El pasado sábado estuve en Dados Negros asistiendo a la inauguración de la Exposición Desencuentros, que con mucha ilusión ha puesto en marcha Pepe Buitrago (y Mercedes), pero en esta ocasión me pareció muy flojita. No soy tan contundente con mis afirmaciones como Fernando Baena, quien la criticó fuertemente, y sí asumo que bastante milagroso me parece que, dadas sus circunstancias vitales (no entro en detalle) sea capaz de hacer algo así.
Por alguna razón que desconozco, aunque tiene que ver con el exceso de estímulos, tengo la impresión, no conseguimos convocar a tanta gente como en otras ocasiones, donde hemos pasado un rato muy muy divertido en ese lugar tan amable.
La Acción poética Versátil, de un par de jóvenes artistas, consistió en una especie de concierto o recital (no lo afirman como ninguna de estas cosas), que fue entretenido, pero ligerito desde el punto de vista conceptual. Me alegra que Pepe Buitrago apueste por nuevos lenguajes o nuevas formas de manejar el lenguaje, más próximo en esta ocasión a Rosalía que a Ives Klein.
Los discursos políticos o ecologistas de varios de los artistas me resultaron algo simplistas, pero no estoy por la labor de dar mis opiniones, así que cada cual diga lo que quiera, pero me parece que tenemos un mensaje que sólo llega a quien ya previamente le ha llegado, una reflexión que parece sacada de una galleta de la fortuna, unos deseos que parecen la carta de los reyes magos o las frases manidas de un concurso de belleza: Queremos la paz en el mundo. Claro.
Me consta la constancia de su compromiso (de varios de los artistas comentados) más allá de la palabra, lo que no deja de ser loable, pero piezas tan panfletarias me parecen innecesarias y pueriles.
En resumen: me aburrí y estaba cansado y preocupado porque Carmen tenía fiebre y yo quería estar con ella (sentí que debía haberme quedado) y nervioso porque al día siguiente, es decir, el domingo, oficiaba como maestro de ceremonias el homenaje a Eva Obregón y no sabía cómo encararlo.
Menos mal que la comida con Ernesto Pentón, Manuel Rufo y Ana Pérez Pereda fue divertida, amena, cariñosa… algo se salvó de ese día bastante agotador.













