Un fin de semana largo

Exposición de Elias Arriero en el ChambaoHa terminado un largo puente de tres días, que en realidad no era un puente, que se supone pasa sobre algún día no festivo a modo de arcada, sino una extensión de la vacacionalidad de los dos días del fin de semana (sin tener en cuenta a quien trabaja sábados, pues tendría que tener en cuenta a quien trabaja domingos o, incluso, a mi cuñada, que trabajó el viernes).

En realidad terminó hace algunos días, más que ha terminado. Terminó denota una acción que ocurre en el pasado más alejado del día de hoy, o ayer… pero esa lejanía es subjetiva, así que su uso podría bien haber sido ha terminado.

Volviendo al tema… si es que este blog tiene alguno… diría que fue extraño.

Me divertí, varias veces, tanto el viernes, con mi amada Carmen, haciendo lo mínimo que necesito para ser feliz con ella, siempre tan fácil.

Me divertí también el sábado, comiendo con Mayte y su chico, al que he regalado (regalé) toda mi colección de CDs de Extremoduro. Les hicimos de comer comida rica, rica y con fundamento. Un delicioso primer plato de brócoli con bacon, ajitos, queso fundido y pimienta y un segundo plato de chuletas de aguja de cerdo (que son baratitas) con una salsa de cebolla caramelizada con mermelada de naranja al orujo. Fruta, helados y te, chupitos y, lo más importante, una fluida conversación.

Me divertí mucho, pero mucho mucho, en la noche del cumpleaños de mi amiga Aída, mi querida amiga a la que estoy empezando a echar de menos. Me reí como hacía mucho tiempo que no lo hacía, con su amiga Sofía, con un amigo llamado Sergio, que me contó el chiste más simple que he oído en años y, por ello, uno de los más divertidos y que dejo aquí para que no se me olvide:

-¿Qué sonido hace un gato borracho?
– …
– Mahou

Me divertí el domingo, también tenía otro cumpleaños. Nuestra amiga Simona celebraba una fiesta con intención de hacerla al aire libre (tipo picnic) y hubo de ser modificado el plan sobre la marcha, llevándonos a casa de su amiga Valeria. Fue divertido, muy «creativo», con ese estilo de fiestas laborales en las que hay que trabajárselo, como si no fluyera si no es gracias al ingenio creativo de los presentes, que no deja de ser desbordante: cantamos juntos, compusimos juntos, poemamos juntos… hablar menos, pero apenas nos conocíamos, así que igual… bueno, a mí personalmente me gusta más dejar que fluya lo que deba fluir, porque seguro que fluyen apasionantes conversaciones interpersonales. Pero no es su modelo, así que…

Y también era otra especie de cumpleaños-despedida: Simona, profesora y coreógrafa de danza contemporánea, ha decidido dejar Madrid para irse a vivir a Ginebra, Suiza. Es comprensible, sabiendo que aquí a duras penas puede subsistir y allí por aportar algo a la cultura de la ciudad, es remunerada con más de mil euros.

Ayer recibí un email de una de mis alumnas, una chica llamada Dolores que se va a vivir a EEUU, por amor, sí, por amor, pero no pude evitar sentir un pequeño dolor por dentro: 3 despedidas en 3 días. No le respondí un entusiasta grito de alegría, pero no podía hacerlo. No quiero que se vaya mi entorno.

Sé que de las tres amigas mencionadas hay motivos diversos que empujan a pensar que se habrían ido de no ser porque este país es cada vez más convexo: Aída y Dolores por amor, Simona por morinha de su tierra natal.

Pero no es del todo cierto.

¿Si en este pueblo las cosas estuviesen envidiosamente bien, acaso las parejas respectivas de Aída y Dolores no desearían venir, en lugar de pedir que se vayan ellas? ¿Simona no seguiría intentando animar con sus propuestas la inerte cultura de esta villa si se lo pusieran un poco más fácil?

Y después de tanta diversión, de tres días de desenfreno, me quedó, sin embargo, un triste sabor en la boca del estómago, un sentir que se desmorona algo delante de mis narices, que la vida se me rompe un poco, que habrá que reivindicar la movilidad e ir a ver a todos los emigrantes, que algo ha cambiado, ya no en esa macroeconomía más o menos alejada del sentir, sino claramente en esas pequeñas parcelas cotidianas de irse a tomar un café, o unas cañas, y no saber con quién.

Quedará gente después del éxodo, este que continúa sangrando España, pero la pregunta que hoy me hago es ¿Quién?

