Quema la vida

quema el té
quema el agua hirviendo bajo mi piel
quema la vida

todo quema
todo arde
todo incendia

la vida late
la vida lata
la vida luto

quema la vida
quema la sangre
quema el té

quiero hacer una infusión de pasado con la que calentar mi futuro
quiero hacer una infusión de futuro con la que orientar mi presente
quiero hacer una infusión de presente con la que quemarte el sueño

trío de sinsentidos
trío de soledades
trío de ternas

el tiempo
mientras tanto
sigue su camino.

El alma no se alquila

(de un verso de autora desconocida)

Cuando descubres que el alma
es el corazón de una pistola
nada vuelve a ser lo mismo.

Las mañanas se oscurecen,
las montañas se suavizan,
las algaradas se silencian,
las lágrimas se secan.

Nada vuelve a ser lo mismo
porque no puedes verlo
con el arma apuntándote
cargada de poesía.

Cuando descubres que el alma
es el corazón de una pistola,
la poesía muerde el polvo ante la prosa,
la poesía muerde el polvo de la prosa.

El alma que no tengo
se resquebraja de dolor
en el fondo de un fusil de asalto.

Nada vuelve a ser lo que era
si es que alguna vez fue:
la inexistencia
se hace eterna.

Tener premium es la libertad

Dice una voz en Spotify que tener premium es la libertad
la libertad de elegir lo que quieras escuchar tus canciones preferidas
la libertad de descargarse canciones
la libertad de oír tu música dónde y cuándo quieras.

Dice una voz en Spotify que tener premium
es tener el dinero para pagarlo
es tener el dinero que arrancas de otros bienes o servicios, quizá más necesarios
es tener el dinero que te permite comprar la libertad.

No habla de derechos soberanos.
No habla de derechos civiles.
No habla de derechos libertarios.

Habla de que la economía se impuesto a la ética.
Habla de que la economía ha matado a dios.
Habla de que la economía es la felicidad.

Y solo por eso
cada vez que lo oigo
me alegro de haberme dado de baja
para poder mantener mis gastos fijos
lo más bajos posibles
y sentirme
(sí, sentirme)
libre.

Mi huella no es de carbono. O sí.

Esta es mi huella digital (y seguro que es un riesgo inimaginable desde el punto de vista de seguridad compartirla en internet).

Está arrugada, como corresponde a la edad. La deshidratación y la oxidación se dan la mano en este dedo.

Surcos espirales que no van a ningún lugar. Recorrer esos surcos (o acaso es un único surco espiral) podría generar un concierto sorprendente.

El colmo de mirarse el ombligo sea, quizá, mirarse la huella digital.

La huella digital es paradójicamente analógica.
Esta fotografía de la huella digital es digital.

Esta huella no es una huella. (Podríamos concluir)

¿Es huella de carbono?

Pues en parte sí: el carbono de la química orgánica que me compone.

La huella digital de almacenar esta fotografía de la huella es difícil de calcular y, además, variable.

Todo mi cuerpo es una huella digital de mí mismo. Mi yo conmigo a todas partes.

Los pliegues de la superficie del dedo son dunas de un desierto en miniatura.

Surcos de una era de otra era, que dejan en el asombro versos de células muertas.

La sombra de la huella no tiene dudas sobre su forma o color.
El dedo sí.

No señalo la ausencia.
Pero ahí está: ausente.

Todas mis miradas acaban en el foco de la yema del índice.
Desde ahí parece emerger un rayo de tinieblas.

Se acabó.

Esto no es una broma