CD o DVD

Hoy estoy perdiendo el tiempo en busca de fuentes para obtener el número de personas sobre la faz de la tierra y ver la manera de convertir esa cifra en un número de bits que almacenar en un soporte como puede ser un CD o un DVD.

El objetivo sería escribir tantos bits como personas hay en el planeta (puedo caer en el «binarismo» de asignar 0 a un sexo y 1 al otro, o ignorarlo) en un CD e ir generando CDs con las estimaciones de Personas Vivas sobre la Tierra cada cierto periodo de tiempo.

He encontrado una fuente importante de datos en la ONU, como si fuese un organismo útil, pero no encuentro la manera de acceder a esos datos desde línea de comandos, lo que me encantaría.

Tampoco sé la manera de escribir un archivo en linux directamente en código binario, escribiendo bits y no bytes. Tendré que repasar la rama dura de la programación en C o en ensamblador.

Creo que lo que intento es tan ridículo como habitualmente hago, pero no por ello quiero dejar de hacerlo.

Las Sinsombrero

Maravilloso programa dedicado a las mujeres olvidadas de la Generación del 27 que me ha hecho llegar una de mis alumnas de talleres de Poesía al grupo de Whatsapp.

Por más que le dedico un temático todos los cursos, siempre tengo la sensación de que no es suficiente. Me alegra ver que poco a poco más personas van dándose cuenta de la importancia y trascendencia de estas poetas, estas artistas que fueron completamente sepultadas por el machismo recalcitrante que exacerbó el franquismo golpista.

El machismo está lejos de haberse derrotado y queda muchísimo por hacer en la carrera por conseguir que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre en el mundo (España incluida).

Este programa le añade una gota a esa corriente que va deshaciendo la roca.

La bibliografía básica del temático de la Generación del 27 escrita por mujeres está bien editada en el libro:

PECES EN LA TIERRA: ANTOLOGÍA DE MUJERES POETAS EN TORNO A LA GENERACIÓN DEL 27.

VV.AA. , 2010. Nº de páginas: 352 págs. Encuadernación: Tapa blanda. Editorial: FUND. JOSE MANUEL LARA. Lengua: CASTELLANO. ISBN: 9788496824607

Quizás no se haya dado en la historia de España un momento tan interesante y participativo para la mujer como el que comenzó a finales del XIX y que resultaría segado, más tarde, por la Guerra Civil, alcanzando su punto álgido en los años de la Segunda República. Como en otros ámbitos artísticos, las poetas del 27 se desenvolvieron con naturalidad entre sus compañeros de generación, con las mismas influencias y ambiciones. Sin embargo, las escasas antologías publicadas, o bien repiten los mismos nombres o se limitan a hacer una enumeración de las poetas en la que apenas se deja constancia de una existencia fantasmal. El presente volumen, que recoge poemas pertenecientes a libros publicados hasta 1936, viene a cubrir ese olvido lamentable. De este modo, junto a nombres reconocidos como los de Concha Méndez, Rosa Chacel, Carmen Conde, Josefina de la Torre o Ernestina de Champourcin, la selección incluye otros menos citados como los de Margarita Nelken, Lucía Sánchez Saornil, Clementina Arderiu, Dolores Catarineu, Casilda de Antón del Olmet, Cristina de Arteaga, Pilar de Valderrama, Concha Espina, Susana March, Elisabeth Mulder, María Teresa Roca de Togores o Marina Romero.

¿el fútbol o la justicia?

Personas descerebradas, o peor aún, malintencionadas, han borrado con tinta negra el mural que se convirtió en icono de la lucha feminista a lo largo de los pasados meses porque el ayuntamiento de esta ciudad quería borrarlo.