Dime cuando termino

Título de la acción y acción en sí.

Este año, como otros anteriores, he sido invitado a participar en los encuentros que realiza Luis Elorriaga en el pueblo más oriental de La Mancha, llamado Caudete. Como otros años, voy presto a disfrutar de lo que, en su día (Hilario Álvarez), me describieron como un botellón de artistas.

La generosidad de Luis lo mantiene en pie y, supongo que la de los que ofrecemos las piezas que se muestran durante una jornada gastronómico-festivo-artística en la que suele haber unas instalaciones de obra interviniendo la finca en la que tiene lugar el evento, una comida grupal de arroz con verduras que hace Luis al fuego, unas maravillosas charlas de sobremesa regadas de vinos varios mientras pelamos las almendras de la temporada, durante las que suelen gestarse bonitas amistades y/o colaboraciones.

Tras un rato de asueto, se llevan a cabo las acciones, bajo la escasa luz existente, con más voluntad que logística, pero sin faltar nada que haga imposible realizar una performance (¿acaso eso es posible?). Cuando se termina el trabajo performático, se proyectan unos vídeos de colaboradores que no han podido acercarse o que han preferido estar en otro lugar, pues no faltan sugerencias en el mundo para hacer cosas. De hecho, este sábado yo en parte desearía estar en otro lugar, en la manifestación que este 15 S que puede que pase a la historia de este país como la caída de algo… o al menos el comienzo, otro comienzo, de alguna caída o recaída…

Tras las proyecciones, continúa la fiesta hasta que los más jóvenes (entre los que ya no me cuento) se van a dormir a las tiendas de campaña o a aposentos más o menos confortables. El día siguiente, un despertar delicado, libre, va haciendo que nos incorporemos a un desayuno colectivo, asambleario casi, con variedad de opciones nutritivas y apetitosas al aire libre, bajo las telas que protegen débilmente del sol, que irradia débilmente las cabezas de finales de septiembre.

Este año me cuesta más irme que ninguno anteriormente: Carmen se está examinando para conseguir el título de Profesora de Pilates y me gustaría estar a su lado. Sé que es muy nerviosa y que eso la calmaría, le ayudaría a relajarse entre exámenes, le podría servir para que lograse su sueño, uno de sus sueños, una más de sus ambiciones que la convierten en una persona imparable, incansable, que se reinventa a sí misma cada semana, cada mes, cada año… y cada vez que me vuelvo a encontrar tiene algo nuevo con lo que sorprenderme y no deja nunca de deslumbrarme con su ilusión, sus ganas de vivir, su ímpetu, su pasión… e intento apropiarme algo de ese alma, ánima irreductible, invicta, poderosa y valiente.

Pero voy a ir. Debo ir. Ella no me necesita. Ni yo necesito ser su papá. Y voy a ir porque creo que es una buena contribución a este país, porque creo que es un proyecto generoso, intenso, delicado, que hay que cuidar para que siga existiendo. Voy a ir porque hace tiempo que no realizo una performance y me apetece hacer, al menos, una al año; medirme con este lenguaje, ver sus posibilidades, sentirme como me hace sentir.

Todos los años suele ser pensada la acción mientras estoy de vacaciones en Vera, durante el verano, junto al mar. Este año dediqué una hora de mis mañanas a caminar unos 7 kilómetros por un largo paseo paralelo al mar, hasta el pueblo vecino de Garrucha. Un bonito recorrido que aprovechaba para pensar. Y una de las ideas que me vino a la cabeza fue la de no saber cuándo terminar algo. Algo que se repita sin parar, algo que pueda ser hecho hasta la extenuación, como podría ser caminar, entrando en un bucle infinito de repeticiones que pueden, o no, ir aumentando de intensidad. ¿Cuándo termino? Dímelo tú. Voy a pedírtelo. Voy a pedirte que me digas cuando termino.

Y aquí hay un juego tontorrón de palabras, una respuesta implícita, a modo de adivinanza, que hará que si repito esta frase mientras realizo la pequeña acción (caminar, pelar almendras, beber agua, respirar, escupir, tirar piedras, encender cerillas, romper folios de un libro…. o todas ellas a la vez) estoy diciendo que termino cuando me digas cuando termino.

Realizo un pequeño esbozo de lo que será esta acción casi programable, un diagrama de flujo que relacione la programación con la performance, incluso, quizá escriba un programa que pueda hacer la performance. La acción a realizar es lo de menos. Supongamos que son varias.

