chocolomo y la medida de un verso

giusseppe midiendo versos

Este día, mientras medía versos con un metro fabricado con hilos en la casa de la mujer que había escrito un poema titulado «El hilo», ella me explicaba el significado de una palabra que se ha introducido para siempre en mi vocabulario de la mano de su abuela Doña Max: el chocolomo.

Chocolomo: dícese de aquella persona, animal o cosa que desea al mismo tiempo cosas claramente irreconciliables, como pueden ser las que dan nombre a la palabra en cuestión.

De la foto que me hizo mi querida Vera Moreno en su casa, me encanta especialmente la caja de Imperial: Se garantiza que es pura. Y mi insistencia en llevar camisetas que signifiquen, incluso sin haberlas comprado para tal fin, es más, sin haberlas comprado.

Era intensidad viva lo que me movía a realizar esas mediciones de un libro con el fin de dar mediciones para un libro que está por venir y que Verutxi lo hará posible.

Adoro esta forma de ser una especie de ayudante «metapoético«. Y se lo agradezco a los poetas que lo hacen posible.

Publicidad sin encubrimiento

anti coca-cola

Desde hace días vengo viendo en las redes sociales campañas contra la famosa empresa de este mejunge negro ignoto.

Y por más que todos aducen razones contra el consumo de la misma, yo no puedo parar de recordar al padre de la publicidad: Tomás de Aquino y su celebérrima sentencia: «Que hablen de mí, aunque sea mal«. (No sé si verdaderamente esta frase fue suya ni en qué contexto se empleó)

¿No se tratará de una campaña de publicidad encubierta? Al fin y al cabo, detrás de cada logo rojo y blanco como el que he puesto en esta entrada, encuentra tu cabeza una referencia al producto que, en algún momento, tu subconsciente (si no lo tienes muy bien educado) va a usar para solicitar la malhadada bebida.

Puede que parezca demasiado paranoico con esta observación, pero es que no me sorprendería ni lo más mínimo de aquella empresita capaz de dar origen a la necesidad de regular la publicidad subliminal.

Recibo todos estos mensajes de desaprovación de la compañía fabricante del brebaje pero no acabo de creer que el objetivo se vaya a lograr de esta manera, sino más bien el contrario: reforzar la empresa en cuestión.

Recuerdo, cariñosamente, la acción mucho más contundente y menos visualmente impactante, menos simple, en resumidas cuentas, de mi querido Jaime Vallaure, que realizó un trabajo en el que iba imprimiendo cada cierto tiempo postales con el texto: «N días en La Tierra sin tomar Coca-Cola». Expuso, al parecer, en el 2001 un resultado de este proyecto en CoMa, titulándolo: “24 meses en la tierra sin tomar una gota de coca-cola”.

Copiándole (sin saberlo) llevo años sin entrar en El Corte Inglés. Ya ni siquiera hablo mal de ese centro comercial. Tan solo no entro. ¿Y si lo hacemos así? Poco a poco, pero contundente, radicalmente.

Me gusta / No me gusta

A partir del texto
Me gusta / No me gusta
de Luis Buñuel (en el libro Mi último suspiro)

En la época del surrealismo, era costumbre entre nosotros decidir definitivamente acerca del bien y del mal, de la justo y de la injusto, de la bello y de la feo. Existían libros que había que leer, otros que no había que leer, cosas que se debían hacer, otras que se debían evitar. Inspirándome en estos antiguos juegos, he reunido en este capítulo, dejándome llevar por el azar de la pluma, que es un azar como otro cualquiera, cierto número de mis aversiones y mis simpatías. Aconsejo a todo el mundo que haga lo mismo algún día.

Me gusta pedir en mis talleres que hagan el ejercicio del «me gusta/no me gusta». La primera vez que lo hice fue en Fuentetaja, de hecho, en un taller al que asistí. La profesora, Graciela Baquero, era una mujer menuda que creía en la forma de impartir talleres que yo iba buscando y estuve tanto tiempo en su taller que, al final, me quedé solo y tuvieron que clausurarlo.

