A Carmen…

Reverencio con sumo honor o respeto aquel adjetivo posesivo informal de la segunda persona en plural que se coloca delante de aquel órgano de la vista cuya etimología procede del latín oc?lus que refleja la radiación electromagnética absorbiendo una una mezcla de longitudes de onda que, en formato hexadecimal, pueden resumirse mediante la triada de números BE/98/6C.

Curso gratuito para enseñar a decir NO

(Para mayores de 18 años: personas responsables últimas de sus actos)

Cuando quieras decir NO
di NO.

No grites.
No hace falta.
Solo di NO.

Si no…
Di no.

Si alguien no te gusta
No te quedes a su lado.

Si no…
Di no.

Si no quieres matar a nadie nunca, en ninguna situación
No te hagas soldado o militar (ni policía

Si no…
Di no.

Si algo no te hace bien
No lo soportes.

Si no…
Di no.

Si en una empresa no estás a gusto (a tu gusto
No te aguantes.

Si no…
Di no.

Si no crees en Dios
No entres en una iglesia
No formes parte de ritos que asumen su existencia
No eduques a otros para que sí crean o crean que creen.

Si no…
Di no.

Si no crees que debe primar la educación privada sobre la pública
si no crees que deba primar la sanidad privada sobre la pública
No vayas a un colegio privado a dar o recibir clases
No lleves a tus hijos a un colegio privado
No vayas a un sanatorio privado
No pagues un colegio privado
No pagues un servicio sanitario privado

Si no…
Di no.

Si un tipo grita en un lugar donde no debe hacerlo
Dile que No lo repita.

Si no…
Di no.

Si no te hace caso
No le vuelvas a invitar a unirse a esa fiesta.

Si no…
Di no.

Si no puedes hacer eso porque la fiesta no es tuya
No vayas.

Si no…
Di no.

Si no te pagan
No pagues.

Si no…
Di no.

Si eres periodista y no te dejan escribir lo que quieras sobre alguien (o algo
No escribas nada sobre ese alguien (o algo
Y si no te dejan estar sentado
No te quedes de pie
No te quedes.

Si no…
Di no.

Si no quieres hacer el amor con alguien (o algo
Di que no quieres
y No lo hagas
Salvo que no te importe ser violado por alguien (o algo

Si no…
Di no.

Si no te gusta una relación que mantienes
No gastes más energía en ella.

Si no…
Di no.

Y punto.

No le temas a que te llamen radical
No te agobies por romper lo que no quieres
No pierdas tiempo ni esfuerzo en mantener lo insostenible

Si no…
Di no.

Y si después de todo esto, no dices (nunca) no…
No digas (nunca) que no te advertí.

Pánico tras el 12.04

El otro día entré en pánico:

Mi pie se descompuso.

Fue el viernes
día
27
de abril.

Y eso que el 27 es 3^3
o tres al cubo
y el número de letras del alfabeto.
(Uno de mis números preferidos)

Pero mi pie no podía apoyarse en el suelo
mi pie derecho
así que tenía que levantarme pisando con el pie izquierdo
y la mala suerte hizo sucumbir mi portátil
en una actualización inacabada
que dejó el ubuntu 12.04
a medio camino entre un sistema usable
y un sistema desagradable.

¿Quién me manda actualizar tan rápido
sabiendo que hay que ser
en esto
conservador?

Cansado de Unity
decidí que era un buen momento
para
(ya que tenía que estar en reposo
durante todo el puente del primero de mayo)
instalar Linux Mint.

