El techo es tan alto que puedo hacerlo.
El suelo es tan fijo que puedo hacerlo.
El aire tan denso me deja suspenso
entre tus labios, mis ojos y tu sexo
volando, volando
como si ya no pudiese hacer nada más,
como si en Madrid se hubiese muerto la miseria
el día de hoy fuese el principio del mundo
bajo el bolso rojo de tus caderas,
la falda mimada por las metáforas
un olor a fragancia de tu cuello
que me pide mordiscos infinitos
un hálito de besos
sin luz y sin misterio
en una habitación llena de estratos
embarazados y libres: solitarios,
mientras la pasión rompe a llorar
el líquido elemento te consume
entre tus propios brazos,
amando la flor,
capullo espinas
en la pelada noche de recuerdos
el 67 se vuelve escarabajo
me arranca sonrisas en lo oscuro
donde alcanza tu luz
tu luz y tu misterio
de trenza de escalada
desde donde lanzarme
al abismo escarpado de tus dientes.
Quiero dejarme morder por tu mirada,
follar en el silencio de lo imposible
no dejar pasar otra ocasión
bebiendo otro café,
aquí, en esta ventana.