Soneto

Ripio ripio ripio gran ripio verso
Gran ripio ripio ripio ripio verso
Ripio gran ripio ripio ripio verso
Ripio ripio gran ripio ripio verso

Un gran ripio gran ripio ripio verso
Ripio un gran ripio gran ripio verso
Gran ripio un gran ripio ripio verso
Gran ripio ripio un gran ripio verso

Gran ripio grandísimo ripio verso
Grandísimo ripio gran ripio verso
Gran grandísimo ripio ripio verso

Un ripio grande grandísimo verso
Gran ripio grande grandísimo verso
Gran gran gran grandísimo ripio verso

Encontrar una mirada o un objeto

Me gusta dejar vagabundear mi mirada por los objetos que encuentro alrededor. Cuando me sorprende uno intento recordarlo, a veces, incluso, fotografiarlo. No tanto por la necesidad de plasmar su recuerdo como por el de premiar mi acto de descubrimiento, mi mirada consciente, mi mirada de niño que descubre, otra y otra y otra vez, el mundo.
Hay pocas cosas que me gusten tanto como esto, como reencontrarme con mi niño interior, con ese que dicen que todos tenemos dentro. Hoy he pasado horas con las hijas de la prima de mi amor, que me llaman tímidamente tío, disfrutando de sus miradas a las cosas, aprendiendo de ellas, viendo cómo se puede disfrutar de un alfabeto inventado (cómo no haberlo propuesto en mi taller de poesía china!!!) o con una colección de piedrecillas que guardar en una bolsa de plástico o descubrir champán en una botella de agua de la fuente de la plaza.
Hay quien sostiene que sería un buen padre, pero no se dan cuenta de que en realidad lo que me gusta es ser buen hijo, bueno jugando con otros niños, con otras niñas, con sus descubrimientos, los más importantes, los que sólo se pueden hacer una vez en la vida… salvo que se siga siendo niño por siempre. ¿Significa que no me gusta crecer? No. Me gusta tener los años que tengo, me gusta ser capaz de ver con su mirada y también con la de sus madres y padres; y quizá algún día también con la de sus abuelos y abuelas.
Es variado y sabroso, es caleidoscópico y polifacético, es encontrarse con una realidad llena de objetos que son más que objetos, con piedras que son dinero, con arena que sirve para hacer una crema, con hormigas que se pueden comer para que la caca salga con patitas negras y caiga por una cascada de agua amarilla.
O un candado que encierra el aire, que encarcela al universo sin que este lo sepa, haciendo que la naturaleza toda sea una cárcel de la que no es posible escapar, salvo por el hueco dejado para la llave imaginaria. Un retrovisor que refleja lo que no debería, que refleja el cielo por el azar de la destrucción.