Después del diagrama de flujo, aquí va el programa que realizaré mañana. Entregaré copias del mismo para que puedan seguir el flujo del mismo, quien así lo desee.


/********************************************************
Performance "Dime Cuando Termino" (escrito en C)
Pensada en Vera, Almería, en Julio de 2012.
Programada por Giusseppe Domínguez
el día 14 de septiembre de 2012 en Madrid.
Se realizará por primera vez (única) en Caudete
9º Encuentro Internacional de Arte de Acción y Performance.
********************************************************/

#define AUTOR "Giusseppe Domínguez"
#include
#include
#include

int realizar_accion(char *accion);
int saludo(char *titulo_performance);
int firma();

main()
{
char titulo_performance[]= {"Dime Cuando Termino"};
char *acciones[]= {"caminar", "pelar almendras", "beber agua", "escupir", "tirar una piedra", "encender una cerilla", "arrancar una hoja de un libro"};
int numero_de_acciones=strlen(*acciones);
int indice_accion;
int dime_cuando_termino=0;
int cuando_termino=1;

saludo(titulo_performance);

while (dime_cuando_termino == 0) {
for (indice_accion=0; indice_accion < numero_de_acciones; indice_accion++) {
realizar_accion(acciones[indice_accion]);
}
printf("\n\n%s\n", titulo_performance);

if (scanf("%d", &dime_cuando_termino) != 1){
/* manejo de error */
printf("\nEn la versión de programa informático, solo se aceptan números. Son las reglas.");
printf("\n%s: Requiere un 0 o un 1", titulo_performance);
printf("\nEn la versión de arte=vida, comienza la incertidumbre.");
dime_cuando_termino=1; /* Se termina la acción, de alguna manera brusca. */
}
if (dime_cuando_termino!=cuando_termino) {
printf("\nMuchas gracias.\n");
saludo(titulo_performance);
printf("\nContinúa la acción.\n");
dime_cuando_termino=0;
}
}

firma();
}

int realizar_accion(char *accion)
{
printf("\n%s", accion);
return 0;
}

int saludo(char *titulo_performance)
{
printf("\nHola. Me llamo %s, y la Acción se titula %s\n\n", AUTOR, titulo_performance);
return 0;
}

int firma()
{
time_t tiempo = time(0);
struct tm *tiempolocal = localtime(&tiempo);
char txt_firma[128];
strftime(txt_firma,128,"\na las %H:%M. M-%Y%m%d\n", tiempolocal);
printf("\n\n%s, %s\n", AUTOR, txt_firma);
return 0;
}

Dos salidas posibles de este programa compilado en C, y editado, obviamente, en VI.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Giusseppe Domínguez,
a las 13:28. M-20120914

Otra:

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

Muchas gracias.

Hola. Me llamo Giusseppe Domínguez, y la Acción se titula Dime Cuando Termino

Continúa la acción.

caminar
pelar almendras
beber agua
escupir
tirar una piedra
encender una cerilla
arrancar una hoja de un libro

Dime Cuando Termino

En la versión de programa informático, solo se aceptan números. Son las reglas.
Dime Cuando Termino: Requiere un 0 o un 1
En la versión de arte=vida, comienza la incertidumbre.

Giusseppe Domínguez,
a las 13:28. M-20120914

Mes y medio de vacaciones

O casi.

Mis vacaciones casi no lo son y mis no vacaciones casi no son no vacaciones, lo que equivale a decir que casi son vacaciones. Tengo una borrosa frontera que divide días laborales de no laborales. Trabajo todo el tiempo, como aquel que decía que trabajaba mientras dormía (un escritor surrealista francés cuyo nombre ni recuerdo ni quiero buscar, citado por Breton en el Manifiesto Surrealista). Trabajo mientras camino por la playa, buscando un nuevo método de publicar en este diario, trabajo mientras leo (y he leído bastante este mes y medio) incluso aunque las lecturas sean o pretendan ser más entretenidas que formativas, trabajo mientras hablo con Carmen sobre nuestros planes, y planificamos, planificamos…, trabajo mientras asisto a una exposición de una alumna de un taller de poesía online en Garrucha, que me gustó más de lo esperable, todo sea dicho; trabajo desde Colmenar, desde Vera, desde Madrid, buscando nuevos temas para mis talleres de escritura, para mis eventuales talleres de creatividad, acepto clases particulares de matemáticas desde la costa almeriense, y cuando vengo a Madrid, hace ya más de 10 días, sigo trabajando… buscando maneras de convertir esta ciudad en un lugar más lleno de poesía.

