¿Puede el silencio nombrar el grito?
¿Puede el grito vibrar con armonía?
¿Puede la armonía ser sinónimo de gusto?
¿Puede el gusto obligar una obediencia?
¿Puede la obediencia obnubilar el deseo?
¿Puede el deseo ser alcanzado por artificial inteligencia?
¿Puede la inteligencia convertirse en algo innecesario?
¿Puede lo innecesario ser más necesario que la vida?
¿Puede la vida reducirse a mutación?
¿Puede la mutación alimentar el odio?
¿Puede el odio inocular una verdad?
¿Puede la verdad ambientar una velada?
¿Puede la velada robustecerse contra el bombardeo?
¿Puede un bombardeo estar plagado de poesía?
¿Puede la poesía ser otra cosa que silencio?
Estas son mis preguntas en «respuesta» a la propuesta ¿Puede el arte dar respuestas? de la artista Ana Matey, con quien siempre tengo el placer de colaborar cuando lo pide. Es un honor.