14 de abril de 2011

BanderaParece mentira que hayan pasado 80 años desde que España tuvo una Segunda República. Parece mentira que aquella durase, en paz, menos de 6 años. Parece mentira que después de ser depuesto el gobierno elegido democráticamente, la forma de gobierno anulada, la forma jurídica del estado violada, un señor y sus seguidores se mantuviera en el poder a golpe de dictado y armas durante 40 años. Parece mentira que ese mismo señor educase a quien le iba a suceder y decidiese que ese iba a ser un rey, otro señor que, por ser quien era, podía ser el representante de esta nación. Parece mentira que no se opusieran a que esto continuase siendo así después de la muerte de aquel que había violado la constitución española democráticamente elegida. Parece mentira que la transición fuese dictada por un muerto. Parece mentira que ese muerto dejase todo atado y bien atado. Parece mentira que la Ley de Memoria Histórica (LEY 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura) haya quedado en agua de borrajas y su principal adalid esté ahora enfrentándose a un juicio formal que va a terminar con su carrera. Parece mentira que hoy, después de 80 años, no sea fácil hablar de República en España. Parece mentira que la inmensa mayoría de la población que conozco admire al rey, a ese señor poseedor de algún tipo de origen divino que justifica su preeminencia por encima de otros españoles. Parece mentira que la República se siga viendo como algo problemático y no como algo que fue una solución: el problema vino después, pero pocos parecen querer darse cuenta. Parece mentira que no haya una nueva república, una definitiva república que permita que elijamos democráticamente a nuestro principal representante a nivel nacional. Parece mentira. Pero es verdad.
No estamos capacitados para tener una república. Eso exige una responsabilidad política y social que evitase poder atacar a nuestro representante como si fuese un trapo, faltarle al respeto. Pero claro, así es como tratamos a todos. A nuestros compañeros, a nuestros jefes, a nuestros subordinados, al señor que me atiende en el autobús, al que me da una barra de pan y a la señorita que intenta ganarse la vida vendiendo o alquilando su cuerpo.
No estamos capacitados para elegir con templanza, con raciocinio, con un mínimo de visión global, de perspectiva social e ideológica. No lo estamos porque durante 40 años un señor se encargó de convencernos de que era una mala idea gobernarnos a nosotros mismos porque éramos inherentemente malvados, mezquinos, ruines, torpes, incapaces en una palabra. Y parece mentira, pero es verdad, que consiguió convencernos.
Convenció a mis padres, a los padres de mis padres, a tus padres, a la inmensa mayoría de los padres de los que ahora ni tienen un mínimo de reflexión para evitar que se repitan esos patrones.
Parece mentira, pero no, no lo es.
Seguimos gobernados por una casta política que no cree necesario dar explicaciones porque los borregos a los que gobiernan estamos dispuestos a seguir siendo gobernados de esa manera. Lo único importante es que no nos falte pa comer. Y pa gastar en bares, qué lugares. Y en otros caprichos. Pero… ¿elegir la manera en la que queremos ser gobernados? No, nunca. ¿Qué importa?
Sí, flipante, decimos: ¿Qué importa?
Y seguimos adelante votando a corruptos, permitiendo abusos descarados de poder, permitiendo que los recuros sociales que, escasos, se fueron consiguiendo, sean desmantelados para proteger a quienes tenemos más. ¿Qué importa el futuro? Yo siempre tendré mucho. Yo soy rico. Al menos estoy entre los más ricos… hasta que no lo esté. Porque no lo estaré siempre. Parece mentira, pero esto también es verdad. Y se nos caerá el pelo.
Seguimos permitiendo que un señor por tener un ADN más o menos especial sea el representante de nuestra nación. Por la gracia de Dios, claro. Una, grande y libre. Sí… mucho.
Esto es para mear y no echar gota!
Pero es verdad, verdad de la buena.
Así somos.
Quizá por esto tengo algo de esperanza depositada en la transformación que nos obligará a realizar la depresión económica en la que vamos a entrar tras la asunción de que esto no es una crisis. Quizá por eso espero que Europa renazca como un nuevo modelo político, como una aglomeración cultural, económica y social, federada y capaz de erigirse en referente político del mundo, de un mundo que se ha quedado sin referentes, de un mundo que no cree en utopías y avanza como topos bajo el sol.
No tengo muchas esperanzas en una III República, bastante improbable, pero sí algunas en la necesidad que vamos a ir teniendo de acercarnos, de unirnos, de formar parte de algo más grande que este pedazo de tierra que un señor llamado Francisco tuvo el gusto de regir durante 4 décadas malditas de nuestra historia. Historia no revisada, historia putrefacta, mal cicatrizada, que necesita una operación porque hace tiempo que se ha convertido en crónica.
Estamos enfermos de dictadura.
La monarquía incuestionada es sólo un síntoma.
Qué pena.