Era algo comprensible, pero me sentó bastante mal y prometí (o me prometí) que yo nunca lo haría. Aún no he clausurado nunca un taller regular de escritura ni siquiera con una sola alumna y lejos, bastante lejos, de mi casa.

Graciela, no obstante, sirvió de llave a todo un universo que pude conocer, pues me invitó a participar en un curso de formación para coordinadores de talleres de creatividad que impartía con Jaime Vallaure y con otro cuyo nombre no recuerdo (Miguel Navas, recuerdo hoy.

Jaime pasó a ser «mi faro» y él, a su vez, me abrió nuevas ventanas a otros mundos que yo ni siquiera había imaginado.

Me gustan los días de lluvia, aunque también los días de sol y los de nieve o viento; en realidad, lo que no podría soportar son los climas «perfectos», no variables, suaves, casi programados. Carmen, sin embargo, los adora y este es uno de los pequeños problemas de mi vida: Si alguna vez pensamos seriamente en el exilio no nos podríamos de acuerdo de ninguna manera.

Me encanta el cine. Todo el cine. Siempre cuento que decidí el lugar en el que vivo en función de la cercanía a la mayor cantidad de salas del centro de Madrid. Lamentablemente, con el pasar de los años, los cines me han ido abandonando y me siento un poco huérfano de salas.

El mayor de los traumas lo sufrí con los cines Luna, en los que proyectaban películas comerciales pero en versión original subtituladas, como más me gustan, ahora convertidos en un gimnasio «fashion» al que me apunté. Ha sido un error de los mayores de mi vida. Todo el mundo me decía que era esperable que lo dejase, y así fue. Algo que no todos saben es que yo mientras hacía ejercicio recordaba y tarareaba una canción de Serrat titulada Los fantasmas del Roxy, que habla de un cine que es demolido para construir una sucursal bancaria y los fantasmas de los actores comienzan a aparecerse en ella.

Antes me gustaban los cantautores y me podía llegar a aprender, de memoria, un sinfín de canciones por su letra, pero con el paso de los años he acabado por aburrirme.

Cada vez más me gusta la música instrumental.

Esto fue especialmente así desde que oigo Tangos. La mayor parte de las letras de tango, por muy orgullosos que muchos fanáticos porteños puedan estar, me parecen simplonas, cutres, sin fondo y repetitivas y tópicas hasta decir ¡basta!

Sin embargo, la música distorsionada y sensual de Piazzolla o la armónica de Hugo Díaz me ponen la piel de gallina y me hacen sentir unas ganas enormes de bailar y (a veces) llorar al mismo tiempo.

No me sorprende que Piazzolla fuese un admirador del Jazz, pues con los años, he descubierto en esta música una variedad y una libertad creativa al mismo tiempo que un cromatismo y una intensidad inigualable.

Me gusta la libertad creativa en todas sus formas. Adoro las búsquedas de John Cage, Brossa o Duchamp (Marcel). Para mí, sin búsqueda intelectual, un ser humano es poco diferente de un cordero.

Me gusta mucho cocinar. Tanto es así que cada día lo hago mejor y algunos amigos y familiares (poco objetivos) han empezado a sugerirme que me lo plantee en serio profesionalmente. De hecho, volviendo al tema del exilio, veo en esto una posible salida laboral.

No puedo soportar que alguien diga de la comida «esto no me gusta». Me llevan los demonios. A veces tengo que contenerme para no desear que fallezcan, en ese momento, de inanición espontánea.

Mis sobrinos (y su madre) lo hacen con frecuencia y es una de las principales razones por las que no voy más a Daimiel. Es más, le he dicho a Carmen varias veces que no pienso quedarme nunca con ellos a nuestro cargo mientras no cambien esa actitud.

Me gusta ser tajante. Sí. Pero ¡oh, contradicción! no siempre estoy seguro.

El escepticismo no es que sea algo que me gusta sino, más bien, algo en lo que creo (si es que se puede creer en no creer).

No me gustan los adoctrinamientos ni los adoctrinadores ni las doctrinas. Creo que ni siquiera me gusta la palabra doctrina.

