Miriñaque

¿Quién puede resistirse
una vez escuchada esta palabra
a pronunciarla?

¿De qué manera utilizar
un miriñaque en un poema
sin sonar decimonónico?

¿Por qué me importa
ser considerado decimonónico
en esta época post-cualquiercosa?

¿Acaso un poema
puede convertir un miriñaque
en un verbo de acción intrascendente?

¿En qué consistirá
miriñaquear
constantemente?

¿Existe la posibilidad de encontrar
personas miriñaques
que se escondan del tedio en la palabra?

¿Cuántos miriñaques
me costará el silencio
si no es sordo?

¿Dónde, dónde miriñaques
habré perdido
el sentido común?

Albricias de miriñaques
a la salida del verso
sobre todo si es ciego.

ans

Para mí, desde hace años, ans es la tecla que hay en las calculadoras para referirse a la última respuesta («answer«) dada por la misma. Sin embargo este verano no paraba de ver por todas partes esa raíz cuadrada de la última respuesta de la calculadora en toda prenda de vestir y, al principio, pensé que se debía a alguna extraña tendencia a recuperar signos algebraicos o matemáticos en general en el ámbito del diseño gráfico, incluso se lo comenté a la hija de mi querido amigo Xabi, quien me dijo que no creía que se tratase de mi hipótesis; y tenía razón.

Unos meses después certifiqué que existe una empresa llamada «Vans», cuyo logo es esa raíz cuadrada de «ans». Pero sigo preguntándome si no guarda algún tipo de relación con mi hipótesis algebraica.

girls-boys

Así, sin más, me acaban de dar ganas de comprar en grandes, en enormes, empresas en lugar de pequeños comercios locales, que, parece, mantienen a las «chicas» en clases de danza, mientras los «chicos» juegan a algún deporte competitivo.

¡Qué asco de cartel!

¿A quien puso este cartel motivador en una red social no le dio por pensar en el resto del mensaje?

Será, supongo, demasiado pedir que sea seria una publicación en red social. Soy tan ingenuo…

Quedan 2 segundos para que se acabe el mundo

y en esos últimos dos segundos, alguien tiene que «descargarse internet» o algo parecido y cuentan marcha atrás como si fuese posible semejante cosa. Y lo logra. Claro. Siempre se logra en el último minuto. Es un recurso dramático que conozco, que le debe parte a la celebérrima secuencia de la Escalera de Odessa.

Sin embargo, cuando yo me encuentro que en el día a día tengo que hacer algo similar, como copiar unos cuantos archivos de poco más de 2Gb en un pendrive, me encuentro velocidades de 790kb/s, lo que da un resultado de unos 30 minutos… no segundos, no.

Y sé que es un problema económico. Claro. Si apostara por PCs «gaming» o superpotentes máquinas que me ahorrarían este tiempo, también serían más caras. ¿Puedo gastarme ese dinero o merece la pena hacerlo?

¿Dónde están ahora las manifestaciones?

No entiendo.
No puedo.
No puedo entender dónde están ahora quienes se manifestaron en contra de Madrid Central cuando fue aprobado por Manuela Carmena.
No puedo entender dónde están ahora quienes apoyaban Madrid Central.
No puedo entender a quien votó contra el actual consistorio por su desacuerdo con Madrid Central.
No puedo entender nada salvo que afirme que hay personas tontas.
No puedo afirmar que hay personas tontas y seguir creyendo en la democracia como una forma de gobierno que le dé igual valor al voto de personas tontas y de personas no tontas.
No puedo afirmar que yo no sea tonto.
No entiendo.
No puedo.

O sí entiendo.
Y entonces…

N’Clave de Po(esía) vuelve a ser presencial

Después de debatirme sobre si seguir realizando los encuentros de N’Clave de Po(esía) online o, incluso, presencial pero con opción de asistir virtualmente, Carmen me preguntó que si estaba cansado de las clases «mixtas» por qué iba a hacer esta actividad online o mixta.

Fue una pregunta acertadísima, como suelen ser sus observaciones, así que le dije que tenía razón, que la haría de nuevo presencial, como antaño, como hace casi ya 2 años, y que viniese quien quisiese, como al fin y al cabo siempre ha sido y me gusta que sea.

Así que hoy volvemos a programar presencialmente en Clave 53 nuestra tertulia (o espacio de lectura) en que proponemos que se lea poesía al calor de una taza de té, mientras escuchamos a otras personas que lean, cambiando de rol sin ninguna otra moderación que las habituales en la convivencia pacífica de individuos, es decir, sin necesidad de un líder que imponga reglas de orden y concierto, muchas veces superfluas.

Está anunciado el evento en Facebook y también en Meetup, de donde suele acudir un porcentaje mínimo de las 18 personas que se inscriben como máximo. Esperemos que ese overbooking no suponga un problema en estos tiempos pandémicos.

Esto no es una broma