Vandalizado el mural feminista de Ciudad Lineal, en Madrid
El mural feminista ‘La unión hace la fuerza’ de Ciudad Lineal, pintado sobre el polideportivo de la Concepción, ha amanecido vandalizado este lunes, Día de la Mujer, con pintura negra que cubre los rostros de las mujeres homenajeadas en sus paredes. Según denuncian los vecinos y partidos políticos en las redes sociales, los rostros de mujeres como Rigoberta Menchú, Rosa Parks, Federica Montseny o Frida Kahlo, representadas en el mural, han aparecido esta mañana cubiertos de pintura negra. (Efe)

Pero no lo hacen cualquier día, lo hacen este, el 8M más controvertido de las últimas décadas.

Lo hacen despúes de que el día 7M, es decir, ayer mismo se realizase esta fotografía que testimonia que la aglomeración de personas para pedir según qué cosas no se permite, mientras se permiten otras como ir a un partido de fútbol, las atiborradas calles del centro de Madrid consumiendo sin parar, por no hablar de manifestaciones pro-nazis o colapsos anticatalanistas…

Y hoy me pregunto:

Si las mujeres (o el feminismo en general) propusiera un partido de fútbol para reivindicar la igualdad de oportunidades y manifestar la injusticia vigente, ¿qué primaría: el fútbol o la justicia?

Jo. Sé la respuesta. 🙁

Manifiesto Feminista de Mina Loy

En esta era digital es complicado conseguir material en PDF, siendo más que posible conseguirlo en papel. Es paradógico. Supongo que el quid de la cuestión es que lo digital es reproducible y el papel no: Ay, si Walter Benjamin levantara la cabeza… Así que su compra-venta se ajusta mejor a los designios del mercado.

Hoy quería poner en este diario el Manifiesto Feminista de Mina Loy en español, a quien estoy preparando para una clase de los talleres de poesía (casualmente en esta semana) que está viendo «las vanguardias históricas del SXX«, pero no ha sido posible encontrarlo en ningún lugar (tras más de 3 horas de búsquedas infructuosas), así que dejo las fotos del libro que adquirí en su momento para su posible consulta, impresión o lo que se desee, desoyendo los derechos de autor que posiblemente tenga la traductora, sobre un texto escrito en 1915.

Recomendable, no obstante, comprar el libro en la editorial La Linterna Sorda, sobre la obra, incluyendo manifiestos y poemas de esta poeta tan interesante y actual.

¿Puede el deporte no ser machista?

Nota aclaratoria: Este escrito no es en absoluto un lamento por pérdida de privilegios (creo)

Hace unos días se daban los pasos necesarios para la aprobación de la conocida como Ley Trans, que pretende eliminar las discriminaciones por razones de género en colectivos o sobre personas cuya identidad sexual no sea cis, amén de aquellas otras personas que tengan identidades no binarias o, incluso, fluidas.

Está claro que hay cavernas donde ni siquiera es menester dialogarlo porque a duras penas entenderán que una persona pueda ser diferente a «como dios manda«, aunque por supuesto ese dios sea barbudo… por la gracia de dios.

Pero fuera de esas cavernas, el tema está siendo abiertamente conflictivo, entre otras cosas, incluso, por parte de colectivos feministas que habían puesto a la mujer (mujer cis) como sujeto de la reivindicación igualitaria (o identitaria).

No menos cierto que parte del mismo conflicto tiene que ver con los intereses relacionados con la explotación económica de los vientres gestantes (vientres de alquiler) y su desregulación que tienen en mente colectivos (cis y trans) que no pueden concebir un nacimiento genético (por llamarlo así) sin ayuda externa (que se está deseando externalizar hasta formar empresas de trabajo temporal para tener bebés por encargo).

Además, es el caldo de cultivo óptimo para desagrupar colectivos combativos e incómodos para el sistema, como el ahora mismo fracturado LGTBIQ+ y aplicar el célebre «divide y vencerás» juliano.

Hay muchas razones para ser precavido en opinar sobre temas como este, que pueden acabar por enfrentar desde lo más irracional posible: la identidad. No se es algo por razonamiento, ni por ideología, sino por IDENTIDAD.

