ojo por ojo

todo por otros otros
otros ojos
como locos
otros ojos
como corchos
con cómodo ogro
follón costoso

son otros
no somos nosotros
no lo somos

¿o no?

son los locos ogros
como todos
opto por ojo por ojo
ojo por ojo como loco

¿yo loco?
¿o no?

todos somos locos
todos somos otros
todos somos ogros

lo somos
¿o no?

¿yo?

yo no

otro soso monocromo
oró monólogo
con otro lord fondón

control borroso
como borbotón jocoso
frondoso corzo costroso
con hombro doloroso

dron bronco
llorón horroroso
no gozo
no color

los otros
los otros
los otros
los otros

molotov gordo
colocón con colt
hongo con bombo

tocho ortodoxo
tocón torpón
zoo poroso
trozo zoótropo moroso

somos los otros
somos los otros
somos los otros
somos los otros

los ojos rotos
los ojos rojos
los ojos rocos
los ojos rozos
los ojos ñoños

osos los otros
trol los otros
topos los otros
toscos los otros

por todos nosotros
otros son los otros horrorosos

plomo
plomo
plomo
plomo…

¿o no?

Poema con definiciones

Tras ejercicio de definir 3 palabras o, mejor dicho, redefinirlas, siguiendo la estela de la creación surrealista, el miércoles pasado me encontré con estas palabras que yo había escrito y que me ayudaron 5 poetas a reapropiar:

  • Arrecife: Figuras fluorescentes que simbolizan espiritualidad. Grupo de pájaros reflejados en una superficie acuática.
  • Albur: Calambur apresurado y presionado por extremas calamidades. Altas burbujas del tiempo.
  • Alabastro: El pelo más largo de la axila. Mantenlo a raya, pero alguna noche, volverá a crecer. Planeta con ínfulas de avestruz.

Con las respectivas a las personas asistentes al Taller de Poesía de Clave 53, les pedí que escribiesen un poema que las incluyese significando una o varias de las acepciones depositadas. Aceptaron el desafío, pero me retaron a que yo también mostrase públicamente mi propia actividad… 😛

Así que ahí va:

Por la mañana
descanso sobre la prisa que acarrea albures,
descanso sobre la angustia que me causa
ver un arrecife a punto de hundirse,
descanso sin resuello en la contradicción del tiempo
en este alabastro plagado de arrecifes sin alma
y no huyo del silencio que me provoca
fallecer en albur
que no por mexicano
resulta picantón.

Por la mañana
no olvido despejar ese alabastro infausto
antes de, avergonzado,
lanzarme al calamar.

Albricielejas

La sincronía de la telefacción
acicate de minerologías
contretantemente aparatosas.

Sinerfológico alcarreico
el dinoloplauso acaricia
la vana tendencia a la mutilación.

Alcreciendo la magia
llueve en la perchería
una pertistente algaranza
que oculta mileranismos.

Crósticos ácratas
sonríen bajo faroles
de radiación gamma
una leyendera gimoteando
bate las añas antípodianas
y un huracán abate mi ánimo.

La localidad de la localidad

En una página web que no viene a cuento
me encuentro esta expresión
de la localidad de la localidad
que era uno de esos errores felices
que no parece un error
sino un acierto.

La localidad de la localidad
es
convirtiéndolo en un experimento oulipiano

la cualidad de las cosas que las sitúa en lugar fijo de cada una de las plazas o asientos de los locales destinados a espectáculos públicos

el elemento o carácter distintivo de la naturaleza de alguien o algo de lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, concreta, abstracta o virtual situado en población pequeña, menor que villa y mayor que aldea fija de cada una de los asientos que se hacen en los libros acerca del que voluntariamente se presenta para servir de soldado o descenso por mayor unión de los materiales de un edificio a causa de la presión de los unos sobre los otros de los que solo afecta a una parte del cuerpo destinados a cosa que se ofrece a la vista o a la contemplación intelectual y es capaz de atraer la atención y mover el ánimo infundiéndole deleite, asombro, dolor u otros afectos más o menos vivos o nobles públicos.

En otro orden de cosas

Ordenar números parece de lo más sencillo que podemos imaginar, especialmente cuando hablamos de números naturales (otro gallo cantaría si se tratase de números complejos, por ejemplo), pero hoy estaba debatiéndome en la posibilidad de ordenar los números por orden, pongamos, alfabético, como podría ser:

  1. cinco
  2. cuatro
  3. diez
  4. dos
  5. nueve
  6. ocho
  7. seis
  8. siete
  9. tres
  10. uno

así viendo que el uno realmente no es el primero sino el último de los diez primeros números naturales (el cero no incluido)

Podría haber ordenado números hasta cualquiera al azar o hasta mi querido 27, como en:

catorce, cinco, cuatro, diecinueve, dieciocho, dieciséis, diecisiete, diez, doce, dos, nueve, ocho, once, quince, seis, siete, trece, tres, uno, veinte, veinticinco, veinticuatro, veintidós, veintiséis, veintisiete, veintitrés, veintiuno

Pero haciendo esto me he encontrado en la RAE con una pequeña y tonta sorpresa que, en el fondo, era más que previsible, pues los números habrían puesto contra las cuerdas a las palabras, haciéndolas incapaces de abarcarlos.

