Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (III)

Continuación de Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (II).

Hoy ya no es día 2, pero he de completar este corto, brevísimo diario.

Me desperté soñando no recuerdo qué acerca de quien más recuerdo. Hasta cierto punto, eso me enfureció, pensar que ni en mis sueños era libre de no pensar en ella. Eran sólo las 6:35 pero no quería reconciliar el sueño ni el ensueño. Con energía y sin pereza, lo cual me sorprendió, me incorporé y comencé a organizarme para irme.

Recogí la tumbona y pensé dejarle algún mensaje escrito de agradecimiento pero no me ocurría nada ocurrente y lo dejé en las gracias orales que el día anterior le había dado.

A la salida del camping hube de pagar para recobrar mi carnet de identidad que había tenido que dejar allí en depósito la noche anterior, al entrar.

Salí, sin saber donde ir, pero no quería seguir en Toledo. Decidí visitar la oficina de información y turismo para conseguir un mapa de la provincia e información, como es obvio tener una oficina de información; con la intención de visitar el Casar de Escalona o Cazalegas.

Estaba cerrada.

Volví al parque en el que el día pasado había estado recordando y me dije a mí mismo: – Esta vez no te pasará-. Pero me pasó. Pronto pensé: ¿por qué quiero sentarme justo en el banco en el que estuve ayer? aún es más, ¿desde cuando me gustan a mí los parques?

Las respuestas a estas y otras preguntas llevaban su nombre como portada y no quería ni mirarlas. En realidad, las sabía.

Extraje las cartas de mi macuto y me preparé para hacer un solitario. Comencé. Era su solitario; el solitario que ella me había enseñado a hacer. Ya no sabía qué hacer. Los nervios se estaba apoderando de mí. Entonces volví a huir otra vez más de los recuerdos de aquel parque que parecía tener algo especial para recordarla.

Me dirigí al centro de la ciudad, a pasearme por las callejuelas bulliciosas y en las que debía estar atento para no chocar no con las gentes, ni con los coches, ni con las paredes y ello me distrajo lo suficiente para calmarme.

Alrededor de dos horas duró esta situación y después recordé que sería buena idea tener algo que hacer ese día y por ello regresé a la oficina, ya abierta, de turismo.

Allá me dotaron de un mapa y de los datos necesarios para ir a Talavera, en cuyo camino se halla Cazalegas.

Cogí un autobús, es decir, el autobús me cogió a mí, en Toledo a las 12:00 que me condujo a Cazalegas en, aproximadamente, una hora y media.

Estaba fuera del pueblo, como a un kilómetro, y lo veía todo desde arriba y me pareció, y no me equivocaba, sumamente pequeño.

Decidí adentrarme en él y buscar un lugar para pasar allí la noche. Por si había suerte, en el camino que conducía al núcleo urbano, tendí el dedo y hubo suerte: el primer coche paró. Entré y entablamos conversación de autoestopista; él me desveló que había sido boxeador y yo que era estudiante. Aproveché aquella charla para preguntar si en aquella localidad había un camping o algo similar para pasar la noche. Él me contesto que, en efecto, había no solo uno, sino dos campings junto a la playa de un embalse, pero que estaban a algo más de un kilómetro pasado el pueblo. Más o menos entonces, se detuvo frente a una casa y me dijo – Espérate un momento -. Yo no vi inconveniente en hacerlo y al tiempo escuché, no porque yo sea cotilla, sino porque hablaban gritando, cómo decía mi improvisado chofer:
– Vuelvo pronto, voy a acercar a este chaval al camping.
Siguió conversando con aquella señora que le había salido a recibir y que luego me enteré de que era la señora de su capataz al que, atravesando el pueblo, que en poco tiempo se atravesaba, nos encontramos.

Paró a hablar con él de una cosecha de no sé qué y de que en aquellas noches se les había helado el manzano. Mi amable piloto se lamentó y le dijo – luego hablamos, ¿vale? – y siguió dirigiéndome hacia el camping. En la entrada del mismo nos despedimos y le agradecí su generosidad.

Entré y pedí un papel para hacer la reserva en la recepción y dejé mi DNI como garantía. Busqué un sitio donde extender mi manta y mi saco y, tras no poco andar, encontré un lugar cómodo, con un árbol que me sombreaba, un suelo bastante llano y una panorámica inmejorable desde la que veía la playa y, en embalse, veleros, veleros y yates de un bonito puerto deportivo.

Me tendí y mi estómago me recordó que era hora de comer. Abrí unas latas y comencé la ceremonia. Al rato, noté que donde estaba había muchas hormigas y eso no me atraía para pasar allí la noche al aire libre.

¡Ah! ¡Cómo echaba en falta entonces la tumbona del día anterior!

Cuando hube acabado de comer, decidí no montar allí mi maldotado dormitorio y, sin ningún problema, pude anular mi reserva y recuperar mi DNI.

Estaba a pocos kilómetros de Talavera y tenía el tiempo suficiente para ir andando. Salí a una carretera realmente mala y comencé a marchar al tiempo que, cuando pasaba un vehículo, hacía autostop.

Continúa (y termina) en Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (IV).

Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre (II)

Continuación de (Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre).

No sé qué ocurriría finalmente pero yo hube de irme pues ya había comprado mi billete hacia Toledo. En los andenes de la estación pude estar cercano a otro acontecimiento digno de ser contado.

