Orgía de herramientas

La llave inglesa le sorbe la fuerza al
destornillador
bajo la manta de un
cable de alta tensión
eléctrica
por encima de una impresora
imprecisa
que hace las veces de lecho
concupiscente
al que se asoma un auricular
in
alámbrico
unido a una base
FM
con una enhiesta
antena
terminada en una punta un poquito más sensible
de lo normal
redondeada
recordando
no poco
un prepucio mirón
como la web-cam
de tres patas
que está castigada de cara a la pared.

El pendrive, aislado,
piensa en el suicidio.

Como pollo sin cabeza

Algunos días estoy sin objetivo
como un pollo sin cabeza
me muevo de acá para allá
sin saber por qué
y sin saber si tiene sentido lo que hago
pero creo que aquí radica el problema
en intentar buscar
algunos días
el sentido a lo que hago
como si las cosas que no tienen sentido
o cuyo sentido es completamente desconocido
(aunque completamente sea una innecesaria calificación de desconocido)
no tuvieran importancia
o no fueran los verdaderos motivos
para moverse
aunque no sepa hacia dónde me llevan esos
ocultos motivos
o ausencia de ellos, pues no queda nada claro que
verdaderamente
existan
o deban existir
e incluir el deber en todo esto
no es más que una complicación adicional
que no era necesaria en absoluto
y así entramos en la necesidad
que era otra innecesaria cuestión a tener
o no
en cuenta
para sentir que lo que hago
o no hago
es necesario
para algo
aunque sea
en última instancia
necesario para sentir
que me necesito
y así
sentirme
sentir
ser.

Aunque sea
pollo sin cabeza.

Cables

Alrededor de mis manos hay varios cables
negros
y uno azul
y uno plateado
que conectan la corriente de mi portátil
y los discos duros externos
que utilizo para almacenar
datos y datos
de cosas sin las que por supuesto
que podría vivir
pero que quiero tener cerca
accesibles
a la distancia de un cable negro
que rodea mi entorno
hasta hacerme sentir
parte integrante de ese panorama
cableado
cabreado
que necesita estar
permanentemente
conectado
a la corriente eléctrica
para alimentarse
nutrirse
de electrones locos
que llegan en manadas
al borde de mi tacto
donde se unen en un extraño y silencioso
orgasmo de conexión
con una piara de electrones
que mi piel transmite a la parte más interna de mis cinco capas
tocándome
el corazón
el cerebro
y haciéndome escribir este texto
que habla de ellos
en un lugar en el que ellos habitan
como si fuese su reino
negro
y plateado.

Mi cerebro es un reino vasallo
que paga los impuestos
impuestos
por ejércitos de partículas elementales
que nunca
debieron ser consideradas
despreciables.

Infravaloramos
al enemigo.

bip
beep
bip
bip
0
1
1
0
1
0
0
0

A veces repito las cosas

algunas cosas las repito
son esas cosas que quiero decir
con tanta insistencia como cualquier otra cosa
pero que repito más que otras cosas
que no repito tanto como aquellas, las cosas
son las que se repiten como si fuesen cosas
que sin otra cosa que hacer hacen cosas
como una maraña de nadas haciendo cosas
hasta que las cosas
llenan el mundo de cosas
que se repiten tras cada cosa
que hago, llenando de cosas
el universo.

Hoy estoy perezoso

No quiero hacer a
penas
nada
nada de nada
que, como todos sabemos,
es todo
así te quiero
nada
del todo
para nada
que diría Oliverio
pero no
ni siquiera eso
ni siquiera quiero leer
un mísero poema
ni dejar de pensar en blanco
en una especie de anónimo olvido de la acción
que tampoco es inacción
es un vacío vacacional
por supuesto
laico
en mitad de ceremoniales religiosos
liturgias
asesinas
que recuerdan
con un afán desmedido por llevar a los últimos extremos los desmanes de la recuperación de la memoria histórica
que
en este caso
distan mucho de ser verdaderamente históricas
y se acercan más a la mitología necesaria
para financiar
la empresa más antigua
de este planeta.

Quiero borrarme… pero servirá de tan poco,,,
mientras tanto
sigo deshaciéndome de
productos financieros innecesarios
como tarjetas de crédito
cuentas corrientes
y algún que otro depósito a plazo
que busco rentabilizar un poco más
de lo que hago
pero que parece imposible
en manos de estafadores
que parecen haber aprendido de la iglesia cristiana
fabricando unos mitos
tales como que el dinero en el banco
rentabiliza más que en casa
pero que, ahora mismo, sólo se cumple
para aquellos que tienen tanto dinero
que no entiendo para qué quieren rentabilizarlo
aún más.

