El traumatólogo
pide una resonancia:
Edema óseo.
salud
La ausencia de empatía produce monstruos

Ni siquiera la palabra empatía está aceptada en el diccionario de mi ordenador. Es triste. Así nos va.
Hoy he tenido que ir al médico a que me diagnosticara un dolor intenso y, sobre todo, duradero de la parte superior izquierda del tarso del pie izquierdo que duele más a medida que camino y cuya molestia no remite ni tras reposo. Tan sólo puntualmente con la ingesta de un antinflamatorio genérico oral, tipo ibuprofeno, el dolor desaparece.
No soy un consumidor habitual de fármacos sin receta, es más, presumo de no tomar absolutamente nada que no me haya «mandado» un médico. Y entrecomillo «mandado» puesto que no olvido nunca que lo que hacen es recomendar y no mandar pues, en última instancia, puedo ignorar siempre su recomendación y hacer lo que me dé la real gana. Pero no suele tampoco ser mi caso: Soy un paciente paciente y confío en sus conocimientos sobre la ciencia médica (esa extraña ciencia) por encima de los míos y, por supuesto, por encima de mercaderes de ilusión que con estafas new age te ofrecen curaciones mágicas para todo tipo de sintomatología.
Amén del diagnóstico, que me ha comunicado en un obtuso lenguaje ultratécnico, esperaba una prescripción comentada, es decir, del tipo: esta afección requiere este tratamiento, aunque tiene este efecto secundario… pero es la mejor opción porque…
Pero no, se ha limitado a soltar su perorata hueca, su mensaje carente de receptor capacitado, lo que ponía d manifiesto su inexistente capacidad de comunicación humana, su falta de empatía hasta la saciedad, característica que dicen propia de psicópatas y otros enfermos mentales, aunque a mí sencillamente me ha parecido fruto de su ego y su arrogancia, posiblemente fruto de algún trauma o complejo de inferioridad.
Es curioso que las dos únicas veces que he tenido incidentes «desagradables» con médicos haya sido en clínicas privadas. Las veces que he sido atendido en el sistema sanitario de la Seguridad Social siempre, sin excepción, he sido bien tratado por profesionales que, si no se cuestiona su capacidad para realizar correctamente su trabajo ni su metodología (lo que viene siendo el método científico basado en el pensamiento racional), me han tratado perfectamente, aconsejándome procedimientos que, en la mayor parte de las ocasiones o prácticamente siempre, han resultado en una enorme mejoría de mi calidad de vida, de mi salud, que cuando ha sido maltrecha lo ha sido por causas poco místicas.
Por no mencionar el tema de la pésima gestión de las clínicas privadas que, en comparación con la sanidad pública, son ineficaces, derrochadoras, caóticas, lentas, enervantes, crispadas… pero eso sí, mucho menos criticadas.
¿Por qué fui a «la privada» entonces?
Por una cuestión banal, pero importante: mi médico de cabecera, que me encanta, tiene horario de tarde y no quiero cambiar para no perderle, pero durante estos meses pasados me era imposible acudir sin tener que renunciar a alguna clase y, consecuentemente, al dinero ingresado. Ahora empiezan las vacas flacas y tenía que llenar el granero.
Y no me gusta la aproximación por la cual el paciente se dirige directamente al especialista, sino que respeto la cadena de protocolo diagnóstico que tiene como puerta de entrada a esa figura muchas veces vilipendiada que es el médico «básico» de cabecera, de familia… o como se quiera llamar que acaba siendo un «dispensador» de recetas y/o citas de especialista, pero yo no quiero saltarme ese trámite que respeta ese trabajo que considero esencial para no acabar perdiendo tiempo en especialistas que el paciente se haya auto-diagnosticado y auto-recomendado, ya sea tras una ardua búsqueda en google o una especializada conversación de bar con unas amigas.
Pero sé que soy rara avis. Quizá un día estaré extinto.
Miedo a la hidratación
Pensé una frase «divertida», un pequeño chascarrillo y a continuación en la repercusión que tendría publicarlo en Facebook.
Justo en ese momento me entraron los siete males, de imaginar el aluvión de recomendaciones más o menos coercitivas de nutricionistas aficionados que ejercen las 24 horas al día.
No lo publico.
Sí, sí publícalo, pero prohíbe a cualquiera que te quiera decir qué tienes que hacer con tu vida.
Es demasiado duro andar prohibiendo comentarios por una cosa así.
Es verdad, no publico.
No, no me refiero a eso, mejor publica, pero no le des importancia a los comentarios.
Ya, pero es que es posible que incluso se enzarcen amigos o amigas en diatribas acaloradas por un chascarrillo.
Pues como quieras. No publiques.
Sí, sí, quiero publicarlo. Pero me da miedo.
Pero si es un tonto chascarrillo.
Ya lo sé, pero ¿crees que lo saben los usuarios y las usuarias de esa red social? ¿No lo tomarán en serio?
Quizá tú estás tomando demasiado en serio lo que puedan comentar.
Puede ser. Sí. Tienes razón. Lo publico y a ver qué pasa.
Eso, lánzate, así, con valentía.
Puffff… da miedito.
¡Venga ya!
Ya te digo. Pero sí, hoy voy a publicarlo. He pensado que cuando alguien comente, sea lo que sea, voy a darle al icono de la risita, sin ninguna otra explicación. Así, sin avisar. Me da igual el comentario que sea. Me río y punto. Risa demoledora. ¿Qué te parece?