Me gusta agotarme de escribir y sentir que no acabaría nunca.

Destierro

Dice uno de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
que nadie tiene derecho a desterrar a nadie
y
aparte de las dobles o tripes negaciones
se plantea un problema adicional
y es que
desterrar
es en realidad
reterrar
porque no te quitan la tierra
te obligan a cambiarla
una planta replantada
un nuevo tiesto
donde crecer
con las raíces siempre agobiadas por un continente que dista mucho de
ser infinito
te obligan a elegir otro lugar
pero a elegirlo
es decir
no vale ya con
sencillamente
haber nacido en él
sino que que hay que decidir
optar
seleccionar
como si se tuviese que ser libre
sin tener en cuenta
que el problema
no está en el destierro
sino en conseguir otra maceta
que te acepte dentro
y deje que tus raíces
crezcan con la ilusión de un infinito
al que llamamos
a veces
libertad.

Poesía visual en una serie de televisión (en la cabecera)

[youtube_sc url=http://youtu.be/cTunFLo_TG4]

Estoy absolutamente cautivado con este pedacito de vídeo, que apenas dura 5 segundos. Pero fotograma a fotograma, se puede apreciar la belleza visual de esta composición que se utiliza como cabecera en una serie de televisión relativamente convencional narrativamente hablando.

Una maravilla fotograma a fotograma. Está claro que el sueño de los surrealistas de hacer un cine-poesía, está empezando a fraguarse, ni más ni menos, que en televisión. Aunque de una manera un tanto insospechada.

Dejo una colección de imágenes que contiene el vídeo para que se pueda apreciar a lo que me refiero.

Lepóntico

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    Referencias

    • xlp
    • http://www.ethnologue.com/show_language.asp?code=xlp
    • http://www.sil.org/iso639-3/documentation.asp?id=xlp
    • http://multitree.org/codes/xlp
    • Extinguida
    • Individual
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      Bibliografía específica

      • https://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_lep%C3%B3ntico

        http://www.proel.org/index.php?pagina=mundo/indoeuro/celtico/celticocon/lepontico

        The Linguistic Position of Lepontic. Joseph F. Eska. 1988. http://elanguage.net/journals/bls/article/view/3282/3266

        http://www.univie.ac.at/lexlep/

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    Introducción

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      Descripción

      • El lepóntico fue un idioma perteneciente al grupo de las lenguas célticas continental de la familia indoeuropea. Fue el idioma de los leponcios (en latín, Lepontii), que ocupó las partes de la antigua Recia, concretamente el área alpina que se extiende entre las actuales Suiza e Italia, habitando en la Galia Cisalpina, y del que se tiene testimonio entre el 700 y el 400 A. C.

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      Denominación

      • En ocasiones es llamado galo cisalpino, pues según la base epigráfica y características lingüísticas tiene pocas diferencias con el idioma galo hablado en esa área, considerándose muchas veces como un dialecto de éste.


        Mientras que este término se aplica a la lengua atribuida a la tribu de los leponcios, el término se usa actualmente por muchos celticistas para designar a todos los dialectos celtas de la Italia antigua. Este uso es disputado por los que siguen viendo el Lepontii como una de varias tribus indígenas prerromanas de los Alpes, bastante distintos de los galos que invadieron los llanos de Italia del Norte en algunos momentos de la historia.

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      Estudio

      • Lo poco que se sabe del lepóntico viene de unas pocas inscripciones escritas en varios alfabetos del norte de Italia, derivados del alfabeto etrusco, como por ejemplo el alfabeto de Lugano.


        Un soberbio esfuerzo de estudio del léxico lepóntico así como su relación con el galo cisalpino y las lenguas célticas habladas en el norte de Italia y Suiza está siendo llevado a cabo por el proyecto P21706 "Un diccionario etimológico interactivo online del Lepóntico", fundado por Förderung der wissenschaftlichen Forschung (FWF). Puede consultarse en http://www.univie.ac.at/lexlep


        También es destacable la labor del lingüista Joseph F. Eska, de Virginia, EEUU, cuyos libros son referentes permanentes en el ámbito del conocimiento del lepónito así como de otras lenguas célticas.

