Con un boli que se rompe
bajo la fuerza de mis dedos
sin una mueca de miedo
sudo silencios.
Manuscrito
Sangre que dibuja un laberinto
almenas del recuerdo
y entre tus labios
aún
temblando
la caricia de un beso azul que no nos dimos.
Manuscrito
Enciendo el monitor y tecleo
una frase larga
sin pensar
pero, al leerla,
me doy cuenta de que no me gusta
y me enfado conmigo mismo
gratuitamente
para venir a escribir estas líneas
cortas
sin pensar
enfurecido-cansado
deseando
abrazar su ausencia silenciosa
alma compañera solitaria
en nuestra cama
donde un poema manuscrito
cada noche
borda su sonrisa.
La sombra de tus labios
Morada dicha palmera empanzurrada
en sí
bajo la cúpula dorada del destierro
y una paloma ausente
en el petril acallado de la hambruna
un pedestal cristo que ronda en el almendro
la llegada de la eternidad.
escape de vendedor ciclado
encontrando
allá, en la noche,
con la luz de tus ojos
la sombra, insomne, de tus labios.
La sombra de tus labios
pensé en ella como en un lugar de ensueño
donde acostarme al abrazo de tus besos
abrigado por el canto de tu conversación.
anhelé ser cincel que horadase
con ancla mortal de dientes azulados
la crisis hecha carne en la distancia.
La sombra de tus labios
Veía todo de ti
tus ojos dientes nariz de porcelana
esa sutil palidez de tus dedos
acrílico trigal
pero la sombra de tus labios
ocultaba tu cruel indiferencia.
Agua de amor
Buceando en tu sangre
remonto el caudal que me adormece
amapola blanca enamorada
para llegar
a uno
de esos
centros
de tu mar.
respiro en tus alvéolos
el aire que respiras
en un beso
de saliva que viertes en mi boca
crisálida encarnada
para llegar
a uno
de esos
centros
de tu mar.
Agua de amor
Nuestra segunda hija se llamará mar
para encarnar las letras de quienes la encarnaron
llenarnos de luz el horizonte
curarnos con sal viejas heridas
mar remontará los ríos de sus antepasados
saltando por encima de sus olas
y nos engullirá.
Agua de amor
Las lágrimas en sus mejillas.
Agua de amor
Nos daremos un baño
a distintas temperaturas
quemándonos los dos
la piel recién nacida.
Sales de colores entre tus dedos,
aceites en los míos
y tu sexo abierto ante la luna
ostra de miel pidiendo dinamita
deseándonos
en el mar de cristal que fabricamos
llamándolo vivienda.