¿Qué tenía que hacer para ello?
1.- Convertir una partición de primaria a extendida
aunque luego vi que no era necesario, que ya estaba hecho.
2.- Instalar Mint en el espacio disponible que siempre tengo
en mis discos duros, en mi casa, en mis armarios, en mi corazón…
3.- Copiar /home/giusseppe de la partición con ubuntu (12.04)
al nuevo sistema instalado.
4.- Verificar que los discos de NTFS eran, de nuevo, accesibles
y de paso instalar GParted para dominar el mundo
de mi disco duro
5.- Instalar y configurar los programas que utilizo que vienen a ser
Thunderbird, Firefox, Midori
OpenJDK, FreeMind (para mis lenguas…)
VirtualBox, Skype, Spotify, Shotwell, VLC
DropBox, UbuntuOne (para Mint, que también hay)
GrubConfigurator
Filezilla, JDownloader (quizá Tucan)
y las fonts y los codecs que puedan no venir con el sistema.
K3B, Audacity, Wammu, z7, Samba, UnetBoot, Multisystem, PDF-Reader…
6.- Verificar el correcto funcionamiento de las conexiones
HDMI, Audio interno, y otras pantallas.
7.- Ejecutar el script para llevar a cabo las sincronizaciones programadas
que programé.
8.- Cuando todo estuviera acabado
en el ubuntu 12.04, librarme del maldito Unity
instalando un entorno más simpático
como KDE o Enlightment.

Pero todo quedó en nada
porque conseguí arreglar la decadente actualización al 12.04
y no me apetecía perder mi tiempo
siguiendo un número considerable de pasos
que me dejarían
más o menos
igual que ahora
pero más verde, más mint…

No lo lamento
y lo único que queda
de ese momento de pánico
es algo de temor a hacerme
más daño en el pie
o más daño en otras partes de mi cuerpo
y acabar sintiendo
lástima de mí mismo
sabiendo
que no tengo en mi cuerpo
espacio reservado
para poder instalar otro sistema operativo
instalar unos cuantos programas
rearrancar
y comenzar a vivir otra vez.

Por eso, por eso…
la vida es tan valiosa
tan insustituible
tan preciosa
como no lo será nunca ningún diamante
que son duros y para siempre
y fríos
y transparentes
cristalinas estructuras de carbono presurizado.

Por eso, por eso
hay que vivirla intensamente,
porque las actualizaciones
no nos llegan de fuera
de un repositorio estable
sino de nuestras propias entrañas
a las que quiero adjetivar y no sé cómo.

Por eso, por eso
las conexiones que establece este sistema
efímero y frágil
deben ser tan cuidadas
como bonsais en el desierto
y las interfaces de usuario están abiertas
o muertas.

Por eso, por eso…

por eso…

por eso.

El pánico es mortal.

(=vital)

4estaciones.c

Otro poema escrito en C, compilado y una de cuyas salidas se muestra a posteriori. En primer lugar, el código:

/********************************************************
Poema 4 Estaciones (escrito en C)
realizado por Giusseppe Domínguez
el día 4 de mayo de 2012 en Madrid
bajo la lluvia de la primavera
********************************************************/

#include
#include
#include
#include

int estacion(char *laestacion, char *clima);
int firma();

main()
{
char *estaciones[]= {"Primavera", "Verano", "Otoño", "Invierno"};
char *clima[]= {"lluvia", "sol", "viento", "frío"};
int indice_estacion;

for (indice_estacion=0; indice_estacion<4; indice_estacion++) { estacion(estaciones[indice_estacion], clima[indice_estacion]); } firma(); } int estacion(char *laestacion, char *clima) { int dias_anno=365, dias_estacion=dias_anno/4+1, dia; int longitud_clima=strlen(clima); char *estrofa_estacional = malloc(dias_estacion*longitud_clima*sizeof(char)); printf("%s\n",laestacion); for (dia=0; dia

Y una de las salidas posibles...

Primavera
lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia lluvia
Verano
sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol sol
Otoño
viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento viento
Invierno
frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío frío

Giusseppe Domínguez, a las 13:40. M-20120504

Me interesa la mezcla extraña de escribir sin escribir...

De los funcionarios

Hoy he visto publicada una noticia sobre las medidas contra los funcionarios que se están aprobando sin la repulsa de ningún otro trabajador de la empresa privada, como si no fuese con ellos. La noticia está en el País.com.