MicroPenas

Cosas pequeñas que deberían ser grandes:
Gintonics y Micropoemas, reza un cartel de un bar de mi barrio. Siempre que paso al lado me pregunto porqué no es al revés: Poemas y Microgintonics.
En otro local de mi recientemente remozado vecindario, anuncian Microteatro por Dinero… y vuelvo a preguntarme porqué no es al revés: MicroDinero para Teatro. Porque el pago que se realiza, de 3 euros por algo menos de 15 minutos, dista mucho de ser microdinero. Es más de 12 euros por hora, en unas condiciones que en ningún caso me parecería justificable aplicar ese precio. En Clave 53 hemos realizado innumerables obras por mucho menos dinero (gratis) en unas condiciones de cuidado y atención al espectador mucho más cuidadas. Pero parece ser que no supimos informar al periódico apropiado. Las noticias las generan quienes desean tener algún beneficio con ellas. Nuestra propuesta de ofrecer gratuidad y calidad destroza(ba) el tópico de que lo caro es siempre mejor. Este tópico alimenta las bases del sistema capitalista de comercialización de objetos de valor con un precio independiente del mismo, basado en la especulación y en el llamado «precio de mercado». No soy un especialista en economía, pero no me parece razonable el precio de una infinidad de cosas que, simplemente, se permiten el lujo de cobrar lo que sea por el hecho de que su entorno (el mercado) lo tolera. Recuerdo las discusiones que tuve programando actividades en Clave 53 con profesores de Pilates que no querían cobrar la tarifa que estimábamos justa por una hora, puesto que, decían, su actividad estaba muy demandada y, por tanto, debían cobrar más por hora. Obviamente, como poeta, no podía compartir su visión de que una hora de pilates fuese más cara que una hora de poesía, por el hecho de que el mercado dicta los precios… ¿y el valor de las cosas?
Acabamos por no tener profesores de pilates.
Y en cuanto a los gintonics y los poemas ¿por qué se escriben en primer lugar unos y en segundo los otros? Está claro que, en este caso, no montan tanto los unos como los otros. El bar es, en primer lugar, un bar, luego, un sitio en el que algún poemita poco molesto puede caernos en las manos o en los oídos. Pero utilizar la poesía para resultar diferenciador, para resultar atractivo a un público pretendidamente culto, aunque sobradamente pedante y pretencioso, me parece ofensivo, insultante, menoscabo de lo que debería ser más sagrado en el mundo, algo que puede aportar esperanza, humanidad, esperanza en la humanidad, pasión, expresión, revolución…
Pero quizá algún día no espante sino que atraiga la Poesía con microcositas que la acompañen, el Teatro con microtontadas que lo pululen, la Cultura junto a las micropenitas que ahora la violan.

Suerte

Patria o muerte es mi destino, como decía aquella canción que tanto oí hace diez años sobre el CHE. Ahora estoy leyendo un libro recopilatorio de discursos suyos, bastante simplistas y algo trasnochados.
Nunca creí ni en la patria ni en que la muerte era un destino. De hecho, patria me obligaron a escribirlo con mayúsculas, junto con dios y fe, en mis últimos años de instituto. Yo entonces dije que prefería escribir Hombre, Razón y Libertad con mayúsculas y eso me bajó varios puntos de un examen de lengua. Aquella profesora fascistoide ya ha quedado olvidada y no tenía mucho que ver con el comienzo de esta entrada en el blog.
¿o sí?

patria.(Del lat. patr?a).
1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.

Esta tontería significa que han de cumplirse los tres tipos de vínculos para la existencia de una patria. Vaya… entonces quizá no tengo ninguna. O quizá no importa cuál sea.
Sería conveniente cambiar la definición de patria para adecuarla a los tiempos modernos, en los que la globalización ha transformado (y por tanto históricamente) los lazos afectivos y los vínculos jurídicos (supeditados en esta economía a los vínculos mercantiles).
Patria no es lo que era. Cuanto antes lo entendamos, antes podremos olvidarnos de su capacidad separadora, de su facilidad de generar distracciones.
Y muerte…
Lo cambiamos por suerte hace mucho, porque de este modo no importa cómo vivamos, dejamos de ser responsables de nuestra vida para culpar al destino de lo que nos ocurra en ella. Me alucina ver cómo en estos tiempos de desesperación económica, la gente no sólo no deja de jugar a juegos de azar sino que los convierte en su esperanza. Juegan con la esperanza de ganar lo que no ganan de manera laboriosa. Quizá tienen fe, pero han perdido la Razón.
Ayer caminando por Madrid, haciendo fotografías de líneas paralelas horizontales, me encontré con este llamativo cartel y me acordé de esta llamada de atención permanente a no conseguir las cosas trabajando, con esfuerzo y con decisión, sino dejándose llevar por el sino, por la suerte, por el azar. Es algo que se asume como igualitario porque se cree que para todos es igual, pero no es cierto. La suerte está echada, los dados son los que son, lo interesante es jugar con ellos, pero sin esperar que caiga otra tirada. Mejor aún, dejar los dados a parte y jugar a lo que nos apetezca.
Hoy no estoy muy centrado, lo sé… pero sé lo que quiero decir… Resumiendo:

