Nota al pie de página

Soy una nota al pie de página
de una página de un libro gastado
de un libro sobre el que están escritos
todos los demás libros
que contienen
notas a pie de página.

Soy una nota al pie
de una cojera diametral
con la que calcular el área
de la desesperanza.

Soy una nota
discordante
al pie de las montañas
al pie de página
al pie de párrafo
olvidada
por sí misma
ante la posibilidad
de tener notas a pie de nota.

Soy una nota sin notar
que anota la notable incapacidad
de perdurar.

Soy una nota
neto de nata
con salmuera de metaloides hundidos.

Soy una nota
a este poema
sin anotaciones
sin intenciones
sin más
ni más.

Cuatro cadáveres (exquisitos, eso sí)

La última gallina del corral
puso un huevo color marfil
que deslumbra mi mirada
y no puedo ver
y otra vez me rindo
no deseo ser vivo en un hemisferio
de este planeta a punto de extinguirse.

Calor, destrucción, castillos que vuelan
a mi alrededor de la mesa.

Comíamos y bebíamos un sagrado sangrado
negro sobre blanco,
fin del libro.


Hoy vi a Merixel
Bebimos una cerveza,
llegué a clase
feliz como una perdiz
que fue caza la noche que bebía
el mejor whisky de asqueroso sabor
que me quema
y repudio y asco de su actitud
tan irreverente rajada
con la antipatía
y mala educación por inocular
un virus, el nuevo juguete
de mi garganta quemada
por el whisky de antes de que suene la alarma.

Yo ya me había despertado.


El horizonte
de tus labios compartidos de rojo
pasión nocturna el viaje que me gustaría
hacer esta noche oscura y calurosa
comienza la firmeza.

Siento mucho deseo
de dar un paseo nocturno con luna nueva
como una persona con lengua bífida
de serpiente que viene hacia mí
sigilosa y colorida
y llena de vida
una falda floribunda hiladura
de una luz infernal.


Bienvenidos al mayor temor
que me accede
donde tengo mucha ilusión de que sigamos
construyendo una relación de amor
sin pecado concebida
nuestra señora del subterráneo miedo
que se clava
pero me da quietud en su lecho,
se estaba muriendo,
el cáncer invadía
todos sus órganos sexuales
de las cucarachas.

De todos modos
pensaba acabar.
Ya tenía ganas de que llegase algo.


Escritos a 8 manos el 12 de marzo de 2025 por Sandra Cuenca, Salva Gámez, Lauri Moyano y Giusseppe Domínguez

¿Puede el arte dar respuestas?

¿Puede el silencio nombrar el grito?
¿Puede el grito vibrar con armonía?
¿Puede la armonía ser sinónimo de gusto?
¿Puede el gusto obligar una obediencia?
¿Puede la obediencia obnubilar el deseo?
¿Puede el deseo ser alcanzado por artificial inteligencia?
¿Puede la inteligencia convertirse en algo innecesario?
¿Puede lo innecesario ser más necesario que la vida?
¿Puede la vida reducirse a mutación?
¿Puede la mutación alimentar el odio?
¿Puede el odio inocular una verdad?
¿Puede la verdad ambientar una velada?
¿Puede la velada robustecerse contra el bombardeo?
¿Puede un bombardeo estar plagado de poesía?
¿Puede la poesía ser otra cosa que silencio?


Estas son mis preguntas en «respuesta» a la propuesta ¿Puede el arte dar respuestas? de la artista Ana Matey, con quien siempre tengo el placer de colaborar cuando lo pide. Es un honor.

LipoHaiku Fuerte

Como ejercicio de los Talleres de Poesía Contemporánea, en este caso, basado en el temático de Poesía Clásica Japonesa, pido que escriban, en algún momento, un haiku combinándolo con una de las más interesantes restricciones de OuLIPO: el lipograma (en este caso, lo que yo llamo lipograma fuerte) y este fue el que yo hice a modo de ejemplo:

solo los ojos
son locos como pozos
con poco fondo

En el que, entre otras cosas, quería evitar la repetición de palabras, lo que suele ser difícil en este tipo de ejercicios. No es, obviamente, el primero que hago, como este otro dedicado a «embellecer» un poema objetual que le regalé a Pepe Buitrago.

La paz como obra de arte

En medio de este escenario convulso, yo he decidido recuperar esta postal que tenía desde hace décadas guardada entre mis viejos apuntes de arte, del maravilloso Wolf Vostell, quien afirma:

«Yo declaro la paz como la mayor obra de arte»

Allá por los años 70 también el mundo era un lugar convulso y quedaban aún por suceder terribles acontecimientos como los golpes militares en Chile o Argentina, entre otros… y lo que vendría después.

Mientras tanto, yo vuelvo a declarar, con Vostell, la paz como la mayor obra de arte… y el arte como un formidable camino hacia la paz.

El silencio, espera en el recibidor.

Primera sesión de N’Clave de Po(esía) en BPM Iván de Vargas

Comenzar en un sitio nuevo (para la actividad) siempre supone un reto, una incertidumbre, que en esta ocasión se saldó con un flujo de personas deseando asistir al evento que superó mis expectativas: más de 40 personas acudieron al acto, delicado, sencillo, casi trivial, en el que nos leemos poesía en grupo sin más, sin comentarios, sin aplausos, sin alharacas, pero con respeto absoluto y libertad máxima.

Siempre presumo de que, en esta actividad, no es preciso establecer ningún tipo de normas, orden, organización, para que todas las personas asistentes sientan que tienen la posibilidad de leer, de permanecer escuchando, de lanzarse al ruedo de lo que sería un recital, y nadie «pisa» a nadie, ni nadie es más o menos que nadie. La autogestión llevada al extremo demostrando su capacidad de funcionamiento autónomo.

En esta ocasión, llegó a haber un singular momento en el que las casi 4 decenas de personas guardaron un riguroso silencio atento a la lectura de un poema por parte de una asistente que tenía una severa afonía. Fue muy bello saber que me rodeo de gente tan generosa, tan delicada, tan bella…

Otro episodio de un Podcast Poético absurdo

Una auténtica locura, cargada de poesía. Aunque parezca mentira… 😍
Genial, la locución de Sara Mansouri Bellido, pero especial agradecimiento a Ernesto Pentón Cuza por su labor de coordinación de este pedazo de chifladura poética.

Disfruta este episodio en las voces de: Giusseppe Domínguez, Isabel Jiménez Isalía Parda, Sol Gómez, Ángel Nevado, Armando Silles McLaney, Raquel Gómez, Javier Jiménez, María Jesús Orella, Susana Olalla Serra, Carmen Garrido García, Kay Woo, Sara Mansouri, Lili Marcos y Ernesto Pentón.

Esto no es una broma