Más Platón y menos Prozac

Ayer comencé a leer con interés un libro que había recomendado una alumna del taller de poesía. Es una alumna dulce, tierna, más poética de lo que ella misma cree y que está a punto de dar un salto cualitativo hacia una nueva forma de entender la vida. Ella lo ve, lo siente, lo está paladeando, pero aún está perdida. Un poco como todos lo estamos, pero un poco más. Quizá porque ha vivido más.

Recomendó este libro de un tal Lou Marinoff cuyo título contiene toda la sabiduría del mismo: la psicología es mala y la filosofía es buena. Es así, simple, simplista, reducido a un slogan vacío y sin más profundidad que la aparente.

Puedo estar de acuerdo en algunos de los análisis que hace sobre las falacias de las psico-pseudo-ciencias que han terapeutizado el mundo. Por supuesto que estoy de acuerdo con la observación que se hace hacia el tercer capítulo sobre que la sociedad está perdida, sintiendo un vacío permanente de valores que antes satisfacía la religión o, después, algunos ismos políticos que desencadenaron guerras de crueldad no vista anteriormente… ni, sobre todo, su tremendo grado de eficacia destructiva.

El subtítulo (Filosofía para la vida cotidiana) ya debía de haberme hecho sospechar que iba a tratarse de un libro sin la profundidad que es requerida en cualquier amante de la sabiduría, pretendiendo comparar la filosofía con el «saber» cotidiano que podríamos denominar sentido común.

Pero si eso no era suficiente, ya estuve a punto de cerrarlo y no continuar con el epígrafe que atraviesa la siguiente página:

Para quienes supieron que la filosofía
era buena para algo, pero nunca supieron
decir exactamente para qué.

Esto estaba excluyéndome de ser un lector potencial del libro, pues yo no sé si la filosofía es buena, pero quizá me planteaba si tenía que serlo, antes de seguir. Por ende, en más de una ocasión, he defendido que la bondad no reside en la utilidad, en si sirve o no para algo. Por último y no por ello menos importante: en caso de saberlo o sospecharlo, cómo suponer que no sé decirlo. ¡Ay, mi querido Gorgias!

En resumen: el libro no es para mí.

Y sigo.

Durante el primer capítulo el libro se centra en sí mismo tanto como puede hacerlo, de manera casi obsesiva, inculcándonos la idea, por repetición, de que ese libro tiene respuestas, tiene todas las respuestas a todas las preguntas que hasta ahora podamos habernos hecho. Ese libro es lo que necesitaba y no lo sabía, porque claro, yo no podía saberlo: no soy filósofo, aunque, por otro lado, afirman, todos somos filósofos. No sabe a qué atenerse y continúa insultando a la posible inteligencia o formación del lector, asumiendo que no sabe de historia de filosofía, del método científico, de sociología, ni de otras muchas cosas.

La filosofía está volviendo a la luz del día, donde las personas «corrientes» (sic) pueden entenderla y aplicarla.

Y esta es la siguiente cuestión que me hizo huir del libro al cabo de un par de horas, su intento de convertir una disciplina o una vocación de amor por la sabiduría en una herramienta a modo de prozac, para resolver problemillas cotidianos. ¿No sería más interesante ser capaz de visualizar problemas que aún no hemos imaginado?

El capítulo segundo arremete contra las terapias que, con la falsa creencia de ser científicas, tienden a dar respuesta a las distintas situaciones por las que atraviesa un humano, y ataca, con simpleza y energía, los eslóganes facilones de la New Age, además del consumo masivo e irreflexivo de antidepresores químicos, como el mencionado en el título, sobre todo, mediante el apunte al mercado que esconde y que, posiblemente, tiene motivos sobrados para intencionadamente incitarnos a ese consumo.

No puedo sino estar de acuerdo con este capítulo perogrullero, pero es lo que es: verdad verdadera, de esa que no dice más que lo que dicta el, llamémosle, sentido común.

Y desde entonces, se comienza a dejar de denominar filósofo para llamarse consejero filosófico, asesor mental, o similares apelativos que, por supuesto, le enaltecen y le convierten en un mesías con una, como afirma en el libro, misión por cumplir.

No sé cómo aún leí un poco más, aunque ya era evidente que no tenía ningún interés profundizar… porque no habría nada profundo, sino una sarta de simplezas aderezadas de lugares comunes, para hacernos creer que lo que decía el libro ya lo habíamos pensado nosotros, que somos tan, pero tan, listos, como ese filósofo que nos estaba ayudando a ver la luz al final del túnel de nuestra vida ignorante y presuntamente inconsciente.

Las varias referencias a filósofos como William James ya me tendrían que haber acabado por hartar, un señor que tiene como filosofía que lo bueno es bueno en tanto que es útil. Jo, qué bien… qué fácil… ¿Cómo no lo había pensado antes?

No quise ni siquiera pensar en lo absurdo de la contradicción que establecía que, ante la gravedad de que el mundo estuviese siendo terapeutizado, no propusiese otra alternativa sino otra terapia. De hecho, el capítulo segundo se titula «Terapias, terapias por todas partes, y ni pensar en pensar«. Pero pensar para curarse… ¡es una terapia! Me acordaba tanto de mis terapias…

Las técnicas de marketing puestas al servicio de una nueva terapia, esta vez a través de la lectura de un libro que va a ser «la solución», la gran solución a nuestros problemas, resulta tan ridículo que impulsa a tirar el libro por la ventana.

Pero no es el único libro: hay tantos libros de autoayuda, que no son solo de autoayuda, sino en muchos casos publicidad directa de gurús más o menos bienintencionados que saben, ellos saben, sí, lo que nunca seremos capaces de comprender los seres humanos corrientes.

Intenté, de verdad, seguir leyendo. Sentí que se lo debía a mi alumna que, con todo su cariño, quiso compartir este libro con nosotros. Por ello le estoy agradecido, no obstante, pues lo importante no era el libro, sino su cariño, su intención de hacernos vivir mejor.

Pero el tercer capítulo ya era demasiado para pasar al cuarto. Se titula «El proceso PEACE: cinco pasos para enfrentarse a los problemas con filosofía» y lleva epígrafes oportunos de Epicuro y Wittgenstein, por supuesto, completamente fuera de contexto, situados como plidoritas, como pastillas de sabiduría válidas para todo momento.