A partir del número treinta los siguientes números compuestos se forman con unión mediante la conjunción copulativa y de las palabras que nombran los fragmentos del número, es decir, treinta y uno, no es treintaiuno, así como veintiséis corresponde a veinte y seis, pongamos por caso.

¡Qué injusticia tan enorme para estos números excluidos del diccionario por siempre jamás como si no merecieran igual trato que el veintisiete!

Me han vuelto a citar en un proyecto con el diccionario

Es simpático que alguien me escriba, de cuando en cuando, agradeciéndome «mi» diccionario de la RAE, es decir, que tenga a disposición de cualquiera que lo desee el diccionario en texto plano sobre el que estuve trabajando un tiempo a raíz del proyecto de Isidoro Valcárcel Medina en el que participé técnicamente.

El otro día me llegó este email desde Málaga:

Buen día.

Anexo versión en Excel recopilando todas las entradas a-z por si quieres añadirla a tu blog.

Un saludo.

Ramón (Málaga)

Y ahora subo la versión que esta persona me ha hecho llegar por si a alguien le fuese de utilidad. Es de agradecer que me haya citado, aunque el diccionario no es mío y no debería, casi, ni ser citado en ello.

Entradas Diccionario RAE (Formato XLSX)

Nota: No contiene macros.

ego

Pocas palabras hay en el diccionario de la RAE que comiencen con la partícula «ego«, aunque hay toda una palabra dedicada a la tal partícula (ese ego extraído de egoísmo o egocentrismo…)

Me dio por buscar todas ellas y encontré las siguientes:

ego, egocéntrico, egocentrismo, egofonía, egoísmo, egoísta, egolatría, egolátrico, egotismo y egotista.

Tanto ego y tan pocas palabras que lo mencionen… (y tan solo 233 que lo contengan, gallegos incluidos)

Un ergo que se ha transformado en ego es un síntoma de una sociedad decadente:

cogito ergo sum
vs
cogito ego sum

Si la ignorancia es un grado

Si la ignorancia es un grado,
debo de estar llegando a mi punto de ebullición.

No sé, por otro lado, cuál es el punto de ebullición de un ser humano, aunque cuando lo pienso, como mezcla heterogénea que es, imagino que tendrá distintos puntos de ebullición que irán descomponiendo sus partes en gas de manera paulatina a medida que se incremente la temperatura.

Tampoco sé por qué me ha dado por pensar en esta frase y sus absurdas consecuencias.

¿Acaso estoy pensando en hacer hervir a alguien? ¿Siento que me hierve la sangre y, por extensión, yo mismo todo? ¿La ignorancia me posee?

Quizá me gusta el juego de palabras que surge al cambiar la acepción de «grado»:

grado Del lat. gradus. 1. m. Cada uno de los diversos estados o niveles que, en relación de menor a mayor, puede tener algo. Sufre quemaduras de primer grado. Concedieron al preso el tercer grado. 2. m. Valor o medida de algo que puede variar en intensidad. En sumo grado. En mayor o menor grado. 3. m. Cada una de las generaciones que marcan el parentesco entre las personas. 4. m. En la enseñanza, título que se alcanza al superar cada uno de los niveles de estudio. Grado de bachiller, de doctor. 5. m. En ciertas escuelas, cada una de las secciones en que sus alumnos se agrupan según su edad y el estado de sus conocimientos y educación. 6. m. Cada lugar de la escala en la jerarquía de una institución, especialmente en la militar. 7. m. jerarquía (? gradación). 8. m. Unidad de determinadas escalas de medida. Grado de dureza del agua. 9. m. grado de temperatura. 10. m. Unidad porcentual de alcohol que hay en una bebida. 11. m. peldaño. 12. m. Der. Cada una de las diferentes instancias que puede tener un pleito. En grado de apelación. 13. m. Geom. Cada una de las 360 partes iguales, a veces 400, en que puede dividirse una circunferencia, y que se emplea para medir los arcos de los ángulos. 14. m. Gram. Propiedad de algunos adjetivos y adverbios que les permite modificar la intensidad de la cualidad o la magnitud que expresan. 15. m. Mat. Número de orden que expresa el de factores de la misma especie que entran en un término o en una parte de él. 16. m. Mat. En una ecuación o en un polinomio, el del término en el que la variable tiene exponente mayor. 17. m. Ven. Acto académico en el que se otorga un título universitario.

¿Qué habría pasado si utilizo grado como término en el que la variable tiene exponente mayor? Es una verdadera incógnita, supongo. (Parafraseando a Henry Stanley)

Esto no es una broma