La falsedad por encima de todo

Estaba leyendo el artículo de El País sobre la última asesinada por violencia de género (terrorismo de género) y me encuentro que al final de la noticia queda esta imagen que, para mí, lo dice todo (No creo que sea preciso aclarar nada sobre ella, es demasiado elocuente)

La cabecera del mismo era: El último tuit de Laura Luelmo reivindicaba los derechos de la mujer.

Para más inri, queda demostrado que no fue suficiente, que hay que seguir luchando, que la brecha de género y el machismo siguen campando a sus anchas y aún hay quien grita palabras absurdas como feminazi o similares.

¡Es una auténtica vergüenza y una abominación que no se estén aplicando leyes como las de terrorismo!
¿A qué esperamos?

Todo lo que hay que saber acerca de Adolf Eichmann

OJOS…………………………………………………………………… Normales
PELO…………………………………………………………………… Normal
PESO…………………………………………………………………… Medio
ESTATURA…………………………………………………………… Media
CARACTERÍSTICAS ESPECIALES……………………………… Ninguna
NUMERO DE DEDOS……………………………………………… Diez
NUMERO DE DEDOS DE LOS PIES……………………………… Diez
INTELIGENCIA…………………………………………………… Normal

¿Qué esperabais?
¿Espolones?
¿Enormes incisivos?
¿Saliva verde?
¿Locura?


Maravilloso poema de Leonard Cohen, del libro Flores para Hitler, que habla de esa «banalidad del mal» de la que habla también, con motivo del mismo hombre, el libro de Hannah Arendt «Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal.«

¿Soy una persona blanca?

Recientemente ha habido un debate en un par de muros de amistades que tengo en redes sociales sobre la estrategia para combatir el racismo.

Tras el debate sobre si tiene sentido o no «segregar» a personas racializadas o no, sobre discriminaciones positivas, sobre necesidad de comprensión, empatía, etc, encuentro en otro muro la siguiente propuesta:

Que comienza con la siguiente frase: ¿Qué debo tener en cuenta si soy una persona blanca?

Pero…

¿Soy una persona blanca?

Sí, lo soy porque mi aspecto (la superficie) no tiene una pigmentación que genere rechazo en mi entorno, está claro. Pero… ¿Soy una persona blanca por lo que sea mi aspecto? ¿No soy solo una persona?

No: soy una persona blanca, heterosexual, de género masculino y de clase media, de religión agnóstico en el mejor de los casos.

Soy todo eso, sí, pero soy muchas más cosas. Si me clasifican por ellas, acabo no viendo lo demás.

No tengo clara mi postura en estas «posturas» aunque acabo por dejarme llevar por lo que me sale hacer. Aunque siempre me queda la duda de ¿Cómo saben que soy una persona blanca?

Me acuerdo del racismo del KuKuxKlan (o el nazismo y su conocido holocausto) que no se detenía en el aspecto exterior, sino que iban al fondo de la cuestión: la sangre. ¿Me harán un análisis de sangre antes de entrar a un evento semejante para determinar mi pertenencia a alguna etnia alguna vez con la justificación de generar espacios seguros para otra etnia?

También me acuerdo del genocidio de Ruanda por hutus vs tutsis. Guerra post-colonial, así que responsabilidad de la avidez del «hombre blanco»… pero hay tantos otros ejemplos posibles…

Sé que soy una persona blanca (aparentemente), del colectivo más afortunado de la galaxia, que estoy lleno de privilegios de los que debo sentirme responsable. Pero…

¿Soy tan importante como para quejarme por este tipo de eventos?

Obviamente puedo no ir. Nadie me obliga. Ni siquiera me prohíben la entrada (de momento en ese no ocurría).

Tengo unos problemas mucho más importante que este…

Porque soy una persona blanca, quizá.

Así que como soy una persona blanca soy racializado, soy de «raza» blanca, aunque eso no exista.

Es un tema complejo.