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    Historia

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      Origen

      • Siglo XIII A.C. – Siglo VII A.C.

        Los pueblos lepónticos debieron hacer su aparición en el área de la Galia Cisalpina con las primeras migraciones celtas del siglo XIII a. C., dentro de la expansión de la Cultura de los Campos de Urnas, conviviendo estrechamente con otros pueblos de lengua no-indoeuropea como los ligures o los réticos.

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      Desarrollo

      • Siglo VI A.C. – Siglo II A.C.

        La lengua lepóntica fue hablada en el norte de la actual Italia entre los siglos VII y IV a. C., extinguiéndose definitivamente en fechas algo posteriores.


        Antes de su integración definitiva en el ámbito de la Antigua Roma fueron invadidos por la segunda oleada celta del siglo IV A.C., entre ellos los pueblos de los senones o más tarde los galos al norte del río Po (Italia).

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      Situación Actual

      • Siglo I A.C. – Extinción

        Después del siglo IV A.C. desaparecen los testimonios de los leponcios, sobreviviendo muy posiblemente su lengua por algún tiempo antes de ser sustituida definitiva por la de los nuevos habitantes de sus territorios; primero por el galo, y posteriormente por el latín cuando la Antigua república romana tomó el control de la Galia Cisalpina durante el siglo II a. C. y el siglo I a. C.


        Se baraja que fuese la lengua de los boyos (latín, Boi), aparecienciedo el nombre de esta tribu en una inscripción en una cerámica.

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    Datos

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      Hablantes

      • Los leponcios o lepontios (en latín, Lepontii) fueron un antiguo pueblo que ocupaba ciertas regiones de la Recia (en lo que modernamente son Suiza e Italia) en los Alpes durante la época de la conquista romana de ese territorio. Los leponcios han sido descritos de manera diversa, como una tribu celta, ligur, recia y germana. Recientes excavaciones arqueológicas y su asociación con la cultura de Golasecca de Italia septentrional apuntaría a una filiación celta, aunque un vínculo con los recios (que eran en parte de origen relacionado con los etruscos) no puede excluirse.


        Las principales ciudades de los leponcios eran Oscela, hoy Domodossola, Italia, y Bilitio, hoy Bellinzona, Suiza. Su territorio incluía las vertientes meridionales del paso de San Gotardo y el Simplón, correspondiéndose aproximadamente a lo que actualmente son Ossola y Ticino. El mapa de Recia muestra la localización del territorio lepóntico, en la esquina suroeste de Recia. La región hacia el Sur, incluyendo lo que se convertiría en la capital insubria, Mediolanum (moderno Milán), era etrusca alrededor del 600-500 a. C., cuando los leponcios comenzaron a escribir inscripciones en lápidas en su alfabeto (uno de los diversos alfabetos derivados del etrusco en el territorio de Recia).

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      Dialectos y Variantes

      • Respecto a sus posibles dialectos entre unas tribus y otras, se ignora totalmente su existencia.

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      Clasificación

      • Pese a las pocas inscripciones y testimonios que tenemos del lepóntico, se deduce con claridad su pertenencia a la familia celta continental, tratándose de una lengua celta-P.


        La agrupación de todas las inscripciones halladas en el área de los lepónticos en un único idioma celta ha sido discutido y hay investigadores que afirman que algunas están en un idioma no-celta relacionado con el ligur. Bajo este punto de vista, el lepóntico sería el nombre correcto para el idioma no-celta y galo cisalpino para el celta. Esta era la opinión predominante aproximadamente hasta Lejeune (1971), cuando ésta cambió para considerar el lepóntico como una lengua celta, aunque en cualquier caso bastante distinto de galo cisalpino. Sólo en años recientes, ha habido una tendencia de identificar el lepóntico y el galo cisalpino como la lengua misma.


        En esta clasificación se considera hermanada con el galo (posible antecesor, no obstante) así como el nórico, gálata y otras del grupo continental de las lenguas célticas.

