cartones blandos
soportan a su espalda
peso de gafas.
son dos cartones
arañando palabras
casi olvidadas
en los cartones
los versos no se escriben
con pluma culta
duo de cartones
comparten sus fronteras
enamorados
Diario
cartones blandos
soportan a su espalda
peso de gafas.
son dos cartones
arañando palabras
casi olvidadas
en los cartones
los versos no se escriben
con pluma culta
duo de cartones
comparten sus fronteras
enamorados

Viendo este «meme» que ya me ha aparecido varias veces en la red social FaceBook, me da por pensar que la relación que yo haría sería de apellidos a apellidos:
Al contrario que Ms Swift, Brook Taylor no es tratado como «Brook», quizá porque es un hombre, quizá porque es más prestigioso, quizá por… Vaya usted a saber. ¿O no?
Así que yo, en realidad, el «meme» lo habría hecho entre esta mujer y otro Swift, que, en mi caso, siempre será Jonathan Swift.
He de decir que creo que no he oído (conscientemente) ninguna canción de esta cantante como para juzgar su valía más allá de sus dotes mercantiles, que reconozco sobradamente probadas, pues incluso sin haberla escuchado (o saber cómo suena), sé mucho más de ella que de la biografía de Brook o de Jonathan.
Si algo al romperse se hace añicos, pero los trozos son diminutos ¿Podemos llamarlos mesecicos?
añicos
Der. del celta *ann-; cf. gall. anaco ‘pedazo de pan’.
1. m. pl. Pedazos o piezas pequeñas en que se divide algo al romperse.

Uso con frecuencia la terminal de linux (iba a escribir unix, así de antiguo soy) y me apetecía tener esta tontería de comando en mi .bashrc
if [ -f /usr/bin/screenfetch ]; then screenfetch; fi
De modo que cuando abro una terminal me informa de algunas cositas interesantes de mi sistema operativo. La verdad es que me resulta muy cookie esta tontería que, entre otras cosas, ralentiza unos milisegundos mi operativa, pues tiene que ejecutarse y mostrar un montón de información que, después, procedo a eliminar con un comando «clear» para que no me dé la lata tanto texto.
El fondo semitransparente de la terminal, junto con una bonita fotografía (tomada por mí) que funge como fondo de escritorio hace que el aspecto de la ventana sea casi podría decirse que bonito.

Leyendo un artículo de receta de berenjenas, me encuentro esta desafortunada frase de alguien que, o bien realmente no es muy tolerante con la diferencia, o tiene una nula capacidad (o interés) para expresarse con propiedad.
Nada importante.
Cualquier persona dejaría pasar esta frase sin pestañear y, mucho menos, realizar una entrada en un diario relacionada con ella, pero yo no quería ser esa «cualquier persona». Al menos no hoy.
Quizá porque sí, hay personas, incluso, que votan xenofobia, racismo, machismo, etc, pero aún así, para mí nunca será lo malo que haya personas de todos los tipos. ¡Qué le voy a hacer!

Esta pequeña cajita que me regaló Anita Ges a su regreso de México, después de que tanto la añorase en mis talleres. Hoy la he recogido y guardado en el lugar que le corresponde, junto a los libros.
Y un té negro de Halloween, que no sé muy bien en qué consiste, salvo en sumarse al carro del merchandising o mercadotecnia que no deja títere con cabeza, vendiendo ora una festividad cualquiera, aunque no sea autóctona, ora una causa más o menos perdida… al modo de gorra del Ché.

Nunca me convencen estas frases que hablan de «la gente» sin incluirse.
Hay un sujeto de la oración (nosotros, omitido) que menciona a esa otredad llamada «gente» que bien podría leerse en clave de «gentuza».
Me resultan de una superioridad moral engolada, pero no es material apto para contestar en una red social, abriendo un debate insolicitado, así que me limito a escribir esta pequeña entrada en mi diario personal sobre esa acción de insulto camuflado a esas otras personas a quienes, de alguna manera, se despersonaliza, deshumaniza, siguiendo uno de los principios de propaganda negra de Goebbels.
No me gusta no incluirme y cada vez que se pronuncia ese tipo de sentencias en mi presencia afirmo con rotundidad: ¡Yo soy gente!