¿Sirven de algo las firmas electrónicas a causas solidarias?

Está claro que vivimos en un mundo desconsoladoramente complejo. Cada día más. Cada día más.

Hace un año aproximadamente que no firmo ninguna petición (creo) porque llegó el momento en el que me saturé de firmar del orden de una diaria teniendo la sensación de que nada cambiaba de esa manera, además del hecho (probado) de firmar alguna que otra varias veces con un simple cambio de navegador y nombre.

Las comprobaciones que se hacen son mínimas, a cambio de hacer también mínimos los requisitos para «comprometerse» con la causa en curso. Pero acaba siendo, de esa manera algo, en el mejor de los casos, bastante ineficaz y, en el peor, otra herramienta para conseguir que demos nuestros datos con los que después se puede comerciar para diversos tipos de propuestas económicas o lo que viene siendo llamadas ofertas.

Algo así como vendernos boinas del Ché o camisetas a quienes reclamemos una mayor contundencia en la lucha contra la desigualdad de clases, por poner un ejemplo.

Hoy, leyendo un artículo interesante sobre la utilidad de las firmas en plataformas especializadas en ello, así como su posible funcionamiento como estafa, me he dado cuenta de que han escrito lo que yo pensé haber hecho hace unos meses, pero mucho mucho mejor documentado.

Después descubro otro texto, aún más detallado, sobre la posibilidad (que yo ya había probado sin tanto esmero) de que se pueda «firmar» repetidas veces sobre una misma petición.

Y ahora estaba pensando en hacer algo interesante, divertido, pero tengo tantas cosas pendientes que lo dejaré de lado (de momento):

Crear una petición en change.org pidiendo firmas para que dejen de funcionar de la manera en la que lo hacen y garanticen que hay un cumplimiento mínimo de lo que se firma, además de la exigencia de un rigor al tratar la palabra «firma» asociada al compromiso que hace una persona de decir que es quién es.

¿Sin wifi hablaríamos más?

nowifi

Bueno, aparte de lo obsoleto del cartel, este que no tiene en cuenta la enorme cobertura 3G o, viniendo, 4G, lo que no me queda nada claro es que realmente hablásemos más si no tuviésemos conexión de datos desde el teléfono móvil.

Por otro lado, vía esa misma conexión de datos/Internet, no se hace otra cosa que no sea, en la mayoría de los casos, hablar o comunicarse con otras personas que no están físicamente en el espacio.

Parece evidente que la hiperconectividad a la que venimos acostumbrándonos nos «desconecta» del espacio presente, del espacio temporal y físicamente presente, pero fabrica otro «hiperespacio» en el que nos hace sentir acompañados.

¿Que esa conexión diferida se trata de una ficción?

Eso lo afirmará quien no ha sentido una tremenda desconexión estando sentado, como yo, a la mesa de un enorme grupo de comensales con los que sentir que no tengo ninguna afinidad, ninguna conexión, ningún vínculo, más allá del que en ocasiones parece el padre de todos los vínculos o la madre de todas las conexiones: ADN.

En resumidas cuentas: la tecnología no es un problema en sí, ni ayuda, ni lo contrario. Cada caso es cada caso. Simplificar es fácil, pero no resuelve. Al menos, a mí, no me sirve.

Pero el cartel es gracioso. Sí, gracioso.

El lunes quedé a comer con un amigo. Teníamos móvil. No fueron ningún inconveniente. Hoy he pasado la mañana con Carmen. Teníamos móvil. No han sido ningún inconveniente. Vivo con un aparato útil al que no demonizo y que uso acorde a mis necesidades (como todas, bastante relativas). Pero no me supone un problema. Si lo fuera, dejaría el teléfono móvil en casa o lo tiraría por una ventana. No necesito que me regulen su utilización de manera paternalista considerándome incapaz de organizar mi atención o concentración. Yo decido cuándo apago mi teléfono, que suele ser con frecuencia.

Pero bueno, supongo que habrá a quién le guste ser manipulado, para que tomen decisiones que parece que cuesta tomar.

Yo ya soy mayor para eso. Casi, diría, mayor de edad: responsable último de mis actos y asumidor de sus consecuencias.