PEACE, por supuesto, es un acrónimo que contiene, en cinco palabras, en solo cinco palabras, la clave para todo, la llave maestra del universo. Él lo ha descubierto. Claro. Aquí vuelvo al mesianismo que apunté párrafos arriba, y no fabrica un acrónimo cualquiera, no, sino PEACE. ¡Qué bonito! ¿Cómo no lo habíamos visto?

Ni me voy a molestar en poner las palabras que corresponden a esa sigla. No merece la pena. En realidad, casi cualquier combinación de cinco palabras podría servir, porque en realidad se reinterpretan como lo que le da la real gana al psudo-filósofo autor de este tomo infumable.

Ah, no, pero aquí va otra de las maravillas de este, me atrevo a decirlo, estafador: el libro es fácil de leer. Claro, no va a ser un ensayo aburrido, tedioso, que requiera poner mucha atención para procesar, que requiera de mí el llevar a cabo una investigación paralela para contrastar o completar la información presentada, no. Se trata de un libro que, siendo voluminoso, pueda ser leído y «comprendido» por una persona «corriente», como recuerda innumerables veces, para que no lo olvidemos mientras seguimos leyéndolo.

Tentado por seguir destrozándolo, comencé el cuarto capítulo, repaso en 30 páginas de toda la historia de la filosofía occidental y que viene a titularse «Lo que olvidó de las clases de filosofía del colegio y que ahora puede serle útil«. Donde, de nuevo, asume varias cosas en una sola frase, así, como si nada, a saber: que lo olvidamos, que lo estudiamos, que ahora y no antes, que pueda serme útil y que desee que lo sea. Vuelvo a un resumen expuesto: El libro no es para mí.

No me molesto en continuar. Sigue una descripción de casuística en la que desgrana las ventajas de esa terapia de filosofía aplicada sobre una serie de «pacientes» que le consultaron para resolver sus vidas y cómo, gracias a él, pudieron hacerlo.

No sigo empleando mi tiempo en criticar algo tan absolutamente fácil de desmontar.

Aún así, volveré a agradecer a mi alumna que me tendiera su mano, que me prestara este libro, que intentara hacerme partícipe de su utilidad, de su bondad: La intención, la intención y solo la intención.

Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques

Acabo de terminarme otra novela sobre la Beat Generation, en este caso sobre el acontecimiento que les marcó desde el comienzo: el asesinato de David Kammerer por parte de Lucien Carr.

Ninguno de los protagonistas pasaron a ser conocidos por sus méritos literarios, que no tuvieron. David murió a finales del 44. Lucien pasó su vida siendo otro diferente de quien había soñado ser, tras pasar tan solo 2 años en prisión. Fue reconocido en su trabajo en prensa, pero no viene al caso.

Jack Kerouac, William S. Burroughs y Allen Ginsberg pasaron a la posteridad como los fundadores del movimiento literario más importante de la literatura norteamericana hasta la fecha.

¿Qué hicieron a parte de ser unos aprovechados de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado y tener los contactos adecuados para no acabar, entonces, también en prisión?

Escribir un libro.

Luego otro y otro y otro… algunos de gran valor literario, atrevidos, valientes, rompedores, creando una forma de entender la escritura en la línea de los sueños ambiciosos de Rimbaud o Verlaine.

He de reconocer que a pesar de que procuro no dejarme llevar por lo que conozco como personas a los autores de estos libros, poco a poco se va metiendo en mi cabeza la imagen de su incoherencia haciéndome odiar sus creaciones como frutos perversos rellenos de falsedades.

Pero no he de ser su amigo para apreciarlos, me digo. Sé claramente que no querría estar sentado a la misma mesa que Jack, ni Bill, ni, desde luego, el hipócrita Lucien. A Allen le perdono un poco más… como si mi perdón tuviese algún valor.

No obstante, su escritura ha contribuido a hacerme más libre, de una manera que no alcanzo a ver, pero sé que es así… quizá a través de la inspiración que supuso para el movimiento hippie, la influencia que este movimiento pudo haber tenido en la civilización occidental del último cuarto del SXX, a la herencia más o menos descafeinada que se recibió de ello… no sé, no lo alcanzo a ver pero sé que es así.

Por ello, quizá, solo por ello, puedo apreciar un trabajo como este libro de 1945, con su amigo en prisión, que escribieron a dos manos (cuatro, en realidad) Burroughs y Kerouac, a pesar de ver en los intentos desesperados de Jack de conseguir la fama y el reconocimiento con este episodio, aprovechando hasta el límite una anécdota de su juventud que quiso convertir en episodio casi trascendente.

Sin embargo, leo en esa desesperación, en la del yonki BB y quizá un poco ayudando a la de Ginsberg, la desesperación de la sociedad y la cultura occidental que, tras la 2ª Guerra Mundial, acabó por perder completamente el norte de su brújula, dejándose llevar por impulsos parcialmente hedonistas mezclados con un sadomasoquismo avergonzado, con sentimiento de culpa y huida hacia delante, como si el pasado no existiese y, por otra parte, como si solo pudiese pensar en el pasado.

Como dice el epílogo de la edición de bolsillo que compré recientemente, el existencialismo aún estaba por llegar a EEUU cuando se escribió esta novela. Hay que reconocer esa capacidad de anticipo. Llegaría también un rebelde sin causa, el extranjero, etc, etc, etc… que nos harían darnos cuenta de lo mal que estábamos y de la falta de explicación o de ayuda para nuestros problemas…

Pero no dejo de pensar que son problemas de niños pijos, problemas de burgueses ociosos que no hemos de trabajar para vivir. Se anticiparon a esta crisis en más de 60 años.

Y, por reconocerles algún mérito: sacaron partido volcándose a crear cuando otros podrían haberse dedicado exclusivamente a la autocompasión o el disfrute superficial de una vida colmada. Escribieron su dolor, dándole forma, una forma que no se conocía, una forma alocada y brutal, salvaje, desoladora, sin esperanzas, sin futuro… dándole forma a la expresión de la sensibilidad de nuestra alma postmoderna.

Algo les debo, después de todo.

Qué hacer con la basura

basuras
Hay huelga de barrenderos.