Consciente de mi racismo, machismo, clasismo, etc, no sólo debido a ser «hombre heterosexual blanco», sino a estar educado en todo ello como toda persona de cualquier ámbito social, yo ya sólo me limito a mi propia actitud diaria, que no es poco, a intentar tratar a las personas como si fuesen personas, no personas blancas, negras, amarillas, a las personas como personas, no como hombres o mujeres, no como heterosexuales, homosexuales, pansexuales, bisexuales, a las personas como personas no como ricas o pobres, a las personas como personas, no como españolas, inmigrantes, emigrantes, africanas, árabes, francesas, «guiris», a las personas como personas, no como cristianas, ateas, musulmanas, animistas, a las personas como personas, no como viejas, jóvenes, guapas, feas… aun a sabiendas de que me es imposible, de que me resulta una utopía a la que dirigirme con paso cada vez más firme, pero con la consciencia de la impotencia para cambiar el mundo desde ahí. Quizá porque soy una persona masculina heterosexual blanca de clase media española y haga peligrar mi carga de privilegios o quizá porque soy una persona mayor, en ocasiones casi anciana, que no tiene fuerzas para luchar contra según qué tipo de molinos de viento.

La manada

Sencillamente:

No entiendo que no se apliquen las mismas penas en sentencias de violación o abuso hacia las mujeres que en las condenas de terrorismo.

Reúnen las mismas condiciones. Si no aún peor: yo jamás he sentido miedo en Euskadi (salvo por alguna intervención de la Policía Nacional) y jamás pensaba si alguien, algún amiga, alguna amiga, iba por allí que le podía pasar algo grave. Jamás me dio por pensar que a Carmen, por ejemplo, le iba a pasar algo por, pongamos, ir a una herriko taberna y no hablar euskera. Sin embargo, cada vez que Carmen viene tarde a casa pienso si habrá un tipo al que se le ponga en la descerebrada cabeza la posibilidad de violarla. No vivo con miedo y procuro impedir que ese pensamiento me paralice o me ciegue, pero está constantemente ahí. (Y sí, no soy mujer, así que no puedo ni imaginar…)

Y según escribo esto me doy cuenta de lo traicionero que es el lenguaje ¿»iba a pasar»?… ¡Pero bueno! Que te caiga un ladrillo es algo «que pasa», esto es algo que «se comete».

Hay terror permanente, interiorizado, asumido como «normal», tanto que se culpabiliza frecuentemente a la víctima de abuso o violación. Pero para mí es un delito no sólo de terror, o terrorismo sino verdaderamente un delito de odio. Se abusa de mujeres o se las viola porque son mujeres.

No obstante, hay muchos menos agravantes en los crímenes del machismo que en los de terrorismo o en los de odio: a una etnia, que nunca será la mitad de la población, a una religión, que no alcanza a la quinta parte de la misma…, pero hay casi un 50% de mujeres en el planeta que viven con miedo.

Y un elevado porcentaje de hombres que tenemos miedo de que a las mujeres de nuestro entorno les ataque algún colectivo criminal que quede prácticamente impune.

Es decir, más de la mitad de la población mundial vive asumiendo un miedo permanente, omnipresente… y no se endurecen las penas.

¿De verdad a alguien le parece «molesto» que haya manifestaciones contra «la manada»? ¿De verdad que se puede decir que hay feminismo «radical» en un escenario como este? ¿De verdad que hablamos de «linchamiento» público y nos referimos al que hace el feminismo por una exigencia que no acaba de ser satisfecha? ¿De verdad que parece razonable una condena de 9 años por un crimen de terrorismo y odio? ¿De verdad que parece suficiente que hayan cumplido una prisión preventiva de 2 años y puedan quedar en libertad condicional? ¿De verdad parecería suficiente si el sujeto víctima del abuso fuese, pongamos, un madrileño en Euskadi o Barcelona, o un vasco en Madrid, o un cura en Irán? ¿De verdad?

¿Qué más tiene que pasar?

Portada y contraportada del libro colectivo

De cara al libro colectivo que cada curso publicamos en los Talleres de Poesía y Escritura Creativa de la Asociación Cultural Clave 53, este año vamos a realizarlo mediante una imprenta «profesional» para editoriales, lo que me ha obligado a tener que aprender a manejar herramientas más sofisticadas de edición y maquetación, cuya rentabilidad supongo que apreciaré en un futuro intermedio.

De momento, dejo constancia de la portada realizada utilizando Inkscape sobre Linux, como me gusta hacer, políticamente libertario, con software libre cueste lo que cueste, pues no cuesta dinero, pero sí algún que otro disgusto y una curva de aprendizaje cuando menos escarpada.

No obstante, la satisfacción de su uso acaba por compensarme. Y, supongo, me permite vivir una vida alejado de equipos de muchos más recursos que serían más caros, lógicamente, lo que me libera, a la larga de ciertas «obligaciones» contractuales muy extendidas entre la población. No deja de ser una forma empecinada de «vivir a la contra», algo adolescente, quizá, pero rebelde más que revolucionario.

