Separador decimal

Esta estadística más o menos irrelevante me resulta perturbadora. Sé que es algo estúpido, pero no entiendo cómo no nos podemos poner de acuerdo en algo que las matemáticas necesitan a nivel mundial.

¿Es el 0 un número natural?

¿Es 0 elevado a 0 igual a uno (según el hecho de que todo número elevado a cero es uno) o por el contrario es igual a cero (según el hecho de que cero elevado a cualquier número es cero)?

Y la coma o el punto… ¿cuál es el separador universal de los decimales?

Yo uso la coma, por esas cosas de las imposiciones culturales, pero en realidad creo que sería mejor utilizar el punto siempre, pues cuando comenzamos a manejar vectores, por ejemplo, cuya notación incluye la coma como otro signo, acaba generándose confusión. He visto adolescentes mezclando comas, apóstrofes y puntos para poder aclararse con esto de la notación de números decimales. Y no me sorprende que no se aclaren. No hay consenso en algo que debiera ser universal.

Cada vez que hago un pago en una app, no sé si usar el maldito punto o la maldita coma para separar las cifras decimales. Excel usa una cosa u otra según la configuración correspondiente, pero el sistema operativo puede que esté usando otra configuración distinta. Por no hablar del teclado…

Pequeña locura que no me deja dormir por las noches (es broma).

¿Y de verdad que es necesario separar los millares o los millones con un signo adicional?

3.125.345,27

3 125 345.27

o incluso

3·125·345.27

3’27
3,27
3.27

Por favor… ¿Tan difícil es?

Excursión a Dados Negros

El pasado sábado estuve en Dados Negros asistiendo a la inauguración de la Exposición Desencuentros, que con mucha ilusión ha puesto en marcha Pepe Buitrago (y Mercedes), pero en esta ocasión me pareció muy flojita. No soy tan contundente con mis afirmaciones como Fernando Baena, quien la criticó fuertemente, y sí asumo que bastante milagroso me parece que, dadas sus circunstancias vitales (no entro en detalle) sea capaz de hacer algo así.

Por alguna razón que desconozco, aunque tiene que ver con el exceso de estímulos, tengo la impresión, no conseguimos convocar a tanta gente como en otras ocasiones, donde hemos pasado un rato muy muy divertido en ese lugar tan amable.

La Acción poética Versátil, de un par de jóvenes artistas, consistió en una especie de concierto o recital (no lo afirman como ninguna de estas cosas), que fue entretenido, pero ligerito desde el punto de vista conceptual. Me alegra que Pepe Buitrago apueste por nuevos lenguajes o nuevas formas de manejar el lenguaje, más próximo en esta ocasión a Rosalía que a Ives Klein.

Los discursos políticos o ecologistas de varios de los artistas me resultaron algo simplistas, pero no estoy por la labor de dar mis opiniones, así que cada cual diga lo que quiera, pero me parece que tenemos un mensaje que sólo llega a quien ya previamente le ha llegado, una reflexión que parece sacada de una galleta de la fortuna, unos deseos que parecen la carta de los reyes magos o las frases manidas de un concurso de belleza: Queremos la paz en el mundo. Claro.

Me consta la constancia de su compromiso (de varios de los artistas comentados) más allá de la palabra, lo que no deja de ser loable, pero piezas tan panfletarias me parecen innecesarias y pueriles.

En resumen: me aburrí y estaba cansado y preocupado porque Carmen tenía fiebre y yo quería estar con ella (sentí que debía haberme quedado) y nervioso porque al día siguiente, es decir, el domingo, oficiaba como maestro de ceremonias el homenaje a Eva Obregón y no sabía cómo encararlo.

Menos mal que la comida con Ernesto Pentón, Manuel Rufo y Ana Pérez Pereda fue divertida, amena, cariñosa… algo se salvó de ese día bastante agotador.