Del tópico del cafetito a mediodía al de que los funcionarios se ponen enfermos mucho más que el resto de los ciudadanos. Estos y otros lugares comunes han servido a los sucesivos Gobiernos para añadir argumentos a varias iniciativas que penalizan a los trabajadores públicos: bajadas de sueldo, aumento de la jornada laboral, suplencias y contratos interinos sin cubrir. La última, la propuesta de que estos empleados no cobren su salario íntegro durante los primeros 90 días de baja por enfermedad, ataca una de las partes más sensibles y más incontrolables: la salud. Y además lo hace sin una base estadística que acredite que los funcionarios, en su conjunto, abusen del sistema.

Cada día me encuentro a más gente que ataca a otros colectivos en un intento de focalizar su ira sobre algún culpable que no sean ellos mismos. Incluso queridos amigos que creen este tipo de patrañas, o que los inmigrantes son unos aprovechados o que las mujeres se benefician de tratos especiales o que los jóvenes, o que los ancianos o que los parados o que los que tienen trabajo fijo o los que no lo tienen…

Y es un error. Un error bien planificado por los que ostentan el poder, para deprimir a sus posibles adversarios enfrentándolos entre ellos. Ya lo decía Marx, «paz entre pueblos y guerra de clases». Alguien tuvo la sabiduría de ver que era un problema esa paz y había que conseguir un enfrentamiento permanente dentro del pueblo que le impida unirse. Sin ponerse decimonónico, lo que sí es evidente es que ese tipo de estrategias se siguen usando para desenfocar del punto de mira a causantes de crisis como la actual o para, sencillamente, poder operar sin ser visto, puesto que se atiende a otros conflictos.

Con respecto al mito de que los funcionarios no trabajan, el otro día, en una cena con unos amigos, me encontré defendiendo que eso no es más cierto que en otros sectores. Recuerdo cuando trabajaba en Rural Servicios Informáticos (bancario, privado, muy privado) y varios de los que tenían más de 50 años, más de 20 años trabajando en esa empresa, eran una panda de vagos, de tipos que se juntaban para hacer comidas de empresa que se extendían por encima de la media de una comida normal, gastando barbaridades que, por cierto, pagaba la empresa que no subía sueldos de los que sí trabajábamos, y volvían casi ebrios, con un aroma a cognac y puro caro que daba asco.

Pero no solo no se les podía echar, sino que eran los dueños (o gestores) de la empresa, con lo que ellos mismos se ponían los sueldos millonarios que hacían inviable su despido, puesto que las indemnizaciones alcanzaban cantidades que justificaban tenerlos en nómina hasta que decidieran jubilarse. Por supuesto, además, ocupaban las más altas jerarquías de la compañía y paralizaban cualquier intento de renovación porque les supondría tener que trabajar y dejar de reunirse en absurdas reuniones de sesgado corte machista, con comentarios tan desafortunados como groseros para con gran parte del personal, así como fuera de horarios laborales acordados. Al fin y al cabo, el resto del día no tenían ni siquiera que hacer acto de presencia por sus puestos de trabajo, siempre en despachos de cuero de alta gama negro, con buenas vistas…

Y eso era solo la punta de un iceberg que dominaba la filosofía de la empresa privada en cuestión. Lo viví así en todas las empresas que tuve el gusto o disgusto de conocer.

Recuerdo a mi padre, honrado donde los haya, diciendo que él ya no era un trabajador competente, que era mejor que le jubilasen, que, lógicamente, estaba cansado y no iba a proponer iniciativas (que seguro que luego era exagerado, conociéndole…), y que, en la empresa privada era necesaria la entrada de gente joven, nueva, con ganas de trabajar, de cambiar cosas…

Es natural, en la privada y en la pública (funcionarial) que ese cansancio llegue. Es normal que uno se agote de dar clase siempre o se agote de programar o se agote de hacer una determinada tarea más o menos vocacional, más o menos deseada o más o menos alienante, pero en la empresa privada, además, a esa gente cansada, cada vez con menos ganas de trabajar, se la asciende por el tiempo, se la sitúa en puestos de mayor importancia, en parte por los contactos que, con el tiempo, ha ido haciendo. Es una especie de nepotismo absolutamente asumido como natural. Así que nadie lo critica.