En un habitáculo colindante a una sala de espera a la puerta del cual yo estaba sentado, entraron 5 vigilantes de RENFE grandes, fuertes y bien armados y, segundos después, fueron saliendo uno a uno como indignados y con prisa. Tras ellos salieron unas voces de una mujer (otra mujer, para la estadística) que, extasiada por su propio histerismo, gritaba:
-Al rey, a los diputados, al tribunal constitucional habría que llevar este caso.
-Disculpe, señora… – quiso calmarla un funcionario.
-Y usted, ¡usted, cállese! Dos horas que llevo esperando para comprar un billete para Parla y aún no lo tengo… bla, bla, bla…

Yo me fui. No tenía ganas de aguantar otra vez la risa ni de meterme en líos.

Llamaron por los altavoces para un tren para Toledo pero no me enteré y me dispuse a preguntar a una chica rubia que iba con dos chavales pequeños que se anticipó preguntándomelo a mí, con lo cual, como es fácil imaginar, quedé algo perplejo y más aún cuando me dijo entre castellano e inglés sin venir a cuento:
-No te vendría mal afeitarte.
Creí que no había entendido bien y, cuando me di cuenta de que lo había entendido, lo entendí menos. No sé porqué, pero en ese momento me pasó la imagen de… bueno, de quien va a ser, como siempre.

Me asustó la idea, por un momento, de no poder escapar de ella durante toda mi escapada pero (¡tachán!) la suerte estaba echada.

Por supuesto, dejé ir ese tren y esperé al siguiente al que entré sin mayores altercados.

Entablé, prontamente, amistad con dos matrimonios ingleses que no entendían nada de castellano y con los que estuve hasta entradas las dos del mediodía. Había llegado a esa ciudad de contrastes entre lo rústico de sus gentes y la cosmopolita esfera de turistas, entre lo rústico de sus catedrales y murallas y las sofisticadas máquinas que las inmortalizan.

Comí tarde y después quedé como adormecido con macabros pensamientos en un banco de un parque. Observé las palomas y escribí su nombre en la arena y lo contemplé hasta que se me caían los párpados. Me incorporé, recogí el macuto, y salí, huyendo, todo sea dicho, de allí.

Anduve varias horas vagando por estas callejuelas zigzagueantes, escalonadas y empinadísimas, buscando las sombras, las estrecheces y la soledad, pero, al mismo tiempo, tenía mido, porque sabía que, si estaba solo, ella estaría conmigo y yo no podría soportarlo.

Conseguí dar con el camping y me introduje en él. Desinteresadamente, mi amable vecino me prestó una tumbona para que pudiese dormir más cómodamente y trabé amistad con él. Ahora estoy tumbado sobre ella y me voy a dormir.

Seguiré mañana: día 2.

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Cómo recorrer 3/4 partes de Toledo solo y durmiendo al aire libre

Día 1º: (Coincide con ser día 1 de mayo de 1986)

Salgo de mi casa, habiéndola llenado de embustes y con mi conciencia martilleándome y mi macuto a cuestas a las 8:30. Mi gran temor era que mi padre, generosamente, se ofreciese a llevarme y me angustiaba la idea de que descubriese todas mis mentiras de un solo golpe. Por tanto, mi pequeño gran suspiro vino cuando conseguí, tras el no poco agitado viajecito, cuando se viaja en el último asiento, verme en Madrid, la gran metrópoli, la populosa capital y el orden más desordenado.

Pues bien, yo, un osado estúpido, la atravesé como tantos hacen cada día, en la línea 1 de metro (suburbano), pero para mí este día, era algo especial: notaba independencia creciente en cada estación.

Llegué, sin incidentes dignos de ser mencionados, a la estación de Atocha y, para acceder a las taquillas de Renfe, crucé los pasillos, los largos corredores, cuidados y limpios por mendigos y vagabundos… bueno, eso es lo de menos, lo divertido es que logré mi propósito… bueno, lo divertido tampoco fue llegar, sino lo que a continuación narraré que ocurrió allí.

En ocasiones es posible observar a las gentes afables, tranquilas y solidarias de la insigne villa transformarse, como por influjo de la luna, en bestias groseras, egoístas e, incluso, violentas. La escena que el destino me concedió presenciar fue uno de estos casos: Habían dispuestas dos abultadas filas para comprar los billetes y yo, sin pensarlo tanto como el burro aquel que tenía ante sí dos montones exactamente iguales de paja, opté por una de ellas, prácticamente al azar, entre tanto y para pasar el rato estuve observando los quehaceres de una familia que se había situado en ambas filas para elegir, en último término, la más conveniente. Hasta este momento, todo era dulce y suave, propio de gentes afables, tranquilas y solidarias, más cuando apenas quedaba una docena de personas delante de mí y casi una docena de docenas detrás, sucedió que una señora de lo que las gentes de aquí entiende por malos modos irrumpió bruscamente en los puestos de vanguardia de la fila profiriendo gritos en favor de su justicia vengadora –me sá vían colao, pos ahora me cuelo yo-.

Curiosamente, el concepto de justicia, a pesar del increíble número de telefilms yankis que ingerimos al año, de las quijotescas gentes ibéricas está, por suerte, encontrado con el de ojo por ojo y parece más influido por el bíblico de poner la otra mejilla; el caso, lo que importa, es que a esta proveedora de sus libertades, de sus derechos, y no creo que de sus obligaciones, la hicieron frente verbalmente aunque un defensor de esta fiscal, abogado, jurado y juez agredió, no solo verbalmente, a uno de tantos sofistas que surcan el mundo y que imploraba –razone, señora, razone-.