Hemos empezado los talleres otro año más

Los talleres de poesía contemporánea que defiendo desde el 2002, aunque a fecha actual y por simplificar, porque siempre hay que simplificar, digo que abrimos hace 25 años, han comenzado un curso más, un año con ilusión pero también con algo de dolor en el corazón, tras el fallecimiento de Eva Obregón, con quien tanto compartí.

Sé que la frase «así es la vida» no me la devolverá (¿de dónde?).

Así que casi lo ignoro y sigo adelante como si ya no existiese, pero en algunos grupos se siente su ausencia, incluso cuando el último año ya no asistía, se siente su recuerdo, como si ahora estuviese… y nos doliese.

Mientras tanto, recomenzamos:

Ayer, de la mano de la Poesía Contemporánea Italiana escrita por mujeres:

Sombra escrita. Diecisiete poetas italianas (1970-1995)
Páginas: 282. €25,00 ISBN: 978-84-126111-7-5. Strazzabosco, Stefano

Recopila lo mejor del panorama lírico actual de Italia. Una selección cuidadosa que tiende puentes entre autoras consagradas y voces nuevas y, sobre todo, entre las poetas italianas y las lectoras hispanohablantes.

Esta antología es, en palabras de Stefano Strazzabosco, una fotografía de la poesía italiana actual, «la mejor que pude capturar». Una mirada amplia en cuanto a las generaciones, las temáticas y la riqueza lingüística de lo que las poetas italianas dicen a día de hoy.

Las 17 poetas incluidas en esta antología son:

  • Elisa Biagini
  • Roberta Dapunt
  • Laura Pugno
  • Francesca Serragnoli
  • Saragei Antonini
  • Francesca Matteoni
  • Azzurra D’Agostino
  • Isabella Leardini
  • Annalisa Teodorani
  • Mariasole Ariot
  • Franca Mancinelli
  • Mariagiorgia Ulbar
  • Giulia Rusconi
  • Maria Borio
  • Giulia Martini
  • Giovanna Cristina Vivinetto
  • Damiana De Gennaro

De pulseras cuánticas y la energía de las piedras

A muchas de las personas que conozco les parece absurdo el tema del terraplanismo, y, la mayoría, considera casi innecesario el documento visual que ha realizado esta periodista centrada en destapar bulos pseudocientíficos y similares que hay por internet.

Sin embargo…

Hablamos de la «energía de las piedras», así, con total normalidad, diciendo que si las tocas alteras su carga energética. Hummm…

Yo ya no me meto en embolados de intentar debatir donde sólo veo religiones, nuevas religiones, misticismos que nos hagan creer que el mundo es comprehensible incluso sin haber estudiado álgebra.

Yo ya no me meto en estas discusiones que no conducen más que a enfados cuando alguien siente un ataque personal o una superioridad moral demostrada.

Pero ahí seguimos, con pulseras magnéticas cuyo efecto no acaba de estar bien descrito, no ya probado, o con consumo y defensa de la homeopatía y otras pseudoterapias

Yo ya no me meto.

Sin embargo…

La colmena de las letras

La Colmena de las Letras es una «mini biblioteca» municipal promovida por el escritor taramundés Chema Cotarelo Asturias en el Ayuntamiento de Taramundi.

Su funcionamiento es simple y su gestión por parte de la Biblioteca del ayuntamiento también lo es.

No he sacado ningún libro de la misma, salvo para hojearlo y ojearlo. Pero este año deposité 3 libros que nos había regalado un amigo en Gijón. Las dedicatorias las extrajimos y plastificamos para quedárnoslas como recuerdos.

Los libros eran:

  • una colección de relatos y poesías titulado «Las Xanas también cuentan», de un Taller de Escritura Creativa gijonesa.
  • Un poemario de un escritor-guerrillero gijonés-nicaragüense, llamado Gaspar García Laviana, titulado «Cantos de amor y guerra», que resultó algo panfletario, pero bienintencionado.
  • Una novela de Isabel Allende, cuyo título he olvidado.

Fue bonito verlos allí, esperando otra persona que los leyese como los habíamos leído nosotros.