Sí, es algo obvio, incluso para quienes no leen la prensa. Se habla poco de ello en redes sociales, poco para lo que de verdad afecta.

Y es obvio porque lo tenemos delante de nuestras narices. Bajo nuestras ventanas. Ahí están, las basuras, recordándonos que somos una civilización despilfarradora hasta la extenuación.

Tiramos tantos desperdicios que se diría que no somos capaces de aprovechar ni la mitad de lo que adquirimos. Lo sabemos, pero pocas veces queda tan de manifiesto como cuando, después de una huelga de menos de 2 días (quizá ya durará más) las basuras de la ciudad se convierten en una seria amenaza para la salubridad urbana.

Con la revolución del paso del neolítico al establecimiento de las ciudades, se llevó a cabo un proceso de especialización, del que todavía estamos en los inicios, al paso que vamos. Se comienzan a apreciar los problemas derivados del extremismo de la especialización y esto es acuciante en las ciudades, donde el grado de formación específica nos convierte en unos analfabetos funcionales en la mayoría de las áreas que consideramos que no nos corresponden.

Hoy leía un artículo de wikipedia sobre la separación de las artes liberales en quadrivium y trivium y lo hacía de esta forma:

Trivium significa en latín «tres vías o caminos»; agrupaba las disciplinas relacionadas con la elocuencia, según la máxima Gram. loquitur, Dia. vera docet, Rhet. verba colorat («la gramática ayuda a hablar, la dialéctica ayuda a buscar la verdad, la retórica colorea las palabras). Así comprendían la gramática (lingua -«la lengua»-), dialéctica (ratio -«la razón»-) y retórica (tropus «las figuras»).

Quadrivium significa «cuatro caminos»; agrupaba las disciplinas relacionadas con las matemáticas, según la máxima Ar. numerat, Geo. ponderat, As. colit astra, Mus. canit. («la aritmética numera, la geometría pondera, la astronomía cultiva los astros, la música canta»); Arquitas (428 a. C. – 347 a. C.) sostuvo que la matemática estaba constituida por tales disciplinas también. Se estudiaba así la aritmética (numerus -«los números»-), geometría (angulus -«los ángulos»-), astronomía (astra -«los astros»-) y música (tonus «los cantos»).

Pero hay una separación previa y quizá más importante, que es la que se da entre Artes Liberales y Artes Vulgares, también llamadas serviles.

Desde hace un tiempo se nos ha inculcado la cultura del trabajo servil, en la que hemos ido adquiriendo como valor positivo el conseguir una habilidad en el manejo de una de estas artes serviles, importando cada vez menos las artes liberales.

Es posible que en estos tiempos la diferencia entre las artes no esté tan clara y que hayan aparecido otras que no sabría dónde clasificar, pero lo que es evidente es que sigue habiendo un interés notable en que no perdamos de vista la necesidad del trabajo para conseguir el pan.

Y sin embargo es una falacia. No deberíamos aspirar a trabajar servilmente, a trabajar en artes más o menos funcionales, puesto que la revolución industrial y su hijita la revolución tecnológica se están encargando de demostrarnos que somos más que sustituibles por máquinas que realicen trabajos mecánicos. Y no habría que verlo como un problema, sino como una posibilidad de verdadera liberación, una forma de alcanzar una vida mejor, un ser humano centrado en la poesía, en las matemáticas puras, en la retórica por el placer de la conversación, en la búsqueda de la felicidad y no en la búsqueda de una subsistencia que nos han conseguido convencer para que creamos que es el fin último de la existencia.

Se me ha escapado un impersonal: Lo siento. No tengo claro quienes son los que han conseguido convencernos, está claro que hablamos de «los ricos y poderosos» o la iglesia o los políticos o los bancos… vaya, simplezas, pero no sé realmente quienes son ellos.

Con la especialización, que comencé mencionando al principio de esta entrada ambiciosa y dispersa, hemos ido fabricando una cultura de esclavos, de siervos cuyo mayor objetivo es hacer bien su trabajo. Sí, dicho así suena verdaderamente patético.

Y en lugares como las ciudades, donde esa especialización se ha convertido en la base de la sociedad, permitiendo que unos ensucien para que otros limpien, que unos se encarguen de la gestión de residuos, pero solo de un tipo de residuos, mientras otros se encargan de la publicación de periódicos, otros de la comercialización del pan, otros de la gestión de los recursos de la ciudad asignados a medio ambiente, etc… en esos lugares, la fractura de una de esas tareas, la interrupción de una sola de esas pequeñas tareas, colapsa el funcionamiento normal, equilibrado (en un claro equilibrio inestable) del urbanismo y la convivencia asociada.

Todo se viene abajo si un solo ladrillo, más o menos fundamental, se rompe. Y se planta cara a esa inestabilidad subyacente a este falso status-quo en el que pensamos, ingenuos, que españa va bien. (Más allá de la crisis)

Y es que hemos ido trenzando una interdependencia, llamémosle matricial, que nos hace fundamentales los unos a los otros, pero sin darnos cuenta, casi como si no fuese importante lo que hacen los demás, como si todo trabajo que no fuese el propio fuese motivo de desprecio. Es lamentable. Al menos, yo lo lamento.

Pero, volviendo al tema (caso de que este blog y esta entrada en concreto tenga alguno), lo pone tan de manifiesto una pequeña huelga de barrenderos que es pasmoso, es indudable: el mundo puede colapsar tal como lo conocemos si esas reglas se rompen, si esas dependencias se cambian. Las huelgas sectoriales son muy eficaces, pero tenemos que superar el rechazo que genera en la opinión pública esa molestia que supone que el trabajo de otro, habitualmente menospreciado, sea interrumpido.

Por largar otro posible camino para este artículo, me gustaría saber o tener fotografías de barrios «pudientes» donde seguramente las basuras pueden estar siendo retiradas por empleados privados para que no se noten las molestias derivadas de la huelga. No sé por qué estoy convencido de que no habrá tanta basura en las calles de La Moraleja.

Y es en esto donde el modelo neoliberal se pone tan en evidencia, en ese injusto reparto de privilegios, que justifica a muchos a considerar beneficioso para ellos el apostar por esas propuestas de descomposición, privatización, mercadeo, de todo lo que está siendo gestionado por las administraciones públicas (sanidad, limpieza de zonas comunes, educación, infraestructuras de transporte, de telecomunicaciones…).