Dropbox se va a Irlanda

Me ha llegado este aviso de Dropbox que parece que ha llegado a toda la comunidad internacional:

Si no vives en América del Norte (Estados Unidos, Canadá, México), tenemos noticias para ti. Estamos modificando nuestras Condiciones del servicio con el objetivo de brindar un mejor servicio a la creciente cantidad de usuarios de Dropbox en todo el mundo. Entre otros cambios, a partir del 1.° de junio de 2015, te ofreceremos nuestros servicios (incluso Dropbox, Dropbox para empresas, Carousel y Mailbox) a través de Dropbox Irlanda. Este cambio no implica ninguna modificación a nuestros servicios o características. Puedes leer las condiciones actualizadas en https://www.dropbox.com/terms.

¿Tienes consultas acerca de estos cambios? Visita nuestro Centro de ayuda.

Gracias por usar Dropbox.
El equipo de Dropbox

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Y he recordado que leí el otro día un texto sobre que Facebook y Twitter se habían escindido en sendas compañías a ambos lados del Atlántico.

Parece ser que relacionan este suceso con el hecho de que la NSA expiase servidores en USA, pero yo no hago más que preguntarme si no tendrán suficiente con expiar el tráfico, que, incluso si los servidores están alojados en Irlanda (y esta no da su consentimiento para ser expiada), viaja a través, principalmente de nodos en EEUU o rebota en ellos, pues seguro que parte de la información o toda acaba, de una manera u otra, viajando al otro lado del mundo.

Aun así, dejo el texto que Ignacio Agulló escribe sobre el tema en ISOC-ES:

La Unión Europea no será más que una unión de pacotilla mientras no haya unidad fiscal. Que países como Luxemburgo estén cerca de ser paraísos fiscales no sirve más que para escamotear dinero a las Haciendas de los países vecinos.

Uno de los países con menos tasa fiscal de la Unión Europea es la República de Irlanda. Gracias a esto, muchas compañías del sector TIC se establecen allí, como por ejemplo Microsoft o Amazon. Aunque dicen que la famosa fórmula del «Doble Irlandés» para escamotear impuestos se termina, sus impuestos siguen siendo de los más bajos. Sin embargo los servicios en red de Microsoft en Irlanda están administrados remotamente por Microsoft en Estados Unidos, motivo por el cual las agencias de espionaje estadounidenses continúan teniendo acceso a ellos como si estuvieran en su casa.

Ahora una nueva compañía estadounidense pasa a establecerse en la república de Irlanda: Twitter. Pero esta vez su establecimiento es un poco diferente. Sus nuevos términos de servicio establecen claramente que la compañía se divide a partir del 18 de mayo de 2015. Las cuentas de estadounidenses siguen dependiendo de Twitter, Inc., mientras que con las cuentas del resto del mundo (el 77%) pasa lo siguiente: «Si vive fuera de los Estados Unidos, su acuerdo es con Twitter International Company, una empresa irlandesa con domicilio social en The Academy, 42 Pearse Street, Dublin 2, Irlanda.»

Terms of Service | Twitter

¿Porqué esta peculiar fórmula, diferente a las utilizadas por Microsoft o Amazon? La respuesta parece estar en garantizar la privacidad de sus usuarios. Según analiza Mark Wilson en Betanews, la intención es poner las cuentas de sus usuarios fuera del alcance de las garras de la NSA y demás agencias de espionaje estadounidenses.

Twitter moves non-US accounts to Ireland away from the NSA

Twitter Moves Non-US Accounts To Ireland, and Away From the NSA – Slashdot

¿Es creíble? Bueno, Twitter es de las compañías que mejores prácticas observa… para ser estadounidense. La Fundación de la Frontera Electrónica (Electronic Frontier Foundation, EFF) le otorga una puntuación de cuatro estrellas y me parece recordar que le otorgó cinco en el pasado. La particular fórmula elegida de partir a la compañía en dos no parece tener otra justificación que la de darle a la NSA un portazo en las narices.