Pero acaban siendo trabajadores que no trabajan o, en el mejor de los casos, que no están capacitados para sus nuevas responsabilidades, que han llegado allí como sargentos chusqueros, sin más mérito que el de aguantar en un lugar sometiéndose a lo que sea necesario. Y esto no ocurre con los funcionarios.

Que hay funcionarios que se agotan de su trabajo es normal, es natural, ya lo he dicho, pero a estos no los ascienden por seguir allí, no les suben el sueldo en un grado tan alto, sino de una manera mucho más razonable, sin llegar a cobrar 30 o 40 veces su sueldo inicial… Y no se hacen dueños de un sistema que quedaría anclado en la inacción.

Pero se sigue diciendo que son vagos, que se enferman con frecuencia (no hablo de lo que ocurre entre muchos compañeros a los que conocí y que no van a trabajar por una resaca, diciendo que tienen gastroenteritis) que atienden mal, que no hacen bien su trabajo… ¡Y en la privada tampoco!

¿Qué se oculta tras esa campaña de desprestigio?

Ya anticipé que se ocultan intenciones tan perversas como enfrentar a la sociedad consigo misma, a los trabajadores contra los trabajadores, en lugar de los trabajadores contra los dueños de las empresas, o contra los mercados… sin entrar muy en detalle a juzgar a estos (hay muchos empresarios honrados y trabajadores, pero otros no lo son y nadie dice que hay que eliminar a los empresarios por ellos).

Además, sabemos que la sanidad y la educación son dos sectores que se pueden poner a subasta, se están vendiendo al mejor postor, a empresas ambiciosas que acabarán por ocupar la posición del estado en la administración de estas labores, con lo peligroso que esto pueda resultar, dejándolos fluctuar a precio de mercado, un mercado que ha demostrado su incapacidad para regularse, para regirse por criterios humanitarios, solidarios o sociales.

¿Y qué pasará cuando esto sea así?

Esas empresas harán lo que quieran, sin control, teniendo a unos profesores, por ejemplo, que también se cansarán cuando lleven años dando clases pero que habrán ido consiguiendo otros puestos de trabajo, aunque estuvieran cualificados para dar clase y no para gestionar un departamento, que les llevará asociados unos sueldos que harán difícil su sustitución, salvo por personal cada vez peor cualificado, becarios, etc, recién salidos de la universidad que podrán dar clase y que durarán unos poquitos años antes de agotarse, buscarse otro trabajo, irse a donde sean más valorados… quedando en el profesorado aquellas personas menos ambiciosas, menos cualificadas, que realizarán ese trabajo por dinero, únicamente por dinero.

Pero eso sí, los comerciales de esas empresas tendrán grandes sueldos, los directivos de esas empresas tendrán grandes sueldos, los marketing de esas empresas tendrán grandes sueldos, los jefes de personal de esas empresas tendrán grandes sueldos… y no serán despedibles, porque no compensará hacerlo, cayendo en una suerte de funcionariado de alto estanding que los alejará de los mortales que no los verán como alguien que ha conseguido una plaza mediante un examen de cualificación, sino que lo han logrado por la sumisión, la permanencia, la ambición… y un nepotismo indetectable y fuera de control.

Mientras tanto, la privatización paulatina llevará a la aparición de una separación más definitiva de las clases sociales, derivada del acceso a la educación que será, definitivamente, segregacionista, basada exclusivamente en los ingresos, de modo que, los de mayor poder adquisitivo tendrán acceso a una educación de mayor calidad y, a la postre, podrán conseguir mejores puestos de trabajo para mantener la separación que les garantice esa mejor situación: Feudalismo!