Pues él, guardó su filosofía en el bolsillo y respondió a su agresor, por supuesto, tampoco verbalmente. 2 minutos después eran ya 4 individuos los que, en cada lado, peleaban físicamente como adolescentes borrachos.

A mí me divertía ampliamente observar aquel caos y a aquella vilipendiante señora vociferando -pos yo digo que daquí no me muevo-.

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la cada

las
cada
ante la cañada
loco
amenaza
una frase
encontrar
de nuevo ese camino
murió
cuadradoluz
solos
amargos
un -s
en la niebla
de
sus llamadas
vez salvación
forman
corazón
caer
de la
del revés
comete
que
se entristece
y estúpido
de la lobotomía
volver
para
cuando Tania
ni un centímetro
la
sentirse
de sueños
entre la niebla
llama
entre
otra su
hoy
de un
la que
altura
que
sordera
un grajo
sin un ápice
un paraíso caliente
la que logro
gritar
de la distancia
puede
contra
uno
una ventana
está
a morir
la alcaldía
del mundo
y ser
uno apagado
en a
la
entretenimiento
la
como
de labor
en el que barrer
y es una vez más
hay que
azulejos
hasta que echo
acaudillados
para
azules
ella no
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contra
el fin
una a
que
latidos
(sin alma)
su nombre
Sentido.

azul
torpeza
estaba
sin sentido
hacía
un ruido ensordecedor
de los
amarillo
mente
de las
de
famélicos
llenasen
oigo música
sueño
crisálida
doloroso
aceras

lo
de nostalgia
suelo
de (algunas veces
de
previsto
de idas y venidas
huecas
para alcanzar
la noche
tiempos
en las
dunas
golosinas
andrajosas
de lágrimas
ahora que
se ha
osada
que abriga
piden
fuesen
sorben
las ramas (suspiros
alzan
invaden
como lágrimas
brazos
en bramidos
policías
de albal
tener
aunque
de
corazón
cayendo
realidad
.

un
por
(y
vez
en
esa cruel deficiencia
y paso en dolor
en el barro
bramidos
a brochazos
de
los una morada
labios
su alma
barro
putas
a mí
porque
más
tregua
sus pelos
Todo
lago
la
eso no
en la oscuridad
atrás
que apabuye
ese estómago
y la dureza de la
más allá
mi corazón.

Ejército
poemas
ojos
en la ventana
mirada
es una gris y
en las
como
todo
allá sin
por el
Tiene

Eres producidas
acaece
otra y otra
un asustado
el tiempo en peso
como los ojos
aparecieron
apuntalar
un libro
si de viento
y ys-m
de amar
en este
y unas
acceso
saben
escapar
sin cuando
.

Hoy vivo!

Estudio 3, M-20021111.

Haaa esto es la voz de la lucha de clases es el bienestar del dios que se convierte en rizo de oro como el pecho eterno que roza la boca de la gloria. Esta noche se hace bala y se escribe en tinieblas de luz como el horizonte se vuelve estrella y vuela.
Hoy el cráter del océano se convierte en luna y no hay razones para suponer que habrá un mañana lleno de cuadrados, lleno de ojos que miran, de lentes que opacan, de abracadabras azules que vierten su chubasco de aire en mis pesadillas que se hacen realidad por la verbigracia de la horizontalidad.
El sudor es el llanto del niño pequeño que habita en mí, bajo una mesa azul arrinconado que grita en silencio pidiendo ayuda pero está tan sólo que solo cuenta tornillos en el paraguas y en el suelo, en el borde blanco de los laterales. El sexo se hace olvido y gara es la musa que envuelve de gris el tiempo.
Hada en la noche se hace real y se convierte en cerda como en la película y sus eructos salvajes me tiñen de rubio. Mañana no puedo ir a trabajar. Los cuadrados no entienden que la lengua salada no tiene alas como el mar y no puede encerrarse en una jaula de horas. La lengua de plata que come coños, que lame melones maduros en el experimento del recuerdo. Hoy el cielo tiene ganas de matar gorriones que anidan en los cables de la luz. Pero ya están muertos. Cayeron en la hondonada de la pesadilla que nunca me atreveré a escribir.

Hoy vivo!

Día de Huelga General

Madrid, las calles, M-20020620.