¿Estamos asistiendo al principio de una nueva tendencia? Podría ser. Si las autoridades europeas en materia de protección de datos se mantienen firmes, las demás compañías estadounidenses se verán obligadas a hacer lo mismo una a una. Ya no serán compañías estadounidenses con sede en Europa, serán compañías europeas; y lo que es más importante, acatarán las normas europeas.

Aunque no sepamos qué es lo que está pasando, sí parece evidente que algo está pasando, parafraseando a aquel famoso personaje teatral: Algo huele a podrido en Irlanda

Ya puedes tenerlo TODO

ya puedes tenerlo TODO

¿Qué le hace suponer al anunciante que no lo tengo TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que quiero tenerlo TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que me importa no tener TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que hay un TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que yo no soy TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que tiene para ofrecer algún TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que puede ponerle precio a ese TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que puede ponerle precio a TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante que estoy dispuesto a pagar por TODO?
¿Qué le hace suponer al anunciante … TODO?

Seguidores

instagram

Tengo ya 64 seguidores de una red social que creé para entretener a la hija de un amigo mientras hacíamos la comida allá en Donosti. ¡Qué divertido!

Tengo 64 seguidores que me siguen, digo yo, por tener un par de fotografías en una red social basada en las fotografías… ¡2! ¡2 fotos!

Una de las fotos es una cara tonta y graciosa y la otra la portada de un libro interesante… ¿qué pensarán de mí mis 64 seguidores?

Tengo 64 seguidores que me siguen… pero ¿a dónde?

Hoy son 64 (8×8), lo que le habría gustado a mi querido Eduardo Scala y no deja de sorprenderme a mí, esta cosa tan binaria, tan 2 elevado a 3 dos veces, tan 1000000; ese millón binario

Y ¿cuántos seguidores tendré el día de mañana?

Ayer descubrí WhatsApp Web

Es una forma interesantísima de utilizar WhatsApp.

La app de mensajería por excelencia de la era smartphone, ha desarrollado un avance singular que siempre eché en falta: una aplicación web que permite acceder a la app de manera que se puedan enviar mensajes desde cualquier ordenador, o cualquier dispositivo, que tenga un teclado y un navegador.

Esto la convierte en la herramienta idónea para seguir comunicándose con quienes están en esta modernez de smartphonelandia y tienen una conexión a Internet (se puede no tener ¿!!?) desde casa mientras se trabaja, por ejemplo.

Es posible que el problema sea esta misma onmipresente disponibilidad de la app, que puede conllevar una agobiante sobrecarga de mensajes innecesarios en momentos en los que se requiera concentración o «enfoque».

Esto, de nuevo, me lleva a cierta necesidad que cada día veo más acuaciante de diferenciar el uso profesional que se hace de la telefonía y las redes en general de telecomunicaciones y el uso personal que se hace de las mismas.

Es decir, quiero poder recibir un mensaje de whatsapp de un alumno mientras estoy trabajando, pues sé que lo que quiere decirme puede ser «urgente» o requerir mi intervención, o informarme de algo que puedo querer saber con prontitud, pero, por el contrario, durante esa parte de mi tiempo, puedo querer estar desconectado (salvo emergencias) de mensajes de amigas o familia.

También (durante las vacaciones o fiestas de guardar y en otras franjas horarias) puede darse justo la situación contraria: no estar para el trabajo y sí para los amigos íntimos o la familia.

Surge más de un problema cuando ambos círculos se mezclan, como suele ser habitual, pero al menos es minimizar el problema a algún tipo de intersección y no a una maximalista unión de conjuntos que acaba por englobar al mundo mundial.

De momento, mientras no sea demasiado molesto, estoy contento de haber descubierto la posibilidad de usar WhatsApp vía Web y haberla estrenado con unos mensajes a mi querida Aída B.

De confidencialidad y datos personales

Ayer, durante una agradable reunión en torno al cumpleaños de una amiga de Carmen, surgió el debate sobre la confidencialidad de nuestros datos en Internet y me di cuenta de que mucha gente confunde algunas cosas:

Un cuestión es regular cómo viaja la información por los canales de Internet (cifrada, no cifrada, etc) que genera posibles espionajes por parte de terceros en medio de los destinos (ya sean los ISP, gobiernos con más o menos autorización…).

