Soy un filete

No hallo diferencia
entre un filete en descomposición
y un cadáver humano
no alcanzo a comprender
ceremonias
en las que se entierra
un filete
de ternera
o de cerdo
en una caja de madera
bajo unos metros de tierra
para alejarla del resto de carne
que se mueve sobre ella
y evitar que la pudredumbre
contamine la vida
con su hálito de microorganismos
vivos
fermentando la ausencia de actividad neural
hasta el punto de hacer cierto el verso
de verde que te quiero verde
sin pimienta y sin ribetes.

Pornografía

El viernes publiqué esta pequeña composición, una tontería, a la que llamo Pornografía, pero en Instagram me censuré a mí mismo (ya me censuro muy bien, sin ayuda de nadie, cada día más y mejor) y la titulé «Erotismo»

Aún así, tuve mis dudas de si abriría un debate acerca de si era excesivamente binaria, no incluyendo, por ejemplo, dos botones con el mismo título o dos ojales… y por qué no uno solo, botón u ojal, o tres o cuatro… quizá si sigo publicando una pequeña serie de ellas, una camisa podría titularse, felizmente, orgía.

No quise con ese título, ni con el de Pornografía, decir que toda la pornografía o todo el erotismo fuese procreativo… ni falocéntrico, ni genital… especialmente el erotismo. Así que pensé que podía ser malinterpretado, pero aún así osé publicarla.

Pero cada día doy más vueltas a todo lo que publico en redes sociales por su posible malinterpretación hasta el punto de haber llegado a desarrollar una paranoia bastante considerable que, no obstante, no está a la altura de declaraciones de políticos de la oposición, ni de cuñadismo extendido. Es decir, envidio (solo en una remota parte de mi reptiliano cerebro) la simpleza de quienes hacen afirmaciones rotundas e irreflexivas sin pensar en nadie más que en su persona, sin empatizar ni remotamente con las diferencias, considerando toda salida de lo normativo como maligno, satánico casi.

Al final, mi voz y la de otras personas como yo nos vamos acallando dejando más sonido a quienes no tienen tantos miramientos.

Pero a mí me resulta tan cansado…

ChromeCast

Desde hace unos días estoy disfrutando de este nuevo cacharrito tecnológico que viene a ser un dispositivo más de control y seguimiento de la sociedad (lo sé y aun así lo uso).

Hace años que no tenemos televisión en el sentido tradicional de la palabra (no está sintonizada) aunque el aparato lo utilizamos, conectado con un cable largo y bien parapetado en una canaleta técnica que hicimos cuando reformamos nuestra casa, para acceder a todo aquel contenido al que puedas acceder con un ordenador, ya sean plataformas de streaming, vídeos o multimedia en general e incluso el correo electrónico o navegar por la web.

Ese cable evita que echásemos de menos tener que comprar un televisor «smart» que básicamente lo que hacen es tener un pequeño ordenadorcito que hace algunas de esas cosas que nosotros podemos hacer con nuestro gran ordenador y un HDMI (PC->TV).

No obstante, llevaba tiempo pensando en el «derroche» que supone tener un PC encendido casi permanentemente para el visionado de series o películas, cuando hay opciones mucho más «ecológicas». Por otro lado, llegadas las épocas de regalos innecesarios navideños, agradezco que alguien me regale algo a lo que darle una mínima utilidad. Así que entre una cosa y otra…

El hermano de Carmen (que tiene una tienda Beep), tuvo a bien regalarme(nos) este pequeño cachivache al que se le pueden sacar varias pegas, pero también algunas utilidades. La principal y más evidente es la de poder tener ese PC del que hablaba apagado casi el 100% del tiempo, salvo para algunas excepciones, como por ejemplo para dar soporte a (Amazon) PrimeTV que no funciona con el ChromeCast (sin que sepa muy bien por qué).

Cada vez que se adquiere un dispositivo tecnológico casi sin pensarlo aparecen nuevas necesidades que antes de eso no se tenían. Es curioso. O no.

Ahora tengo un problema que no tenía: el ChromeCast que tenemos (creo que versiones posteriores sí lo incorporan) no tiene salida de audio independiente del HDMI, así que la única forma de oírlo es mediante el televisor al que está conectado, pero ¿qué hago si quiero conectarlo a unos auriculares como antes hacía con un dispositivo inalámbrico conectado al PC?

La dificultad está asociada a la televisión, que no tiene salida analógica de RCA o Jack de 3,5mm, sino tan solo una supuestamente inmejorable salida digital TOSLINK, pero los auriculares inalámbricos de esta tecnología son enormemente caros, así que no es una alternativa para cuando quiero disfrutar de una serie en la TV sin molestar a mi pareja que puede querer no oírla.