Y ahí radica parte del problema que se viene viendo venir desde hace tiempo: las nuevas generaciones de colectivos (no sólo minorías sexuales, sino también racializadas (aborrezco esta palabra, aunque comprendo la necesidad urgente de ese colectivo aludido de esta manera)) no luchan en el reconocimiento de derechos igualitarios, sino identitarios. Poder afirmar su identidad públicamente sin que ello conlleve un perjuicio ni merma alguna de derechos.

Me parece crucial que así sea, faltaría más. De hecho, cuando pienso en que la lucha está en esta fase, siento cierta satisfacción al creer que se ha avanzado en luchas sociales hasta el punto de poder reclamar ese derecho (en absoluto baladí).

Otras veces siento que se ha perdido el sentido de la lucha, al menos como yo la entendía (hombre cis heterosexual, blanco y de clase media, europeo occidental). Para mí la lucha estaba (y creo que sigue estándolo) en desear los mismos derechos humanos:

Considerando que la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esa Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Por motivos de urgencia (por ejemplo el indecentemente alto índice de feminicidios) se ha ido situando la lucha en la defensa emergente de las vidas de personas maltratadas (mujeres cis en la inmensa mayoría de los casos) hasta buscar leyes que las amparen por su identidad.

Por los mismos motivos de urgencia (maltrato generalizado de la transexualidad) ahora también se busca la protección de esos colectivos (que son personas, no sólo abstracciones) que buscan leyes que los amparen por su identidad. Identidad que, incluso, se contempla que pueda ser «elegida».

Y estos dos últimos párrafos generan conflictos tan «sencillos» como el que surge al reservar espacios reservados para mujeres (cis) y era algo a lo que estábamos acostumbrados en múltiples contextos: cárceles, iglesias, mezquitas, vestuarios, gimnasios, piscinas, deportes… por no hablar de personas que dicen: «los hombres que se sienten juntos» o «las mujeres juntas» o cosas por el estilo que siempre han sido algo deplorado por mí.

Con respecto al deporte, hoy he leído un artículo que decía que «la ley trans propuesta choca con las normas del deporte» y se argumentaba en función del grado de testoterona que hay en sangre o similar para ver si se pueden aplicar unas nuevas reglas que excluyan o permitan competir a determinadas personas en una determinada prueba so pretexto de que en caso de competirse sin esas pruebas hormonales las competiciones las ganarían previsiblemente mujeres trans (u otras personas que se identifique como mujer).

Es casi imposible que esa ley salga adelante tal y como está escrita y no deja de ser un borrador sobre el que están trabajando para conseguir homologar derechos para todas las personas, pero en parte están haciéndonos ver que la mayoría de nuestras actividades estaban inmersas en un constructo cultural (heteropatriarcado) impuesto a lo largo de milenios y cuya revisión es mucho más compleja de lo previsto.

En mi caso, siempre he considerado el deporte de competición (prácticamente sin excepción) una sublimación de una violencia intraespecífica, una creación cultural para evitar que «los hombres» se peguen (luchen) sin reglas que les sometan a un entorno protegido. En realidad, iría aún más lejos y diría que toda competición tiene en su esencia una guerra en la que individuos humanos pueden competir por sus alimentos, el agua, el espacio, la luz, la posibilidad de aparearse o cualquier otro recurso que puedan necesitar para sobrevivir y reproducirse. Así hasta llegar a pensar que la violencia de género está mucho más profundamente incrustada en nuestra sociedad de lo que se suela suponer, como que el propio sistema capitalista no es ni más ni menos que una emanación de ese constructo socio-cultural.

A mí me diagnosticaron epilepsia siendo un niño, y me dijeron que debía evitar toda competición. Quizá eso fue lo que me apartó de los deportes, pero el caso es que también me apartó del sentido de competición necesario para desear vencer, para desear tener éxito. (No sé si esa recomendación fue algo tendenciosamente eugenésico, pero ahora que lo pienso algo de ello hay).

