Estoy en la secadora
dando vueltas y vueltas
vueltas y vueltas
tras haber dejado la lavadora
en la que estuve años
dando vueltas y vueltas
vueltas y vueltas.
Le temo al armario.
Diario
Estoy en la secadora
dando vueltas y vueltas
vueltas y vueltas
tras haber dejado la lavadora
en la que estuve años
dando vueltas y vueltas
vueltas y vueltas.
Le temo al armario.
Sobre la izquierda
mi rodilla derecha
pasa la noche.
Haiku terrible y cruel
que se reitera
sobre una articulación
algo cansada.
Sobre la diestra
mi rodilla, la izquierda
pasa la noche.
Los cóndilos del fémur
que se erosionan
con el paso del tiempo.
Y las cavidades glenoideas
de mis tibias tibias
bajo edredones de asfalto
rugen sobre unos cartílagos
sordos y ciegos.
Sobre la izquierda
mi rodilla derecha
pasa otra noche.
El tendón rotuliano
contra viento y marea
sigue viviendo
anclado en el pasado
de mis recuerdos.
Sobre la diestra
mi otra rodilla, izquierda
pasa una noche.
El menisco y su hermano
el otro menisco
unidos entre sí por ligamento yugal
van desgastándose.
No hay signos de su lucha
ocultos en la cápsula fibrosa
bañándose en sinovial fluido
impúdicos fibrocartílagos.
Sobre la izquierda
mi rodilla derecha
pasa otra noche.
Unas bolsas serosas
en plena sequía
alejan la miseria
de la que la bolsa anserina
es destacada.
Anso sin ganso
muevo mis ligamentos
cruzados y meniscofemorales
cada mañana.
Sobre derecha
una rodilla izquierda
pasa las noches.
Y las noches
también pasan
sobre otros muchos huesos
que forman mi esqueleto
que anidan en mi cuerpo
que habitan mis derrotas
contra el tiempo.
Hasta las orejas de la nariz
de una nariz sangrante
pasando por pómulos decaídos
gotean mis niñas una catarata de silencio.
Hasta las orejas de las ojeras
mis labios de porcelana
con escritura de Harappa
en la punta de la lengua.
Hasta las orejas oceánicas
con pulpos por las paredes
derrochando un bienestar infinito
bajo los besos de sus milonga.
Hasta las orejas caústicas
un manojo de ladridos aúricos pueblan Puebla
y llegan desesperados
al fondo de mis oídos.
La J se fusionaba con la T
dando lugar a una letra inventada
infiltrando el yo en el tú
penetrando la te
para amar
amar
te
dando un resultado très jolie.
Hoy hace 17 años que a las 21:00 de la tarde Carmen y yo habíamos quedado para ver si lo que había entre nosotros era algo más de la amistad que ya sabíamos que había.
Y claro que lo había: de no ser así, no lo habríamos convertido en una quedada para aclararlo. Estaba claro que queríamos que fuese así. Y fue tan fácil, tan rematadamente fácil, que hoy me maravillo de que se haya pasado este tiempo como si nada, como si 17 años no es nada, que febril la mirada…
Y dado que el 16 fue una cifra curiosa, potencia de 2, potencia de 2, (sí, 2 veces 2 potenciado a 2), y base de un sistema numérico altamente usado, no podía hacer lo mismo para el 17, primo, primísimo.
Pero un primo sirve para descartar primos, como bien sabía Eratóstenes, así que puedo descartar unos cuantos con un sencillo script para la ocasión:
#!/bin/bash # Escribe todos los múltiplos de un número dado (17, por ejemplo) # hasta una cantidad dada (17, por ejemplo) numero=17; cantidad=17; for ((i=1; i<=$cantidad; i++)); do producto=$(($numero*$i)); echo -e $numero " x " $i " = " $producto done
Una salida de este código sería:
17 x 1 = 17
17 x 2 = 34
17 x 3 = 51
17 x 4 = 68
17 x 5 = 85
17 x 6 = 102
17 x 7 = 119
17 x 8 = 136
17 x 9 = 153
17 x 10 = 170
17 x 11 = 187
17 x 12 = 204
17 x 13 = 221
17 x 14 = 238
17 x 15 = 255
17 x 16 = 272
17 x 17 = 289
¡¡¡Así que a por los 102!!!
Esto forma parte del trabajo de un poeta y una bailarina de tango… ¿o no?