Otra cuestión bien distinta es regular quién tiene acceso a nuestros datos personales (fotos, nombres, aficiones…) que, cifrado o no cifrado, damos a unas cuantas empresas (Google/Android/Gmail, Microsoft/Windows/Hotmail, Apple/Mac/iPhones, FaceBook, Twitter…), todas ellas, por cierto, residentes en un único país.

Y un tema adicional, nuestro acceso a los servicios que ofrecen estas empresas ocurre viajando a través de múltiples países, generalmente, de modo que ¿qué legislación aplica?

Con respecto a las leyes «antipiratería», que ya he escrito en otras ocasiones, hay regulaciones más o menos oficiales que reducen el ancho de banda para servicios de internet determinados, como la disminución de la velocidad del ADSL para servicios P2P, por ejemplo, sin diferenciar (algo relativamente difícil si no imposible) la naturaleza de lo compartido/descargado, así se limita de igual manera una descarga de una película con protección que un software opensource.

Somos todos los que estamos haciendo un gran regalo a la «Tyrell Corporation«. No nos exigen dar los datos a estas empresas, pero es tan cómodo hacerlo que es mejor no pensar en alternativas.

La esperanza no se acaba de perder y el otro día me enteré de que BQ ha sacado un móvil con UBUNTUPHONE, es decir, aún queda algo de idealismo pugnando por ofrecer alternativas.

Quizá con este primer paso, el manejo del hardware (de los móviles) volverá a estar un poco en las manos de los usuarios, algunos de los cuales puede que se esfuercen lo suficiente como para dejar de usar herramientas que condicionan nuestra privacidad, nuestros datos, haciendo que los «regalemos» o cambiemos por un poquito de comodidad.

Al menos, con los PCs ya hubo evolución similar cuando se comenzó la bifurcación tras las clonaciones. La década de los 80 fue un mar de variedades… muy bien retratado en la serie Halt and Catch Fire.

Aprende a programar en 2 horas

programar en 2 horasSí, sí, así como suena lo anuncia un anuncio en una red social. Sabemos que es demencial esto de la publicidad, pero esto ya se lleva el gato al agua.

¿Quién puede aprender a programar (aprender algo en general) en 2 horas?

A eso súmale la mirada de la modelo del anuncio. ¿De verdad que se trata de aprender a programar? ¿en HTML? ¿Es eso programar?

Menos mal que si me apunto hoy es gratis. Eso significa que en otras ocasiones no es gratis. Esto es terrible. Terrible porque quien pincha en el anuncio es idiota o tan ambicioso como vago. O se le ha ido la mano detrás de esos senos insinuantes.

No acabo de entenderlo… Repito: ¿alguien puede creerse que puede aprender algo digno de ser aprendido en 2 horas?

Pero sabiendo, según el anuncio, que esa es la profesión del futuro (¿de qué futuro? ¿dónde? ¿En España no era la hostelería o el toreo?) cómo no lanzarse raudo y veloz (tan veloz como eyaculador precoz) a pinchar sobre esa imagen… El deseo…

Y se habla de publicidad subliminal, pero esto es mucho menos sutil que todo eso: esto es carnaza de la vulgaris vulgaris para consumo inmediato (¡¡¡de 2 horas!!!).

Sobre si podría haberse hecho esa misma imagen con un gallardo muchacho mostrando abdominales, por supuesto, pero lo curioso/machista no está en la objetivización del cuerpo femenino, tanto como en la suposición de que el público objetivo de esa publicidad (programación, tecnología) son hombres y, preferiblemente, heterosexuales. Está en el hecho de asumir que las mujeres no están hechas para programar… para fregar suelos sí, para procrear, también… ¿pero programar?

O quizá esa utilización (voy a ser naïf y bienpensado) sexista y superficial de modelos femeninos en anuncios de aprender a programar en 2 horas se deba a que ninguna mujer (de las que conozco) es tan sumamente tonta como para haber caído en una publicidad, digamos, simétricamente tratada.