Obviamente, no tengo soluciones que aportar a un problema de una complejidad que sobrepasa con creces mis conocimientos de todas las situaciones posibles para todas las identidades posibles. Así que este texto es una tontería con la que expresar mis propias dudas a fecha de hoy, que seguramente serán distintas dentro de una década pues, aunque a veces no lo parezca, la sociedad y sus construcciones culturales asociadas mutan más rápido de lo que creemos y, en ocasiones, más lento de lo que deseamos.

Aborrecedor@XEOAs del lenguaje inclusivo

Y digo yo que quien haya decidido realizar este «meme», o lo que es lo mismo, esta memez, se habrá percatado de que da la razón a quien defiende que el lenguaje inclusivo es una imposición difícil cuando no imposible de imponer a la lengua, por más que aparentemente «La lengua» esté ignorando a esas personas puristas (que, obviamente, se visualiza en forma de hombre, todo esto, por supuesto, aparente y superficialmente, como corresponde a memez semejante).

¿No hay aborrecedoras del lenguaje inclusivo? Yo doy fe de que conozco alguna, aunque haya más hombres que mujeres aborreciendo ese uso.

¿Cómo debiera haberse conformado la frase para hacer uso del lenguaje incluso en el «meme»?

¿Puristas de la lengua y aborrecedores y aborrecedoras y aborrecedor@s del lenguaje inclusivo?

(Chiste publicado en el grupo «Queer: Jodiendo al género binario«)

Sigo pensando que es una batalla que no se podrá ganar, aunque quizá sirva para visibilizar algunos otros problemas de género no gramatical.

¿Soy muy insensible porque una de las dos muertes me importe un poco menos que la otra?

El 27 de octubre, es decir, hace unas semanas, se murió la poeta de la generación beat Diane di Prima en un hospital de San Francisco, después de una larga enfermedad.

Yo me he enterado hoy. (Confieso que no leo demasiado la prensa). Pero también sé que no ocupa portadas, ni arrasa en las redes sociales, ni mueve poblaciones… Y sin embargo:

Hace menos de 1 hora se ha muerto un futbolista y me enterado antes de que se pudiera confirmar su muerte, prácticamente.

Si me vengo…, poema de Di Prima:

Si me vengo a vivir contigo,
¿me prometerías
un pedazo de carne los domingos,
una hojita de azucena
para olerla en la almohada,
un queso en el refrigerador,
un beso de lengua
entre las pesadillas?
Si no es así,
no me vengo contigo.

Nosotros, tras

En el diccionario de la RAE, el que también se denomina DLE, resulta que están haciendo algunos cambios que creen que resultan más «inclusivos» o que dejan de privilegiar en exclusiva al género masculino gramatical, pero los que están haciendo apenas se notan, salvo en problemáticas como la que me está haciendo repasar errores que no son tales, sino entradas que no se encuentran porque se han decidido migrar a sus correspondientes «femeninas».

Así, por ejemplo, «nosotros» no se encuentra en la URL del diccionario de la RAE sino como una de las formas de «nosotras», que sí se encuentra.

https://dle.rae.es/nosotras?m=form

Pero lo absurdo es que, queriendo haber sido más precisos, no hagan de una vez el cambio que desde el punto de vista de diccionario sí que correspondería hacer, es decir, que la definición sea la de la palabra «nosotras, tros» y no «nosotros, tras», amén de ubicarla en su posición correspondiente acorde a esa modificación.

Por otro lado, no alcanzo a entender porqué el criterio de AS/OS no se impone a lo largo de todo el DLE y así, abitrariamente, podemos encontrar que otras palabras privilegian la forma masculina también en la construcción de la URL.