Miedo a la hidratación

Pensé una frase «divertida», un pequeño chascarrillo y a continuación en la repercusión que tendría publicarlo en Facebook.

Justo en ese momento me entraron los siete males, de imaginar el aluvión de recomendaciones más o menos coercitivas de nutricionistas aficionados que ejercen las 24 horas al día.

No lo publico.
Sí, sí publícalo, pero prohíbe a cualquiera que te quiera decir qué tienes que hacer con tu vida.
Es demasiado duro andar prohibiendo comentarios por una cosa así.
Es verdad, no publico.
No, no me refiero a eso, mejor publica, pero no le des importancia a los comentarios.
Ya, pero es que es posible que incluso se enzarcen amigos o amigas en diatribas acaloradas por un chascarrillo.
Pues como quieras. No publiques.
Sí, sí, quiero publicarlo. Pero me da miedo.
Pero si es un tonto chascarrillo.
Ya lo sé, pero ¿crees que lo saben los usuarios y las usuarias de esa red social? ¿No lo tomarán en serio?
Quizá tú estás tomando demasiado en serio lo que puedan comentar.
Puede ser. Sí. Tienes razón. Lo publico y a ver qué pasa.
Eso, lánzate, así, con valentía.
Puffff… da miedito.
¡Venga ya!
Ya te digo. Pero sí, hoy voy a publicarlo. He pensado que cuando alguien comente, sea lo que sea, voy a darle al icono de la risita, sin ninguna otra explicación. Así, sin avisar. Me da igual el comentario que sea. Me río y punto. Risa demoledora. ¿Qué te parece?
Algo incorrecto, pues te estás riendo de la gente. Pero bueno, si te hace sentir más tranquilo…
No sé si más tranquilo, pero quiero publicarlo, sea como sea, para no sentir que estoy perdiendo libertad tan rápidamente como siento que la estoy perdiendo.
Esta conversación demuestra que la has perdido ya. No te resistas, adáptate a los nuevos tiempos.
Jo… Hoy pensaba que hace años era bastante punki y ahora soy más bien hippie… pero ambas tendencias están tremendamente trasnochadas.
Ya estamos otra vez. Ahora te meterás con los hipster.
No, no eso. Pero bueno… te dejo, que voy a publicar en FB ese texto tan rompedor como absurdo. ¡Y a ver qué pasa!

Me estoy hidratando.
¿Con agua o alguna crema?
No, no. Con hidratos de carbono.

Cambiar direcciones de DNS por las de Cloudfare

Un interesante artículo al que no recuerdo cómo llegué cuenta cómo usar las direcciones de los servidores DNS que ofrece Cloudfare

Para agilizar algunas conexiones que se ralentizan por la búsqueda constante de nombres… (No mejoran tanto si la lentitud de la conexión no se debe al tiempo de respuesta del DNS)
Amén de dar un poco más de control sobre a quién autorizamos que nos controle. 🙁

Es posible llevar a cabo una modificación en la configuración de red (dependiendo del sistema puede ser de una manera u otra) no demasiado avanzada y permite utilizar servidores DNS de una empresa que dice ser más fiable desde el punto de vista de la privacidad que Google y las habituales direcciones IP provistas por los ISP (Internet Service Providers).

Hoy estoy algo descreído con respecto a que alguna otra opción sea mejor… pero es verdad que difícilmente puede ser peor, así que no está de más darle una pensada y probarlos, al menos en cuanto a lo de la velocidad. Hubo un tiempo en el que yo tenía apuntadas a mano o me sabía de memoria algunas direcciones IP de DNS para configurarlos en la conexión de red correspondiente saltándome los que solían funcionar muy mal de JazzTel o de la desaparecida (absorbida) Wanadoo.

Estas direcciones, a imitación de las de los servidores de Google (el gran monopolista de INet), son tan sencillas de recordar que no las apuntaré, ni siquiera en la memoria… olvidándolas antes de haberlas usado.

Por si acaso:

Google (8.8.8.8 y 8.8.4.4)

Cloudfare:

IPv4: 1.1.1.1 y 1.0.0.1
IPv6: 2606:4700:4700::1111 y 2606:4700:4700::1001

No hay terroristas: hay personas que comenten actos de terrorismo.