Hoy es huelga. Pero no es huelga sino que hacemos que la huelga sea. Esta diferencia es esencial.
Quiero salir a la calle, a las calles de esta mi ciudad para saber qué estamos haciendo. Lo primero que veo al salir (¿cómo no?, me pregunto sin extrañarme) es un coche de policía patrullando.
Las putas de Ballesta no hacen huelga. Pero claro que tampoco se sienten representadas. Sin embargo, antes de entrar en Gran Vía, noto el primer destello de esperanza: un coche con cuatro sindicalistas vociferan un llamamiento ¡a la huelga! desde sus sonrisas – me siento parcial, pero iban sonriendo, esa es la verdad.
Sorpresa: Los escaparates de Zara están cerrados pero hay guardias en la puerta. ¿Trabajan dentro hoy?.
2 helicópteros surcan el cielo. Ayer sus focos me recordaban las películas de fugas de campos de concentración (no fugas de muerte) pero luego pensé que estábamos en un país libre y me sentí mejor. Me pude ir a dormir sin pedir permiso.
Tengo derecho a la huelga aunque esto parezca incomprensible en mi entorno laboral que aún se pregunta: huelga… ¿para qué?.
También las mujeres son hermosas caminando en las anchas aceras de Gran Vía, recién arregladas por nuestro egregio ayuntamiento y hoy regadas de octavillas de UGT.
Todo parece bastante calmado a pesar de los esporádicos coches que blanden banderas rojas como si tuviese algún sentido ese viejo símbolo de sangre de clase. Claro que son las 9 y media.
El centro de Madrid es intenso. Me gusta su intensidad.
Un megáfono desde una furgoneta de CCOO lanza su mensaje incomprensible. Va precedida de un coche patrulla de nacionales. Ellos no llevan megáfono. Su acción me resulta demasiado comprensible.
El servicio de limpieza de la ciudad está barriendo las octavillas. No sé si barren especialmente despacio o es impresión mía.
Más banderas.
El Galache está abierto pero hoy quiero seguir en las calles. Ver cómo van y vienen los autobuses rojos de los servicios mínimos, taxistas y siempre parejas de policía motorizada.
Todos los medios disponibles al servicio de la ley y el orden (¿qué ley? pero, sobre todo, ¿qué orden?).
Me pongo al lado de 10 policías nacionales a escribir que no entiendo qué labor hacen en frente del corte inglés de preciados. Supongo que garantizan la seguridad laboral de quien hoy no ha ido a trabajar.
Voy hacia Sol.
Son las 9:51 según un reloj de esta calle. Justo al lado, varias furgonetas de municipales. Se oyen a lo lejos vítores y silbidos, sin duda potencialmente peligrosos y dañinos (¿para quién?).
Motoristas dispuestos que se mueven con rapidez. Intrépidos. De repente todos se van. Sólo quedan 4. 4 policías juntos es un número pequeño.
Los comercios están cerrados.
Cortefiel tiene la puerta a media asta.
Se mueven los 4 municipales.
Una pareja de nacionales que no vi donde estaba viene en mi dirección.
Hay un cartel prohibiendo fijar carteles. ¿Qué es un cartel?.
Tengo miedo a las masas y hay una manifestación a 50 pasos frente a mí.
Algunos manifestantes con banderas vienen hacia mí, pasan a mi lado. Por supuesto, 2 patrullas mantienen la calma. Gente a mi alrededor. ¿Qué hacemos? se preguntan. Yo también me lo pregunto. Van a dar porrazos a una mujer que está poniendo pegatinas en un escaparate. La cuestión está candente. Hablan de hacer algo contra el corte inglés. Tiene sus desventajas ser uno de los símbolos de este estado de bienestar. Me miran con dudas sobre cuál es mi posición en el conflicto. Yo no lo tengo claro pero sé que las telefónicas, hoy, siguen recibiendo ingresos.
Vítores simples, contundentes: Huelga Huelga Huelga y yo en medio de la calle escribiendo, un perro ladra. Los municipales pasan a mi lado. Todo en calma. Este piquete informativo bromea sobre lo que puede y no puede ver el helicóptero. La gente de UGT quiere unirse con la gente de Comisiones pero hay líderes idiotas en todas partes.
La manifestación entera viene hacia mí. Sus gritos de Huelga Huelga Huelga suenan cada vez más fuerte y cerca. Piden el cierre. Solo ante el peligro. Me voy a apartar para dejarles paso. Voy a seguirles porque están haciendo historia. Estoy seguro de que algo va a pasar. Banderas de papel plastificado.
El helicóptero está encima de mi cabeza, de nuestras cabezas y alguien con un cuerno emite su ruido característico, el que seguro que ha hecho en más de una ocasión futbolera. ¿Cómo se organiza una masa semejante? ¿Cómo se articula?.
Un coche de policía municipal se atribuye la vanguardia. Todo ha de estar bien definido. Se vuelve a poner en movimiento y los vítores me rodena. Banderas y jornada de presión. Hay que cerrar porque hay huelga general. Gritan intimidando a los que hoy trabajan. Hay que decir lo que hay que decir. ¿Cómo en este momento el silencio puede ser una acción?. Un tipo le dice a una estación de cambio de moneda que baje el cierre. Le hacen caso.
Un hombre encorbatado se cabrea porque le ponen una pegatina en su escaparate. La gente está agresiva. Pero es que hay gente con ganas de que esto no quede en palabras.
Una cámara toma todo lo que puede. Inmediatamente, una barrera de policías acordona el local. Me sumo. Soy uno más caminando con todos ¿por qué? no sé, lo que sé es que no quiero dejar pasar este momento en el que las piernas me tiemblan cuando oigo que hay que cerrar porque hay huelga general. No puedo parar de escribir y no puedo parar de andar. Ando y escribo. Ahora la Mexicana y Cortefiel han bajado sus puertas ¿durante un rato?. Virginia se pregunta lo mismo que yo y las pegatinas cubren la ciudad. ¿Cuántos policías de paisano?.
A nadie les gusta que otros no se unan. Todos sabemos que esto tiene que tener cohesión. Sin unión no tendrá sentido… ¿opción personal? ¿existe?.
El rodilla es el nuevo sitio sitiado. Se oyen golpes de cristales. Bajan los cierres. Aún no ha llegado la policía. Aquí se curra de rodillas.
No quieren bajar el cierre por completo. Esto es estúpido. Golpes. Algún agarrón. Se niegan a cerrar. Intentan discutir. Hoy no es día de discusión, es día de acción.
Nos movemos.
Se han roto carteles del Rodilla.
La rendición de Breda de las banderas rojas. El corte inglés es intocable.
Antidisturbios con porras y casco. Dan miedo. Nadie se acerca. Me tiemblan las piernas no me atrevo casi ni a mirarlos. No me puedo creer que vayan a embestir pero ellos también tienen ganas. Uno de ellos se acerca y todos vienen detrás.
Una furgoneta blindada. Tienen ganas de repartir ostias. El helicóptero sigue mirándonos. Ahora también me tiembla el pulso.
Llevan guantes negros.
Les sonrío pero el miedo convierte mi sonrisa en una mueca.
Van vestidos de azul oscuro y sus cascos negros. Otros nacionales detrás y uno de ellos les dice que cuidado con este que está apuntando.
– bueno, ¿les damos o no? ¿o esperamos un poquito?
Yo tengo pánico pero no quiero moverme de esta farola en la que me apoyo.
Hoy es mi día de silencio y me acabo de dar cuenta de que el silencio, de que mi silencio, se ve como algo agresivo. El enfrentamiento de miradas. Se van a otro sitio. Veo que se van y aún me tiemblan las piernas. No tengo fuerzas en los brazos. Estoy sudando.
Aún mi corazón está a más revoluciones de lo normal y no quiero despegarme de esta pared. Voy a guardarme la cartera en el bolsillo porque puede ser que pierda mi mochila. Espero que no, pero…
¿Se puede hablar con estos monstruos del Orden? Mucho me temo que no. Hoy no pueden ser personas. Hoy tienen que ser animales. El corte inglés mantiene sus puertas abiertas.
Coches y coches de policía.
Estado de sitio en Callao.
La gente contesta a ofertas de un periódico de izquierdas en apoyo a la huelga general de forma que no les oiga nadie.
En Gran Vía hay coches patrullas por todas partes. Nadie quiere hacer huelga salvo estos cuatro que creen que va a servir de algo.
Los municipales motorizados me miran mal porque les miro (igual yo también les miro mal).
Estoy en la acera y casi me embiste un autobús.
Se me está acabando el papel.
Voy a volver a andar.
No haga huelga, señor jubilado, pero cuando menos no se enfade.
En una zapatería el trabajo hoy consiste en quitar pegatinas de los escaparates. ¿Por qué los quitan si esta tarde van a tener más?. Son ganas de reafirmar que ellos no hacen huelga. Pero ya es bastante claro con tener abierto.