Dicho esto, la modelo me parece bellísima. Y puede que además sepa programar algo más serio que HTML. (O quizá el HTML5)

Sostengo que a Microsoft Windows le quedan dos telediarios

Logos de WindowsParece controvertido afirmar esto tan categóricamente, sobre todo si tenemos en cuenta que sigue imponiendo su sistema operativo a sangre y fuego en la mayoría de los PCs del mundo, preinstalándolo hasta hacerlo casi imposible de desinstalar o hacer convivir con otros sistemas (he ahí el temita de UEFI y la instalación de otros sistemas operativos, como Linux).

No es que, como algún iluminado, pretenda afirmar que Linux, más concretamente el software libre, va a desplazar al oscurantismo de los de las ventanas… es que la guerra ya no está en ese campo de batalla: ese frente está cerrado y cerrándose: el futuro es mucho más portable, más ligero, Box, tablphone… o widget o wearable… o lo que sea, pero menos PC.

Sigue sacando versiones de sistema operativo a ritmo entre frenético y lento (a la vez), anclando a los usuarios conservadores en un muy estable Windows 7 (después de los quebraderos de cabeza que generó el maldito Windows Vista, que era más o menos un virus que venía preinstalado…). Por otro lado, se empeña en competir en el mercado de las pantallas táctiles, fomentando la aparición de sistemas operativos orientados a tablets como el Windows 8 (y su enorme corrección correspondiente: W 8.1).

Saltándose el Windows 9 (por razones que desconozco) se aventuran con el Windows 10 que puede que sea mejor que el 8.1 (puede) y que seguro necesitará más y más recursos, pero eso ya no es importante, en esta era de despilfarro y más madera

Pero se sigue obviando algo: la batalla de Internet y la de los dispositivos móviles (tablets / smartphones y lo que está por llegar) está ganada por otras empresas más arriesgadas, más dispuestas a afrontar las filosofías de, incluso, financiación, contemporáneas, del siglo XXI, que fomentan el desarrollo sencillo de aplicaciones para esas plataformas y su pago o su compra-venta con modelos de negocio que el gigante de Micro$ no acaba de entender.

Y digo esto sorprendido de que los precios de la suite de Microsoft Office hayan bajado de los 100€. Algo ridículo si tenemos en cuenta que Whatsapp cuesta la tontería de 0,89€/año.

Sus aplicaciones siguen lastrando una filosofía pre-internet. Pre-(multi/mega)-distribución. Las aplicaciones del siglo XXI aspiran a llegar a tantos usuarios como jamás tuvo ni en sus mejores días la compañía de Gates, y por supuesto parten de ofertas de gratuidad, versiones de prueba con publicidad, versiones limitadas, pero usables, o directamente, versiones que demuestran que hay otros productos laterales de la compañía fabricante en venta que así se da a conocer.

Google va ganando esta guerra por la superioridad en la fabricación de software, por supuesto, incluyendo su megaexitoso Android (por cierto, un linux, para quien no lo sepa), pero ya aventuraba su victoria con aplicaciones que, con razonables buenas conexiones a internet (vaya, el siglo XXI otra vez), desbancaban a las de Richmond: ahí queda el maravilloso paquete de aplicaciones de Google Docs, limitado, se dirá, pero es que para la inmensa mayoría de los usuarios de esta década, no es tan importante las posibilidades que les dé un procesador de textos, posibilidades que, en casi cualquiera de los casos no va a usarse por desconocimiento o por innecesidad. Por no hablar de calendar, youtube (de google), blogspot…

Donde Microsoft se hizo dependiente de su sistema operativo y la consabida preinstalación en el hardware, Google se hizo dependiente del single-sign-on (SSO) que hacía que un usuario contraseña (el de gmail/G+) sea útil y casi necesario para sincronizar todos nuestros equipos o nuestras aplicaciones que ahora (2015) están más en Internet que un dispositivo físico con uno u otro sistema operativo.

Microsoft está teniendo lo que podríamos denominar «la enfermedad IBM«, recordando cómo decayó su imperio tras el auge (bien aprovechado) de los clónicos y la parcial independencia que demostró entonces Bill Gates de su paraguas azul.

