Influencer, esa nueva profesión…

El problema no está en la fuente emisora de «información», ni por supuesto en el medio o canal, sino principalmente en que no se exige cualificación (o cada día menor) para escuchar temas complejos, para comprenderlos, para analizarlos… Se ha tirado la toalla de la comprensión lectora, de la autoexigencia de conocimiento para acabar exigiendo pureza y limpieza en la fuente.

No es posible solucionarlo así. Y si no, que alguien se dé un paseo por las noticias de periódicos de diferente línea editorial y verán a lo que me refiero.

Pero ahí estamos… cualificación exigible que, por supuesto, en estos lares, será adquirible en un master privado… y ya sabemos.

ego

Pocas palabras hay en el diccionario de la RAE que comiencen con la partícula «ego«, aunque hay toda una palabra dedicada a la tal partícula (ese ego extraído de egoísmo o egocentrismo…)

Me dio por buscar todas ellas y encontré las siguientes:

ego, egocéntrico, egocentrismo, egofonía, egoísmo, egoísta, egolatría, egolátrico, egotismo y egotista.

Tanto ego y tan pocas palabras que lo mencionen… (y tan solo 233 que lo contengan, gallegos incluidos)

Un ergo que se ha transformado en ego es un síntoma de una sociedad decadente:

cogito ergo sum
vs
cogito ego sum

Espacio libre de humos

No me puedo creer que este ayuntamiento permita (y ayude) a que se plante este cartel y un recinto marcado con líneas verdes en el suelo, como si eso lo hiciese más «verde» en un claro ejemplo de lo que se llama «greenwashing» después de haber puesto todas las trabas del mundo mundial a la reducción de tráfico de coches por el centro de Madrid.

Porque, por cierto, este recinto «verde» de aire puro y todo eso… está instalado ni más ni menos que el puñetero centro de Madrid, en la Plaza de Callao.

Libres de humo de tabaco en una plaza abierta por cuatro costados al tráfico que hace que haya corrientes de aire enrarecido. Pero no, de tabaco no moriremos… 🙁

¡Ridículo!

No creo en el pecado

pecado Del lat. peccatum. 1. m. Transgresión consciente de un precepto religioso. 2. m. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido. […]

No creo en el pecado.
No creo en la transgresión consciente de un precepto religioso.
No creo en la transgresión consciente de un precepto perteneciente o relativo a la religión.
No creo en la transgresión consciente de un precepto perteneciente o relativo al conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad.
No creo en la transgresión consciente de un precepto perteneciente o relativo al conjunto de creencias o dogmas acerca de la naturaleza divina y esencia del ser de Dios.
No creo en la transgresión consciente de un precepto perteneciente o relativo al conjunto de creencias o dogmas acerca de la naturaleza divina y esencia del ser de Dios.
No creo en la transgresión consciente de un precepto perteneciente o relativo al conjunto de creencias o dogmas acerca de la naturaleza divina y esencia del ser de ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.

Creo en el universo.
Lo demás, me resulta superfluo.

Virginia Eubanks

Este lunes estuve leyendo sobre Desigualdad Social provocada (intencionadamente, sin mala intención) por los «Algoritmos», aunque no se refieren al algoritmo de Rufini para encontrar raíces de polinomios, ni al algoritmo de la raíz cuadrada…

Me topé con este artículo o entrevista a Virginia Eubanks: “Si no los diseñamos para inclinarse hacia la justicia social, los algoritmos ampliarán las brechas sociales

Y a raíz del mismo decidí dedicar parte del día a ver un vídeo suyo, una conferencia en la que profundizaba sobre el tema presentando su libro (casi sin presentar un libro, sino su contenido, lo que es muy de agradecer):

Algo me chirría cada vez que veo vídeos como este, casi contrasistema, que sin embargo están patrocinados por Telefónica, Banco Santander, accenture y El País.

El contenido sigue siendo importante, pero no sé por qué no puedo tomármelo demasiado en serio. Y por otro lado soy plenamente consciente de que son necesarias esas colaboraciones para poder llegar a tener algo de impacto social.

Es decir, lo que hace funcionar «el algoritmo» es que tenga sus propias autocríticas que nos hagan pensar/creer que todavía hay alguna oportunidad de luchar contra «él». Básicamente, la forma de funcionar del capitalismo. ¿Casualidad? ¿Causalidad?

Dady-Dada

Dada Daddy es una intervención que alguien (a quien no conozco, no necesariamente anónimo) ha realizado la calle Costanilla de los Ángeles, justo al lado de donde tengo el Estudio 53.

Maravilloso que esté justo al lado de un texto que dice: «Prohibido fijar carteles».

No he podido resistirme a tomar una fotografía y enviársela a mi querida amiga Tanja Ulbrich, que es la persona más dadá que conozco. Pero ni de lejos es la única. En realidad, gran parte de lo que hace que una persona llegue a ser amiga mía tiene que ver con el gusto por las vanguardias históricas (que no clásicas) del SXX. Es muy poco probable que alguien a quien no le interesen o considere que son algo ridículo y tomadura de pelo sea muy buen amigo mío. Pero también puede ocurrir. Faltaría más. En esto no soy tan intransigente como con el machismo, el racismo o la homofobia/lesbofobia (a veces también incluiría el clasismo, pero suele estar incluido en alguna de las anteriores).

Tener premium es la libertad

Dice una voz en Spotify que tener premium es la libertad
la libertad de elegir lo que quieras escuchar tus canciones preferidas
la libertad de descargarse canciones
la libertad de oír tu música dónde y cuándo quieras.

Dice una voz en Spotify que tener premium
es tener el dinero para pagarlo
es tener el dinero que arrancas de otros bienes o servicios, quizá más necesarios
es tener el dinero que te permite comprar la libertad.

No habla de derechos soberanos.
No habla de derechos civiles.
No habla de derechos libertarios.

Habla de que la economía se impuesto a la ética.
Habla de que la economía ha matado a dios.
Habla de que la economía es la felicidad.

Y solo por eso
cada vez que lo oigo
me alegro de haberme dado de baja
para poder mantener mis gastos fijos
lo más bajos posibles
y sentirme
(sí, sentirme)
libre.

No dejo que los algoritmos simplifiquen mi vida

No tiene la menor importancia (como casi todo lo que me afecta), pero hace unos días tuve una conversación con un sobrino de Carmen sobre por qué no dejo que los algoritmos simplifiquen mi vida.

Es cierto que no estoy libre de ellos, y si creo lo contrario mi ingenuidad no tendría límites, pero me gusta mantener ciertos hábitos que considero saludables de esfuerzo en la búsqueda, pues resulta interesante interesarse y no dejar que me resuelvan la vida.

Quizá las listas sugeridas de Spotify sean mucho más de mi agrado que buscar por mi cuenta los artistas que me interesan y seleccionar «manualmente» el «vinilo» que quiero que suene, en lugar de «abrir mi mente» a las sorpresas que el algoritmo pueda tener preparadas para mí, para mis gustos que conoce con absoluta precisión, mucho mejor de lo que yo pueda llegar a conocer.

Quizá gracias al algoritmo descubra otra manera de escuchar música, otras músicas, pero con una nueva metodología de hallazgo.

Y es que este es el quiz de la questión, que no quiero hallar, sino buscar, quiero equivocarme, quiero cometer errores, quiero ser humano (pero no transhumano) y es que, quizá, me estoy quedando obsoleto.

Esto no es una broma