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    Mapas

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      Origen

      • GeoData

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      Máxima expansión

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      Actualmente

      • GeoData

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    Gramática

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      Fonología

      • La interpretación fonética de las cerca de 40 inscripciones que existen no es del todo certera, pues, debido al uso de alfabetos que no encajarían muy bien con las lenguas céltas, no distingue entre las oclusivas p-b, t-d y k-g. Asimismo también evita situar dos consonantes seguidas; por ejemplo, el antropónimo lepóntico Anokopokios equivaldría al galo Andocombogios.

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      Morfosintaxis

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        El lepóntico tenía un sistema de flexión compuesto de 5 ó 6 casos, como puede deducirse del siguiente ejemplo:

        • Latumarui Sapsutaipe uinom nashom

          ‘para Latumaros y Sapsuta, vino de Naxos’

        De esta inscripción se observa un sistema de declinación similar al de las otras lenguas célticas e indoeuropeas; además se observa la filiación como lengua celta-P al poseer la conjunción -pe, ‘y’ (en latín -que, en celtíbero -ku.e). Algunos casos se han conseguido deducir, siendo -i el dativo, -om el acusativo y *-os el nominativo. Además tiene la similitud con el galo de distinguir entre dos sibilantes.


        La tipología lingüística verbal es en los textos más antiguos es sujeto, objeto y verbo, evolucionando posteriormente a sujeto, verbo y objeto.

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      Léxico y Semántica

      • Muy pocos morfemas han sido reconocidos dentro del lepóntico, tan solo podríamos citar el sufijo -al, significando "(hijo o hija) de", llevando a cabo una función patronímica, desde el nombre del padre.

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    Escritura

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      Alfabeto

      • El alfabeto norteitálico es un sistema alfabético que se extendió en la región septentrional de Italia aproximadamente entre el sigo VIII A.C y el I D.C. Varias variantes regionales se pueden identificar a lo largo de ese periodo de tiempo.


        El alfabeto lepóntico se supone qeu está basado en la variación conocida como alfabeto de Lugano que, a su vez, es una forma del alfabeto etrusco.

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      Textos

      • Las primeras inscripciones conocidas en lepóntico se remontan a antes del siglo V a. C., el artículo de Castelletto Ticino siendo datado en el siglo VI a. C. y que de Sesto Calende posiblemente que ser del siglo VII A.C. A las poblaciones que realizaron estas inscripciones se las identifica hoy día con la cultura Golasecca, a la que ha sido atribuida una identidad celta.


        Estas inscripciones se encontraron principalmente alrededor de Lugano, incluyendo el lago de Como y lago Maggiore. Una escritura similar se utilizó para el rético y el venético, y probablemente las runas germánicas deriven de uno de estos alfabetos.


        La mayor parte de los textos descubiertos son de naturaleza funeraria, en piedras o urnas, apareciendo en la mayoría de los casos únicamente el nombre del fallecido; sin embargo también se han encontrado inscripciones en las que también aparecen los nombres de los dedicantes.

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Natural o Artificial

platano natural

Soy artificial.
Soy lenguaje.
Soy construcción conceptual.
Soy carne.
Soy células.
Soy moléculas.
Soy átomos etimológicos.
Soy la magia de las conexiones entre todas estas cosas.
Soy desconocimiento.
Soy ignorancia.
Soy patético.
Soy ético.
Soy agua, sales y carbono en abundancia.
Soy significado.
Soy significante.
Soy insignificante.
Soy discurso.
Soy cifras.
Soy letras.
Soy olvido.
Soy memoria.
Soy huecos de llanto en la noche.
Soy risas.
Soy su risa.
Soy lágrima bajo la lluvia en la mejilla de un replicante.
Soy poema.
Soy prosa.
Soy ensayo.
Soy error.
Soy arena y barro.
Soy silencio.
Soy un grito atronador.
Soy dios.
Soy hombre.
Soy una ecuación inacabada.
Soy o no soy.
Soy.

Esto no es una broma