Las mesas limpias
preludio de comienzos,
eco y silencio.
Luz apagada
por la ventana abierta
entra la sombra.
Aquel botijo
sobre la estantería
preside encuentros.
Libros en cajas
ansían encontrar
quienes los lean.
Diario
Las mesas limpias
preludio de comienzos,
eco y silencio.
Luz apagada
por la ventana abierta
entra la sombra.
Aquel botijo
sobre la estantería
preside encuentros.
Libros en cajas
ansían encontrar
quienes los lean.
Carmen es una fantástica diseñadora intrusa que es capaz de hacer un cartel estupendo a partir de una simple fotografía. De hecho, cada vez que estamos de vacaciones rescata paredes, detalles, playas… que luego usa para sus publicidades, que siempre son originales y mucho más creativas de lo que ella misma es consciente.
Pero tiende a usar apps de móvil que la mayoría de los casos no permiten tener un control total sobre lo que quieres hacer (aunque son muy muy potentes) y, sobre todo, si se trata de diseños que se quieran reutilizar es bastante complicado porque los formatos en los que los almacena son difíciles de manejar con libertad (tecnológicamente hablando).
Así que, como de costumbre, hacemos un buen tándem, pues es ahí, en la parte tecnológica, donde yo puedo echarle una mano, como en esta ocasión que ella había compuesto la izquierda de este díptico que he llevado a vectorial con Inkscape (salvo la fotografía de fondo) para poder modificarlo siempre que queramos, como en esta simple bandera lateral derecha negra sobre la que escribir «Práctica de la Rosa» con la tipografía que utiliza su propia web, además de añadir un SVG de licencia creative commons que ha sido sencillo colorear con el color que usa el logo de la Milonga Romántica, por ejemplo.
Estoy en campaña.
En pleno verano
estaba en campiña.
Ahora estoy en plena campaña.
Ya no estoy en plana campiña.
Negocio con ocio
y
ocio de negocios.
Los pavos reales
expanden iridiscentes colas
para atraer colas
de admiradores
de admiradoras
que no pueden dejar de decir
que los pavos reales
expanden iridiscentes colas.
Exhibo algaradas de alegría
albricias irrefrenables
en alarde de exposición.
Estoy en campaña.
Estoy en plena campaña.
Quiero ser lo que necesitabas
y aún no lo sabías.
Quiero ser lo que te hará feliz.
Quiero hacerte feliz
pero no quiero que me necesites.
Quizá
quien te necesita soy yo
aunque diga lo contrario.
Estoy en campaña.
En plena campaña.
Terminará septiembre y volverán las aguas a su cauce
y parecerá que se sosiega el universo
después de un big bang
iridiscente.
Cauces de ríos
cada día más secos.
La sequía golpea todos los lugares del planeta,
resquebraja la piel de la tierra
y hace sangrar ríos de tinta.
La tinta digital
contribuye
de mala manera
al aumento de la temperatura atmosférica
a la sequía
en la campiña
en la campaña.
La campaña
no campana
gaussiana
deja una voz tímida
tras su paso.
Es miedo en el tronco del ego.
¿Cómo es el ego
de un pavo real?
¿No sé
cómo es mi (propio) ego?
¿Tiene ego
una ficha de lego?
LEGO es una empresa danesa de juguetes cuyo producto más conocido son los bloques de construcción fundada el 10 de agosto de 1932 por Ole Kirk Christiansen, carpintero natural de Billund, y desde entonces ha estado controlada por su familia. Si bien se dedicó al principio a fabricar artículos de madera, desde 1949 está especializada en los juguetes de construcción fabricados con plástico. El nombre Lego deriva de las palabras danesas «leg godt», que significan «jugar bien».
¿Cómo se puede «jugar mal»?
Ahora estoy en plena campaña.
Ya no estoy en plana campiña.
Este es un buen final.