Lugares, de Perec

Una de las lecturas de este verano fue este libro casi infinito, de unas 900 páginas, construido por Perec a modo de catarsis tras una ruptura amorosa.

Lo compré en mayo tras una recomendación de mi querido Jaime Vallaure, con quien tengo el honor de compartir espacio (especies de espacios) y admiración por este francés universal. Fue él quien me regaló, cuando aún no lo conocía, un primer libro de este hombre, La vida instrucciones de uso, que me abrió la mente a nuevas formas de entender la escritura y la creación en general, allá por los albores del milenio.

Es un libro demencial, es un delirio, como diría Jaime, en el que se intenta trazar una especie de memoria (en varios sentidos de la palabra memoria) de 12 años, de 12 lugares significativos para Perec, realizándolo en cada lugar tanto de manera memorística en un sentido de recuerdo, como memorística en sentido de registro pretendidamente frío o neutro.

A través de un esquema basado en una estructura matemática de matrices y pseudo aleatoriedad, fue guardando los textos que escribía en sobres que serían un total de 144×2 = 288 sobres conteniendo ese esfuerzo sostenido a lo largo de una línea de tiempo enorme, en la que cabría esperar, incluso, transformaciones urbanísticas, más allá de las personales.

Lo más sorprendente resultó ser cuando el proyecto comienza a hacérsele inviable, por falta de tiempo y, también, por abandono del motor inicial que no dejaba de ser algo tan «pueril» como un berrinche tardoadolescente (era un joven de unos 35 años cuando lo empieza) y habría tenido casi 50 al terminarlo. Así, poco a poco, vamos asistiendo a un fracaso, a un abandono de sus planes, a una modificación de los mismos, a una continuidad que cada vez se nota más cuesta arriba, vamos asistiendo a su final precipitado del que brotarían nuevas ideas con las que llenar nuestras cabezas.

Es muy tierna esta historia de un fracaso que por supuesto Perec no publicó en vida.

Sus frases sobre que estaba haciendo algo absurdo, sin ningún sentido… pero seguía haciéndolo, cada vez aumentaban más a lo largo de los 6 años que finalmente consiguió o decidió consignar.

Las notas, mientras tanto, adendadas a la cuidada edición de Anagrama, van complementando una biografía de George Perec desde la más absoluta sencillez, desde lo cotidiano, desde sus amores y desamores, dejándonos ver a quienes lo leímos una cara no tan visible de un autor que ha querido siempre mostrarse menos «sentimental» de lo que en realidad era.

Ese contraste entre la razón (lo racional) y la razón para realizar algo (lo volitivo, pasional, en última instancia), es de por sí una preciosidad que se desprende de la lectura de este librito.

Eso sí, antes de leerlo, tuve que pensar un modo, un mecanismo, unas instrucciones para poder hacerlo, pues el conjunto de notas alcanzaba las casi 300 páginas, de un total de 900, así que era algo así como estar leyendo dos libros. De hecho, usé dos marcapáginas que iba pasando hasta completarlo: uno para el «texto de Perec», otro para las notas sobre el texto de Perec.

El volumen de notas era tal que ir y venir de una a otra parte habría resultado demasiado tedioso, así que lo leí en un método que llamé «de cremallera»: leyendo en primer lugar un texto de Perec, después sus notas y las notas del siguiente texto (recuerdo que cada texto de Perec corresponde a la memoria de un lugar y un mes), así al comenzar el siguiente texto de Perec había leído las notas correspondientes.

Lo leí seguido, aunque hay otras formas posibles a las que el propio autor invita, incluso, hay una página web que invita a comprender un poco más la estructura que Perec llegó a tener en la cabeza (con ayuda de un matemático indio que le ayudó a descubrir los bicuadrados latinos ortogonales sobre los que está basada la estructura del proyecto).

Tardé casi 2 días en llegar a iniciar la lectura que luego llevé a cabo bastante más rápido de lo esperable, dada la extensión del libro, aproximadamente en una semana. Semanas de Taramundi en vacaciones, que es casi como tiempo de CPU.