Toda profesión tiene sus pros y sus contras. No lo duda nadie, ya que, entre otras cosas, es un tópico.
Llevo toda la semana pegándome con código fuente HTMl y aprendiendo nuevas cosas sobre «webs responsive», para terminar de hacer pública la web de Clave 53.
Y quedan por arreglar pequeñeces (o no tanto) como la política de cookies que no resulta nada sencilla de implementar ni, mucho menos, satisfacer legalmente de manera estricta.

Cada vez que tengo que renovar una web de las que mantengo, con sumo cariño, me encuentro nervioso por si no va a funcionar en todos los dispositivos o si tiene enlaces rotos, o si alguna imagen tarda más de lo debido en cargarse por ser más grande de lo necesario o si el número de llamadas a archivos de hojas de estilo es excesivo o si el navegador tendrá o no activado javascript, si la versión de javascript será la misma con la que estoy programando, si el usuario o cliente aceptará cookies o no…
Y ya ni hablar si creo un formulario en PHP o un cgi en perl… y no funciona.
Pero luego está La Aisa: La peor compañía de autobuses que he conocido nunca, y cuya desafección para con los clientes es su seña de identidad. Ahora, también vía web, para no dejar la más mínima duda de que «se la sudan» los potenciales clientes que tengan por esta otra vía. Pero claro, es la única licenciada para cubrir la ruta Madrid-Ciudad Real, pasando por Daimiel (he ahí por lo que me afecta).
Al intentar comprar un billete de sus escasos horarios, el resultado ha sido el que ya debería haber previsto: Fatal Error!!!

Kay Woo, una de mis alumnas, propuso un lugar agradable coreano de comida de calidad y con un buen precio que acordó con los dueños del restaurante.
El sitio en cuestión se llama Gayagum y está en el céntrico barrio de Ópera, en la Calle de Bordadores número 7. Es más que recomendable para degustar una comida a la que estamos (occidentales) poco acostumbrados, pero que resulta diferente a las habituales, ya, comidas chinas o japonesas.
Ayer, con mi familia, comí en un restaurante italiano en la cabecera de Gran Vía. Hoy, Iván Araujo tiene pensado invitarme en otro italiano (hay mucha comida diferente en Italia, así que no hay problema de repetición) aunque puede que terminemos en un japonés que adoro llamado Restaurante Ayala Japón.
Me gusta la comida oriental… como si fuese poco.
Hace décadas conocí la comida china de manos de mi propia madre, quien experimentaba cuando yo tenía la tierna edad de 14 años, para delicia o sorpresa de sus amigos, que fueron invitados a comer con palillos… sin opción a tenedor.
Me parece deliciosa la comida tailandesa si bien el picante excesivo me taladra mis desacostumbradas papilas gustativas, la comida vietnamita, que poco a poco voy conociendo, es suave y cálida, como una sonrisa.
Hablamos de comida china como si fuese una sola, pero cada vez más la diversidad se da a conocer y nos abre el abanico de posibles descubrimientos culinarios.
En la calle luna hay un «restaurante chino» que procura aclararte que se trata de un tipo de comida de una región característica de China (recuerdo para navegantes: una de cada 4 personas es china), mientras que se abren otros lugares con otras ofertas culinarias, como una fondue china, que es un caldo especiado en el que se va comiendo carne cocida o verduras.
Me emociona pensar que, desde aquellos tiempos en los que comer pollo con almendras o cerdo agridulce con palillos a estos momentos de variedad casi ilimitada, he pasado por varios sabores sorprendentes y me quedan muchos aún por descubrir. El mundo es grande y un viaje inagotado es el de la gastronomía.
¿Qué comeré mañana?
Es tan divertido encontrar estas pequeñas contradicciones en mitad de una calle de la ciudad que no puedo dejar de fotografiarla, por absurdo que sea.
Oxímoron es el nombre de otra entrada en este diario.
Estupor
ante la victoria clara del PP
tras una temporada en la que han salido a la luz
numerosos casos de corrupción
de prácticas delictivas del ministro de interior
que tenía
ayer
que dar los resultados del escrutinio.
Brexit.
Está claro que hay miedo y un grito
generalizado de sálvese quien pueda
se lanza desde todos los frentes.
El país de pandereta en el que vivo
no tiene parangón.
Tengo fiebre
y no tiene nada que ver con las elecciones
pero me pone enfermo este panorama
postelectoral.