Las primeras gotas serias del otoño

Caen.

La ventana forma un ángulo de unos 45 grados con la horizontal
y las gotas de lluvia caen
balanceadas por el viento
escaso
que las escora unos 10 grados con respecto a la vertical
de modo que están goteando
sobre el vidrio
amorfo y transparente
formando un ángulo de unos 35 grados
o de 55 grados
según se mire.

Mientras tanto
la suciedad va desapareciendo
metafórica
y
rigurosamente.

Miro el sorprendente gorgoteo
de cada una de las gotas
que se me escapan
con formas imprevisibles
comunicándome algo mistérico y hermoso
fabricando un tapiz instantáneo
de moléculas de agua
desorganizadas
como una revolución de caballos desbocados
huyendo de látigos de luz
restañando aullidos negros.

Un mosquito, ahogado,
es arrastrado por la corriente
de esta desoladora
mañana otoñal.

No lamento su muerte.

¿Dónde están hoy las palomas?
¿Por qué no han venido
a despedirse de sus excrementos?

Manto hídrico
cubre el zumo de sílice
bajo el que mis ojos
buscan huecos en el asfalto celeste.

Esto no es una broma