Poesía visual en una serie de televisión (en la cabecera)

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Estoy absolutamente cautivado con este pedacito de vídeo, que apenas dura 5 segundos. Pero fotograma a fotograma, se puede apreciar la belleza visual de esta composición que se utiliza como cabecera en una serie de televisión relativamente convencional narrativamente hablando.

Una maravilla fotograma a fotograma. Está claro que el sueño de los surrealistas de hacer un cine-poesía, está empezando a fraguarse, ni más ni menos, que en televisión. Aunque de una manera un tanto insospechada.

Dejo una colección de imágenes que contiene el vídeo para que se pueda apreciar a lo que me refiero.

Ha muerto «el de Happiness»

HoffmanAyer dieron la noticia del fallecimiento (por sobredosis) de uno de mis actores preferidos: Philip Seymour Hoffman.

Como de costumbre, me enteré a través de las redes sociales y no del periódico, que no leo desde hace años.

Para mí siempre será siempre el actor de «Happiness». Habría hecho otras películas y, por lo que sé, también teatro antes de esto, pero esa película me pareció soberbia y su interpretación impagable. No había visto películas como esa, ni actores como este, con esa tristeza feroz, con esa forma de hacer desagradable lo cotidiano, la inmundicia social de la normalidad.

Pero… ha muerto de sobredosis y, sin saber nada de él realmente, lo juzgo duramente y pienso que fue un problema de éxito. Pero la verdad: ¿yo qué sé?

Supongo que tengo muy reciente el visionado de El lobo de Wall Street, y asumo que todo éxito meteórico lleva a esas vidas excesivas y absurdas, vidas relacionadas con el consumo de sustancias que garanticen una plenitud de sensaciones, un aberrante desvarío de existencias mundanas… pero ¿yo qué sé?

No he consumido drogas (de casi ningún tipo) en ningún momento de mi vida. Salvo las prescritas por orden facultativa con la esperanza de mejorar estados físicos de salud.

Y juzgo, sí, juzgo como si supiera. Porque tengo que tenerlo todo tan claro…

Y hoy (recientemente) se ha muerto este actorazo y no sé, simplemente, no sé qué sentir. Pena por las películas que ya no rodará, pena porque un ser humano más ha fallecido (y de este sí me han informado), pena por que haya muerto de sobredosis, cierto asco (y no en Las Vegas), pena por vidas desperdiciadas (como posiblemente no ha sido la suya), pena y asco…

Y mañana vivirán otros y me olvidaré, como de tantas otras cosas, para mantener el sano cerebro funcionando y sin mirar hacia atrás más allá de lo necesario (y sin saber qué es lo necesario).

Adiós Philip Seymour Hoffman.
O hasta pronto.

Oct4, Sox2, Klf4, c-Myc

Célula MadreSegún un artículo que acabo de leer de la revista Naukas, estos cuatro genes son los responsables de definir las características de pluripotencia de las células madre.

No quiero profundizar en ese tema porque es demasiado técnico para mí y no lo acabo de comprender, pero algo sí me llama la atención: gracias a estos genes se puede transmutar cualquier célula (aparentemente) de cualquier tejido (especializada) en una potencial célula madre, lo que conlleva que cualquier célula (como era previsible) humana contiene un ser humano en potencia.

Si, como nos quieren hacer pensar, el aborto es la ruptura del proceso por el cual una célula con potencial de ser convertida en una humana se convierte en un ser humano pleno, una liposucción es poco más que un millón de abortos simultáneos, por ejemplo.

Y es que, más que nunca, se impone pensar qué es ser un ser humano. ¿Qué nos hace humanos?

Podemos seguir postponiendo esta pregunta, para no encontrarnos con el hecho de que no sabemos la respuesta, pero dar como respuesta la tontería de la potencialidad, es algo que debiera ser, cuando menos, puesto en serias dudas después de los avances que ya existen: es como negar que la sangre es celular, que circula por el cuerpo… es como intentar volver a quemar a Miguel Servet (por cierto, calle en la que nací, parece mentira que Franco y su nacional catolicismo no la renombrasen).