La puerta del ayuntamiento.
No me acerco.
La plaza tiene manifestación. La calle no puede ser cortada. El tráfico no ha de ser interrumpido. Sólo necesitan una mínima excusa para embestir. Todos sabemos que lo están deseando.
Un petardo.
La gente deja banderas en la basura. Hay cansancio. Ojeras.
Gente va y viene. Me miran.
Otra vez otro helicóptero.
Tiran más banderas. Esto se está disolviendo. No se hace nada.
Otro estallido.
No sé qué está pasando.
Hay gente que está triste, amargada y eso no tiene nada que ver con la huelga (¿o sí?).
Coches de policía que pasan despacio junto a los manifestantes. ¿Contra qué?. ¿Contra qué se está luchando y por qué?. ¿Por qué no se lucha todos los días?.
Hay que transformar el cotidiano de los hombres. Hay que hacer poesía cada día.
Un chaval me pregunta que si soy periodista No, soy escritor de poesía y te vienes a inspirar aquí pues claro acaso hoy se te ocurre un sitio más intenso. Ha habido movida en callao has visto como estaba de maderos y sí, sí que lo he visto. Te puedo asegurar que sí lo he visto. He tenido tanto miedo que aún huelo el temblor. Me temblaba el alma, este alma de poeta cobarde que no hace otra cosa que escribir. Ahora nos vamos a la plaza mayor le dicen a Félix. Hala, arrear.
Nos vamos para allá. Me acuerdo de Maiakowski. Cómo vivió, cómo murió. Coherencia hasta el fin. ¡Gloria a Maiakowski!.
Los manifestantes se cruzan con unos cuantos guiris haciendo fotos turísticas. Un tal Villa está hablando (dicen) y yo no sé quien es pero le aplauden así que no tiene que ser de este ayuntamiento que hoy (qué curioso) está trabajando. Se cruzan conmigo. Pasan a mi lado y yo estoy escribiendo. Me miran. Silencio. UGT y CCOO están juntos más o menos y es que hay una intención común porque hay algo que hacer, que tenemos que hacer, todo. Elegir. Optar. Decidir para con todo eso Decir, hablar comunicarse expresar contar palabras… y más. Hoy es día de acción. La palabra será una acción como también el silencio es una acción. Este estar aquí retratando el día, este estar, esta forma de vivir, este respirar, es una acción.
Coches y más coches de policía. También hoy nacionales y municipales unidos. Motoristas con cascos antidisturbios. Casi no queda nadie en la plaza de la villa. Se han ido a la mayor. Se están autoencerrando. Ahí es fácil embestir de forma incontrolada o bien todo lo contrario: perfectamente controlada.
La hostilidad se puede respirar.
Otra manifestación viene calle mayor arriba. Eso sí, perfectamente escoltados. Igual para que no se sientan solos. Los de comisiones son más temidos y más ruidosos. Está bastante claro. Uno de los carriles de la calle está tomado. Me acuerdo de miguel diciendo que la libertad no se pide, se toma.
Otra vez antidisturbios impresionantes para que la cosa no se desmande. Eso es. Todo dentro del Orden. Furgonetas blindadas se apostan frente la plaza.
La concentración de policía es mayor que la de manifestante. Esto es de locos. Un policía no me mira bien tras sus gafas oscuras, opacas como su cerebro hoy. Se siente seguro junto a su coche patrulla DGP-2123-RA. Aún no es delito tomar nota de una matrícula de coche pero tranquilos, uno de estos días lo será. Una excursión de turistas se detiene al otro lado de la calle. Son más de 40. Cámaras toman nota de lo que está pasando pero todo es aparente. ¿Qué haremos mañana? Todo seguirá igual. Amargados unos y otros, tristes sin querer un cambio en el que no creen. Los antidisturbios en motos se mueven. Corbatas delatan a alguno que otro que anda entre una huelga general como si no tuviese nada que ver con él.
Patrullan andando a ambos lados de la calle. Ponen motores en marcha. Un perro mea en la misma papelera en la que estoy apoyado. En realidad no mea, caga.
Me ofrezco a sujetar al perro pero la dueña me sonríe y dice que no hace falta. Se mete en la manifestación.
Voy a tener que vulnerar un cuaderno que no estaba pensado para esto.
Seguimos en calle mayor, cerca de la plaza de la villa. Policías y manifestantes. Hojas de un cuaderno dedicado a la imagen hoy dedicado a la acción. Hoy hasta mi sudor es una acción.
Gritos. Vítores. Más Policía. Policía de tráfico para que ni siquiera eso se detenga. El Orden ordena y manda, como tiene que ser. Un vagabundo es reprendido por 6 policías. 6 agentes por borracho. 2 coches patrulla cortan las calles (ellos sí pueden) para dar la vuelta. Una furgoneta hace lo propio y el guardia de tráfico deja pasar un autobús de 2 plantas sin techo que tanto le gustó a mi sobrino.
De cuando en cuando oigo risas que agradezco como reflejo de la ilusión que creo que debería estar reinando en esta monarquía.
Policías nacionales en la acera contraria. Como tantas otras cosas, nos hacen pelear a la contra y es tan cansado que en ocasiones se van las ganas de seguir y, entonces, me lleno de pensamientos negros de los que me sacan los manifestantes pasando a mi lado, rodeándome en este río humano y comprometido contra el que me doy cuenta de que ha llegado el momento de darme la vuelta y unirme otra vez. Vamos hacia Sol. Los bares no cierran. Disparidad de opiniones al respecto de lo que hay que hacer ante ese sector tan deseado. Igual puede ser un refugio en un momento dado si las cosas se ponen como parece que pueden ponerse a la mínima.
En un cierre he visto un cartel:
Este establecimiento
permanecerá cerrado
el día 20 J.
Disculpen las molestias.

