Mi primera casa

Mi primera casa estaba en Mesón de Paredes 84
esquina con la calle Miguel Servet
que resulta que era un científico algo herético.

Mi primera casa estaba en el sur de Madrid
antes de que el sur de Madrid fuese
el centro de Madrid.

Mi primera casa estaba aterrorizada por la policía
que eran llamada «los grises» por sus uniformes
y que disparaban pelotas de goma a quien se asomaba a los balcones
para ver las manifestaciones del tardo-franquismo.

Mi primera casa estaba enmoquetada
y dibujé un campo de fútbol para las chapas
que constaba de unos cuantos rectángulos
y unos cuantos semicírculos blancos.

Mi primera casa estaba habitada por mi abuela materna
que murió cuando yo apenas contaba 5 años
o menos o más
porque no lo recuerdo
salvo que me pidió una galleta la noche en la que falleció
en su cama.

Mi primera casa estaba en un portal viejo
que ahora es considerado una reliquia
y cuyo valor en el mercado supera los sueños
de un especulador ebrio de ambición.

Mi primera casa estaba a pocos metros de mi primer colegio
Legado Crespo
en el Paseo de las Acacias número 2
donde me (nos) recogía mi (nuestra) madre a la salida
después de haber comido en el salón colectivo
casi siempre barato y frío
nunca vegetariano
siempre casero y tradicional.

Mi primera casa estaba sobre la vivienda
del que fue mi primer amigo
un tal Patrik
hermano de una niña que era la antítesis de mi hermana
y a quienes no he vuelto a ver
desde que nos mudamos a Colmenar.

Mi primera casa estaba cuatro plantas por encima del suelo
por encima de un sótano donde vivía un pintor
amigo de mis padres
que se llamaba manolo y pintaba unos bodegones
espantosos
que hoy identifico como una de las cosas que más me repelió
del arte
hasta que descubrí que había otras opciones.

Mi primera casa estaba llena de humo
permanentemente
que entraba a través de las persianas de hierro
desde la Tabacalera Española
que no era el centro de arte
más o menos autogestionado que es ahora
sino una sencilla y fea fábrica
que expelía una permanente nube gris oscura
cuya tristeza se impregnaba en todo.

Mi primera casa estaba a dos pasos
como quien dice
de la corrala donde Franco dio uno de sus últimos mítines
inútiles para un régimen que no aceptaba diferencias.

Mi primera casa estaba plagada de recuerdos
que no tengo.

Y sin embargo
cada día que paso por delante
tengo ganas de entrar y afrontar el escalón
donde un perro me saltó por encima
aterrándome
tengo ganas de entrar y ver si encuentro
aquella vecina a la que se le cayó todo el pelo
incluso el de las pestañas y las cejas
con lo que su expresión se volvió inquietante
para un niño que apenas había vivido
más allá de sus cuatro paredes marrones
y que se escondía en el pasillo
del paso del tiempo.

Cada día que paso por delante
pienso que paso por delante de tantas cosas
plagadas de recuerdo
impregnadas de pasado
que me impresiona mirar hacia atrás en el tiempo
como si fuese un abismo con fondo de rocas
olas rompiendo furiosas
y silencios sin explicación.

Lágrimas ventanal

Las ventanas de las lágrimas
daban a la luz de las niñas
de los ojos
negros negros ojos
sobre un cristal opaco
surcado por grietas de tiempo
y sol
incandescente
central nuclear de fusión de helio
en el corazón de una galaxia
sin riñones y con el hígado reventado
de tanto beber nebulosas.

Las ventanas de las lágrimas
daban a luz.

Hoy es festivo y no lo sabía

Adoro no saber cuándo es festivo
y venir a trabajar
escribiendo
pintando
rompiendo cosas para construir alguna nueva
lo que podríamos llamar transformando
el universo
para hacer versos.

Adoro enterarme por la prensa
que apenas leo
o por teléfono
de una festividad que no respeto
porque no es digna de mi alabanza
ni de un minuto de mi tiempo.

