Palimpsesto: No seré nunca un gran poeta

No seré nunca un gran poeta

apuesto por un encuentro con una amiga
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un distendimiento banal
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un dinero inmediato
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un menú preparado con mis manos
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un ordenador trasnochado
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un sistema operativo inoperante
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un cuaderno de papel y bolígrafo azul
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un baile al que no dedico tiempo
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un té caliente mientras leo poesía
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un desperdicio de lecturas dispersas
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un deshojar comentarios de red sociales
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un indagar en el fondo de la red profunda
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un tiempo de naderías
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un telefoneo cotidiano
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un millar de sinsentidos improductivos
en lugar de seguir trabajando
apuesto por un lugar en lugar de seguir apostando.

Una presentación esotérica

Eduardo Scala me invitó a asistir a esta presentación que tuvo lugar hace un par de viernes en la librería Enclave de Libros, Calle Relatores, 16, 28012 Madrid, España. Sentí un orgullo inmenso porque un autor de su talla tuviese tal detalle conmigo. E invité a mis alumnos al evento, haciéndoles saber que no verían una presentación típica de poesía típica.

Se presentaba un libro escrito por Ignacio Gómez de Liaño a raíz de 8 prólogos o reseñas sobre la obra de Eduardo Scala, que me encanta y ha marcado gran parte de mi trayectoria. Sin embargo, la presentación me resultó aburrida y pedante. No por ello no interesante, pero algo carente de cierto «sex-appeal» que quizá es innecesario, pero estamos tan acostumbrados en esta sociedad de entretenimiento permanente que lo sentí árido y algo inhóspito. Curiosamente, no creo que si hubiese sido obra directa de Scala me hubiese parecido lo mismo, pues él tiene una cierta humildad apabullante que resulta fresca de alguna manera y se agradece charlar con él, incluso aunque una conversación con Eduardo siempre derive algo extraña o, precisamente, por ello.

Eduardo tuvo el amabilísimo detalle de enviarme una fotografía en la que aparezco justo a su lado y me hace seguir sintiendo ese orgullo del que hablaba antes.

¡Qué preciosas experiencias depara Madrid, así, un día cualquiera!

Los artistas del barrio

Este fin de semana ha tenido lugar la peculiar exposición distribuida Los Artistas Del Barrio en las inmediaciones de nuestra casa, pues esta vez tocaba la propuesta al barrio de Malasaña/Chueca.

Carmen y yo hemos tenido el placer de visitar algunos lugares, encontrarnos con artistas fantásticas como Clara Graziolino, Almudena Mora, Natalia Auffray, Isa Arroyo… y otras personas que generosamente abrieron sus casas o sus estudios/talleres para regalarle a la ciudad de Madrid un evento inolvidable.

(Por cierto, casi cabría decir que eran «las artistas del barrio», pues no vi obra de ningún hombre por el camino)

También tuve ocasión de comprobar y reprobar ciertos colectivos que dicen llamarse artistas y carecen del suficiente compromiso como para estar abiertos a las 12:00, hora a la que habían dicho iniciar el horario. O aquellos que se preocupan de figurar y no de mostrar un trabajo bien cuidado a costa de entrar en la lista. Pero bueno, por la tarde si estaban abiertos celebrando con unas cuantas bebidas y unas buenas barbas. Y no digo más.

Nos quedó bastante por visitar, pero no se trataba de ir cámara en mano y con unas bermudas de safari artístico.

Gracias, una vez más, a quienes se toman el trabajo artístico en serio y hacen del mundo un lugar mejor.

Insólito: La poesía está de moda

Ayer tuvo el lugar el comienzo o arranque de mis talleres de Poesía y Escritura Creativa y se produjo algo tan infrecuente como agradable: se llenaron dos grupos cuando habitualmente habría dado inicio en curso con un famélico grupito (y tan contento, también) como vengo haciendo desde hace ya quince años.

Aún no acabo de creérmelo y espero que se materialice en pagos y, sobre todo, en continuidad a partir de la semana que viene, para poder trabajar relajado en generar estímulos para su creatividad y su compromiso con la escritura.

Este trabajo es algo vocacional, o absolutamente vocacional, pero eso no es óbice para desear que crezca sin excesos pero con confianza y en números manejables (grupos de 8 personas) e incluso idílicos.

La presencia en una plataforma como MeetUp parece que puede dar algunos resultados más eficaces de lo esperado y de lo habitual en este tipo de soportes más o menos publicitarios, pero en cualquier caso no es suficiente para explicar la afluencia de esta semana, pues muchas personas contactaron directamente por correo electrónico y otras por Facebook e incluso algunas por teléfono.

Llegó a ser tal el número de asistentes que olvidé el nombre de algunas de las presentes que, sorprendentemente, hoy mismo han llamado para reservar y asegurar su plaza.

Si sigue como ha empezado, hay una preciosa pareja de camadas nuevas de poetas que están deseando avanzar como tales.

Mi escepticismo se basa en tres lustros de experiencia. Pero mi optimismo no ha decaído y sigo pensando que, más que nunca (o como siempre) la poesía es una herramienta, y un propósito, absolutamente necesaria. Puede que al fin se haya dado cuenta el resto del planeta, así, de forma masiva.

Hay un ataque de poesía en masa.

Debería hablar de Catalunya

Ya sé que hoy y ayer y estos últimos días
parece no haber más que un único tema del que hablar
pero yo veo que hay muchos más temas por hablar
de los que (hoy) no hablamos.

Ya sé que ayer la policía cargó contra manifestantes
con la violencia más o menos legal que les caracteriza
pero yo veo violencia en muchos otros lugares y asuntos
de los que (hoy) no hablamos.

Ya sé que me tacharán de equidistante y de pasivo
ante una situación ante la que hay que posicionarse
aunque yo venga haciéndolo desde hace años con argumentos
de los que (hoy) no hablamos.

Ya sé que tanto un lado como el otro
como si sólo hubiese un lado u otro
cree tener la razón y exigen mis gritos irracionales
de los que (hoy) no hablamos.

Ya sé que no sé de tantos temas
que podría escribir un libro enciclopédico
del desconocimiento con ninguna respuesta y mil interrogantes
de los que (hoy) no hablamos.

Ya sé que no irá a ningún lado esta reflexión intrascendente
sobre un acontecimiento trascendente
para la historia del mundo olvidando todos los demás
de los que (hoy) no hablamos.

Hoy, quizá, toca silencio.

He abierto los ojos y tenía que vivir

He abierto los ojos
y tenía que vivir.

Ayer el silencio atenzaba con tenso dolor
mi cráneo ajado
y una pregunta bullía bajo la coraza de los párpados
mientras la matriz de cristal
no acaba de romperse contra un suelo sin huellas
mientras el procer de cristal
no acaba de cometer un comentario
que abra la boca al borde de un abismo
sin llanto entreverado
que rompa
con la fuerza de un huracán
herrumbre de plata
clavo de miel
un humillante momento de sumisión
y una palabra muda

como todas.

Esto no es una broma