Pero no escribo.

Procuro no escribir. Se me escapa un poco mientras hago alguna anotación junto a alguno de los libros que estoy leyendo. Pero poco más. Nada en este diario, nada en otros formatos, tampoco emails, nada en papel, por supuesto, salvo alguna postal.

Tampoco, durante estos días, he seguido haciendo o trabajando en mi proyecto actual de «Las Lenguas». Intento estar ocioso. Descubrir el placer del aburrimiento. Descubrir la necesidad de volver a mis tareas cotidianas, a mi rutina, a la que intento desde hace años construirme. Y cuando consigo aburrirme hasta ese punto, adoro la vuelta, adoro este retorno a mi hogar, a mis tareas, a mis labores, a mis lenguas y mis clases, mis talleres, mis amigos, mis amigas, mis emails, mi diario diario, mi escritura…

¡Qué dulce la vuelta cuando se adora a lo que se regresa!

Incluso disfruto de un rato de ausencia de Carmen, un breve receso en nuestra presencia compartida. Ella se fue a su pueblo natal y yo quedé en el mío, en esta enorme villa manchega. Y la añoro, la añoro y mensajeo, telefoneo, esperando ansioso su regreso y disfrutando ansioso su ausencia.

Adoración, ansia, añoranza, rutina y producción, parece imposible unir todo esto, pero es así, así es… adoro mi vida con ansia hasta el punto de añorar la rutina de mi producción.

Amistades de mucho y poco

Vera, Estela y Marta cenaron ayer en mi casa: son amigas a las que quiero mucho y veo poco.

Veo mucho a María y Aída y siempre me parece poco. Muy muy poco. ¡Son adictivas!

Por mucho que hable con Sylvia se me hace muy muy poco tiempo. Podría pasar días seguidos sin parar de hablar. Es un enorme placer.

Veo tan poco a Jose o Xabi que apenas puedo decir que sean mis amigos y, sin embargo, los echo mucho, mucho de menos todos los días.

Mi querida Vicky me ayuda mucho aunque ella crea que lo hace poco, con su sonrisa, con su ejemplo de fortaleza, de vitalidad: es alguien a imitar en la vida.

Lilian es un poco despistada con el cuidado de los amigos, pero nos queremos mucho, mucho… como diría mi amiga África, como la trucha al trucho. (Heterosexualidad implícita, por cierto)

Carmen es mucho más que mi amiga, es, poco más o menos, mi alma gemela.

Mercedes, Susana, Ana y más movidos y movidas están entre quienes veo poco queriendo mucho, y hay tantos y tantas en esta categoría que impresiona. Muchos y muchas y no pocos y pocas a los que añoro con tanta frecuencia que no pueden imaginarlo: Jose, Poto, Junki, Ainhoa, Melanie, Paloma, Adolfo, Olga, Ayelén…

Por poco ni veo a mis lejanas amigas Ivania y Elena, en lugares tan distantes como Chile o Australia, pero las quiero mucho, las quiero en mi vida, aunque sea, no más, mediante un email cada año, recordándoles que estoy en sus vidas y que ellas están en las mías… porque gracias a mis amigas no tengo una vida, sino muchas.

Por no hablar de mi adorada y admirada Mariel, esa argentina que me mueve mucho el alma, con lo poco que nos vemos en persona: es de las pocas gozadas que me está regalando FaceBook, saber más de su día a día. La quiero mucho, pero mucho mucho… ¡Querida!

Me empeño mucho en no amistosearme con mis alumnos, pero es inevitable que, poco a poco, van calando en mí sus maravillosas personalidades: Cármenes, Ernesto, Dolores, Nines, Federico, Juan Carlos(es), Chema, Anas (3 o más), Teresa la bella, el itinerante Giovanni y, sin que se me noten preferencias, la sin par Saritísima.

Amigas como Simona, Raúl, Silvia, Robert, Marina y otros y otras que he ido conociendo en diversas diversiones, son gente con quienes tengo poco en común, están en una extraña frontera de amistad, pero por mucho que se empeñe esta categoría en ser un tanto excluyente, prefiero incluirles.

Pero hay algún amigo y, sobre todo, una amiga (cuyo nombre prefiero ocultar) a quien veo poco y, sin embargo, cuando la veo me parece mucho, mucho mucho… así que cada vez menos menos menos…

Por suerte, son muchos y muchas los que me saben a poco.

Como las casi invisibles Granaínas (Belén, Mati y Maria del Mar) a quienes por poco que vea, recuerdo mucho. Tenemos pendiente una comida juntos, será un placer.