Algo incorrecto, pues te estás riendo de la gente. Pero bueno, si te hace sentir más tranquilo…
No sé si más tranquilo, pero quiero publicarlo, sea como sea, para no sentir que estoy perdiendo libertad tan rápidamente como siento que la estoy perdiendo.
Esta conversación demuestra que la has perdido ya. No te resistas, adáptate a los nuevos tiempos.
Jo… Hoy pensaba que hace años era bastante punki y ahora soy más bien hippie… pero ambas tendencias están tremendamente trasnochadas.
Ya estamos otra vez. Ahora te meterás con los hipster.
No, no eso. Pero bueno… te dejo, que voy a publicar en FB ese texto tan rompedor como absurdo. ¡Y a ver qué pasa!
Me estoy hidratando.
¿Con agua o alguna crema?
No, no. Con hidratos de carbono.
Cada día más cómoda
Cada vez que puedo mejoro la sala donde trabajo, la hago más acogedora, cálida, apacible, confortable… y otros sinónimos que ahora en invierno o primavera poco calurosa son sugerentes. Curiosamente, en ocasiones sale de un problema, como esta en la que he adquirido unos cojines de un precioso color rojo donde aposentar nuestros traseros.
Espero que la gente lo sepa agradecer. Seguro que sí.
Paradoja o Contradicción
Cómo no pensar si hay una contradicción entre la solución evacuante necesaria para realizar una preparación a una colonoscopia y, al mismo tiempo, beber de agua guardada en una botella que dice «Relájate y tómate tu tiempo».
Hube de tomarme el tiempo de unas 5 horas seguidas para beber 16 sobres que había que ingerir disueltos a 15 minutos cada uno, lo que habría dado un tiempo ideal de 4 horas (16 x 1/4). No fue relajante. O sí. Quizá más de lo esperable. ¿Se lo deberé al mensaje de la botella?
Quizá muera esta noche
Me habrán descubierto un cáncer terminal agresivo
y habré fallecido en el quirófano
mientas las entradas programadas para semana santa
seguirán publicándose en el blog
como si yo estuviese vivo.
Quizá ya esté muerto y no lo sepa
y quizá por ello no comprenda al universo
que habla un lenguaje de personas vivas
que transitan por las calles con dos piernas insensibles
como si no existiese el dolor.
Quizá no viví nunca
lo que explicaría tanta incomunicación
tanto silencio
tanta soledad.
Quizá nunca escribí esto que estoy escribiendo ahora mismo
un anodino martes de marzo
mientras las lágrimas secas de mis ojos
parecen tristeza deshidratada por fascículos.
Quizá sólo hay quizases.
Convalecencia
connivencia con la convalecencia
con la convivencia de conciencia
con conspicuo consentir de concupiscencia.
convalecencia con valencia
convalecencia con vuecencia
convalecencia sin vergüenza
concernencia con conchupancia
conciencia con concomitancia
concordancia con concrescencia
concurrencia con condescendencia
condolencia con conducencia
conductancia con conferencia
confidencia con confluencia
confulgencia con conllevancia
consciencia con consecuencia
consistencia con consonancia
constancia con contenencia
continencia con contingencia
contrainsurgencia con contrainteligencia
contratransferencia con contumacia
contundencia con convalecencia
conveniencia con convergencia
convivencia sin convivencia.
Hoy Colonoscopia
Miedo
irracional
como suele ser el miedo.
Oigo pólipos
y leo pólipos anales sangrantes
y tengo miedo
quizá no tan irracional.
Pienso en muerte
en la carta del tarot
en la desaparición
en la transformación de mi materia
en otra materia que ya no tiene el mí.
Anestesia
general
por unos años
hasta que pase el dolor de vivir.
Miedo
irracional
como suele ser el miedo.
Estoy lleno de mierda
No soy de barro.
Esto marrón que sale de mí es la esencia de Dios,
es un marrón oscuro y pegajoso
un marrón desagradable al tacto y al olfato
un marrón que me llena y me rellena
como si fuese barro marrón sin ser barro.
Soy todo mierda dentro
mierda que sale de mí como esencia divina
mierda sin gracia y sin el más mínimo simbolismo
mierda sin metáfora ni alegoría
mierda marrón de descomposición sin barro.
Soy descomposición marrón de mierda en bote
mierda marrón de caca de la vaca
soy un excremento de dios en las aceras
y saco de mí toda la mierda
marrón con desparpajo.
No para de salir mierda de humano
que no quiero poner a precio de oro
que no quiero tener en mis entrañas
que no quiero soñar bajo el colchón
que no quiero ver de otros colores.
Limpio ano.
La mierda, como el rayo, nunca cesa
y vuelve otra vez más a mi intestino
delgado y obstruido de marronidad.
Limpio ano.
El marrón destaca en la blancura de una celulosa
divina
que no ha nacido para soportar tanto desmán
marrón mierdoso.
Limpio ano.
Bajo paletadas de heces depuestas
un tenue color rojo se adivina
e inquieta más que alegra ese contraste
que me recuerda que soy algo distinto al barro
algo que sangra y suda
algo que llora y pena.
Soy todo ano.
Soy marrón pero no soy de barro.
Soy de dios pero no soy divino.
Soy de mierda pero no soy rico.
Soy un moñigo con patas que camina
y va apestando la tierra.
El ego me desborda en forma de deshechos
y sale de mí, mi yo, mi mí.
Sale y no para
sale y no cesa
sale y no mata
sale y no cede
sale y no
no sale nunca
no sale y cansa
no sale y harta
no sale y rompe
no sale y
sale
sale
sin parar
un marrón de mierda enamorada.


