tener miedo de tenerle miedo al miedo

En un paso más de una sucesión
potencialmente infinita
yo le temo
a la alarma
ante el miedo.

Dicho en terminología «algebraica»
Sea A el Miedo
Sea B el Miedo a A
Sea C el Miedo a B

C podría considerarse
el primer paso
de un miedo recursivo
el primer miedo al miedo al miedo
el miedo más injustificado
el miedo superfluo
porque ya está incluido en B.

Pero tengo la sensación de que es un miedo
distinto a B.

Me asusta asustarme ante lo que da pavor.
Temo tener miedo a aquello que aterriza.

Casi por doble negación
acaba siendo liberador
pero solo casi.

Vivir por encima de los miedos
desde esa C
es un triple salto mortal
es un triple salto vital.

primeros pasos con python

De manera muy tonta, ando hoy perdiendo el tiempo aprendiendo python, como si me hiciese alguna falta conocer un lenguaje más.

Todo ocurre por alguna razón (o no).

En esta ocasión «la culpa» la tiene una conversación con mi amiga Sofía sobre el lenguaje python. Yo le dije que se pusiese a aprenderlo por su cuenta, la verdad con la osadía que da la ignorancia, pues es un lenguaje de mucho más alto nivel de lo que yo imaginaba y es bastante complejo (y completo), aunque puede tener una curva de aprendizaje rápida y satisfactoria.

He encontrado este par de tutoriales para comenzar. Por lo menos a saber de qué se trata esto de la programación orientada a objetos con un lenguaje interpretado. Creo que de los que conozco es el único que agrupa estas dos propiedades.

Una sencilla introducción

Un completo tutorial (cuando se complica deriva a páginas en inglés)

Échame unas monedillas

Hoy
ante la abundancia de fotografías
rodeándome en la Gran Vía
y en las calles aledañas
que es donde vivo y trabajo
me dieron unas ganas terribles
de poner un puestecillo
con una cajita metálica
que rece:
«por unas monedillas
hago cosas típicas de madrileño
para que tu fotografía
sea más auténtica».

Sentirse como un mono en el zoo
es algo natural
en un ambiente tan poco natural
como es el centro de una ciudad
de más de tres millones de habitantes
y otros millones de turistas
que vienen a recoger
en sus cámaras hábidas de safari
un pedacito de esta realidad
que para mí es tan cotidiana
como ir al vater cada mañana
así que igual un día
deba instalar una cámara en el baño
que retransmita mi vida
como experiencia urbana inenarrable.

Hoy
casi digo:
«échame unas monedillas
y hago el madrileño«.

La espera más larga de mi vida

Un pequeño trabajo en audio que realicé a petición de mi querida Ana Matey, quien acabó usándolo en un evento que realizó en Centro-Centro.

Fue así, directamente, sin ensayo, sin pensarlo apenas… mi confesión personal sobre la espera más larga de mi vida. No pude evitar pensar en mi proyecto performático «La espera», que había realizado unos años atrás.

Pequeños grandes placeres

Esta mañana he entregado las láminas que Pepe Buitrago me ha pedido para exponer en su maravilloso espacio de Centro Dados Negros en mayo. Disfrutar de su compañía un rato en esta mañana soleada de invierno en Madrid, mientras me contaba el proceso en el que crea sus piezas holográficas ha sido enriquecedor hasta no poder más. Hablar de arte y física con una persona como él que sabe tanto y que lo cuenta con tanta humildad no tiene precio. Un lujazo sin parangón.

En la Plaza de Herradores he comprado manzanilla en una recoleta tienda de infusiones a granel llamada Casa Oriental, tienda de té, productos ecológicos y herbolario. Esta noche la estrenaré con un par de radios de una estrella de anís para dejársela preparada a Carmen De La Rosa para cuando vuelva de su Milonga ROMÁNTICA.

Después he pasado por mi panadería favorita (Museo del Pan Gallego) a comprar la típica hogaza (hogar, fogar, folgar…) de trigo y centeno que hace las delicias de cualquier desayuno (o cena, o comida).

Por si fuera poco, como ya la mañana la daba por casi perdida (ganada completamente, en realidad), me he acercado a saludar a mi librero preferido, Andrés Larrinaga Arechaga, siempre cordial (de cordio, cardio, corazón) que con tanto mimo lleva la librería Menosdiez. Es tan tentador que procuro usar «orejeras» (de las de los burros) para que no se me desvíe la mirada a más libros… pero tenía uno de poesía de Leonard Cohen de tapa dura con ilustraciones por 8€. ¡¿Cómo lo hace para encontrar esas joyas?!

Y de colofón vuelvo al estudio donde esta tarde continuaré con el taller de Poesía Clásica China en el grupo de la Asociación Cultural Clave 53.

¿En qué momento mi vida se convirtió (la convertí) en algo tan bonito?

Fortuna no es sólo una marca de cigarrillos.

Paradojas

Paso tanto tiempo
eliminando perfiles de facebook de entre mis amistades virtuales
eliminando visualización de publicaciones que no me interesan
eliminando seguimiento a cuentas que escriben con mayúsculas como si no hubiera silencio
eliminando publicidad poco o nada significativa para mí
eliminando lo que no me gusta
que sería mucho más sensato
eliminar mi cuenta de esa red social
eliminar mi presencia vitual
eliminar me.

Pegamento

Adherido a mis manos
el teclado
se levanta con cada pulsación.

Adherido a mis ojos
el monitor
se oscurece con cada pulsación.

Adherido a mis pies
el suelo
se hunde con cada pulsación.

Adherido a mis orejas
el tamborileo
se rebela con cada pulsación.

Adherido a mis pulmones
el oxígeno
se inhala con cada pulsación.