Así que ahora estoy buscando una pequeña solución a ese pequeño inconveniente que seguramente pasará por adquirir (o esperar a otros «reyes») un transformador de audio digital TOSLINK a audio RCA/Jack o, mejor aún, Bluetooth. Pero claro… son mínimos gastos que no veo tan necesarios.

Pero… ¿tiene algún sentido hablar de necesidad en la era del consumismo más salvaje?

La panadería

Cada semana compro el pan en esta (a)típica panadería, que tan solo tiene pan de trigo, de centeno y ahora también de maíz, hecho al modo tradicional, sin ningún tipo de rarezas añadidas (pipas, semillas, etc) que lo único que hacen es ocultar el verdadero sabor del pan.

Nos gusta especialmente la hogaza de trigo y centeno, que se vende al peso y solemos comprar más de un kilogramo por semana, cortado en ese momento a voluntad en rebanadas, se congela ese mismo día una parte y aguanta estupendamente. Al usarlo, basta con descongelar en el tostador cada rebanada y listo.

En las ocasiones en las que la hogaza de nuestras entretelas no se encuentra disponible, compro hogazas grandes de trigo o de manera más atrevida, pequeñas hogazas de pan de centeno, negro, oscuro, denso…

Y siempre es un enorme placer degustarlo casi sin nada más que unas gotas de aceite.

El té de cada día

Cada día tomo varias infusiones de diversos colores y sabores:

Té negro con cardamomo.
Té paquistaní (un tipo de té negro aromatizado) con un chorreoncito de leche.
Té verde de jazmín.
Infusión de jengibre con canela, cardamomo, tomillo y clavo.
Infusión de manzanilla con anís estrellado.
Infusión de jengibre con limón.

En ocasiones té blanco. Otros tés verdes, como el marroquí con hierbabuena o menta en verano, por ejemplo… así que mi vida gira en torno a tazas de té, infusores, teteras, agua hirviendo, vapor, algún edulcorante cada vez más en disminución (miel de romero para el jengibre y la manzanilla, principalmente).

He llegado a pensar en adquirir tazas para próximos proyectos y personalizarlas, utilizarlas a modo de «lienzo» sobre el que escribir poemas, o dibujar o…

De momento y no es casualidad, en la presentación de mañana del Proyecto !ç~ñ¿.# expongo varias tazas diseñadas para la ocasión.

El culo del ampli

La parte trasera de nuestro amplificador está hipersaturada, pero es que tenemos la casa completamente conectada. Desde casi cualquier sitio podemos poner audio saliendo por este aparatito que lleva haciéndonos el apaño casi desde comienzo de siglo.

Lo adquirimos para poder sustituir el equipo estéreo con el que comenzamos nuestras andanzas en Clave 53 en Campomanes, 8. Durante un tiempo aquel sencillo reproductor de CDs con entrada auxiliar nos sirvió, pero pasado el primer año teníamos que tener un equipamiento más profesional que durase más y mejor, además de permitir conectarlo a altavoces en condiciones para evitar el problema de sonido que provocó algún pequeño disgusto a la vecina del piso superior.

Hace una década que el mando a distancia no funciona y tampoco funciona el regulador de volumen, que está fijo a un moderado 40% del total. Se rompió el cilindro que lo modula, pero se puede ajustar (si fuese necesario) con un destornillador.

Ahora lo tenemos conectado a dos ordenadores (el mío (LINE) y el de Carmen (TAPE-1)), tenemos un cable que lo conecta (CD) a un reproductor de buena marca de CD que es algo completamente obsoleto, y un no menos caduco reproductor de DVD (TUNER). Una última conexión (TAPE-2) está disponible desde el otro extremo de la casa, cerca del Proyector, para reproducir audio desde cualquier dispositivo que lo necesite.

Las cosas de la autocensura

En julio de este año tuvimos la visita de los sobrinos, gemelos César y Jimena, de 15 años de edad.

Quisimos proponerles actividades infrecuentes en su hábitat cotidiano, Daimiel, pero también que pudiesen estimularles, gustarles y, en cierto modo, sorprenderles. Al mismo tiempo, queríamos hacerles partícipes de nuestro cotidiano, Madrid, que no es para nada el suyo.

El viernes 13 de julio actuaba (digo bien) mi querido Paco Nogales con una acción en el evento PERNEO. II Encuentro Internacional De Performance Art que además tenía lugar en el espacio que aún no conozco de La Neomudejar.