¿Por qué se acepta por todos como verdadera?

Envidia. Vemos en el funcionariado la ansiada seguridad de un puesto fijo, puesto al que podemos optar, preparándonos, porque siempre ha sido así, no es un puesto inaccesible, como ser rey, o como ser director ejecutivo de una gran empresa, sino que podemos optar a ello y no lo hacemos.

Así que nos acabamos creyendo que son unos vagos porque como tienen un puesto fijo (después, en la mayoría de los casos, de larguísimos años de espera), sin posibilidad de ser despedidos, y que no tienen porqué hacer nada en sus empleos para conservarlos. No es que lo hagan, es que creemos que lo hacen, creemos que tienen más bajas laborales, cuando no hay datos que lo confirmen, creemos que tienen menos ganas de trabajar, que se toman sus tiempos para hacer cualquier cosa… ¡pero en la empresa privada también es así! Hay trabajadores honrados en uno y otro sector, pero nunca se pone en cuestión el sector privado, el modo de contratación que garantiza que alguien, tras 3 años o 4, acabe siendo contratado con un puesto «fijo», del que le tienen que indemnizar para despedirle, sin más prueba de acceso que una entrevista de trabajo arbitraria y realizada por un criterio absolutamente particular: el de la empresa en cuestión.

Entiendo la frustración de muchos los que hablan contra los funcionarios vagos, que claro que existen, pero no entiendo porqué les molesta más que lo que ocurren con los trabajadores de la empresa privada que también los hay. Y también el otro día me aclaró algo de esta incomprensión, mi querido amigo Jens, que dijo que a los funcionarios los pagamos todos…

¡Y a los trabajadores privados también! – añadí. Al fin y al cabo, que los productos o servicios de una empresa sea menos baratos que lo que podrían ser se debe a que hay que pagar a aquellos que, en su mayoría, además, cuadros superiores, se tocan los huevos a dos manos, pero hacen creer que son los más importantes y, por ello, reciben sueldos millonarios y tienen puestos de trabajo mucho más blindados que casi cualquier funcionario.

Pero esto no lo vemos… o no queremos verlo.

Ver que esta campaña de difamación es una falacia significaría asumir que la responsabilidad de lo que ocurre es de todos y cada uno de nosotros, que no podemos seguir echando balones fuera y culpando a los funcionarios, a los inmigrantes, a los jóvenes, a los ancianos, a las mujeres, a los empresarios, a los becarios, a… otro.

Imágenes para el olvido

¿Pero cómo una web sobre la desnutrición y la pobreza en el mundo puede tener una publicidad tan poco seria sobre otras cosas? ¿A nadie se le ha ocurrido pensar en el contexto de las imágenes que muestran, en las ofertas que hacen frente a frases como la que acabo de publicar en FaceBook?

Según las estadísticas de la Organización Mundial de Salud entre 3 y 5 millones de niños menores de 5 años mueren por año en el mundo por causas asociadas a la desnutrición.

Junto a unos cálculos sencillos (dividiendo niños en fracciones, para que se entienda que no se piensa en ellos como humanos, sino como simples datos estadísticos, fríos, lejanos, hasta llegar a cuestionar su existencia.

?

10958,9 niños por día.
456,6 por hora.
?7,6 por minuto.
y ahora, háblame de crisis.