Ante estas bellas palabras:

Cuando no eres capaz de separar al criminal de su etnia, de su nación, de su orientación política, de su sexo, de su fe, los malos han ganado.

Cuando eres incapaz de ver que el 99% de las víctimas del terrorismo islamista son musulmanes. Que los que luchan contra esas organizaciones criminales en Siria, Líbano, Irak o Afganistán, son musulmanes, los malos han ganado.

Cuando eres incapaz de recordar que Europa era hace pocas décadas escenario de atentados cometidos por gente de tu raza, de tu credo, de tu cultura y no por ello se condenaba a tu raza, a tu credo, a tu cultura, los malos han ganado.

Cuando odias lo que desconoces, ya seas cristiano, musulmán, ateo o de cualquier credo conocido, sin molestarte en ver más allá de la bazofia informativa que los verdaderos responsables del odio cocinan para ti, los malos han ganado.

Yo no pienso dejar que triunfen. No conmigo y los míos.

Los malos (y las malas, para ser inclusivo e inclusiva) no existen. Tampoco los buenos (ni buenas). Lo que hay que condenar son las acciones, nunca a las personas.

No hay terroristas: hay personas que comenten actos de terrorismo.

Sería tan fácil poder determinar que alguien «es», en lugar de evitar que cualquiera «haga»…

Pero en esta diferencia radica la dificultad para combatir manteniendo libertades que consideramos inalienables. De condenar el acto es de lo que deriva nuestra libertad. La perderemos si pasamos a hablar de buenos/malos, cristianos/musulmanes/ateos… grupos, categorías…

Post scríptum de Crisis del Pensamiento Racional

Tras la acción comentada ayer, me solicitaron una participación en una reflexión sobre la misma y acabé escribiendo este texto:

Habitualmente determino las acciones mediante scripts bastante detallados (adjunto el mismo tras las respuestas al cuestionario) aunque tan sólo tengan interés personal, incluso diría íntimo, pues al hacerlo voy dándome cuenta de las innumerables cuestiones que surgen y que no he tenido en cuenta a la hora de dejar desarrollarse la idea principal u original (no siempre son la misma idea). En este caso partí de un boceto en el que lo único que tenía claro es que debía ir vestido de blanco (aunque no tengo aún claro el porqué) y preferiblemente descalzo, jugando con la idea de 4 puntos cardinales que representasen momentos estelares de la filosofía racional y, al mismo tiempo, ofreciesen 4 lugares donde burlar esta manera de entender el mundo, de aprehender el conocimiento. Esa burla se haría mediante elementos que previsiblemente estarían disponibles en el espacio en el que la acción se iba a desarrollar.

Ese primer boceto se complicó cuando visualicé el cuadrado lugar escénico que estaba perfilando, todo alrededor mío, seguramente, de manera que había un círculo y un cuadrado. Si además el primero tenía el área del segundo llegábamos a la cuadratura del círculo que fue un tema de debate en el terreno intelectual geométrico desde la lejana lúnula hipocrática.

Elegir los elementos de burla o irracionales fue divertido pues aparte del disponible cencerro que Matsu disponía y que, por supuesto, sería el punto de partida, me llevó a encontrarme con el escurridor de pasta que referenciaba claramente a la omnipresente influencia de las religiones más o menos establecidas y la contestación dada por la inteligente propuesta del Pastafarismo. Tambor y regadera eran otras obvias y algo tópicas imágenes de irracionalismo, si bien aún no tenía claro de qué manera iban a ser usadas en la acción.

Tras esta primera aclaración, procedo a responder una serie de preguntas que Ana Matey formula haciendo que el generoso VI Encuentro de MATSU no concluya con un adiós irreflexivo:

Cuestionario propuesto por Matsu

¿Cómo se transforma la performance una vez que pasa de idea a acción?

De manera semejante a la transformación que sigue al hecho de dibujar un círculo tras imaginarlo. La idea es la circunferencia perfecta, aquella cuyo diámetro, por ejemplo, mantiene una relación de ? con su longitud, de ancho nulo, plana. Pero su materialización es, dada su fisicidad, por naturaleza imperfecta, al menos desde una perspectiva meramente platónica, sin que ello implique que no deban existir otras perspectivas.