Es viendo la basura bajo la ventana cuando uno puede darse cuenta de lo que nos espera si seguimos por este camino.

¿Tendremos dinero para poder pagar nuestras propias necesidades? ¿Deberemos dejar de considerar necesidad a cosas como la salubridad ambiental, la higiene, la salud física, la educación básica, la defensa de nuestros derechos¿

Demasiadas reflexiones yuxtapuestas en un solo día. Me temo que no es muy pragmático, pero siempre he sido poco útil, poco servil… ¿o no?

Q

Hoy he terminado un libro que me prestó Hilario Álvarez. Uno de esos libros que dejan huella. No creo que pueda olvidarlo. Lo más terrible es que tendré que devolvérselo. Y no es un libro que me vaya a comprar… pero me gustaría tenerlo.

Lo acabo de descargar, como no podía ser menos, de su propia web, la del colectivo ahora denominado Wi Ming Fundation, y antes Luther Blisset que hace de Autor de esta novela formidable.

Por si te apetece descargarlo a ti también, te dejo el enlace desde el que lo hice.

Reproduzco un texto mecanografiado de este maravilloso volumen:

«Una Europa en que los banqueros alemanes dictan las opciones políticas; en que se lleva la fe religiosa en las banderas de los ejércitos mercenarios; en que poblaciones enteras son sometidas a la ley marcial. Una Europa recorrida por columnas de prófugos, en que la rebelión de los desesperados recibe la firme reacción de los linajes más rancios y de los poderes mercantiles incipientes. La misma asquerosa reacción de siempre: cañones y genocidios, y más hierro y fuego…»

Escrito en un texto que, como afirman en su página web: Transcurre en el Siglo XVI. Dos personajes principales. Uno quiere subvertir el orden establecido y el otro es un espía al servicio de los poderes que lo protegen. Q es un espía contratado por el cardenal Carafa, personaje ultra-conservador y de creciente influencia en la jerarquía de la Iglesia. Una novela épica desde las entrañas de la historia, ambientada en Europa central e Italia septentrional. Algunos han definido a este libro como «un western teológico».

Hay quien lo compara con El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco, pero en mi humilde opinión hay algo más revolucionario y rompedor en este libro. Empezando por la declarada lucha antimercado, nuestra religión actual, que se lleva a cabo haciendo disponible el libro de forma completamente gratuita, con una licencia mucho más abierta que las famosas Creative Commons.

Tienen la declaración de guerra en toda forma, la llamada a la lucha a los creativos, a los que generan cultura, lanzándoles la primera piedra:

Desde 1996, por contrato todos nuestros libros llevan este anuncio: Está permitida la reproducción total o parcial de esta obra y su difusión telemática, siempre y cuando sea para uso personal de los lectores y no con fines comerciales; y con la condición de que se reproduzca este enunciado. Para conocer nuestras posiciones sobre copyright, copyleft, cc, uso legítimo-razonable y propiedad intelectual, visitad la sección OMNIA SUNT COMMUNIA de este sitio. Como nuestros libros están traducidos en muchos idiomas que no conocemos y han sido publicados en diversas partes del mundo, es muy difícil tener todo bajo control. Si la edición de vuestro país no contiene susodicho anuncio, significa que ¡habéis sido engañados! ¡Os han timado! ¡Estafado! ¡Os han tomado el pelo! ¡Embaucado! Rogamos presentar una reclamación al grupo editor y enviarnos una copia (con traducción, si es posible).

Y así, es, así nos ponen contra la espada y la pared de la supervivencia económica a partir de la creación, que ya he tratado en otras entradas de este diario que, por supuesto, es tan público y gratuito que no necesita ni siquiera una nota reconociendo su uso.

De su historia, de la de Luther Blisset Project, decir que merece más la pena pasar un buen rato leyendo la página web que esta triste reseña, pero me gusta la síntesis de este párrafo con el que prologan su presentación:

En 1994 cientos de artistas, activistas y bromistas de toda Europa deciden adoptar la misma identidad.

Apodándose Luther Blissett se preparan para desencadenar el infierno en la industria cultural con un plan quinquenal. Trabajaran juntos para contar al mundo una gran historia, crear una leyenda, dar vida a un nuevo tipo de héroe popular.

En enero de 2000, al finalizar el Plan, algunos de ellos se congregan bajo un nuevo nombre, Wu Ming. Este último proyecto, a pesar de estar más enfocado hacia la literatura y la narrativa en el sentido estricto, no es menos radical que el anterior.

Pero que su autor sea tan peculiar, tan único en su género como imposible de ser único, no merma en absoluto todo lo brillante que esta obra Q es.

Creo que, junto con «La Vida, Instrucciones de Uso», ha sido la más formidable novela que haya leído nunca. De múltiples niveles, puede ser leída en clave de actualidad, como si se tratase de un llamamiento a alzamientos del tipo 15M, pero puede ser leída como una novela histórica (he verificado hasta lo posible todos los acontecimientos y personajes que aparecen en la ficción), como un relato de aventuras y desventuras, una lucha contra el fanatismo, un alegato en defensa de la lucha contra el sistema, una lucidísima recreación de un periodo convulso del nacimiento de Europa, de los países como tal, como los conocemos, con la ascensión de la ortodoxia católica y protestante, esa ascensión cuya escisión seguimos viviendo, imposibilitando el nacimiento de una nueva Europa de pueblos, de gentes, que sigue siendo un patio de bandas dirigidas por príncipes y banqueros.

Tiene lecturas que estoy seguro que no aprecio, lo presiento, creo que referencias a movimientos políticos italianos, a pseudonacionalismos locales, pero que sé que se me escapan.

Habría de leerla otra vez, ¡habría de aprendérmela de memoria!

No, no es eso. Pero sí recomendar su adquisición, su difusión, la adquisición de información mediante esta antigua técnica llamada lectura, lectura de información y no sobreestímulo derivado de consumo mediático.

Novela formidable. Colectivo interesantísimo. Generan reflexiones: creemos un colectivo paralelo, en el que el ego se disuelva, que tenga un nombre, una poética. Escribamos la novela. Tenemos la obligación de hacerlo. Vivimos tiempos que nos requieren. Requieren nuestro compromiso. Hagámoslo.

