
bajo la pintura blanca
veo el celeste que una vez tuvo
este muro innecesario
que sostiene la separación de la cocina
de nuestra casa
el interior es rojo
del color de la ficha del parchís
recién comprado
antes de adquirir un tono
grisáceo y lánguido
al pasar el tiempo
y las células muertas
los brochazos de blanco
sobre gotelé carpetovetónico
me recuerdan
que nunca fuimos hábiles pintando
otras paredes
contrastan con la vida
que se ha ido imponiendo
desde hace ya tres décadas
redondeando