Habrá muchos y muchas que he dejado en el tintero, pero los que están, lo están… y sé que no es poco lo que les quiero.

Disfrutando de la Globalización


Ayer comí con mi amiga querida
con Sylvia, de Toulouse,
en un restaurante oriental
en el que se mezclaba cocina japonesa
con china
y vietnamita
(con un vino blanco de la Ribera del Duero)
y pagamos en Euros
hablando en español
para luego quedar con mi otra gran amiga
Aída (B.)
y tomarnos un Spritz Aperol
en un café italiano a menos de 50 metros de mi casa.

Recordaba Verona
como si lo estuviese paladeando
y cómo le había dicho a Carmen
que era un poco menos significativo viajar
desde que la globalización campa a sus anchas por el mundo
porque encontrar Aperol a 50 metros de mi casa
o pasta a la albahaca
como la que hice ayer para cenar
se había convertido en norma
(normal)
y se apreciaba algo menos al estar en otros países.

Quizá ha llegado el momento de pensar
si tiene sentido viajar
pero, sobre todo,
si tienen sentido las fronteras.

Hotel Trieste

En Verona
en Corso Porta Nuova, 57,
cerca de la estación de autobuses
cerca de la Piazza Brass
y de la Arena
esa singular obra elíptica
que me alegró tanto visitar.

Hotel Trieste
fue un placer estar
en una ciudad acogedora
que cada día horada más mi voluntad
de seguir queriendo cambiar Madrid
o me hace plantearme
abandonar el mesianismo
y abandonar
me
y
ya.

Trieste no triste.
Trieste en Verona.
Trieste
que te quiero verde…

A Carmen…

Reverencio con sumo honor o respeto aquel adjetivo posesivo informal de la segunda persona en plural que se coloca delante de aquel órgano de la vista cuya etimología procede del latín oc?lus que refleja la radiación electromagnética absorbiendo una una mezcla de longitudes de onda que, en formato hexadecimal, pueden resumirse mediante la triada de números BE/98/6C.

Imágenes para el olvido

¿Pero cómo una web sobre la desnutrición y la pobreza en el mundo puede tener una publicidad tan poco seria sobre otras cosas? ¿A nadie se le ha ocurrido pensar en el contexto de las imágenes que muestran, en las ofertas que hacen frente a frases como la que acabo de publicar en FaceBook?

Según las estadísticas de la Organización Mundial de Salud entre 3 y 5 millones de niños menores de 5 años mueren por año en el mundo por causas asociadas a la desnutrición.

Junto a unos cálculos sencillos (dividiendo niños en fracciones, para que se entienda que no se piensa en ellos como humanos, sino como simples datos estadísticos, fríos, lejanos, hasta llegar a cuestionar su existencia.

?

10958,9 niños por día.
456,6 por hora.
?7,6 por minuto.
y ahora, háblame de crisis.

Y esto, después del otro texto del día, el que he escrito sobre caprichos y crisis y por el que acabo de discutir con Carmen. Consiguen (un impersonal que no nos debería excusar) que no creamos la realidad, que olvidemos que existe, para poder seguir con nuestras ideas de niños caprichosos…

El estrés de un masaje antiestrés

Carmen tenía un regalo de clases de yoga que podía canjear por otras cosas y lo usó poco porque tenía que ir los miércoles y ya está yendo los martes y los jueves a pilates y no se puede dedicar a su atención y cuidado todo el tiempo de la semana. Así que me propuso cambiar algunas de las que aún no había utilizado (desde el año pasado) por un masaje para dos personas. Y acabo de volver.

He de reconocer que los masajes me gustan, pero dedicarle el tiempo a ellos acaba resultándome más estresante que dedicar ese tiempo, simple y llanamente, a reposar en casa, sentadito o tumbadito en un ambiente agradable, como mi cama, escuchando un poco de música (digamos que, por ejemplo hoy: Benito Lertxundi, que va tan bien con el clima…) o, mejor aún practicando un poco de sexo reposado, amable, cuidadoso.

No valoramos las virtudes terapéuticas del orgasmo. Es formidable lo que puede relajar, sin necesidad de ir a ningún sitio distinto que una cama, por la edad, para disfrutar de un manjar inigualable.

Eso no quita para que otros manjares puedan probarse, como esto de los masajes…

Mientras estaba tumbado en la camilla (gran invento el de una camilla con agujero para poder respirar y tumbarse boca abajo) no podía dejar de pensar en todas las cosas que tenía que hacer hoy.