Es increíble la cantidad de proyectos que brotan de este fracaso monumental de uno de mis escritores preferidos: de ahí nació Nací, W, Especie de espacios y algunos textos o capítulos de La vida instrucciones de uso.

Es una verdadera lección de creatividad el darse cuenta de que en el fracaso hay realización, hay avance creativo, hay creación, no así en la frustración que no crea nada más que amargura y desidia.

Querido Thomas de Quincey

¿Y si en lugar de «Del asesinato como una de las bellas artes» hubieses escrito «Del aburrimiento como una de las bellas artes»?

No te responsabilizo de los asesinatos (ni del aburrimiento), alabo tu libertad, tu osadía, tu ironía, tu humor, tu afán polemizador, pero no dejo de preguntarme…

¿Si el aburrimiento hubiese ocupado el lugar del asesinato, se habría reducido en algo la tasa de crímenes violentos o todo lo contrario? ¿Serían los crímenes más creativos y originales por ansias de escapar de las rutinas o los vacíos intelectuales, del spleen?

Querido Thomas de Quincey, tú estás, más que probablemente, muerte y yo no hago sino recriminarte que no hicieses algo que podría hacer yo mismo si estuviese vivo.

Algunos libros rescatados del olvido

En casa de mis padres, quedan libros de la época de maricastaña (expresión divertida, por cierto) que el otro día estuve fotografiando antes de afrontar que su mejor lugar era la basura, pues no son, ni siquiera, aptos o del gusto de coleccionistas.

Son rarezas que el paso del tiempo ha convertido en graciosas, incluso aunque alguna de ellas, de la que no sabemos su procedencia (¿mi hermana?), ni siquiera hoy sea interesante, como esta:

Sobre «tecnología», me sorprendió encontrar este «La cibernética y lo humano», que parece escrito hoy en día, sobre el auge de la informática y su incidencia en lo laboral, especialmente en ámbito sanitario/médico, lo que me hizo pensar que sería adquisición de mi padre, allá por 1970. Sí, hace más de medio siglo. No es un libro sobre IA, que tan de moda está hoy en día.

Más actual era esta colección de fichas (en papel, claro está) sobre lo que suponía estar conectado a Internet, allá por el año 2000 y que ya era obsoleto entonces, que fueron publicando en capítulos en algún periódico de aquellos que alguna vez tuvieron relevancia impresa (o relevancia, así, en general).

Dos libros a los que yo tuve bastante cariño aunque no recuerdo muy bien por qué. La trilogía galáctica sigue siendo una producción audivisual que me impresiona, de aquellos lejanos años 80. El de Extraterrestres y religión, que sostenía la divertida hipótesis de que Jesucristo era extraterrestre, lo que no dejaría de ser cierto, incluso si era un ser «divino». también me hizo dejar de lado definitivamente los libros de ufología que tanto había leído hasta mi adolescencia.

Y no puedo dejar de incluir este libro que, literalmente, me cambió la vida, pues permitió que aprendiese a programar en C en una época en la que se hacía así, todo en papel, incluso la programación orientada a objetos (estructuras sofisticadas, por decirlo en términos de aquella época):

Lo pasé tan bien que hasta me hizo gracia encontrar este librito de Estadística (asignatura que podríamos decir que sigo teniendo pendiente) que creo recordar que compré en la carrera, cuando me tocó estudiar Termodinámica Estadísticas de la mano de Vicente López, quien luego sería el director del departamento de Redes Neuronales Artificiales en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC) donde estuve becado y luego contratado desarrollando la tesis de Aplicaciones de la Lógica Difusa al Control de Procesos en Tiempo Real (bajo el liderazgo de Erik de Pablo y tutelada por Xavier Alamán)

Un libro, como le dije a mi amiga Aída, «muy normal». Espero que esta tontunita se entienda sin ayuda de Gauss.

Esto no es una broma