suerte
muerte
patria
patraña

ANAL+

Viendo en la tele mi serie preferida, por supuesto, bajada de Internet, Weeds, me encontré con que la imagen estaba cortada perdiéndose la C de un famoso canal de pago.
Me sentí mensajeado de manera oculta. ¿Quién sabe lo de mi culo?
Ahora es algo público, al menos para todos los interesados en leer este blog casi impúblico, impúdico, inodoro e insípido.
Comencé con timidez a hablar del tema, a contar sólo a algunos amigos escogidos esta información que hace que se me pueda comprender mejor, pero poco a poco fue extendiéndose, fui notando que hablar de ello no me reconfortaba, pero sí me hacía sentirme más próximo a mi entorno, del que sentía que me estaba alejando inexorablemente.
Ha pasado tiempo y comienzo a sentir el polo contrario: mi entorno está saturado (como yo mismo) del tema y quieren que les deje de hablar de algo que, no obstante, mediatiza todo, puesto que mi estado de ánimo es absolutamente dependiente de la situación de mi famosa y pública fisura anal.
¿Qué me dirá el médico este miércoles?
¿Qué haré si me repite que se está curando?
No sé, pero sí sé que cada día aguanto menos.
Ayer ingerí un ibuprofeno por primera vez en mi vida.
No es que no me doliesen antes cosas, pero no creo que paliar el dolor cuando duele algo sea una solución a nada, aunque es cierto que sufrir por sufrir tampoco tiene sentido.
¿Me gusta que me duelan las cosas?
NO
Definitivamente no. Odio el dolor. No quiero sufrir. No lo soporto y estoy por apastillarme cada día hasta que olvide el dolor y si he de llegar a la sobredosis… pues sea.
Pero no creo que eso evite ciertos dolores…
No lo creo.
Creo que enmascara algunos. Y bien, a veces ¿por qué no?
Pero normalizar el uso de medicamentos como Ibuprofeno o Paracetamol hasta el punto de que la fisioterapeuta que me trató el sábado de una dolencia muscular, cuando terminó me dijo: Si te duele, tómate lo que acostumbres tomarte en esos casos. Yo le dije que no acostumbraba a que me doliesen las cosas y que, en caso de que algo me doliese, acudía a un médico para que me diagnosticase y me prescribiese lo que correspondiese.
¿Por qué se ha normalizado el consumo de estos fármacos?
Más allá de lo obvio: el interés de la industria farmacéutica, lo que no acabo de comprender es cómo y en qué momento hemos aceptado como normal ingerir drogas para evitar el dolor. Recuerdo, en películas incontables, como el protagonista pregunta: ¿qué se puede hacer? y le responden: Ya nada, sólo le ayuda la morfina.
Ahora estamos en esa situación en la que aceptamos que no tenemos solución, que ya sólo nos ayudan los paliativos del dolor. Y claro, inmediatamente surgen también los paliativos de otros dolores, más… digamos… espirituales o psíquicos. Aunque (y estoy de acuerdo con mi amiga Susana) no son tan distintos: todo el dolor ocurre en la materia blanquecina que tenemos bajo el cráneo, en la casita de la mente. No me duele el brazo: me duele el cerebro. No me duele el culo: me duele el cerebro. No me duele que se borren mis alumnos: me duele el cerebro. No me duele no ver a mis amigos: me duele el cerebro. No me duele sentirme feo tan a menudo: me duele el cerebro.
Maldito cerebro!
Supongo que por eso es tan tentador el suicidio: es la forma de acabar con el cerebro, con el órgano del dolor por antonomasia.
Menos mal que también es el órgano del placer.
¡Qué bien lo pasé ayer con mi amor!
Amo con el cerebro. Follo con el cerebro. Creo con el cerebro (en todos los sentidos de la palabra Creo). Como con el cerebro. Vivo con el cerebro.
Celebro tener cerebro.
(Qué tonto juego de palabras obvio)
Es un juego, tan tonto como sentir que ese ANAL+ tenía algo que ver con mi fisura y su incremento.