Por ejemplo, «nubio, bia», está en el género gramatical masculino en la URL sin ningún atisbo de irse a cambiar: https://dle.rae.es/nubio
mientras «nubia» es una forma de «nubio»…

O incluso «nuestro», que aún está más cerca de ese «nosotros», no ha de cambiar su URL https://dle.rae.es/nuestro a https://dle.rae.es/nuestra por ninguna razón, parece ser.

Postureo, postureo… y poco más.

Cero enjundia.

Marujo o Maruja

Sigo repasando los errores que cometí durante la transcripción de las palabras del diccionario, lo que ha de hacerse error a error a lo largo de las más de 1000 palabras que no fueron detectadas por el programa que hice para descargar de la web de la RAE las definiciones.

Muchas de ellas simplemente no es que sean errores, sino cambios en el criterio de archivo online, así, por ejemplo, «LOS» ahora es «LAS» y no la encuentra (mi programita), pero está en el diccionario y no es ningún error.

Tampoco lo era maruja que hasta la XXIII edición no contemplaba el masculino y que, sin embargo, en esta XXIV edición (que es contra la que estoy revisando esa lista de palabras que yo tecleé a partir del diccionario en papel conteniendo la vigésimo tercera) aparece bajo «marujo«, aunque la definición en poco o nada ha cambiado y sigue siendo una de esas palabras que demuestran que el machismo está impregnado en lo más hondo que tenemos, que es el lenguaje:

marujo, ja Hipocorístico del n. p. María.

1. f. despect. coloq. Esp. Mujer que se dedica solo a las tareas domésticas y a la que suele asociarse a ciertos tópicos como el chismorreo, la dependencia excesiva de la televisión, etc. U. t. c. adj.

2. m. irón. coloq. Esp. Hombre que actúa como una maruja (? mujer que se dedica solo a las tareas del hogar). U. t. c. adj.

3. m. y f. despect. coloq. Esp. Persona chismosa. U. m. c. adj.

4. adj. despect. coloq. Esp. Propio o característico de las marujas o de los marujos.

No hay por dónde arreglar esto en el diccionario y que hayan cambiado de «maruja» a «marujo» la entrada correspondiente no es algo que considere ni mínimamente inclusivo.

Otras palabras en esta pequeña aventura de definiciones poco simétricas desde el punto de vista del género son:

manijero. Tb. manigero.

Del fr. ant. maisnagier.

1. m. Capataz de una cuadrilla de trabajadores del campo.

2. m. Hombre encargado de contratar obreros para ciertas faenas del campo.

De esto, obviamente, no se encarga una mujer, así que no es necesaria manijera.

O la poco usada:

lembario. De lembo.

1. m. Soldado que combatía a bordo de los bajeles.

No existían ni podían existir lembarias, parece ser.

Albendera ha dejado de existir

Estoy repasando los más de 1000 errores tipográficos que cometí durante la transcripción del diccionario de la RAE para el proyecto del diccionario personal de Isidoro Valcárcel Medina, pero me encuentro con que, además de los errores mencionados, ha habido desde entonces a hoy algunos cambios en la versión del DLE, como por ejemplo el de esta palabra que en la anterior edición (la vigésimo tercera), no existía con género masculino en ninguna de las acepciones, siendo así que «albandera» ha dejado de existir independientemente, para ser «albandero, ra», lo que no deja de ser un raro signo de error de ordenación alfabética, pues debiera ser «albandera, ro» y no tanto por una cuestión de visibilización, sino por el hecho de que en igualdad de condiciones, el diccionario se organiza tan sólo por orden frío y calculado de orden de letras… pero no parece ser el caso.

albendero, ra
1. m. y f. Persona que tejía o hacía albendas. 2. f. p. us. Mujer callejera y ociosa.

Por cierto, si un hombre es callejero y ocioso no tiene acepción que lo contemple.

Esto forma parte del proyecto para capturar todas aquellas palabras que contengan la expresión «mujer que» u «hombre que», como cocinillas, que anteriormente (en pasadas ediciones) era «hombre que se mete a cosas que no le corresponden», básicamente.

Esto no es una broma