Burka

Sé que se supone que es un signo cultural, una manifestación de la expresión de una religión… pero no lo soporto. No me gusta nada ver a una mujer (asumo que es tal) enfundada en uno de estos vestidos castradores, limitadores del acceso a la belleza natural de su cuerpo.

Me da igual no ser tolerante en esta cuestión. Cada día me gusta menos ver la desigualdad sexual que discrimina en tantos y tantos aspectos a la mujer frente al hombre, pero esta forma tan manifiesta de sumisión, de segregación, me parece despreciable.

No puedo aguantarlo.

El otro día, el sábado, Carmen y yo estábamos tomándonos un delicioso kebab en un bar-restaurante posiblemente turco de la plaza de Ópera cuando se acercó y entró una mujer (asumo que era tal) acompañada hasta decir custodiada por un grupo de 3 hombres que la flanqueaban bajo la negritud infinita de esa maldita prenda.

No podía dejar de mirarla. No podía dejar de sentir que se estaba cometiendo un atentado delante de mis narices y que yo no estaba haciendo nada por evitarlo. No quería seguir allí y trataba, no obstante, de intentar comprenderlo, buscar una razón para tolerarlo, para admitirlo… pero no la encuentro. No la puedo encontrar. Y ya no deseo hacerlo.

No se trata, tampoco, de decir que se vayan a su tierra… pues para mí esto no tiene mucho sentido, podría ser española, ser fan de la roja… y aun así, me daría igual, no lo soporto. No es su nacionalidad (que no sé) ni su religión, sino la sumisión que supone, la aceptación de la desigualdad como algo inherente al ser humano y su distribución en géneros, donde uno de ellos queda completamente invisible… opacado por el negro más negro que concebirse pueda.

Por más que intento divertirme imaginando que es un lugar perfecto para un transexual que no desee salir del armario, o para un hombre que desee ser ignorado, o para cualquiera que desee mantener un anonimato oscuro, por más que piense en la poca imaginación que deben tener los que aducen que, de este modo, se reduce la sugestión carnal, la seducción por los encantos naturales de la mujer… yo pienso, al contrario, en ricos encajes y otros aperos fetichistas bajo la carcasa muerta.

He llegado a concebir hasta desear diseñar un burka que no deje ver el pelo, que no deje ver la piel… pero que los 2 agujeros que tenga sean sádicos en un sentido literario de la palabra.

Pero, por más que lo intento, no dejo de ver un problema, no ya de integración, sino de violencia y sometimiento, de esclavitud, de agresión… más o menos consentida, pero agresión, discriminación, violación de derechos… No deseo soportarlo.

¿Significa esto que creo que en la sociedad occidental (cultura occidental: vinculada a la evolución del cristianismo, atravesado del laicismo ilustrado, aunque en menor medida de lo que yo desearía) no hay discriminación?

En absoluto. También hay discriminación, hay sumisiones, hay violencia de género… pero la medida es diferente y, además, se tiende a ver como una cuestión a reducir… o eso espero.

¿Es esto un problema de integración cultural?

Bufff… ¡pues no nos queda nada!

Hambre

El hambre en el mundo

Hoy Iñaki Gabilondo centraba su comentario del día en torno al Hambre en el Mundo. Da cifras (y letras). Es descorazonador, desgarrador, pero preclaro. Conecta esta situación con la que vivimos en la famosa crisis financiera, habla de la posibilidad de resolver este problema y de que está, por primera vez en la historia de la humanidad, a nuestro alcance.

Y sigue pareciéndome tan lúcido como cuando veía sus entrevistas políticas en CNN+. Antes de que el canal fuese sustituido por la emisión ininterrumpida del programa El gran hermano. Y no pasó nada. Entonces no pasó nada y ahora tampoco.

Me canso de los códigos del Tango y dejo de ir a las milongas; es algo que puedo hacer, porque nadie me obliga a vivir en ellas, pero ¿qué ocurre cuando me canso de vivir en un mundo con unos códigos, unas prioridades que, como dice Iñaki, parecen locura absoluta? ¿qué lugar hay para poder evadirse?

Mientras, cada día me horroriza más esta frivolidad con la que tratamos el tema manido de esta década: la crisis, una crisis que ni mucho menos es de subsistencia, sino más bien de niños pijos acostumbrados a tener de todo. Hemos luchado para conseguirlo, pero también cabría comenzar a recordar a base de qué lo mantenemos. ¿No es cierto que, en parte, este sistema necesita la desigualdad para generar incentivos? Es la bandera que se enarbola contra comunismos aparentemente trasnochados constantemente, como si fuesen el infierno de lo posible… Mientras, cada día vemos que este sistema (¿capitalista?) es un sistema diabólico, perverso, que se alimenta de nuestra sangre y nos obliga a alimentarnos de las sangres de otros, como si de una película de zombies se tratase o una de vampiros.

Siempre me dieron mucho miedo las películas de vampiros. Mi amiga Aída se ríe de mí cuando le cuento que no soy capaz de ver la película dirigida por Coppola sobre el más famoso de ellos. Pero lo que más me aterraba era que me pudiesen morder y, así, convertirme en uno de ellos, en un vampiro que necesitaría alimentarse de la sangre de los demás, convirtiéndolos a su vez en otros vampiros que se alimentasen de las sangres de otros… y así hasta ocupar el planeta completamente.

No me di cuenta de que yo ya era un vampiro, de que ya había sido mordido por otros que a su vez lo habían sido por otros… y que llevaba dentro de mí la necesidad de seguir perpetuando este sistema perverso para poder vivir, para poder pervivir.

Cuando leí Los Cantos de Maldoror, ese libro apasionante del Conde de Lautreamont, no pude evitar sentirme identificado, en lo más profundo de mi ser, con ese Maldoror vampiresco, pero con una angustia existencial y un sentimiento de soledad tan profundo como consciente de su carácter perverso irremediablemente. (Hoy día es posible que ese libro fuese censurado por la iglesia católica, pero esto y Krahe no vienen al caso en esta ocasión)

Ser antisistema dentro del sistema es tan absurdo…

La teoría del abrigo

Hoy tenemos lavadora nueva porque se había estropeado la otra que ha tenido un tiempo de vida suficiente para una lavadora, algo así como 15 años… que son los años que llevo viviendo en esta casa.