Y esto, después del otro texto del día, el que he escrito sobre caprichos y crisis y por el que acabo de discutir con Carmen. Consiguen (un impersonal que no nos debería excusar) que no creamos la realidad, que olvidemos que existe, para poder seguir con nuestras ideas de niños caprichosos…

Caprichos y crisis

Sigo oyendo hablar de crisis económica sin parar y de problemas graves acuciantes por todas partes y también, cada vez que me encuentro con algún niño o alguna niña y sus progenitores (papás y mamás) les preguntan constantemente cosas como ¿te gusta esta comida o te pedimos otra?, pienso que esta crisis es una crisis de niños pijos, de lujo, de paraísos…

No puedo concebir que se siga derrochando comida por capricho, por el mero hecho de «no me gusta» esto o aquello, como si fuese una razón suficiente. Y recuerdo la frase que me decía mi padre de «piensa que hay gente que se muere de hambre». Y claro que pensaba en ello y no se me ocurría nunca plantar cara a mi madre que hacía milagros estirando la comida, de manera que comíamos lentejas y luego lentejas con arroz y por último puré de legumbres… y así acabábamos de comernos todo lo que fuera necesario comerse.

No teníamos innecesarias videoconsolas, ni varios televisores en la casa, no teníamos ropa de marca y podíamos apañarnos con ropa zurcida una y otra vez, como yo ahora con los pantalones vaqueros, cuyos arreglos cada día son más caros en proporción al precio de una prenda nueva.

Sé que las cosas han cambiado y que, por ejemplo en este último tema, se nota la influencia de la globalización, haciendo más rentable (aún) el consumo irresponsable por encima del arreglo o, incluso, el cuidado de los bienes.

Voy en el metro y veo iPods, iPhones, smartphones de distinto pelaje, eBook-readers, ropitas de marca, refrescos de diseño y dulces envasados al vacío. Todo esto es absolutamente prescindible. Y sin embargo, el endeudamiento sigue y sigue.

Sé que hay gente en verdaderas situaciones de exclusión social, pero también veo que hay muchos que no saben que van a estarlo en breve si no evitan seguir por el camino por el que van. Y aquí me excluyo, por una vez, hablo en tercera persona del plural y no en primera persona: yo no soy así.

Estiro la vida de un PC todo lo que puedo (claro que el PC podría no ser necesario, pero ahora mismo digamos que es mi herramienta de trabajo), estiro la comida hasta que se agota toda (gracias, mamá, por enseñarme economía doméstica), nunca tiro una bolsa de plástico sin haberla utilizado varias veces antes, nunca tiro un frasquito de conservas, así me ahorro comprar innecesarios tuperwares, reutilizo toda hoja de papel hasta que su reciclado se hace casi superfluo.

Y es que el reciclado, en gran parte, me parece un defecto de nuestros hábitos de consumo: consumimos tanto y tan irresponsablemente que tenemos que pensar qué hacemos con los deshechos. Pues consumanos más responsablemente, disminuyamos los residuos, reduciendo la adquisición de ridiculeces, reutilizando todo lo que ya hayamos adquirido, echémosle un poco de imaginación a la vida de los objetos que nos rodean, acostumbrémonos a valorar, como antaño, cada pequeña cosa que tengamos como si fuese importante, como si nos tuviese que durar toda la vida, como si no pudiésemos comprarnos otra cuando nos empieza a dar problemas o nos queda «fea«.

De unos vaqueros rotos se puede obtener un portamandos de televisión. Es simple, es barato, es anticrisis. No nos hace falta uno que cueste 2 euros en Ikea. Son 2 euros… y una filosofía de derroche. Del bolsillo de esos vaqueros podemos hacer una funda para un móvil… y seguimos!

Veo pijerío sin parar en un mundo en descomposición y me dan ganas de vomitarles un volcado de palabras que comience con el vocablo más utilizado de este lustro.

Si no te gusta la sopa, no comes. ¡Y punto pelota!
Ya verás cuando tengas hambre….
porque la vas a tener.

Ventana, M-20040203

Se acaban los días pares como se acaba todo. Se acaba mi paciencia, mi poder esperar que pase algo que no pasa y no hablo de sexo esta vez sino de tristeza agotadora de cada mañana ante la ventana con mi cerebro vacío, con mi mente en blanco pero ya no por relax sino por ausencias. Blanca como mis pastillas vasodilatadoras antiespasmódicas que evitan que eche saliva por la boca como un perro con hidrofobia.