Mientras, veo pasar las nubes sobre mi cabeza
y pienso en escuchar a Mahler
que tanto le gustaba
a Bukowski…

miles de flores se manifestaron

ayer
miles de flores se manifestaron en gran vía
y otras calles de españa
contra la reforma laboral
que nos afecta a todos
incluso a mí
que no me manifesté
y que apenas pude hacer una
huelga simbólica
más para descargar mi sentimiento de culpabilidad
que para realizar algo efectivo.

y es que el sentimiento de culpabilidad
que tenían antiguamente
por pecar
ahora está difuminado
en cientos de pecados que cometemos
por no ser totalmente
responsables
de nuestros propios
actos
y me escuece saber que por mucho que haga
seguiré sintiéndome
responsable
de todo lo que hago
y de lo que no hago
y me escuece pensar
que no hago lo suficiente
y que lo que hago es inapropiado:

consumo mucho más de lo que debería
incluso siendo una de las personas
en este país
que menos consumo
y no me comprometo con causas
tan importantes como la de
ayer
en gran vía, sin ir más lejos,
o en atocha
o en algún otro lugar
y lo más que me limito a hacer
es decir que no se hace lo suficiente
con un impersonal que intenta
descargarme un poco de la carga
de la responsabilidad
que pesa como una losa
sobre mi cuerpo
aún no cadáver.

no escribí en este blog diario
no escribí ni un poema
no leí nada interesante
que pudiera considerarse formación
ni avancé con mi proyecto lingüístico
ni tuve ninguna otra clase
que la que había convocado
vía online
y que finalmente no tuve
porque mis alumnos hicieron huelga (de mí
y me quedé con cara de tonto
mirando la televisión
la serie de Los Soprano
queriendo no pensar
en que no había estado en la manifestación
aduciendo, aunque fuera verdad,
que era por mi dolorido culo
que me convierte en un incapaz
de otra cosa que no sea lamentarme
como estoy haciendo
ahora
en este
poema
triste
y
vacuo.

Hoy es de esos días

que toca escribir con un gato
recorriéndome la espalda
y gritándome al oído
que tiene las mismas letras que
odio
pero sin una molesta tilde

hoy es uno de esos días

de esos días
que no puedo pensar
que no puedo sentir
otra cosa que un miedo inenarrable
con el corazón agazapado
en el fondo de un cuerpo
que se contrae
acordeón amargo

hoy es de esos días
que tengo que ir al médico
y siento que no volveré
a ser el mismo que entra
en la consulta

hoy es un día
aciago
dramático
que me recuerda
que siempre
seré un cobarde
de los que no se defienden
de los abusos
de la violencia
de la injusticia
salvo huyendo
exiliándome
en el interior de mi cuerpo
cárcel
de mis músculos agarrotados
de mis huesos contraídos
cárcel de mis besos
y de mis abrazos
cárcel
hoy
que es uno de esos días
cárcel
de mi amor a vivir

hoy solo veo
un día gris
por dentro y por fuera
hasta dolerme por dentro
y por fuera
hasta dolerme
todo
hasta dolerme
y dolerme

hoy
quiero que acabe
hoy

Ventana, M-20040130

Nos bajaremos en otra parada, iremos despacio a entrever la mirada y en un ramo de nuevos soles abrigará la esperanza. Zapatos como soles donde la mirada baja. Un crisantemo de plata gime.

Nunca será el futuro una palabra, una única palabra que contenga todas las contradicciones. Un abismo de plomo sacude la indiferencia que arroja un halo de tristeza en mis ojeras. Cansancio de muertes acumuladas donde la noche que ya decían que mentía vino a llevarse un beso y me robó palabras hasta dejarme en la punta de la lengua un oscuro sabor a mermelada enmohecida.

¿Vas viendo?

Me dicen que no te da tiempo y lucho y (¿lucho?) me pongo a la tarea de escribir un poquito. Sí, sí, me dará tiempo, ya lo verás. Y si no me da tiempo me voy a morir, me voy a encontrar abrazando el olvido, el renacimiento feroz de quien no quiere morir. La divertida carcajada da da es algo más que una siniestra mueca contra lo establecido, es mi sonrisa lisa lisa sisa nosa que bate en esta terraza la única batalla posible:

la que me hará
ser dios
o
no ser.

Ventana, M-20040127

Viaje tenaz. Emprendido en solitario en grupo. Siempre viajaba solo como una hoja que cae. Otoño vislumbraba el crepitar. Palabras y palabras. Su paladar está quemado por una sopa hirviendo que tomó de pequeña. Su mano derecha guarda una muesca de un fogón de carbón. Uno de los últimos de esta ciudad. Estaba en la pequeña cocina de la casa de sus abuelos a los que tenía que querer y no lograba entender.

Una raya blanca separa el cielo azul en 2.

Ellos murieron uno a uno sin mucho misterio, como cucarachas, como habían vivido.

El fogón de carbón, que estaba hecho de un hierro que parecía cerámico, era negro y plata por dentro. El rojo de las brasas era hipnótico, pasional. Ella no pudo evitar sentir tocar palpar la superficie circular incandescente y sus dedos perdieron para siempre su huella digital. Ya no era ella. Pudo cambiar de nombre y casi también de sexo pero finalmente decidió seguir siendo una mujer. Sus labios enrojecieron y se volvieron carnosos. Se rodearon de besos y sus ojos de lágrimas. Su respiración se arreboló, se aceleró, creció, rugió, gritó, vibró… pero nunca volvió a sentir aquella fascinación hasta quemarse los dedos de su mano izquierda.

Un hombre, a su lado, lame su no huella mientras ella abre los ojos. Otro día da comienzo.

Esto no es una broma