Hoy tenemos horno microondas combinado con horno de convección convencional también, porque el otro estaba a punto de dejar rotundamente de funcionar, dando múltiples señales de deterioro: el plato no giraba, algún día ha saludo humo de un ventilador que, posiblemente, está estropeado… y hemos decidido hacer el cambio al mismo tiempo.

A punto hemos estado de tener que comprarnos una lámpara nueva (pero pudimos limpiar/arreglar la que tenemos) y de comprarnos una cocina de inducción, que son esas parecidas a las vitrocerámicas, pero rápidas y más eficaces, aunque peor para el tema de cacharros compatibles. Menos mal que no las fabrica Apple, que solo admitiría cazuelas con manzana.

Y ¿por qué todo a la vez? ¿Nos ha tocado la lotería?

La respuesta está en la Teoría del Abrigo.

Según una amiga que tuve, de quien no viene al caso hablar ahora, lo mejor cuando se tiene poco dinero o cuando se va a tener menos del que se tiene es comprarse un buen abrigo si se puede, porque es posible que después, cuando haga falta, no se pueda.

Es un consejo que ya seguí hace años, cuando dejé mi trabajo con nómina y seguridad económica, comprándome todo lo que creí que podía ir a hacerme falta en los próximos años y he vivido durante muchos de ellos agradecido a seguir en su día aquel consejo que me pertrechó para lo que estaba por venir.

Ahora vivimos un momento en el que lo que está por venir no es solo elección propia, sino coyuntural, pero eso no es óbice para que la teoría del abrigo siga teniendo vigencia: las cosas se van a poner peor que ahora, seguro, especialmente trabajando en el sector en el que Carmen y yo nos empeñamos en continuar, así que es buena idea hacer acopio de bienes que disminuyan la necesidad de adquirirlos en un futuro más inadecuado.

Así que sigo agradeciendo la enseñanza de la teoría y, estos próximos días, disfrutando de una sensación de opulencia palaciega inhabitual en nuestras vidas.

Pan Europeo

Pan Europeo

No sé si se refiere a un pan hecho en Europa, o un pan realizado por alguna deidad de ancestros inciertos o un pan con una vocación europeísta.

Cuando lo vi, lo primero que pensé fue en paneuropeísmo, que, según la wikipedia es «El nacionalismo europeo (también llamado europatriotismo o patriotismo europeo) es el nombre con el cual se define el movimiento político y la corriente de pensamiento que quiere una Europa unida en un solo estado.»

Pero me parecía exótico que un pan se usase a modo de panfleto político, afiche comestible, llamamiento a intentar definir una Europa unida y nacional… no sé si excluyente o incluyente, y, desde luego, pretendiendo ser influyente… aunque poco fluyente, seguramente.

Después, me di cuenta de que de un tiempo a esta parte es más común encontrar las etiquetas nacionalistas tras los productos de consumo, como si eso fuese un valor positivo en el producto: ¿es mejor el pan por ser europeo? ¿tiene los papeles en regla? ¿de qué parte de Europa, que no es ni una ni grande ni libre, es?

Y me sorprendí pensando en lo poco que «vende» el atributo global o mundial… salvo para hablar de males como esa crisis que ya nadie (con dos dedos de frente) tacha de española, europea, estadounidense, para hablar de ella como global.

Aunque, bien pensado, no están bien definidos los límites ni de esa globalidad pretendida, ni mucho menos Europa… y España se desdibuja, quiera quien quiera o no quiera quien no quiera… difuminándose las fronteras en un mar de interconexiones que me llevarían a pensar que la presentación de la información es cada día más compleja, más similar a la neuronal, reticular, pero además menos geométrica, menos simétrica, de mayor valor entrópico… y aquí me pierdo en elucubraciones que no vienen al caso, a partir de este pan cuya miga estaba en la bolsa que lo contenía.

Caprichos y crisis

Sigo oyendo hablar de crisis económica sin parar y de problemas graves acuciantes por todas partes y también, cada vez que me encuentro con algún niño o alguna niña y sus progenitores (papás y mamás) les preguntan constantemente cosas como ¿te gusta esta comida o te pedimos otra?, pienso que esta crisis es una crisis de niños pijos, de lujo, de paraísos…

No puedo concebir que se siga derrochando comida por capricho, por el mero hecho de «no me gusta» esto o aquello, como si fuese una razón suficiente. Y recuerdo la frase que me decía mi padre de «piensa que hay gente que se muere de hambre». Y claro que pensaba en ello y no se me ocurría nunca plantar cara a mi madre que hacía milagros estirando la comida, de manera que comíamos lentejas y luego lentejas con arroz y por último puré de legumbres… y así acabábamos de comernos todo lo que fuera necesario comerse.

No teníamos innecesarias videoconsolas, ni varios televisores en la casa, no teníamos ropa de marca y podíamos apañarnos con ropa zurcida una y otra vez, como yo ahora con los pantalones vaqueros, cuyos arreglos cada día son más caros en proporción al precio de una prenda nueva.

Sé que las cosas han cambiado y que, por ejemplo en este último tema, se nota la influencia de la globalización, haciendo más rentable (aún) el consumo irresponsable por encima del arreglo o, incluso, el cuidado de los bienes.

Voy en el metro y veo iPods, iPhones, smartphones de distinto pelaje, eBook-readers, ropitas de marca, refrescos de diseño y dulces envasados al vacío. Todo esto es absolutamente prescindible. Y sin embargo, el endeudamiento sigue y sigue.

Sé que hay gente en verdaderas situaciones de exclusión social, pero también veo que hay muchos que no saben que van a estarlo en breve si no evitan seguir por el camino por el que van. Y aquí me excluyo, por una vez, hablo en tercera persona del plural y no en primera persona: yo no soy así.

Estiro la vida de un PC todo lo que puedo (claro que el PC podría no ser necesario, pero ahora mismo digamos que es mi herramienta de trabajo), estiro la comida hasta que se agota toda (gracias, mamá, por enseñarme economía doméstica), nunca tiro una bolsa de plástico sin haberla utilizado varias veces antes, nunca tiro un frasquito de conservas, así me ahorro comprar innecesarios tuperwares, reutilizo toda hoja de papel hasta que su reciclado se hace casi superfluo.