Había una especie de consenso, «arbitrario», como todo consenso, en torno al hecho de definir ser humano como ser humano independiente, es decir, que puede ser capaz, con mínimas atenciones, de desarrollarse por sí mismo: no es un ser humano un pelo, pero sí un organismo pluricelular con las funciones vitales claramente diferenciadas y en un estadío avanzado de desarrollo.

Esto sigue siendo difuso, lo sé, pero ese consenso estableció unas cantidades, en tiempo desde la fecundación de un óvulo (a falta de otra célula madre), que no se basaba en prejuicios religiosos, místicos, ni semejantes, sino en un intento racional de afrontar esa medida difusa con cantidades discretas (por ejemplo, de manera conservativa, se había estimado en 14 semanas como mínimo hasta que se alcanzase ese estado):

El principio fundamental que contempla la nueva ley (de 2010) es que el aborto será libre dentro de las 14 primeras semanas de gestación, informando previamente a la mujer sobre los derechos, prestaciones y ayudas públicas que tiene la maternidad.

En esta ley, de 2010 (sancionada por el monarca JCI), se trataba de explicar, sin meter a Dios en esto, en un país que dice en su constitución ser laico, que la vida de un ser humano era clasificada como tal, arbitrariamente, a partir de más de los 14*7 días de gestación. Es así, arbitrario, pero había un criterio justificado y racional que estaba relacionado con la independencia (con la libertad). Tanto es así, que la justificación se hace larga y tediosa, con un artículo o una ley que se alarga innecesariamente en unos preliminares que intentan explicar el porqué esa cantidad y no otra.

Pero otros señores en el poder desde hace algún tiempo están mandando todo esto de la racionalidad a tomar por culo y llamando a Dios a la mesa de las legislaciones como si tuviese el más mínimo sentido. Es decir, que se pretende reformar la ley vigente y hacer la restricción salvaje de considerar ser humana cualquier célula madre. Como si la ciencia no existiese, como si Miguel Servet no hubiese existido…

Y no sé qué más añadir.

Del léxico céltico

Un texto extraído (letra a letra) de un libro que google books se empeñaba en que no copiase: Los celtas y la civilización céltica. Escrito por Henri Hubert. Pgs 49 y siguientes.

Desde el punto de vista del vocabulario, las lenguas célticas presentan un número muy grande de particularidades, que no pueden reducirse a un sistema. En el celta faltan palabras y raíces que han sido sustituidas por otras.

En las lenguas célticas se encontrarían huellas de lenguas habladas anteriormente por pueblos, indoeuropeos o no, que se asociaron a los celtas o que hubieron sido absorbidos por ellos. Sería inverosímil que junto con una parte de su vocabulario no les hubiera dado alguna de sus maneras de hablar. Las innovaciones del celta procederían de sus asociaciones extranjeras.
Por lo que se refiere al vocabulario, esta hipótesis es estéril porque los asociados occidentales de los celtas hablaban lenguas casi del todo borradas o que no pueden compararse a ningún tronco conocido, excepto el vasco y el indoeuropeo. Es probable que los celtas hayan sido precedidos en occidente por otros indoeuropeos. Los elementos del vocabulario que estos les dejaron no pueden reconocerse.

Otro postulado de los primeros estudios comparativos sobre el vocabulario celta era que las raíces indoeuropeas tenían sentidos muy precisos y, por consiguiente, empleos estrictamente determinados, y de ahí la antención que se prestaba a las faltas y sustituciones de términos. Se ha acabado por reconocer que los sentidos de las raíces eran vagos y han continuado siéndolo excepto en un corto número de vocablos. Continuamente nos ocurre el designar objetos concretos con términos abstractos (regla), el dar sentidos especiales a términos de sentido general (yeso) y, más frecuentemente, el generalizar indebidamente o transportar por empleo analógico, sentidos particulares (lápiz antineurálgico). No hemos de extrañarnos de que el empleo de un vocabulario tan poco preciso fuera inseguro. No cabe deducir gran cosa de que un más o menos sustituido por otro más o menos. Conclusión: no exagerar la importancia de los hechos negativos en la comparación de los vocabularios. Esta no revela en las lenguas célticas más que accidentes del lenguaje que son comunes y en cuya producción la casualidad ha tenido la mayor parte.