Entonces me acuerdo (si es que puedo decirlo así) de las reticencias bolcheviques para con los pequeños comercios y me doy cuenta de que son la masa inamovible.
Hay gente al lado de sus comercios cerrados transitoriamente. Los últimos huelguistas pasan y vuelven a abrir puertas. No hay respeto. O no hay voluntad de cambiar nada. Todo seguirá igual mañana y tendré la sensación de haber perdido el tiempo pero tenía que intentarlo. Me gustaría explicárselo a ese pequeño comerciante, pero no es el momento.
Parecen sectas, dice un hombre que está esperando que pasemos. Yo no le importo mucho porque lo único que hago es escribir.
Andamos despacio. Gusano de Arrakis que vive drogado con la especia del entretenimiento. Fútbol y toros. ¿Qué se paralizaría si España juega la final del mundial?.
En un país con estas prioridades, ¿qué se puede esperar?.
Al menos, tendremos que ver si en la manifestación de esta tarde los asustados no a la policía sino a la pérdida de dinero o estabilidad se unen para decir algo. Veremos si somos más que para decir que no queremos que nuestro equipo pase a segunda, que no queremos que muera en otro policía en Euskadi o que nos parece mal la intervención de tropas en Burundi por parte de los EEUU sin saber ni cual es la capital de Burundi… ¿existe Burundi?
Más de 10 furgonetas blindadas azules de la policía nacional jalonean la plaza de la puerta de Sol. Aquí no va a pasar nada que no se quiera que pase. Hay pancartas en la plaza. Unos altavoces preparados para hablar esta tarde. Frente al corte inglés se hace clara la impunidad del poder y que el poder lo tiene el dinero. Es un pensamiento simple pero abarcable en un vistazo directo mientras a mi espalda un tipo grita que dios te ama con un libro en alto y diciendo que no importa perder el trabajo sino el alma. La gente se pincha.
Delante de la puerta del corte inglés hay tanta tensión que se corta el aire. Bufidos y pitidos a cada uno que entra o sale. ¿ Por qué no dura todo el año?. Silenciosamente, en pequeñito, este año voy a negarme a entrar en el corte inglés. No se puede entrar ni salir en el corte inglés. ¿Por qué no entramos todos, les hacemos trabajar y no compramos nada?.
Mucha gente tiene cámaras de fotos y retratan este momento. Hay gente que se empeña en entrar y se grita o corea viva la lucha de la clase obrera y yo me cuestiono si se pueden seguir usando esos términos. No se actualizan términos que llevan detrás un concepto y, esto, es un problema.
Policías con guante negro no quieren mancharse con nuestro sudor ni con nuestra sangre.
Esto empieza a ser ridículo.
Frente a una puerta del corte inglés los gritos y los bufidos, en otra puerta, 4 nacionales haciendo chistes entre ellos y dejando entrar y salir clientes sin problemas. Este símbolo es excesivo para mí. Los maderos no son obreros. Pero los maderos en realidad podrían ser los mayores revolucionarios pero no lo van a estar [dispuestos] porque nadie les explica que ellos también van a estar en paro.
Esto ya no tiene sentido.
Me voy.
Cada 50 pasos me encuentro un grupo pelotón de nacionales con su imponente figura, furgonetas blindadas por estas calles peatonales, por todas las calles de las que se dirá que no sintieron sensación diferente a cualquier otro día, que un grupo de alborotadores han provocado altercados aislados que, en suma, no ha habido huelga general.
Pero eso no podría ser negado si tú supieras, porque hubieras estado, que sí, que sí ha habido, está habiendo huelga general.
¿Qué pasará fuera del centro de la ciudad?.
¡Únete a la huelga de poesía cotidiana!
Lucha con todo tu ser.
Sé coherente.
Vive de acuerdo a un compromiso aun a costa de tener que cambiar tu forma de vivir.
Si no eres feliz lucha a la contra y, cuando lo seas, sigue luchando por mantenerte feliz. Recuerda siempre que esta vida es esa enfermedad mortal que se cura con la muerte y si no te gusta la frase, deshazte de la muerte a golpe de besos, de abrazos, de satisfacción, de vida. Nunca estés amargado.
Actúa. No dejes que te puedan. No te pongas excusas. No te salves (que diría Benedetti).
Mantén tensa la cuerda y come mucho, come mucho para que nunca te falten las fuerzas.
Haz de cada día una revolución, de cada mañana un despertar, de cada beso un amor. ¡Qué nunca haya besos sin pasión!
No vivas triste. No seas enfermo mortal.
Haz de cada sonrisa un contacto nuevo. Haz un amigo cada vez que alguien te hable. Deja que tu alma se exponga en tus miradas, siente cada injusticia como un cuchillo que te clavan en el pecho, cada dolor ajeno que se troque anejo.
Que no te haga falta Orden para mantener la calma. No tengas miedo a ensuciarte pero procura que no sea sangre.
Disfruta, en fin, con cada momento.

