Besando tu espalda

Más que alucinante
alucinógena
desafiando miligramos de mercurio
en el incendio sostenido
en tus dedos
en tus dedos
donde tu sexo desafía
un pedernal
a la orilla del sí
y tan lejana que pesas menos
no pesas nada
ingrávida avioneta de pestañas
desde el éxtasis de tu rodilla
tu mano
desnuda
engulle una falda tableada
rozando sombras
rozando enveses
muslos de lana negra
matojo de cocodrilos
a la espera de desayunos en oferta
que muerden, violentos,
carne desollada
mata de terciopelo humedecido
en la cúspide sedosa de tu lengua
que le arranca al aire el nombre del creador
y me lo escupe
en lágrimas de recovecos obtusos
como la pena
una uña rasga el cuero
entra en la sangre, voraz
de tus entrañas
te rompe y te retuerce
mientras tus pechos proyectiles
ganan la guerra de los mundos
polvo de las galaxias
abrasa silencio
grito invertebrado
ameba fórmica salvaje
que suda la pared
el cuadro que te acoge
estallido cruento
gritos, sí, otra vez gritos
que asesinan la paz
matan la vida
de un niño de seis meses
con un puñal del pecho a su garganta
beben humores
eyaculan aire
subliman, rayan, cantan,
chillan, violan, sueñan
sueñan, duermen
amanecen
en la calma de una paz donde el bebé ha resucitado
y está besando tu espalda.

Ayer decidí publicar un libro

Ayer fue un día especial
porque las estrellas volaban más despacio que otras veces
cuando una decisión mugió en mi rostro
escupiéndome un gargajo de verdad
verde y fluido como pota de borracho
bilis de mi alma,
cayó de boca contra un kilo de celulosa en forma de compresa
que absorbió todo lo que escribí
sin copiar una palabra oxidada
ni un sonido
pero copiando y plagiando
tan libremente
que creé una obra de arte
y
entonces
lo publiqué.

Asonancia

Propaganda taxidermista
de abluciones
coloreadas de añil
como el sombrero
como la pez
de la noche sin estrellas:
tus ojos.
y un camaleón muerto
en el armario
con un reloj de nueve horas
metropolitano y eterno que
nos rompe
desde dentro
con una luz de lágrimas violenta contra paredes vírgenes que resisten un final sin asonancia.

Experimento dadá

No, pero la vida
calamares con pimiento
rojo de rusia impotente
cuando Lenin se hace geografía
y una becada
contraataca
la leyenda impasible
desde tú
desde dresde
con pasión Du Châtelet
que angustia
¡ah!
la guerra ha comenzado
¡bien!
y el chulo sin su puta se muere de tristeza
canario enjaulado
con bacalao serio
mirando el infinito a través del cristal
de una negación.

Infraestructura de átomos acústicos rodeados de naufragios interoceánicos que gritan sin cesar pidiendo liberación. De cuando en cuando, los gritos se vinculan, las almas golpean unidas un hálito de lucha. Dan golpes al mundo de papel, plano y redondo como el sol. Nuestro pulso se inclina a la derecha sin que tenga ningún sentido y las manos negras gimen no meterse en tu sexo y explorar el infierno.
Una oleada de furia y llanto se hace consciente de deudas monetarias. Un infinito desasosiego en la quietud del pis. Todo es pis cayendo al mundo, al mundo golpeado de silencios gritos, de lágrimas de asfalto. Una calumnia ciega tiene ojos amarillos. No hay forma de escapar: nos vigilan. El tiempo ha terminado. El tiempo. Un instante sin ti. Un instante. Un instante salubre. Un gran instante de luz. Un gran instante en punto.
La ventana sufre un violento atentado. Ventanas azules se convierten en cuadros de ecuaciones matemáticas pisoteadas. Una apisonadora arrasa el único punto de misterio. Todo se vuelve confuso. Ya era confuso. El instante era. Era. Etapa. Época. Epopeya opeya ya o pe ya pe pe o po epo e ya ya… y más: un alijo de heroína en la esquina inferior izquierda. La única izquierda de misterio y voz. La luna. luna la. la. la.
Y los plásticos cantan victoria. Los plásticos son testículos de dios que no puede sujetar su escroto. Un único dios único instante. Nos vimos. Nos miramos. Nos tocamos. Le pinté para borrarle, para poder dejar de creer en él.
Al fin, soy libre.
Hoy podré escribir lo que yo quiera
y después
nada.
Huellas identidad letras y cruces
no existe forma de escapar
no hay de dónde escapar
no hay necesidad de huir
del paraíso.

    Madrid, Julio de 2003.
    Durante un intensivo de pintura y creatividad
    de Javier Melguizo en La Cava de Humilladero.
Esto no es una broma