llegué tarde porque estaba borracho
y no encontraba
la maldita cerradura.
no sé muy bien cómo
conseguí meterme en tu cama,
abrazarte…
pero el calor
y tu olor
tu buen olor a sudor y cariño
terminaron de marearme
y vomité.
te despertaste para llevarme al baño
donde seguí vomitando
lo que ya no creía posible,
mientras tu mano acariciaba mi cuello
húmeda, para despejarme.
me dolían los ojos y los espasmos
de mi estómago
sólo se sofocaban con tu abrazo desnudo
y tu buen olor a sudor y cariño.
tu olor,
tu calor
terminaron por calmarme,
dormirme
a tu lado,
a tu lado
donde hoy he despertado para vomitar
este puñado de palabras mal escritas
abrazado a ti y desnudo
besándote la nuca
y preguntándome
cómo has aprendido a recogerte el pelo
y si todavía
me quieres.
Descubrimiento
Madrid es tan grande
que en sitios pequeños
tiene cosas enormes.
Ilusiones
Quiero pensar
que parte del humo que respiro
ha estado dentro de tu pecho.
Es una forma extraña de tocarte,
posesión pulmonar,
deseo carnal
vibrando en el aire que estremeces,
íntimo
en este torrente a ritmo de mecano.
Quiero pensar
que tu indiferencia es el comienzo
del beso que,
tan sólo,
le otorgas a los hielos.
En tu presencia soy un criminal
voy a robarte el bolso
para secuestrar un instante
tu mirada.
vestigios de pasión
me han encendido, tus labios
un segundo
para luego pisarme, acallarme
pero colilla muerta siempre
sabré que me has besado.
Karenina
Está sentada en la banqueta
como si no la observaran
con un abrigo largo
plateado
pelo de oro.
Pagó y
se fue.
No dio ni para un verso.
Eras negra
Negra y no te había visto,
pero estabas a dos palmos de mi alma;
dos metros de distancia.
Quise olerte, morderte
para saborearte y poseerte
pero escapaste
y la funda de un bolígrafo azul nunca será lo mismo.
Tuberculosis
ha vuelto la luz
sobre nuestras cabezas
y se vuelca
mancha negra
rodando
interrumpida
como el aire tosido de la enfermedad
vida vestida de escarlata.
Es curioso que
cuando se encienden las luces
todo
parece más oscuro.
Son mis voces cantando
Pero parece la sirena de la policía
parece la guerra callejera.
La ciudad arde
mis arterias se llenan de poemas
y gritan entre el asfalto y los semáforos
un alarido
vándalo
casi gutural
para pedirle a dios que acabe con el hambre.
esta mañana,
cuando iba a trabajar,
tropecé.
una masa torpe
se movió entre harapos
y mi corazón dio un vuelco.
sin embargo, era una mañana más
un día normal,
cualquiera,
como yo
como la masa triste bajo los harapos
y tres policías salieron del furgón,
lo ataron
lo encadenaron
ante mis ojos
silentes
y cobardes
que bajaron la mirada
y huí,
despacio
a mis quehaceres.