Hablar de la materialización en un determinado locus espacio-temporal concreto la multiplica hasta el infinito posible (que no el imaginario) pues en cada realización de esa idea de circunferencia obtendremos una circunferencia matérica nueva, con distinta relación diámetro-longitud, con distinto grosor de línea, con distintas irregularidades perimetrales, superficiales, etc, es decir, única, como copo de nieve, imperfecta, puede, pero tan interesante o más que la propia idea de partida.

La partitura de mi acción (de todas ellas) es absolutamente irreal en el sentido físico y sin embargo es absolutamente real en el sentido ideal, en el sentido, digámoslo, conceptual, pues ha sido concebida mentalmente. Pero asumo (en todas ellas) que al pasar al campo de lo concreto, se alejará y al mismo tiempo surgirá otra cosa, distinta de la idea, que es la materialización de la misma. Me parece, de hecho, ésta, una de las más apasionantes cuestiones del arte de acción, que comparte, entre otras cosas, con la música, pues la partitura es una cosa y su interpretación otra. Habitan u ocupan universos completamente disjuntos, de modo que no diría que la performance pasa de idea a acción, sino que la palabra se hace carne. Aunque aquí nos aventuramos en el espinoso misterio de la trinidad que sigue siendo difícil de encarar: la performance es idea/concepto, acción/concreción y, quizá, residuo/repercusión.

¿Qué surge al ser realizada?

Aparte de la concreción mencionada, surge interacción con otros seres humanos. Dejando de lado el posible debate de si una performance puede serlo sin ser vista/vivida por otras personas distintas al intérprete de la acción, una de las primeras cuestiones que (me) surgen es el contacto con la mirada ajena, con su desplazarse o mirar alrededor, cómo tratan la acción, si se acercan, si (me) hablan, si tocan, si ríen, si se van, si murmuran, si (me) ayudan o si no hacen nada de eso.

Aprovecharlo es algo que considero un aprendizaje continuo, pues quizá (demasiado racional) tiendo con frecuencia a un solipsismo exagerado que en esa encarnación de la que hablábamos acaba por desaparecer, disuelto en la incontestable presencia de la otredad.
En este caso concreto, fue muy estimulante tener rostros amigables (otro gran logro de MATSU: el ambiente no nace, se hace) dispuestos, por ejemplo, a ofrecerme cerveza que necesité durante la acción para facilitar la ingesta de unas tiras de papel con textos escritos. Esta misma cerveza, de hecho, sirvió para generar unos gases que, expulsados, produjeron un elemento de refuerzo de la componente irracional que ayudaba a la dialéctica entablada en la performance propuesta.

Gracias a la generosidad de eventos como los Encuentros de MATSU, un valor adicional, una perla que surge inesperada, es el residuo o la posibilidad de análisis de repercusión gracias a las charlas posteriores junto a una deliciosa cena compartida o mediante la exquisita documentación fotográfica y, también ahora, escrita.

¿Cómo afecta el contexto?

Casi cambiaría la pregunta por ¿cómo NO afecta el contexto?
La respuesta sencilla a la pregunta positiva planteada por Ana Matey es: de todas las maneras. El contexto es lo que hace a la acción una concreción y no una entelequia.

En mi caso, de nuevo concretando más allá de lo que me es habitual, la elección del lugar donde terminé realizando la acción vino determinada por diversos factores todos ellos contextuales: la música de una boda o algo similar en la finca de unos vecinos hacía que quisiese estar lo más lejos posible, el sol aterrador del sábado 17 de junio a las 7 de la tarde era como de poema taurino de García Lorca, los lugares elegidos para la realización de otras acciones, los objetos disponibles por el espacio…

Llevaba en mi mente la idea de realizar la acción en el lugar más «cuadriculable» posible que me parecía ser frente a la puerta del almacén donde están las herramientas. El calor me sacó de esa idea llevándome a elegir un lugar que no acababa de convencerme bajo los árboles en un pasillo pero apenas había espacio para trazar las líneas del cuadrado que, en principio, estaba concebido para ser de unos 3 metros de lado. Además, estaba el tema del final de la acción que implicaba lanzar hacia arriba (idealmente) un libro que en este contexto acabaría chocando inmediatamente con los árboles.

Tras la poderosa acción de Jesús García justo en el lugar que satisfacía algunas de mis necesidades escénicas, habiendo además bajado la intensidad del sol, decidí desplazar la ubicación de la acción a la puerta de la finca, retirando una mesa de ping-pong que había allí apoyada sobre 4 taburetes.