Insignificante acción sin público. Sin convocatoria. Sin mayor transcendencia que la de una fotografía que no divulgaré masivamente. Casi sin nada. Casi nada. Otra pequeña reflexión en el límite de la performance.
O sea, que trata de la condición y ejercicio del famoso, en plan, y valiente hidalgo, o sea, don Quijote en plan de la Mancha.
En un lugar de la Mancha, o sea, de cuyo nombre no quiero acordarme, en plan no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo, o sea, de los de lanza en astillero, en plan adarga antigua, o sea, rocín flaco y en plan galgo corredor. O sea, una olla de algo más vaca que carnero, en plan salpicón las más noches, o sea, duelos y quebrantos los sábados, en plan lantejas los viernes, o sea, algún palomino de añadidura en plan los domingos, consumían, o sea, las tres partes en plan de su hacienda. El resto, o sea, della concluían sayo de velarte, en plan calzas de velludo para las fiestas, o sea con sus pantuflos de lo mesmo, y en plan los días de entresemana, o sea se honraba con su vellorí en plan de lo más fino. O sea, tenía en su casa en plan una ama que pasaba de los cuarenta o sea y una sobrina que, en plan no llegaba a los veinte, y un mozo o sea de campo y en plan plaza que así ensillaba el rocín, o sea, como tomaba la podadera. Frisaba la edad en plan de nuestro hidalgo con los cincuenta años. O sea, era de complexión recia, en plan seco de carnes, o sea enjuto de rostro, en plan gran madrugador, o sea y amigo de la caza. Quieren decir, en plan que tenía el sobrenombre de «Quijada», o sea o «Quesada», en plan que en esto o sea hay alguna diferencia en plan en los autores que deste caso escriben, o sea aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba en plan «Quijana». O sea, pero esto importa poco a nuestro cuento: en plan basta que en la narración dél no se salga un punto, o sea, de la verdad.
Es, pues, en plan de saber que este sobredicho hidalgo, o sea los ratos que estaba ocioso —que eran en plan los más del año—, se daba a leer libros o sea de caballerías, en plan con tanta afición y gusto, que olvidó o sea casi de todo punto el ejercicio en plan de la caza y aun la administración de su hacienda; o sea llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, en plan que vendió muchas hanegas o sea de tierra de sembradura en plan para comprar libros de caballerías en que leer, o sea y, así, llevó a su casa todos en plan cuantos pudo haber dellos; y, de todos, o sea ningunos le parecían tan bien como los que compuso en plan el famoso Feliciano de Silva, o sea porque la claridad de su prosa o sea y aquellas entricadas razones en plan suyas le parecían de perlas, o sea y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y en plan cartas de desafíos, donde o sea en muchas partes hallaba escrito: «La razón en plan de la sinrazón que a mi razón, o sea, se hace, de tal manera mi razón en plan enflaquece, que con razón me quejo, o sea, de la vuestra fermosura». Y también en plan cuando leía o sea: «Los altos cielos en plan que de vuestra divinidad en plan o sea divinamente con las estrellas os fortifican o sea y os hacen merecedora del merecimiento en plan que merece la vuestra grandeza…»
O sea, con estas razones en plan perdía el pobre caballero el juicio, o sea, y desvelábase por en plan entenderlas y desentrañarles el sentido, o sea que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, en plan si resucitara para solo ello. O sea no estaba muy bien con las heridas en plan que don Belianís daba y recebía, o sea porque se imaginaba que, en plan por grandes maestros o sea que le hubiesen curado, no dejaría de tener en plan el rostro y, o sea, todo el cuerpo en plan lleno de cicatrices y, o sea, señales. Pero, con todo, en plan alababa en su autor aquel, o sea, acabar su libro con la promesa en plan de aquella inacabable aventura, o sea y muchas veces le vino deseo de tomar en plan la pluma y dalle fin al pie de la letra o sea como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun en plan saliera con ello, si otros mayores y, o sea, continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces en plan competencia con el cura de su lugar —o sea que era hombre docto, en plan graduado en Cigüenza— o sea sobre cuál había sido en plan mejor caballero: o sea Palmerín de Ingalaterra o en plan Amadís de Gaula; mas, o sea, maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, en plan decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, o sea y que si alguno se le podía comparar era en plan don Galaor, o sea hermano de Amadís de Gaula, porque tenía en plan muy acomodada condición para todo, o sea que no era en plan caballero melindroso, o sea ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía, o sea, no le iba en plan zaga.
[…] O sea, continuará en plan…

Por aquello de la superstición (hoy es martes 13), he puesto en mi diario un gato negro (en realidad la representación visual en gráfico vectorial de un gato negro) sobre el habitual fondo negro de mi página web.
¿Existe? ¿Puede verse? No es tan importante la respuesta a estas preguntas como saber que, en realidad, lo he hecho.
La monarquía sigue sin morir.
Solo mueren monarcas.
La sociedad sigue sin despertar.
Solo despiertan personas.
Mientras tanto…
esta noche
entre las 04:32 y las 04:33
he dedicado
un minuto de silencio
por una mujer muerta
a quien no conocí.

El martes pasado fue uno de esos día bonitos bonitos… aniversario con Carmen. Felices y contentos.
Aproveché que quería presentar una obra al Concurso VII Edición del Premio Libro de Artista Ciudad de Móstoles. Era la primera vez que presentaba algo a un concurso de estas características y creía que la pieza que he presentado es, al menos, premiable, gane o no gane nada.
Así que decidimos hacer una excursión a Móstoles para hacer algo ilusionante muy bien acompañado.
Una vez allí nos fuimos de visita a un museo (CA2M) a ver una expo de vídeodanza muy interesante y muy sugerente (me ha surgido una idea de nuevo proyecto a raíz de verla).

Tras darnos cuenta de las ventajas de vivir en el centro de Madrid (nos gusta la variedad a la hora de elegir un restaurante donde comer), nos decantamos por una terracita agradable de comida tradicional o convencional donde, eso sí, había un muy económico menú, un ambiente relajado y un trato estupendo.
Volvimos a Madrid-Principe Pío en autobús, que parece más turismo todavía ;-), para adentrarnos en el curioso mundo de los centros comerciales (a 26ºC) del que salimos sin hacer nada más.
Luego caminada y pijerío en otra terracita del Parque de Atenas, tomando un «aperolo» de esos naranjas que me hacen gracia por el color… y por último excursión oriental por la calle Leganitos disfrutando de descubrimientos magníficos como nuevos restaurantes chinos por conocer, o supermercados donde comprar cosas que no sabemos usar, pero que remiten a viajes exóticos (y a globalización).
Descubrir que al llegar a casa éramos tan felices como hace 23 años y que estábamos tan bien juntos como entonces (o más aún) fue el culmen de un día bonito bonito… de los que, por suerte, tengo varios al año.