Quiero arrullarme

en el suspiro-temblor
de tus labios-besos

No soporto que en una cafetería me retiren el vaso o la taza por el mero hecho de que haya terminado su contenido. Si sólo viniese por el contenido el precio me parecería vergonzoso o, más bien, sinvergüenza. Pago por la compañía de esa taza o ese vaso. Casi tengo ganas de reclamar o de irme.
Menos mal que aún me queda el vaso de agua.
Tengo miedo de beberla y quedarme solo.
Aunque quizás es el siguiente paso en la evolución de las especies.
Un cristal azul a través del
que ver tu corazón.

Café Galache, M-20020521

Momento

Suena música americana en el altavoz y reconozco una armónica pero no tengo ganas de prestarle atención. Una niña pinta con un bolígrafo y habla con su voz aguda pidiendo jugar y jugar. Su acompañante, que podría ser su abuela, gruñe a la camarera que es nueva y aún no me reconoce. No.
Hoy es un día gris clarito. La luz entra a borbotones a través de las enormes cristaleras y la gente se va. Se van y se van. No les retiene nada. El frío está aumentando. La voz aguda de la niña morena también está aumentando.
Nadie quiere jugar contigo.
Huele a sucio. Huele a miles de mesas limpias con la misma bayeta, el mismo insulto barrido una y otra vez.
Piden la cuenta. Una señora gorda vestida de negro. Tremendamente gorda. Vestida muy de negro. Huele mal. Una mujer y un hombre van con ella. La gorda gorda está a mi lado. Ahora mismo está a mi lado. Ahora ya no y no puedo olvidarla. La gorda gorda de negro negro. Tremenda. Y se va. Se fue. No quiero que la historia cambie de tiempo. Vuelvo.
Ya no está más. Ya no están más. No quiero contar una historia. Una pareja habla bajito en el rincón. Ella se recuesta en la pared de su derecha y sorbe su té con parsimonia.
A lo mejor no es té. A lo mejor no es parsimonia.
No sé.
Mi café se está enfriando. Sale la camarera del turno anterior. Son varias las camareras que salen del turno anterior. Quiero que me salude. Quiero ver su pelo de colores pero no está.
No hay nada qué contar. Sólo un autobús rojo ha pasado por el centro de Gran Vía como si fuese la primera vez. Yo estoy escribiendo como si fuese la quinta vez. Algo así como tontamente. Tonto tontito, saltaría. Grititos en el teléfono mientras me imaginaba el abrazo final en el que rompería todos sus huesos.
Soy un cráter de felicidad,
vértigo de frustraciones
látigo de vida que acaricia el tiempo.
El café está frío.
Definitivamente.
No quiero seguir escribiendo
Glu
bla
burrr
bru bru bru
gra era (o cra
— v
m
guyi jullam