2 gorriones cruzan mi vista como una película muda y un despertador hace las veces de pianista en el foso. ¿Cuántas veces ha de sonar antes de que yo recuerde un sueño?

Me puedo mentir y decirme que no está bien forzar y que hay que dejarse escribir y que me falta psicoanálisis y que si follara con una negra puta tendría más emociones pero es de Mª Luisa de quien debería estar hablando/escribiendo y no de mí, de mí, de mí…

Mª Luisa ayer comió judías pintas y le han sentado mal. Bueno, no del todo mal, porque ya que estoy mintiendo quiero que sea una ficción verosímil.

Simplemente, le han provocado una flatulencia atroz, unos gases que le atrapan el estómago como pompas de jabón a punto de estallar en un planeta sin atmósfera.

Ventana, M-20040202

No solo a pasear. Hace 2 años que está encerrada bajo el adobe. Conoce el sol en esa terraza que grafío cada mañana. Su marido de trae la compra semanal. Congelan el pan para ir, día a día, calentando pequeños fragmentos de barra. Sale a la terraza y absorbe el aire húmedo que dejan sus prendas en mi aire húmedo de nubes bajas.

Hace dos años murió su padre.

Las ventanas, traslúcidas, empobrecen el ambiente. Los marcos sucios llenos de pintura que sobró de la última vez que pintaron su habitación. Ni siquiera entonces le gustaba. La pintura beige estuvo de moda un tiempo y Mª Luisa respetaba con celeridad los avatares dictatoriales del consumo.

Ese color de nombre francés ha ido tiñéndose de tiempo y tiene la vejez que le corresponde.

7 agujeros en la pared. Soportes de un toldo en verano para hacer habitable el exterior. Dentro, un pequeño altar rezuma tristeza que impregna las paredes de un rojo sangre que volvería loco a cualquiera.

Mª Luisa no ama la vida.

Pasea desnuda por la casa con sus tetas cayendo hacia el abismo del miedo dando portazos como nieblas. Un helado gigante vive al lado derritiendo su pena. No puede, si quiera, llorar.

Soy muy inflexible?

Últimamente me encuentro cansado de aguantar indecisiones ajenas. Sé que es un poco exigente querer que las respuestas sean sencillas, directas, concretas todo el tiempo, pero…

Si propongo a alguien quedar a comer conmigo, espero que tenga facilidad para decirme si puede o no, y, en caso de no saberlo, se haga cargo de su indecisión y me diga que no cuento con él o con ella, para que yo pueda hacer mis planes independientemente. Vamos, que respete mi tiempo.

Pero es más fácil decir que espere, que espere yo, claro… que mi tiempo no vale, que no pasa nada, que me responderá en breve… y mientras, yo, a esperar.

Y eso no es todo.

Cuando por fin yo impongo mis límites, mi «hasta aquí puedo llegar» (emulando a mi amigo Adolfo, quien emulaba a no sé qué personajillo de TV), entonces soy tachado de inflexible, de intolerante, de exigente con un típico ¡cómo eres!

Pues bien, empiezo (llevo ya un tiempo) a hartarme de esta tontería de indecisos que hacen difícil lo que debería ser fácil.

A veces ocurre con algún alumno de mis clases particulares, que tardan en contestarme, que me confirman tarde, etc… y me aguanto, pero es que me pagan por ello. Pero cuando esto me pasa con algún amigo o alguna amiga, acabo por cansarme de ese amigo o esa amiga.

No me apetece repetir la convocatoria y volver a ese ciclo del «no sé, aún no sé, te digo algo dentro de un tiempo, pero no hagas planes por tu cuenta…»

Voy a ser más inflexible:

A partir de ahora, un no sé, lo tomaré como un NO. Y lo haré saber, para que no queden dudas. Y luego siempre habrá opciones de reintentarlo. Pero estoy harto de ser quien espera por intentar ser un buen amigo.

Esto no es una broma