La intimidad y la rutina

Estar a su lado y permitirme lamentarme es todo un único movimiento.
Me hago el fuerte o simplemente resisto el dolor sin mostrarlo, pero no puedo aguantar mucho y en la relajación de su compañía dejo que el dolor vuelva a aparecer en mi cara, en mi casa.
Cara y casa tienen casi las mismas letras.
Qué curioso.
Así que no me sorprende que las parejas acaben por agotarse, por saturarse de sus miserias. Lo estoy leyendo tal cual en un libro que me recomendó Jose Eugenio Vicente Torres, titulado «La Bella del Señor», escrito por un sorprendente Albert Cohen. La seducción tiene mucho que ver con el mito de Don Juan y Don Juan no llegó a tener (o mostrar) hemorroides, fisuras, cefaleas, cólicos, ni siquiera una misericorde luxación.
Pero yo no soy Don Juan. Soy, tan solo, giusseppe.
Con minúscula y sin apellido, como me gustaba escribirlo antes de ser Giusseppe Domínguez por motivos publicitarios, marketinianos, de imagen.
Ahora sólo giusseppe en la web
giusseppe.net
Pobre Carmen.
Aguanta impasible mi autoflagelación, mi extraño apego al dolor, mi resistencia o reticencia a ingerir medicamentos no prescritos por el facultativo de turno.
Pero quizá no tan impasible, quizá se está hartando de mí, quizá llegue el momento en que no quiera reirse conmigo, en que quiera pasar más tiempo fuera de casa que conmigo, que tenga ganas de divertirse y no de penar a mi lado, oyéndome lamentarme todo el tiempo, todo el tiempo…
¿O soy yo quien no me aguanto?
Siempre he sostenido que para estar bien con alguien tienes que estar, primero, bien contigo mismo o contigo misma. O contiga mismo o contiga misma. Y yo ahora no lo estoy. No me gusto. No me gusta mi cuerpo maldito que está torturándome y mi cuerpo soy yo. Es álgebra pura y dura, el álgebra del dolor.
Capital de la tortura: mi propia mente.
Quiero viajar hacia las afueras de mi cerebro, hacia la enajenación, como cantaba Prada, el soneto de Lorca:

Huye de mi, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Así que igual es momento de huir, tú, querida, o yo.
Pero… ¿Hacia dónde?

Ayer no pude nada

nada de nada
me siento sin sentarme
con el culo al viento
o a sotavento
y sufriendo
sufriendo
pero no son hemorroides
esta maldita fisura que me tortura
que me hace vivir
deseando no hacerlo
y es algo que tenía
tan olvidado
que no sé manejarlo

hace mil años que dejé de pensar
en el suicidio
y ahora he vuelto
he vuelto a pensarlo sin parar
y me entristece tanto que temo
amargar a mi amor
a mis amigos
a mi familia
a dios a la patria y a todos mis compañeros
y no sé qué hacer para evitarlo
pero
de cuando en cuando
se me cuelan pensamientos
negros
paralizantes
entre las grietas de un cerebro que sólo recibe dolor
dolor
dolor
y no tengo ganas de sentarme a escribir
una mísera entrada en un mísero blog

hago unas cuantas fotos
una revista caminada
una deriva situacionista
en homenaje al fallecido Nel Amaro
y cuelgo las fotos en facebook con todo el dolor
que atenaza mi ano
y hoy salgo a caminar a encontrar nuevas
fotos
imágenes de líneas
de un proyecto que nunca concretaba
porque había que estar caminando por la calle
sin nada que hacer
y nunca tengo nada que hacer
o
lo que es lo mismo
siempre tengo cosas que hacer
así que estaba postpuesto y postpuesto y postpuesto
y ahora me he puesto
y siento que recupero algo de mi dignidad
que va asociada a mi capacidad de creación
indisolublemente
he hecho varias fotografías de la serie
de líneas que van a cubrir
las monolíneas
horizontales, verticales y oblicuas
las bilíneas
paralelas
horizontales, verticales y oblicuas
secantes
perpendiculares y oblicuas
las trilíneas
paralelas
horizontales, verticales y oblicuas
secante y paralela
perpendiculares y oblicuas
secante y secante
y así
geometría en mano
recorro madrid sintiendo que puedo hacer algo
aunque me cueste infinito esfuerzo
después
sentarme a la mesa y subir las fotos a mi blog
o a facebook
o a mi web
donde
sin duda
acabarán estando

poco a poco
iré olvidando
que me duele
¿verdad?

Abraza la A

A la mañana abrazaba la aldaba ancha anclada a la lámpara,
las arañas avanzaban hartas hasta la maraña sagrada,
la mascarada cantaba la masa amarga más alta, más alta.
Marabuntas armadas atacaban la armada, la gansa armada amada ama.
Amaba mal, amaba mar.
Amaba, amaba
mas atragantaba ancas asadas a la brazada al alma.
Alma arañada a paladas, a patadas arañada, alma armada a la caza,
alma cansada.
Las amarras ajadas,
la cantata acabada,
la pasta dada,
sala plasmada a la naranja
amarga
macada
mas naranja salada.
Alma a la a,
a almada
armada
arma
para
amar
la
A

Esto no es una broma