Por ejemplo, existía una palabra indoeuropea para designar la casa; el celta la ha perdido. Era un vocablo de sentido preciso. En encontramos en el sáncrito véçah, en el latín uícus. Esta palabra designaba la casa grande, la casa de una gran familia, en la que podían habitar varios matrimonios. No es que los celtas no hayan conocido la gran casa, no es que la familia se haya disgregado en ellos, por el contrario, la familia celta es una gran familia de agnados, que reúne en una vida común varias generaciones, varias ramas y muchos individuos: es un tipo de familia indoeuropea. La heredad donde reside la familia se llama en irlandés baile. ¿Es esta una palabra indoeuropea? No es seguro. Se la relaciona con la raíz bhu-, tu be. Baile supone una palabra *bailos, que, a su vez, supone un precelta bhu alio-; significaría el lugar donde uno se halla. El término sería, en suma, una vieja palabra conservada por el irlandés o un término completivo de sentido general.

Otro ejemplo: El indoeuropeo tenía una raíz sé, que significaba sembrar, pero sin precisión. El galés la ha conservado en el verbo hau, sembrar; el irlandés la ha perdido como raíz verbal y la ha conservado en el substantivo síl, posteridad. Para decir sembrar, emplea el verbo cuirimo, que significa «yo arrojo». Es un hecho comparable al que se ha producido en el tránsito de ponere a pondre, de trahere a traire, de y de traire a tirer. Del mismo modo, el irlandés ha perdido el verbo indoeuropeo que significaba segar, el galés lo ha conservado: medi. El irlandés lo ha sustuido por bongim, yo corto; buain, nombre verbal, significa la siega: es una palabra muy indoeuropea: sánscrito bhanajmi, yo rompo.

El estudio de vocabulario de las lenguas célticas revela un residuo considerable de palabras que se son especiales. La mayor parte han dado lugar, por derivación, a otras palabras. Un número muy crecido de ellas son del todo modernas; las formas antiguas son demasiado inciertas para que se pueda hablar la menor cosa sobre las mismas. Algunas pueden ser testimonio del más antiguo pasado indoeuropeo, pero quedan otras: ¿se trata de una herencia ibera o ligur?


Pruebo a incluir un «iframe» del libro en cuestión dentro de esta entrada:

Cuando la empatía nos gobierna

rajoy jesuita El problema no estriba en sus notas, sino en que son las de un hombre mediocre. Pero es que deseamos tener un gobierno con el que identificarnos, no un gobierno al que no parecernos, que nos resultase pedante o distante. Se desea un gobierno inculto y superficial, que no haga análisis engorrosos sino simplistas, pero vuelvo a lo dicho, el problema está en que se desea un gobierno así, un dirigente simplón, del montón, normal en la peor acepción del término.

Si el que nos gobernase fuese un doctor en filología, o alguna carrera científica, se consideraría un friki, algo impopular, que no puede ser el deseado para ser igual a nosotros, los mediocres, los normales, los del medio de la gaussiana.

Hay rechazo generalizado (más allá del «jo, qué listo eres!) a seres humanos que se dediquen en cuerpo y alma al conocimiento, al afán de análisis, a la creación excelente. La obsesión es encajar y esos humanos, en este país al menos, no encajan.

Así que ni siquiera se tienen que preocupar los ideólogos / marketings del PP por retirar de la web esta imagen, al revés, ven en ella una loa a un presidente con el que cualquier hijo de vecino puede sentirse identificado, empatizar, sentir que se puede llegar a ser presidente sin una cualificación exigible, lo que es uno de los más difíciles retos de resolver en democracia.

Esto mismo, ya lo traté en el artículo sobre el «relaxing cup» de nuestra alcaldesa: la gente no siente vergüenza ajena porque, en el fondo, se siente identificada con esa pazguata política que no lamenta tener un nivel lamentable del idioma (de facto) requerido para estar representando a una ciudad como Madrid en un evento internacional.

(Ha habido muchos verbos en impersonal en esta entrada, pero es que no puedo, no puedo bajo ningún concepto, hacerme cargo de lo que la mayoría de este país que habito desea).