Las acciones de Paco Nogales suelen tener un contenido sexual muy explícito, de desnudo masculino integral y temática erótica y exploratoria de los órganos sexuales masculinos. Sí, evidentemente, era un material que yo consideraba que podía impactarles, sorprenderles aunque tenía mis dudas sobre si les gustaría.

Pero entre tantas dudas, me surgió la pregunta (que de algún modo dejaba claro mi propia respuesta) de si habría restricciones por edad para la entrada en esa acción y eso les pregunté a la organización.

Me respondieron, educadamente, lo siguiente:

Las performances son fuertes. Si tu traes niños sabrás que es el postporno y lo que se va a poder encontrar.

El adulto decide pero no creo sea adecuado para un menor.

Atentamente

No recuerdo si contesté a este email, pero posiblemente me sirvió para darme cuenta de que quería llevar al límite mi interés por «impactar» a los sobris, pero de alguna manera, era más importante ese «mi» interés que lo que pudiera impactarles o no. Así que seguí el consejo, pero que no era verdaderamente ninguna restricción y no fuimos al evento.

El mismo día de la exposición/encuentro, me volvió a contactar el responsable del centro (quizá al tener un poco más de tiempo quiso puntualizar su respuesta, que siempre me pareció la más adecuada posible):

Buenos días,

Desde el Centro no prohibimos la entrada a menores puesto que creemos que las madres, padres, tutores son quienes determinan qué tipo de contenido ven sus hijxs pero sí les podemos orientar sobre el contenido que van a ver y que detallo a continuación.

En el caso de este encuentro son tres performances diferentes. 2 de ellas puede haber cuerpos denudos o semidesnudos. Y en el caso de la performance de Paquito Nogales sí que es más fuerte y explicito el uso del cuerpo en un contenido más grotesco como usar su ano como parte de la acción. Este contenido si puede ser sensible.

Entre cada performance hay un pequeño descanso por lo que pueden ver las dos acciones de Antibody Corporation y Ana Matey y saltarse la performance de Paquito Nogales que es mucho más fuerte. En el caso que alguien del grupo quiera saltarse esa performance con el/la menor puede visitar el resto de exposiciones del Centro mientras tanto.

Esperamos haber podido contestar adecuadamente a su pregunta.

¿Le confirmamos la reserva de 4 entradas?

Muchas gracias.

Me encantó su respuesta, pero en el fondo, yo ya me había contestado a mí mismo (todo lo cual sobra: con el «me» era suficiente) y les dije que no confirmasen las entradas.

Esa misma tarde me telefoneó Paco para saber qué había pasado. Le conté un poco la situación y, por supuesto, también fue respetuoso con mi decisión. Le dije, en resumidas cuentas, que si fuesen hijos míos por supuesto que habríamos ido, pero también que es muy probable que en tal caso no fuesen a sorprenderse ni impactarse puesto que no sería, ni con mucho, la primera vez que verían algo así. Mientras que «los sobris» es muy probable que se sintiesen algo intimidados. No obstante, me quedé con dudas…

A lo largo del fin de semana, les comenté lo que había pasado y qué creían ellos que les habría provocado. Me sorprendió saber que nunca habían visto a un hombre desnudo, ni siquiera en la televisión, ni en la playa… y me quedó bastante claro que habría sido un salto demasiado drástico el enfrentarles a esta experiencia. Así que, en la medida de lo posible, acabé por sentirme satisfecho con mi decisión de «autocensurar» el evento para sus ojos.

Y sin embargo…

Recuerdo de la niñez

Comía en el Legado Crespo, en Embajadores.
Recuerdo mesas redondas de seis comensales
capitaneadas por la mayor del grupo
que siempre era una chica
porque el colegio había sido estrictamente femenino.
Los huevos fritos siempre llegaban fríos
y a mí no me preocupaba lo más mínimo.
Tras cada día de lentejas
había un día de lentejas con arroz
y un día de crema de legumbres.
Me encantaba comer en el colegio
porque sentía que era algo que hacía estupendamente
no desaprovechando ni las raciones que me daban
todas las niñas y todos los niños
que por su delicadeza
(y eso que hablamos de los 70)
no estaban dispuestos a comer restos
o no les gustaban las comidas frías
o no les gustaban las verduras
o no les gustaban… qué sé yo.
Yo era una trituradora
capaz de devorar a dios por una pata
y en ese colegio
era una persona apreciada para compartir mesa
pues servía de repositorio
para todo sobrante que había que terminar
colectivamente.
Recuerdo el frío de la sala grande
y la iluminación blanquecina
y cierto aroma a relicario
queriendo salir de la cocina.
Recuerdo las sillas de placas lacadas en verde claro
sobre tubos de hierro marrón.
Posiblemente todos estos recuerdos
sean falsos
pero son míos.
Y las lentejas de ayer
con arroz
estaban exquisitas.

