
No sé si se refiere a un pan hecho en Europa, o un pan realizado por alguna deidad de ancestros inciertos o un pan con una vocación europeísta.
Cuando lo vi, lo primero que pensé fue en paneuropeísmo, que, según la wikipedia es «El nacionalismo europeo (también llamado europatriotismo o patriotismo europeo) es el nombre con el cual se define el movimiento político y la corriente de pensamiento que quiere una Europa unida en un solo estado.»
Pero me parecía exótico que un pan se usase a modo de panfleto político, afiche comestible, llamamiento a intentar definir una Europa unida y nacional… no sé si excluyente o incluyente, y, desde luego, pretendiendo ser influyente… aunque poco fluyente, seguramente.
Después, me di cuenta de que de un tiempo a esta parte es más común encontrar las etiquetas nacionalistas tras los productos de consumo, como si eso fuese un valor positivo en el producto: ¿es mejor el pan por ser europeo? ¿tiene los papeles en regla? ¿de qué parte de Europa, que no es ni una ni grande ni libre, es?
Y me sorprendí pensando en lo poco que «vende» el atributo global o mundial… salvo para hablar de males como esa crisis que ya nadie (con dos dedos de frente) tacha de española, europea, estadounidense, para hablar de ella como global.
Aunque, bien pensado, no están bien definidos los límites ni de esa globalidad pretendida, ni mucho menos Europa… y España se desdibuja, quiera quien quiera o no quiera quien no quiera… difuminándose las fronteras en un mar de interconexiones que me llevarían a pensar que la presentación de la información es cada día más compleja, más similar a la neuronal, reticular, pero además menos geométrica, menos simétrica, de mayor valor entrópico… y aquí me pierdo en elucubraciones que no vienen al caso, a partir de este pan cuya miga estaba en la bolsa que lo contenía.


















Hay formas de evitarlo o, cuando menos, paliar este control parental que ejercen estas empresas pero es bastante molesto y difícil. Una buena manera es instalar varios navegadores y utilizarlos para distintos aspectos de la personalidad, dándole, por tanto, una información sesgada a las empresas de gestión de contenidos personalizados, como las distribuidoras de publicidad personal o llamadas de marketing directo. Otra es la de iniciar siempre navegación en modo privado. Pero esto es molesto porque también es útil tener un historial, por ejemplo, en el navegador que nos sirva para agilizar la navegación en Internet… Nos podemos poner paranoicos al máximo y utilizar un ordenador diferente (o una máquina virtual) para identificarnos con una especie de heterónimo y tratar, siempre, de ser otro, caso al modo de Rimbaud (yo soy otro). Pero esto es tan poético, pero tan difícil en la cotidiana rutina narrativa…