Y es que el reciclado, en gran parte, me parece un defecto de nuestros hábitos de consumo: consumimos tanto y tan irresponsablemente que tenemos que pensar qué hacemos con los deshechos. Pues consumanos más responsablemente, disminuyamos los residuos, reduciendo la adquisición de ridiculeces, reutilizando todo lo que ya hayamos adquirido, echémosle un poco de imaginación a la vida de los objetos que nos rodean, acostumbrémonos a valorar, como antaño, cada pequeña cosa que tengamos como si fuese importante, como si nos tuviese que durar toda la vida, como si no pudiésemos comprarnos otra cuando nos empieza a dar problemas o nos queda «fea«.

De unos vaqueros rotos se puede obtener un portamandos de televisión. Es simple, es barato, es anticrisis. No nos hace falta uno que cueste 2 euros en Ikea. Son 2 euros… y una filosofía de derroche. Del bolsillo de esos vaqueros podemos hacer una funda para un móvil… y seguimos!

Veo pijerío sin parar en un mundo en descomposición y me dan ganas de vomitarles un volcado de palabras que comience con el vocablo más utilizado de este lustro.

Si no te gusta la sopa, no comes. ¡Y punto pelota!
Ya verás cuando tengas hambre….
porque la vas a tener.

Sobre la huelga general del 29 de Marzo de 2012

Una amiga me ha enviado este email que pretende ser acicate para convencer a la participación. A mí no me gusta mucho el tono en el que se presupone que uno es un esquirol que busca excusas… aunque lo fuera o fuese.

Después de leerlo me di cuenta de que yo no encajaba en ninguna de esas razones. Y esto me sitúa al margen del colectivo de los trabajadores. Pero eso ya me pasó hace tiempo cuando, en una inscripción en el INEM para conseguir el papelito con el que entrar gratis en algunos museos, me preguntaron que a qué me dedicaba y dije que era poeta y me dijeron que eso no existía. ¡Que sí! ¡Que sí existe!

Y ahora, ¡¿Qué soy?!

Ya no sé, siquiera, si soy poeta o blogero o hacedor de proyectos absurdos o qué… la verdad es que no tengo ni idea de qué soy, salvo que no me defina por mis ingresos. Podría decirse de mí, desde ese punto de vista, que soy profesor particular, que soy coordinador de talleres de poesía, porque de ambas cosas cobro algo de dinero… pero eso son solo las cosas que hago para trabajar en mi verdadera obra: ¿Alguien diría que Baudelaire fue otra cosa que poeta?

El caso es que me preguntaba qué podría hacer yo dentro de 2 días en la huelga general y si tenía algún sentido que yo la hiciese. Y me he contestado que sí, que tengo que hacerla, que debo dejar de producir y mi trabajo produce textos en este diario, y produce un aumento en la información contenida en mi proyecto de Lenguas del Mundo.

Así que ese día, el 29 de Marzo de 2012, no escribiré nada, no abriré el PC, disminuiré mi consumo al mínimo y me dedicaré a leer… aunque también es trabajo… no sé qué leeré para que no me informe o forme demasiado… hummm… igual será momento de ir a un parque a pasar el día paseando. Quedar con amigas y charlar, sin tomar una cerveza para seguir reduciendo el consumo, uniéndome a otra iniciativa (una huelga de consumo) que me parece extensible a lo largo del año… es más, suelo tenerlo presente siempre.

Copio el email que me envió mi amiga, por si alguien tiene excusas y quiere refutaciones:

Quien más quien menos, creo que la mayoría nos vemos reflejados en alguna de estas posturas, al menos ocasionalmente. No pretendo tener certezas (¡qué poquitas nos van quedando!), pero me ha venido bien leer este argumentario. Espero que a vosotros también.
Feliz víspera del mejor día de la semana.


De cara a la huelga general del 29 de Marzo, habrás escuchado estos argumentos con toda seguridad. Si estás indeciso sobre lo que hay que hacer el día 29, quizá te interese leerlos.

Argumento esquirol 1: «No hago huelga porque no me lo puedo permitir».

La reforma laboral supondrá con toda seguridad una rebaja generalizada de los salarios. Si no puedes permitirte dejar de ganar el sueldo de un día, menos podrás permitirte que te bajen el sueldo permanentemente, que te despidan gratis, o que si tienes 10 años trabajados en una empresa tu indeminación pase a ser de 18900 euros a 7845.

Argumento esquirol 2: «La huelga no servirá para nada».

Todas las mejoras de los trabajadores se han conquistado historicamente a través de la lucha. Nadie nos ha regalado nada. Lo que está demostrado que no sirve de nada es no hacer nada. A la preguntas de si una huelga de un día será suficiente, la respuesta es que probalemente no. Es sólo el principio, pero es un paso muy importante. Si nos imponen la reforma laboral más dura de esta «democracia» y no respondemos las medidas sucesivas que tome el gobierno serán aún más demoledoras. Se puede y se debe tumbar esta reforma laboral.

Argumento esquirol 3: «La huelga no soluciona nada».

La huelga no es una solución, es el instrumento de presión más poderoso que hoy por hoy los trabajadores tenemos a nuestro alcance. Por eso quien no se adhiere a una huelga perjudica gravemente al conjunto de los trabajadores, incluido a sí mismo.
Además si la huelga no contribuyese a solucionar nada ¿de dónde proviene el empeño de los empresarios en que los trabajadores no la secunden, llegando a las amenazas y coacciones, que son delito? ¿Por qué motivo la prensa de derechas trata de desprestigiar la convocatoria de huelga? ¿Por qué incluso se están planteando legislar para limitar este derecho? Todo tiene una causalidad, nada es casualidad.

Argumento esquirol 4: «No estoy de acuerdo con los sindicatos mayoritarios, por eso no hago huelga».