Adherido a mis dientes
el silencio
se mastica con cada pulsación.

Adherido a mis neuronas
el pensamiento
se agrieta con cada pulsación.

Adherido.

Conexión, siempre conexión…

Tener conexión a Internet ha sido una obsesión casi desde su despliegue para mí, así que lo primero que hago en un ordenador (o dispositivo cualquiera) es ver la manera que tiene de estar conectado o establecer un camino hacia la red.

En el estudio tuve infinidad de problemas de conexión, pues las distintas antenas wifi que usaba desde un USB de mi PC no alcanzaban a vincularse al router que generosamente me presta para su uso Jaime, en la habitación de al lado. No es un problema de distancia, sino de potencia de señal receptora de las antenas, lo que no solía nunca ser un asunto por el que me preocupase. Así, por ejemplo, el viejo portátil HP Pavillion que he estado a punto de tener que tirar a la basura, podía conectarse con su antena interna sin ninguna dificultad y no perdía señal como me solía pasar con las señales WiFi desde el ordenador de torre (que por cierto salió bastante malo, a pesar de ser un procesador i7, de tener 16Gb de RAM y un SSD desde el que arranca).

Finalmente adquirí un repetidor de señal para ver si el problema estaba en la intensidad de potencia y quedó conectado (ya sin más incidentes) de un par de maneras distintas, la primera haciendo uso de la posibilidad de extensión de la señal (básicamente un «bridge») sin cambiar la red, así me conectaba vía WiFi a la red original, pero la segunda me gusta más que es convertir el repetidor en un nuevo creador de red local, conectado a la red de Jaime, es decir, funcionar como un router (que yo llamo minirouter) al que uno mi PC mediante un sencillo cable ethernet, ahorrándome la posible conexión WiFi de las antenas que tanto problema me vienen dando en el mismo.

Pero este fin de semana he venido al estudio a instalar una placa PCI-e que dotase al equipo de 5 puertos USB adicionales (en concreto puertos USB 3.0 que esta placa no tenía) que al ser alimentada de corriente directamente pudiese ayudar a tener más funcionales las antenas wifi del equipo, así como permitirme tener un disco duro externo que aumentase la capacidad de almacenamiento en un terabyte sobre los 256Gb que ahora tenía disponibles en ese disco interno SSD que supuestamente es una panacea, sobre el que está instalado un linux mint 18.1 (Serena) con soporte hasta abril del 2021.

Afortunadamente todo ha ido bien y parece que incluso el equipo arranca mucho más rápido, y esta instalación me ha permitido que finalmente la conexión directa desde mi PC a la red wifi «original» que me presta Jaime funcione (podía ser un problema derivado de la falta de potencia eléctrica a las antenas Wifi, llamados «dongle»). Pero dado que ahora tengo el «minirouter» y que además también funciona sin problemas el dispositivo (otro «dongle») que dota al equipo de conectividad BlueTooth, tengo hasta tres caminos distintos por los que enviar los datos a internet… (más de tres en realidad)

1 Opciones a través de router de Telefónica que genera la red EA66:
1.1 A través de una antena WiFi «Conexión inalámbrica» directamente. Probada y funcionando.
1.2 A través del «MiniRouter» que se conecta por Ethernet al PC y por conexión WiFi a la misma red y genera otra subred en el ámbito de las 192.168.x.x reservadas para ello. Enrutando de una a la otra.
1.3 Rebuscada, pero la usé antes de tener el MiniRouter, es mediante un cable cruzado que se conectaba al portátil HP que a su vez se conectaba por WiFi a la red de Jaime sin problemas, con lo que este PC hacía las veces de router (algo fácil de configurar en Linux).
1.4 Usando un router instalado en una Raspberry que tengo en casa, es decir de la misma manera que 1.2 o 1.3.

2 Opciones a través de «Datos móviles» generados por mi smartphone, donde este hace las veces de router conectándose a Internet mediante tecnología 4G:
2.1 Mediante la creación de una red WiFi generada por el teléfono y conectándome a ella con el WiFi dongle del PC.
2.2 Mediante la conexión USB directa o Bluetooth al teléfono.

Es algo absurdo, pero saber que pase lo que pase tengo un camino alternativo para conectarme a Internet me tranquiliza. Siempre lo ha hecho desde que tengo idea de la potencia de estar de conectado a un red de datos que expande el concepto de ordenador hasta lo global (para bien y/o para mal).

Tertulias de Té y Poesía N’Clave de Po(esía)

Como otras ocasiones, hoy proponemos una reunión amable y sencilla en la que prima la libertad por encima de todas las cosas.

Y siempre toca aclarar que se puede hacer lo que se quiera. Es tan extraño que olvidemos lo que significa ser libres…

Y así estamos.

Hoy cansado y casi sin energía. Con ganas de irme a casa o mejor aún a una terracita a tomar el sol, que dicen que es potente y presente esta jornada madrileña de finales de febrero.

Pero no. No me voy.

Aquí estoy, intentando que haya más lugares para la poesía en el planeta, como intentando combatir el cambio climático a fuerza de versos salvajes que no conducen a nada, porque no tienen vehículos motorizados.

Aquí estoy, intentando habilitar un espacio para lecturas de Miguel Hernández, entre otros motivos porque para sectores escandalosamente retrógrados resulta ofensivo en según qué lugares.

Aquí estoy, intentando facilitar la convivencia entre personas que pensamos o sentimos que la poesía es un camino para mejorar la sociedad, o para hacer más habitable un mundo muchas veces hostil.

Aquí estoy, cansado y sin energía, pero presente y potente para calentar esta jornada de sol y calorcito a finales de febrero… y sólo es el comienzo.

Esto no es una broma