Por supuesto que podía dejarlas para otro día. Por supuesto que podía darme cuenta de que la urgencia es tan solo una fantasía personal que me gusta tener para sentir la inmediatez de la muerte, (que no es algo depresivo, sino tremendamente vital) y también doy por supuesto que lo que hago no es, ya urgente, sino ni siquiera necesario (iba a decir importante, pero a mí sí me importa).

Sé que a otras personas les viene bien tener una excusa como esta del masaje para reservarse un tiempo en el que dedicarse a sí mismos o a sí mismas, pero a mí me parece innecesario en grado sumo y tan solo una señal de que no sentimos ser dueños de nuestro tiempo hasta el punto de que necesitamos algo externo que nos permita tomarnos un respiro. ¡Pero yo ya me tomo bastantes respiros! Habrá quién pudiese creer que no, que no soy una persona relajada, pero a mi entender vivo una vida bastante tranquila… salvo por el agobio perenne del dinero. Así que, como para gastar más… afortunadamente era un regalo y lo disfruté como tal…

Aunque cansé a Carmen con mis observaciones negativas sobre la benéfica acción de los masajes. Insisto: me gustan los masajes. Me encanta el contacto humano. De hecho, parte del tiempo que he estado en la camilla, he estado pensando en lo que añoraba actividades en mi semana en las que tenga más contacto físico con otros seres humanos. Como cuando asistía a Talleres de Movimiento Expresivo o las sesiones de Expresión Corporal de la Formación de Actor. Lo introduje en mis talleres de Creatividad como algo con lo que comenzar a calentar antes de abrir el cerebro.

Y claro que funciona. A mí hoy se me ha abierto el cerebro como en un estallido desordenado en el que las ideas han brotado sin parar, luchando por ganar protagonismo. Y mi paranoia me ha llevado a obsesionarme pensando que se me olvidarían. Quizá no es tan importante que se olviden, pero siento que dejarlas ir es como abandonar posibles placeres… (¿por otros?)

Y no quiero, no quiero perderlas. Me atemoriza tener tan mala memoria. Me cabrea, más bien.

Entre otras cosas, he pensado en lo que ya empecé a dar forma ayer, relacionado con lo de realizar acciones cotidianas. He visionado la idea con acciones en series temáticas (cocinar, arreglar ordenadores, leer en alto, limpiar una casa…) que ofrecer a distintas personas que, preferiblemente, no me conozcan personalmente. Con la única condición de que han de tomar 3 fotografías de la acción. Aún queda mucho por perfilar, pero es un principio.

También he recordado a amigos a los que veo con muy poca frecuencia, como mis queridos matemáticos, o las chicas granadinas o, cómo no, mis amiguetes de Movimiento Expresivo, ellos siempre tan masajeadores… Les echo de menos. Quizá podría haber estado ese tiempo con alguna de ellas, como mi amiga Susana, en lugar de estar en un masaje…

He sido consciente de que le estoy dedicando demasiado tiempo a mi proyecto de las Lenguas, que me está acabando por estresar, en parte, aunque sé que es tan grande que si pierdo un cierto grado de urgencia… acabaré por abandonarlo. He reorganizado mi agenda semanal, para dedicarle algo de tiempo a no hacer nada (o a pensar, que sí que es hacer nada) abandonándome a ese rato relajado, tranquilo, con música de fondo, suavita, para poder dejar que mi mente vuelva a estallar, al menos, una vez por semana.

No olvidar: ¡Yo soy dueño de mi tiempo!

Hoy hace ya 12 años y 6 meses

El tiempo pasa.
Comenzamos un bonito lunes 6 de septiembre de 1999.

Era otro milenio
otro siglo
otra década
era otra época
(sin móviles
sin facebook
sin «crisis»)
y era la misma época
y nos descubrimos
y nos cubrimos
y nos conocimos
cuando ya nos conocíamos
y seguimos de la mano
como antes
yendo juntos
de la mano
por las calles
por los caminos
por la vida
y seguimos
descubriéndonos
cubriéndonos
abrazándonos
con mucho nos
y mucha esdrújula.

cada día 6 de septiembre celebro estar a su lado
cada día 6 de mes celebro estar a su lado
cada día de mes celebro estar a su lado
cada hora del día
cada minuto de cada hora

celebro estar a su lado
y aún alguno me pregunta que por qué no celebramos san valentín

Hoy tengo otra excusa para seguir besándola
siempre que puedo.

Esto no es una broma