El futuro cercano es Google. (Apple seguirá en su burbuja hipster, demostrando que tienen y tuvieron visión para ser considerados «cool» de por vida, sin importar los costos). Microsoft (y especialmente Windows) tiene los días contados, salvo que sigan comprando empresas que hagan lo que ellos no son capaces (véase el caso de Skype, entre otras) y acaben por convertirse en la sombra de una que pegue el pelotazo (ya sea social, FaceBook, o de almacenamiento en la nube o lo que sea).

Sus batacazos sucesivos han sido tan notorios como olvidados:

MSN: aquel pueril intento de hacer una red de Internet monopolizada por una empresa… (algo que, casi sin proponérselo (quizá está fue la clave) ha logrado Google.

Messenger (luego Windows Live): un programa que prentendía comunicar usuarios pero que nunca acabó por estar disponible en cualquier plataforma, no así Skype, que se impuso sobradamente (para luego ser comprada por M$) que así podía cerrar su episodio vergonzoso con un Messenger que ya no quería usar ni el más viejuno de los usuarios.

MySpace: jajajajaja… era una presunta red social. Pero FaceBook/Twitter y las modernas (basadas tan solo en imágenes, selfies, etc) al modo Instagram han hecho de MySpc un recuerdo, ya no vintage, sino simple y llanamente obsoleto y fallido desde su nacimiento.

Internet Explorer: después de décadas siendo el navegador de referencia, ha acabado por asumir que su futuro es la muerte, aunque pasen por una larga agonía llamada Proyecto Spartan, dejando el campo libre a Firefox (qué curioso, heredero del derrotado por IE Netscape) y, sobretodo, al líder incuestionable de Internet y los dispositivos móviles: Google y su Chrome.

W Vista: Bufff… mejor ni hablar de aquello. Después de un tiempo de notoria estabilidad con W XP, después o basado en un equilibrado W 2000, se pegaron la mayor con un sistema operativo in-operativo. Pero estaba claro que tenían que ir pensando en fabricar un sistema más moderno, más de este milenio, algo así como Windows 7, para lanzarse después a la conquista (muy muy tardía) de otros dispositivos con el mentado Windows 8. Pero en estos dispositivos no venían ni jugaban con la ventaja de la preinstalación… y ¿entonces qué? Pues que Android (e incluso iOS) les están dando por donde más duele: el sistema operativo, su núcleo duro, su dependencia máxima.

Ni hablar de Bing (ese buscador que se intenta imponer en redes sociales decadentes, pero que no acaba de cuajar) ni Hotmail/OutLook

Y así se acercan a un ocaso casi irreversible salvo que den un giro radical, muy difícil de dar para un camión con trailer enorme y a la velocidad que nos movemos.

Pero quien sabe, aún son capaces de vincularse con algún gigante de la fabricación de smartphones e imponer su prometedor Windows Phone… pero sin soporte multiplataforma… van listos. Esos tiempos ya pasaron. Y no se han enterado.

De ahí que sostengo que a Microsoft Windows le quedan dos telediarios.

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¡¡¡¡Jajajajaja!!!!

¡Pero si yo sueño gratuitamente! Y además no me gusta.

No, no me gusta soñar. Es algo que me resulta agotador, tener que vivir otra vida distinta a la que vivo despierto… ufff… ¡qué cansado!

Por otro lado, lo que realmente quieren decir es que te atrevas a dormir… pero bueno, les parecerá más poético hablar de sueños que de adormideras.

Y si se refiere a esta idea de tener sueños como aquellos que llamaríamos aspiraciones más o menos ilusorias, el problema que tengo es que nunca me creo que sean ilusorias, así que acabo por ir a por ellas sin pensar si son sueños o fantasías: yo los llamo proyectos.

Es tan divertido a veces el correo publicitario que me llega al buzón de entrada que jamás activaré un filtro de spam para no perdérmelo.

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Además, plagadito de faltas de ortografía (Monaco sin tilde, ni más ni menos, en su propio nombre) y se quedan tan panchos. Total, no creo que piensen que alguien, realmente, los lee.

Esto no es una broma