

Que faltase presencia era perdonable, porque yo había supuesto que iba a solaparse con otras 13 personas y no quería llevar una acción muy aparatosa, muy presente, muy ampulosa que requiriese atención, pero acabé por ignorar estar en un lugar especial, en un momento especial, pero ni siquiera en un cotidiano lugar elegido. No había elección. Y sin ella, la presencia era huera, vacua, vana, como de juego sin gracia.

Pero lo peor fue que no sabía ni cuando terminar. Y el tiempo, marcado forzosamente en 13 minutos, se me hizo eterno, lo que es absurdo, pues no era ni la mitad de lo que me gusta tardar. Pero 13 minutos llenándolos con naderías, con pequeñas acciones sin objeto, fue tan largo que, de hecho, terminé antes porque no le veía sentido a continuar.

Este sábado tengo la oportunidad de resarcirme, de disculparme para conmigo mismo, realizando una acción que sirva, de algún modo, como presentación de su libro. Hummm…. elegir acciones cotidianas para realizarlas y dotarlas de valor artístico no es un problema, el problema es hacer sin haber elegido. Esto se convierte en la más vacía pretensión y un artista conceptual no puede permitirse caer en estos vacíos vicios. Sin concepto, sin idea, sin decisión consciente, una performance es solo una tontería, una tomadura de pelo y una falta de respeto.

Debo disculparme, pero lo haré con una acción. Espero que, la próxima vez, será seria, rigurosa y definida.

Esto no es una broma