Revolucionario

revolucionario No soy revolucionario por llevar una camiseta reivindicativa de aquellos tiempos en los que este país fue a una guerra que nunca fue nombrada como tal, sino como conflicto armado, para que su inútil majestad no tuviese que mancharse las manos declarándola.

No soy revolucionario por no olvidarme, de eso, ni de Haití.

No soy revolucionario por hablar así de la cabeza (calva y huera) del estado español, ni por poner estado español en cursivas.

No soy revolucionario por atreverme a lucir sin aderezos en esta foto, sin retoques adecuados para las redes sociales.

No, en realidad (lo otro no era real), soy revolucionario por no haber tirado la camiseta en cuestión después de estar casi atravesada de hilos desliados, por aguantar su utilización hasta que ya no es posible seguir haciéndolo como prenda y continuar usándola como trapos, y cuando no sirva de trapos, usarla para quitar grasa adherida a la campana.

Soy revolucionario, no por lo que digo o las firmas de peticiones que realizo, sino por los actos con los que conformo mi vida, paso a paso (que diría John Rambo).

Ver cómo me miraban en la playa los bienvestidos domingueros que practican deporte de élite, con ropa de élite, recién comprada en el decatlón de turno, transpirable, irrompible, sumergible… era tomar conciencia de que voy, verdaderamente, contracorriente. Esta es mi pequeña revolución. La que puedo hacer y no vender.

Otra vez años 40

Jazz y Swing en GalileoEl sábado por la noche estuvimos viendo una presunta batalla de bandas de Jazz en un local mítico llamado Galileo Galilei, de Madrid, obviamente situado en el 100 de la calle homónima.

Y, como cada vez que vamos a una milonga de tango, volvimos a repetir esta lucha retro-futurista que mantenemos desde hace más de una década: Carmen es decididamente vintage, incluso desde antes de que el manido término llegase a nuestros oídos. Ella usaba teléfonos de los años 20 incluso antes de tener teléfono (cierto cierto) Y mi película preferida es y creo que será, por muchos años, Blade Runner.

Si a ella le gusta la estética de los 40, con ese tono que, como decía un presentador del evento del sábado, parece provenir de películas en blanco y negro, a mí me gusta el futurismo punk de Darryl Hanna. Cuando hablan de recuperar el pasado a mí me entran sarpullidos en la mente. Incluso porque además, no puedo evitarlo, me surge una mirada crítica y exenta de romanticismo, que cuando piensa en los maravillosos años 20 solo puede hacerlo sabiendo que la mortalidad era mucho mayor, que los personajes que, habitualmente, nutren las películas son los de una casta superprivilegiada de snobs, de los que ahora apenas se hace cine, pero que siguen existiendo, por desgracia.

Chocamos hasta en la forma de entender la música, el baile, que ella asocia a pasos y técnica aprendible, con lo que se perpetúa su manera de entender la enseñanza casi académica de algo tan popular como el Tango, por ejemplo. Está claro que ella no es la única y, afortunadamente, es más que capaz de ver que hay otras maneras, otras formas, y no solo tolerarlas, sino cuestionarse su propia metodología. Esto la honra, y la respeto, en mucho, por ello.

De los albores del XX rescato las vanguardias, luchadores por el futuro, visionarios o constructores de nuestra estética o de la que aún está por venir. Incluso en música (o Tango), ya sean John Cage o Piazzolla. Y del Jazz, quiero saber qué se está haciendo hoy, pensando en un tiempo venidero.

Es gracioso, viéndolo desde un punto de vista cinético (por decirlo así), ella camina mirando hacia el pasado, como en una marcha atrás hacia delante (¿oximoron o mala construcción de la imagen?), mientras que yo lo hago apoyándome en el pasado pero con la mirada puesta lejos en la distancia que me queda por recorrer, hacia un futuro siempre ignoto, pero construible con la intención de este presente.

Quizá, por ello, como pareja, encajamos tan sumamente bien: caminamos (y me pongo tanguero) permitiendo que nuestras miradas se dirijan hacia donde cada uno de nosotros deseamos; y nos encontramos cada día en el instante mágico del abrazo presente.

Esto no es una broma