Pero de nuevo el contexto me lanzaba una cuerda y era útil usarla, aprovechando esas fantásticas 4 banquetas para marcar los vértices del cuadrado. Aproveché un pedazo cuasicilíndrico de un tronco de árbol para depositar en el centro del mismo el libro del Discurso del Método y proyectar la idea de círculo (rudimentariamente trazado) de área relativamente cercana a la del cuadrado definido por los 4 asientos.

Por cierto, el libro fue lanzado, finalmente, hacia uno de los lados y no hacia arriba, como había planeado hacer, curiosamente hacia el lugar en donde había proyectado realizar la acción.

¿Nuevas incógnitas?

Una pregunta que me formulé y compartí con la estupenda artista Isabel León Guzmán mientras estábamos realizando las acciones ese fantástico sábado fue si existía un estudio sobre los materiales que utilizan los y las performers en sus acciones (incluso en las ideas preconcebidas de sus acciones) en función de la climatología del momento.
Me resultó impactante el uso del agua fría que dudo mucho que hubiésemos utilizado tan profusamente si hubiese sido realizado el encuentro en mitad de diciembre, pongamos por caso. De modo que quizá habría que plantearse hacer un encuentro de verano y otro de invierno con las mismas acciones. ¿Serían las mismas?

¿Alguna reflexión?

Llegado a este punto, no sé si ya he reflexionado suficiente o más de lo suficiente.

Siempre sobrevuela estos encuentros la sombra de la endogamia, pero de nuevo el excelente buen hacer de Matsu logra que además de caras conocidas aparezcan nuevas personas en el panorama performático y, por otro lado, tampoco hay que obsesionarse pues son encuentros, como de amigos y amigas que se vuelven a ver. Es posible que más adelante podamos denominarlos, para que no haya la más mínima duda: reencuentros.

Otra de las reflexiones recurrentes, y ya algo cansina, es el tema de la financiación: si este tipo de trabajo debe ser remunerado, por quién y de qué manera. Pero es demasiado extensa como para tenerla en este lugar.

Quizá me sorprende que, para ser un «encuentro», hay poco trabajo colaborativo, poca acción que podamos poner en pie sobre propuestas colectivas, pero yo soy el primero al que le resultaría dificilísimo imaginar de qué manera aproximarme a este tipo de trabajos, dejando de lado mis personalísimas obsesiones.

¿Respuestas?

Opto por contestar a cuáles fueron las más significativas respuestas de la concurrencia ante la acción realizada.

El cálido beso de Yolanda Pérez Herrera fue una de las más agradables respuestas obtenibles, amén de la mirada aprobatoria y comprensora de la mayoría de las personas que estaban allí. Es una comprensión que se agradece especialmente cuando has pasado décadas de tu vida sintiendo incomprensión en el medio social que habitas. No hablo de intolerancia, que serían palabras mayores, sino simple y sencillamente la incomprensión de la rareza, de la marginalidad, de la diferencia.

En el encuentro de Matsu la libertad se cultiva tan hábilmente como las hortalizas y da lugar a aceptación total y comprensión de lo incomprendido, facilitando un ambiente de creación desinhibido que permite convivir la individualidad con el grupo sin abocar a un enfrentamiento desigual y, con frecuencia, cruel. Como ya escribí el año pasado: «el sábado, por encima de todo, primaba la libertad. Libertad sin juicio ante lo ajeno, presente en la creación variopinta, sin censuras, por placer, por onanismo, casi, pero sin desconsideración egocéntrica».

Tras el fin de semana, los emails surcaban las venas internaúticas, las imágenes de redes sociales servían para tender nuevas conexiones, redes sociales naturales, las ganas de permanecer en contacto se palpaban.

Tras el fin de semana, las respuestas siguen surgiendo, contextualizando la necesidad de encuentro(s), deseando agradecer de manera siempre insuficiente la dedicación de las personas que tienen a bien prestar su casa, su convocatoria, su trabajo, para que otras personas mostremos nuestro trabajo, nuestra intimidad a otras personas que lo reciben con curiosidad y con cariño.

Tras el fin de semana, deseamos esperar a que llegue otro encuentro con Matsu de fin de semana para que ese fin de semana no tenga fin.


NOTA: Toda la información de estas tres últimas entradas del diario, pueden ser descargadas de este documento:

crisisracional (postscriptum)

Esto no es una broma