A la convocatoria de huelga se han sumado decenas de sindicatos minoritarios de diversos sectores y de distintas ideologías. Es más, los primeros convocantes de esta huelga no fueron UGT y CC.OO, sino ELA-LAB en el País Vasco y CIG en Galicia. También se suman a la convocatoria los sindicatos CNT y CGT, la Intersindical-STE, USO, Solidaridad Obrera (mayoritario por ejemplo en Metro de Madrid), partidos políticos tan dispares como IU, Esquerra, Compromis, Amaiur, BNG y organizaciones sociales de todo tipo como 15M, Juventud Sin Futuro, Democracia Real Ya etc, que no comparten la verticalidad de los sindicatos mayoritarios y son críticas con su labor de los últimos años pero aún así apoyan la convocatoria de huelga general del 29M. Esta huelga es del 99% de la población, no sólo de los sindicatos.

Los sindicatos CCOO y UGT han podido cometer muchos errores y criticarlos es lícito e incluso necesario. Pero los sindicatos entendidos como organizaciones de trabajadores que se unen para defender sus derechos e intereses son, indudablemente, el próximo muro a derribar por los poderes económicos. De ahí la campaña continuada de ataques y de desprestigio desde los medios de comunicación de la derecha de la que todos estamos siendo testigos.

Argumento esquirol 5: «Hay libertad, cada uno puede hacer lo que quiera. Además si hago huelga me descuentan x euros, y no me lo puedo permitir».

No hay libertad porque te están coaccionando con una penalización económica. La libertad es otra cosa, no verte obligado a ceder a los chantajes de gobierno y empresarios a cambio del sueldo de un día.

Argumento esquirol 6: «Hay libertad, cada uno puede hacer lo que quiera. Yo iré a trabajar porque en mi empresa si haces huelga te miran mal y si luego hay que despedir a alguien seguro me despedirán a mí en vez de a otro».

No hay libertad porque te están coaccionando con el despido. La libertad es otra cosa, no verte obligado a ceder a los chantajes de gobierno y empresarios renunciando a tu derecho constitucional a la huelga.

Argumento esquirol 7: «La huelga tiene que ser indefinida, si no yo no la hago».

Suponemos que estas personas cuando sus hijos dieron el primer paso en vez de alegrase, animarles y ponerles calzado adecuado les recriminaron no ser capaces de correr los cien metros lisos en las olimpiadas y les gritaron que para dar tres pasos por la habitación y luego caerse mejor que ni lo intentaran. Los partidarios de la huelga indefinida entendemos que la casa se construye desde los cimientos y no empleamos un modelo de huelga concreto como excusa para no secundar una huelga general convocada con un gran consenso.

Argumento esquirol 8: «Los piquetes presionan a la gente, obligándola a que haga huelga. Los trabajadores son libres de ir a trabajar un día de huelga.»

Si la libertad realmente tuviera tantos defensores nos iría bastante mejor de lo que nos va. En la mayoría de los casos quienes mantienen esa postura ocultan o defienden la coacción de muchas empresas sobre los trabajadores que quieren ejercer su derecho constitucional a la huelga y aceptan que éstos se vean obligados a someterse a ella acudiendo a sus puestos de trabajo por miedo a perder sus empleos o el salario de un día. Los piquetes historicamente impedían que los empresarios contrataran personal para cubrir los puestos de los huelguistas y en la actualidad tratan de garantizar el derecho a huelga de aquellos que por presiones de las empresas no pueden ejercerlo. Los piquetes informativos apelan a la responsabilidad de los trabajadores, les informan de los motivos de la huelga, de sus derechos, y de las consecuencias negativas que tiene acudir ese día a sus puestos de trabajo. Los piquetes informativos están reconocidos legalmente: tienen y pueden ejercer su derecho a informar los días de huelga.

Argumento esquirol 9: «Con las huelgas no se consigue nada. Pero en caso se que se consiga algo, no renunciaré a ello.»

Las jornadas de 8 horas diarias o 48 semanales, la prestación por desempleo, las horas extraordinarias, el salario mínimo, el convenio colectivo, las vacaciones pagadas, la indemnización por despido, el permiso por maternidad o lactancia o cualquiera de nuestros derechos conquistados que los trabajadores desconocían hace sólo 150 años no se consiguieron a base de ejercer la «libertad para ir a trabajar» un día de huelga. Pese a ello no se tiene noticia de que ningún esquirol haya renunciado a ellos. Si se consigue hacer al gobierno rectificar y no aplicar esta reforma laboral que a todos nos afecta y perjudica los esquiroles no habrán hecho nada por conseguirlo pero se beneficiarán del esfuerzo colectivo. Para ellos esto debe de tener mucha lógica, para todos los demás carece de ella y no les hace parecer personas dignas, coherentes ni solidarias a nuestros ojos.

Argumento esquirol 10: «Soy funcionario. La reforma laboral mí no me afecta»

Con los recortes y la privatización de los servicios públicos y el deterioro de las condiciones laborales (y los que están por venir) de funcionarios, interinos y personal laboral de la administración pública tenemos motivos más que suficientes para secundar la huelga general, además de por solidaridad con el resto de trabajadores.

Si no secundamos mayoritariamente la huelga general no podremos quejarnos cuando el resto de la sociedad no nos apoye en nuestras revindicaciones por la supervivencia, la dignidad y los derechos laborales del sector público. Los despidos y las rebajas en los complementos del sueldo de los funcionarios así como la eliminación de pagas y sexenios está al caer.

Además, mira a tu alrededor: padres, hermanos, familiares, hijos, amigos, vecinos, alumnos… ¿seguro que algo que afecta al 99% de la población no va contigo?

Huelga General 29M: Tú decides.

Si la huelga del 29M es un éxito rotundo y el gobierno no rectifica quedará totalmente deslegitimado. Eso tendría un coste político elevadísimo, abriría la puerta a más huelgas generales, e incluso podría forzar la dimisión del gobierno. En cualquier caso le garantizaría un varapalo electoral. Si por el contrario una huelga general de un día no consigue un paro total el gobierno saldrá reforzado, la posibilidad de una movilización más contundente por parte de la sociedad quedará anulada y la puerta a más recortes y a mayores abusos (si cabe) contra la mayoría de los ciudadanos (estudiantes, pensionistas, funcionarios, interinos, trabajadores del sector privado, parados) quedará abierta.

«Con más de 5 millones de parados los sindicatos han estado callados. Lo que hacen con esta huelga es una falta de patriotismo.» Esperanza Aguirre. 13 de Marzo de 2012.

http://ventanasdelfalcon.blogspot.com.es/2012/03/lo-que-argumentan-los-esquiroles.html

Esto no es una broma