Apuntado de nuevo a Gimnasio y Piscina

Recién llegado de la PISCINA… no sé hacer nada… que me lío mucho con tanto trasto que hay que manejar, que si dónde dejo las llaves del candado, que si me llevo la toalla dentro o la uso en el vestuario, que si me llevo camiseta o no… y no tengo ni gafas… bueno, las de ver, pero me han dicho que necesito unas especiales… para el cloro (sin dioptrías, ni nada… así que veré dentro del agua pero no fuera…)

Parece ser que hay también gafas de piscina con graduación, incluso con auriculares, con tapones para los oídos, ¿por qué no con GPS? Seguramente las hay o habrá. Este lunes he comprado unas normalitas… de las de uso «iniciación», que me han costado 9,99€ en los grandes almacenes de deporte.

Eso sí, mi piscina está en el 4º Piso de un edificio céntrico de Madrid… y tiene unas vistas flipantes. Ya un día de estos hago una foto y la subo a insta…

Postureo total, no te imaginas… en pleno barrio de Chueca… Yo era, con DIFERENCIA, el más cutre del local. No tengo arreglo.

Hoy me he dado el día completito, con sauna, chorros de aguas termales, baños… (es que el primer día me lo regalaban, pero puede que lo contrate a partir del mes que viene (son 7€/mes))

Y tengo una toalla de baño tipo «abuela-de-toda-la-vida»… que canta un poco… pero qué le voy a hacer. Nada de toallas absorbentes especiales de las que no sueltan pelusas y son livianas como pluma de ganso, no, una toalla de las de siempre… pero, como dice mi amiga Aída, son mi pequeña resistencia pacífica contra el hipsterismo invadiendo la ciudad.

También he tenido que adquirir un pantaloncito de deportes (porque tiene que ser «de deportes«) que en realidad es sólo de running, pero espero que me sirva para bicicleta estática. He pedido ayuda a una dependienta que me ha dicho que ese era básico, pero que estaba muy bien. Creo que le ha quedado clara mi poca afición a esas cosas cuando le he preguntado si lo podía usar encima del bañador y cuando le he pedido que me indicase cómo salir de semejante laberinto de consumo temático.

Me resisto a comprar una camiseta especial antitranspirante o similar, así que será otro de mis pequeños gestos de punki trasnochado y usaré una camiseta con mangas recortadas de algodón, por ejemplo, de publicidad de una empresa de construcción, sin ir más lejos.

Uy, se me ha olvidado comprarme unas deportivas especiales (todo tiene que ser especial) para la bicicleta estática. Maldita sea.

Hasta el momento: Gastos: 35€/mes de gimnasio + piscina (municipal), 10€ de candado de combinación, 10€ de gafas, 10€ de bañador, 10€ de gorro de baño (el más cantoso posible), 10€ de zuecos de plástico, 5€ de pantalón… 90€ total en envejecimiento.

Eso sí, he llegado todo chulo, desde mi rehabilitación en el Hospital San Francisco de Asis a la Calle de la Farmacia (sic), con mi cochecito car2go de puerta a puerta, que si ya hago gimansia… pues digo yo que no hay que pasarse, ¿no?

Delicia de pan

Una vez a la semana (cada miércoles a las 18:45) compro pan en el Museo del Pan Gallego que está en una plazuela llamada Plaza Herradores, entre las calles Mayor y Arenal.

Procuro comprar hogaza de trigo y centeno, como en esta ocasión, y a veces hasta más de un kilogramo de pan, lo que suele durarnos casi una semana. Ayer compré cerca de tres kilos de pan, aunque podían habérmela cortado (la hogaza) pero seguro que irá cayendo a lo largo de un par de semanas.

Congelo la mitad aproximadamente y, ya cortada, tan solo he de sacar cada porción unos minutos antes de comer y tostarla para descongelar.

Es un pan formidable, de una densidad que dice que no es sólo pan para que sea bonito o con atractivo fotográfico o posturil de algún tipo. No es pan «de moda», es pan de siempre. Y se nota mucho a la hora de usarlo de manera básica, para una sencilla y sabrosa rebanada con aceite.

Hace ya varios años que lo compro y desde luego la diferencia es tal que llamarle pan a esas barras llenas de semillas extravagantes y harinados exteriormente para que tengan aspecto más «de verdad» resulta algo extraño porque no parecen ser ni el mismo producto. Pero ahí está, siendo mucho más económico por peso, aunque no lo resulte por porción. Pero… ¿Para qué se compra el pan?

Esto no es una broma