Café Galache, M-20020403

Me pongo excusas. No sé cómo consigo tener tantas excusas. Todo, cualquier cosa es una buena excusa para no escribir: el café está malo, hoy he dormido poco, los contertulios no aportan nada, el libro que estoy leyendo no me gusta y luego y antes el trabajo, el maldito y cochino trabajo. Hablo con compañeros y todos quieren dejar la informática pero todos siguen y siguen. Me recuerda aquella escena del expreso de medianoche donde todos dan vueltas y vueltas y no es posible ni tiene sentido ir en dirección contraria y lo único que acarreará serán problemas luego y luego… otro día. Hoy no es un buen día para escribir. Estoy muy abrigado o me duele la tripa o no me duele y luego estaré siempre mejor, igual un día en el que tenga vacaciones tenga días de nata, lunas de papel, cielos de paja. Metáforas que no guardan verdades, que salen de la nada, que me vienen impuestas cuando me dejo llevar por unos ojos lascivos con estómago devorador de torrijas. Son las mil del día 17 y no sé qué va a ser de mi vida. No tengo ni idea por más que sienta que estoy en uno de los periodos más estables de mi existencia (será por eso). Todo se mueve, las empresas se colapsan, las miradas se cruzan, las pérdidas crujen, la palidez languidece, algo en el fondo de mí ha tocado el suelo con los dedos para rebotar, ir al fin del mundo con su olor, otro olor que ya no es agua. La vida vida y la dicha languidece. Ahí está el hombre cansado. Tiene que andar unos metros porque la última vez no vinisteis a la boda.
Todo el año está plagado de bodas. Todo el sexo se descubre ignorante. Risas en el extremo de las frases. Van y vienen aire de mayo. Una cola de caballo rasga las líneas del horizonte.
Su camisa blanca es tan nuclear como el tono de su voz. Caen bajo sus ojos rosados mofletes y
(No soporto en la distancia que la gente sea desconsiderada con el suelo que pisaré).
Se enfría la leche. Hitler no nació en una carnicería y montó el mayor negocio de carne de este siglo que ya no es este siglo. Hablamos de páginas web con fondo negro. Letras en color naranja como muy divertidas. Sus gabones son .es con las aldabas de mirilla acústica en la que el latrocinio se convierte en aguacates para no morir de frío.
Tienen heridas en la mesa muescas en la mandíbula como diseñadores cascados por el océano amarillo en el que viaja la peste de dodecafonismo revolucionario.
¿Qué crees?
Intento esto de la escritura automática y tengo problemas.
¿Por qué?
No es por madrugar, es por la guerra que supone tener dos frentes que luchan entre sí por lograr unos metros de tiempo.
Hay momentos que creo que si empezase a escribir sin imponerme algún tipo de límite no pararía nunca y convertiría el manuscrito en mi vida, mi vivir sería mi escribir o, mejor dicho, mi escribir construiría mi vida, latidos de tinta. Otras veces siento (o pienso) que me atasco y en lugar de escribirlo para seguir viviendo, dejo que surjan lágrimas de autocompasión y no soy capaz ni siquiera de derramarlas en forma de spray negro contra unos cacharritos metálicos formando un casquillo, un portalámparas de torres ya obsoletas. No sé porqué estoy tardando tanto en decir SI y NO y hacer lo que tengo que hacer para ser, de verdad, un escritor.

hoy
no sé porqué
las palabras no salen en frases pequeñitas
de esas que parecen poemas de verdad
de los de toda la vida

casi
incluso
con rima
y
los rompo
sin
ninguna
otra
razón
q
mi
voluntad
mi (última) voluntad.

me gusta empezar a escribir diciendo Hoy porque me sitúa en el momento actual, me hace trabajar la captura de datos. Soy un disco duro copiando el universo. Desmagnetizaré los unos para volverlos locos, convertirlos en 7s y después inventar un sistema numérico en el que los vacíos sean el modo de representación del desconocimiento.
Al fin podré expresarme digitalmente.
Leo a Mr Auster y siento comprensión. Siento enormes ganas de conocerle, de saber algo de él, de imaginar que quisiese traducir al inglés Proesía y se volviese loco de alegría si consiguiese hacerle llegar un mail desesperado pidiéndole que prologase Territorios.
¿Quién puede hacer el prólogo de ese libro?
Me tienen alergia.
Vuelven la cabeza a otro lado
después de haberme mirado
y sujetan la quijada en la palma de la mano
así
desaparezco.
Sí. La máquina del tiempo se llevará a tus actores preferidos al lago más profundo de tu memoria.

Café Galache, M-20020415


    “tuve una razón para permitir que el cuadro
    de tus labios destruyera mi conversación”

    L. Cohen.

Es necesaria la dificultad.
Uno piensa en simplificarse la vida, en apartarse de todo aquello que entorpece y se da cuenta de que no es el camino. La lucha lo es. El camino está lleno de piedras. Las piedras en las calles son nuevos poemas. Son palabrarocas que hacen feliz al alcalde que contrata una nueva cuadrilla de trabajadores (eventuales) con perforadoras (fijas) para convertir en letras los rocapoemas. Saltando y saltando en la montaña, los vasos caen y hacen ruido, las sirenas de la policía hacen ruido, las máquinas (casi todas) hacen ruido, mi estómago hacer ruido, sus estúpidas conversaciones en las que se trasluce nítida intención de satisfacer apetitos sexuales son también ruido.
Tomo (uno que ya soy yo) el café.
– lo hago –
dejo que se moje mi paladar,
me toco la nariz
mientras la mano derecha sigue deslizándose por estos cuadraditos azules, la mano agarrotada, los dedos que cerrados forman la base de mi tanke. Muevo con suavidad el cuaderno que choca con el plato o platito de café.
– ¿Qué coño están haciendo aquí? –
Pues qué va a ser, obras y obras de las que no acaban nunca. Un trocito de dificultad para destruir mi calma, para que no pueda escribir y me dé cuenta de que el problema no existe, sólo la solución.
Por la siguiente palabra.

Esto no es una broma