Adoro evitar las fiestas patronales
en las que últimamente
casetas de un partido xenófobo
machista y execrable en general
pululan por las mismas haciéndose gloriosa propaganda.

Esperar a unas amigas en el estudio
ofreciéndoles espacio y tiempo para crear
como diría Bukowski
que el aire y la luz entren a raudales
por el recién abierto ventanal.

Prepararé un té
comeremos unos donnuts
y seré más feliz que si estuviese celebrando
algo distinto que la vida misma
cada día de ella.

Datos

A ratos los datos malos
son raptos con atraco.

Los hombros calvos son otros opacos atajos
para alcanzar los astros.
Las locas o los locos:
todos son acosados.

Asalto lomas adosadas
con trozos blancos como alabastro
con pájaros rojos volando bajo
con cántaros rotos contra las rocas
con ostras sacadas al sol.

A ratos los datos
son solo datos.

No como las sotas
alzadas a la montaña
alzadas a la campaña
alzadas a las ramblas
alzadas a los canastos
alzadas a los santos
alzadas como los sotos.

No, no lo son.

Lo borro.
Lo añoro.
Lo ataco.
Lo arrollo.
Lo ato.
Lo mato.
Mato dato malo.

Poesía de Cartón

He comenzado una serie de cartones intervenidos con spray con distintos «motivos», a modo de un libro realizado con páginas, cada una de las cuales es un cartón de las mismas dimensiones. ¿Cómo realizaré la «edición» de un libro semejante que contendrá 27 páginas de cartón? ¿Cosidas o pegadas? ¿Dentro de alguna caja que haga las veces de soporte?

Hoy he visto un palé alargado

Hoy he visto un palé alargado
y he pensado que hace mucho que no escribo poesía
pensando
en lo que veo por la calle
en lo que siento en el corazón
o en las tripas
en lo que me hace llorar
o reír
en lo que expande mi mirada
en lo que expande las miradas de quienes me lean
y he pensado
que hace mucho que no me llevo a casa
un palé alargado
sobre el que escribir poesía
sobre palés alargados
que han podido tener una vida muy triste
o han podido tener una vida muy alegre
sobre su esqueleto de madera clara
unida por articulaciones inarticulables
hexaédricas.

Hoy he visto un palé alargado
y tenía que escribir
este poema.

La primera general en el ejército español

Leyendo este artículo de El País, me encuentro con una imagen que no sé si es intencionada, pero está claro que lo que sí resulta es elocuente:

Preguntada por el proceso de integración de la mujer en las Fuerzas Armadas, Ortega respondía a este diario: “Creo que podemos sentir orgullo. ¿Hay alguna sombra? Obvio. Somos el reflejo de la sociedad y en las Fuerzas Armadas hay cabestros, como en todas partes. Pero institucionalmente se han tomado medidas para que determinadas cosas no pasen y, si pasan, se corrigen”.

¿A qué cosas se refiere la general? ¿A las dos que se reportan en las imágenes inferiores, es decir, tomar medidas expulsando todo aquello que genere controversia o que denuncie que no se toman otras medidas?

No espero mucho de una institución como el ejército español (ni ningún otro)… pero este artículo me ha resultado divertido y esa frase de Tomar Medidas me ha recordado una acción que realicé el año pasado… sobre lo vacuo de esa expresión que vuelven a usar constantemente.

7 versos

Estos siete versos pueden intercambiarse sin problemas, permutándose y dando lugar a:

7! = 5040

poemas diferentes, muchos de los cuales son razonablemente sugerentes. Otros son muy malos, lo reconozco.

Pero el pequeño artefacto está hecho con cartón recuperado de los envíos que suelo pedir y cuyo material estoy reciclando como un auténtico poseso… pero no hay manera de lograr reducir la cantidad de cartón que genero, salvo que deje de pedir envíos.

Esto no es una broma