Tormenta perfecta

se solapan
síntomas
se solapan
traumas
se solapan
desventuras
se solapan

me agoto
de respirar
me agoto
de leer
me agoto
de escribir
me agoto

me disculpo
por mi indisponibilidad
me disculpo
por mi incapacidad
me disculpo
por anticipado
me disculpo

se percibe
la incertidumbre
se percibe
la caducidad
se percibe
la agonía
se percibe

ignoro
el resultado
ignoro
el placer
ignoro
el fin
ignoro

Una falsa performance

Podría pensarse perfectamente que se trata de una performance.

Es más, podría afirmar que lo fue, que fue una performance realizada en Hamburgo, Alemania, y engrosar así mi curriculum como artista de acción, pero la verdad (la mía) es que no lo fue.

Fue una acción (una serie de acciones) que hice con un poco de descontexto, pero sin intención de reclamar para ella la entidad de objeto artístico. Así que no lo fue, no fue una pieza de arte de acción, aunque hubiera habido acción, descontexto e incluso algún público parcialmente participativo.

Pero podría venderla como lo contrario… y hasta me la comprarían como tal, porque hay quienes me quieren mucho y me comprarían cosas tan distantes que me darían mucho mayor prestigio como artista.

Pero no, yo sé que no lo era. Sé que no. Sé que quise hacer otra y no me llevé el material que me hacía falta (un texto maravilloso de Jaime Vallaure escrito en ocasión a la convocatoria de la Chamalle 10).

Podría pensarse que se trata de una performance, pero lo que la diferencia de una performance real es que yo sé lo que sé… ¿se entiende?

Pues eso.

Mi futuro

está por llegar
como todo futuro
con cardos de los de hacer ensaladas
con pimientos fritos
con pimientos asados
con pimientos revueltos
con algo que no sea pimientos
con amor
con viruela
con virulencia
con virtud
con virtualidad
con alidad
con calidad
con mucha
mucha edad.

Es un futuro
nuevo
como todo futuro
como río del amigo Heráclito
como una sopa de Parménides
como duda de Zenón
como teorema de Pitágoras
como conversación Socrática
siempre
eso sí
plano como una hoja.

Tal
es mi futuro.
Tales
mis planes.

Somos raros

somos raros

Somos raros ha dejado de ser malsonante. Ahora es hasta comercial. Qué bien.

Ya puedo ser un producto de mercado sugerente, original, diferente, fuera de normas que nos oprimen.

Somos raros será un slogan más de esos que se apropian de toda revolución.

Pero claro, será una rareza autorizada, una rareza descafeinada, una rareza superficial y vana, como esas rarezas del mercado.

Qué absurdo mundo en el que las palabras cambian tanto de significado sin cambiar de significante. Hasta que el significante deja de tener claro cuál era su significado preferido.

Seguiré siendo raro, me temo, no por vocación, no por voluntad propia, sino porque quiero generar una tendencia a que no quieran seguir tendencias. Este paradigma, este oxímoron, hará que no me salgan seguidores… y siga siendo raro, sí, sin arreglo, ni ganas de tenerlo.

¡Querida Aída, cuántas ganas de verte!

Aprende a programar en 2 horas

programar en 2 horasSí, sí, así como suena lo anuncia un anuncio en una red social. Sabemos que es demencial esto de la publicidad, pero esto ya se lleva el gato al agua.

¿Quién puede aprender a programar (aprender algo en general) en 2 horas?

A eso súmale la mirada de la modelo del anuncio. ¿De verdad que se trata de aprender a programar? ¿en HTML? ¿Es eso programar?

Menos mal que si me apunto hoy es gratis. Eso significa que en otras ocasiones no es gratis. Esto es terrible. Terrible porque quien pincha en el anuncio es idiota o tan ambicioso como vago. O se le ha ido la mano detrás de esos senos insinuantes.

No acabo de entenderlo… Repito: ¿alguien puede creerse que puede aprender algo digno de ser aprendido en 2 horas?

Pero sabiendo, según el anuncio, que esa es la profesión del futuro (¿de qué futuro? ¿dónde? ¿En España no era la hostelería o el toreo?) cómo no lanzarse raudo y veloz (tan veloz como eyaculador precoz) a pinchar sobre esa imagen… El deseo…

Y se habla de publicidad subliminal, pero esto es mucho menos sutil que todo eso: esto es carnaza de la vulgaris vulgaris para consumo inmediato (¡¡¡de 2 horas!!!).

Sobre si podría haberse hecho esa misma imagen con un gallardo muchacho mostrando abdominales, por supuesto, pero lo curioso/machista no está en la objetivización del cuerpo femenino, tanto como en la suposición de que el público objetivo de esa publicidad (programación, tecnología) son hombres y, preferiblemente, heterosexuales. Está en el hecho de asumir que las mujeres no están hechas para programar… para fregar suelos sí, para procrear, también… ¿pero programar?

O quizá esa utilización (voy a ser naïf y bienpensado) sexista y superficial de modelos femeninos en anuncios de aprender a programar en 2 horas se deba a que ninguna mujer (de las que conozco) es tan sumamente tonta como para haber caído en una publicidad, digamos, simétricamente tratada.

Dicho esto, la modelo me parece bellísima. Y puede que además sepa programar algo más serio que HTML. (O quizá el HTML5)

Algunos días…

me siento nadería
y
en un fugaz intento
procuro inventarme
una forma diferente
de mirar
para poder sentirme
un ser trascendental
o algo
aunque sea un poco algo
un algo poco
un poquitito…
loquesea

y no lo logro.

Algunos días
espero que pase el tiempo
hasta llegar el día siguiente
y que sea otro día
de esos en los que me creo
dios
o algo
un poquitito
loquesea.

6F2015

¿Soy yo el aborigen de esta casa?

Esta casa no sería esta casa
sin que hace hoy
15 años
Carmen
la hiciese también suya.

Esta casa no sería esta casa
sin sus colores
sin sus risas
sin sus pieles
sin sus cosas (muchas cosas)
sin sus lágrimas
sin sus músicas
sin sus besos
sin sus miradas
sin sus compras (muchas, muchas compras)
sin sus pelos
sin sus piernas
sin sus sueños (muchos, muchos, muchos sueños)
sin sus palabras
sin sus alegrías
sin sus labios
sin sus dulzuras
sin sus manos
sin sus olores
sin sus ropas
sin sus zapatos
sin sus tecitos
sin sus caprichos
sin sus amores
sin sus cuadernos
sin sus cuentos
sin sus CDs
sin sus relojes
sin sus propuestas
sin sus lentejas
sin sus caricias
sin sus caricias
sin sus caricias
sin sus caricias…

Esta casa no sería esta casa
y yo
no sería aborigen de esta casa
sino de otra
que ya no existe más.

El machismo de lavar los platos

¿Soy yo el único que observa la mano negra del patriarcado bajo la altura del diseño medio de las encimeras y las pilas de la cocina?

Cada vez que friego los platos
me duelen los riñones y me acuerdo de mi madre
con sus 156 centímetros.

Yo no soy muy alto y sin embargo
cada vez que friego los platos
pienso que están diseñadas
las cocinas
para las que «han» de usarlas
para ellas
de altura media
menor
que
la altura media
de ellos (nosotros).

Cada vez que friego los platos
pienso
si bajo esa herramienta inocua
se haya una conspiración
para poner a las mujeres
«en su sitio».

Y no sé si sentirme
fuera de juego
o paranoico.

Esto no es una broma