Pan Real

Mientras estábamos tomando algo en la cafetería Pan Real de Daimiel, me entretuve haciendo pequeñas modificaciones digitales (me habría gustado hacerlas con un lápiz, que no tenía conmigo encima) sobre unas servilletas anodinas que hacen referencia a ese Pan que dice ser Real… (¿de Ciudad Real?)

Semana superada

Semana superada
sin silencios.

Solo son sílabas significativas
son sinónimos sin sueño
son símbolos sin sabor.

Semana superada
supurada
silente sin silencios.

Son sus sencillas simientes
sin sabia
sus sibilinas sonrisas
sin segundas sornas.

Solo semanas silbando
sin son.

Son solo siete.
Son.

Soy un ratón

Soy el ratón de sus pesadillas
que le planta cara
que le hace frente
que le planta frente
que le hace cara
soy el ratón matón
soy el ratón amenazante
soy el ratón violento
soy el ratón agresivo
soy el ratón hostil
soy el ratón que en mitad de la casa
planta sus patas traseras
y chilla
con la fuerza de mil velas quemándose
atronando los oídos
de su amor.

Soy el ratón
que recrimina el desorden
que castiga el descuido
que observa el control.

Soy el ratón
maldito
que sería estupenda herramienta
para experimentar nuevos medicamentos
potencialmente peligrosos
para el consumo humano.

Soy el ratón de tus pesadillas.

Elije Axilas

Un anuncio en internet me ha hecho pensar que había un partido más que se presentaba a las concurridísimas elecciones nacionales del 10 de noviembre.

Pero no, se trataba de un tratamiento de depilación.

Quizá, en el fondo, sea lo mismo: una forma de evitar que te tomen el pelo es eliminarlo de raíz.

Pero no seré yo quien me ponga a criticar políticos (ni políticas, que también existen, aunque no lo parezca) ni a decir que se ríen de nosotros ni nada similar. Simplismo contra simplismo… no es igual a no simplismo. Y este es el enemigo a batir.

5 candidatas

Ahora que el número de candidatOs aumenta considerablemente (pues tendremos que considerar que para otro partido, este gajo desgajado de Podemos, que también dice representar, en parte, a la mujer, parece extraño que no lo haga con una mujer como principal bandera, y no hacía falta que fuese Manuela Carmena, pues bien podría serlo Inés Sabanés), me sorprende aunque no me sorprende encontrar que la inmensa mayoría de las interacciones que produzco y que mantengo es con mujeres.

Y para muestra un botón:

Supongo que por ello me cuesta entender tantas cosas de las que están pasando en el mundo y en la sociedad últimamente… (y desde siempre)

El blog me estresa pidiéndome actualizarse

Tengo un blog (al menos hasta hoy)
con una versión de PHP
que se considera obsoleta
– bella palabra donde las haya –
y debo actualizar
me dicen
a la última versión de PHP
hasta que se considere obsoleta
– bella palabra donde las haya –
y tenga que actualizar
me dirán
a la última versión de PHP…
y me estresa.
Sí.
Me produce un cierto estrés
tener que actualizar
a la última versión de PHP
como si la vida me fuese en ello
como si mi vida fuese
la que se va a considerar obsoleta
– bella palabra donde las haya –
y la famosa obsolescencia
programada
determine que mis días están
a punto de agotarse
a punto de extinguirse
a punto de volatizarse
a punto.
Sí.
Me produce un cierto estrés.

Otoño

Otro otoño como pocos
con locos oscos
son dos rombos
como rocosos coros.

Otro otoño oloroso
con pocos mocos
como pololos con sol
con los logros colosos.

Son poros con orcos
son rojos los ojos
como otoños con hombros
con colofón oblongo.

¿Alfombra nueva o limpieza?

En el estudio tengo una alfombra que me prestaron/regalaron los compañeros de estudiomamifero con quienes comparto espacio.

Sirvió para ocultar unas manchas en el suelo que es de corcho o similar, algo próximo al linóleo, pero con un aspecto más envejecido y algo desvencijado.

Además, aporta un toque de separación de la región dedicada a los talleres de la que dedico a mi trabajo. Ayuda a crear una atmósfera cálida, recogida, con una sencillez pasmosa.

Pero lleva mucho tiempo sin limpieza y va acumulándose, del uso, un poco maltratada por la falta de atención, muchos pies calzados sobre ella, incluso restos de cartón recortado o de espray, papeles, tinta.

Así que he decidido que tenía que hacer algo al respecto: comprar una nueva o limpiar la existente.

Y aquí han bailado varias razones para decantarme por una u otra opción:

Limpiarla no la va a arreglar de aquellas marcas que el tiempo y la presión de las patas de las mesa han dejado sobre ella.

Limpiarla no resulta un cambio que pueda suponer un atractivo extra para las personas que están acudiendo al taller que siempre agradecen los cambios, las novedades…

Limpiarla no es mucho más barato (pero algo sí) que comprar una nueva. Tampoco es que la alfombra que tengo sea de una calidad inigualable.

Pero…

Comprar una nueva es algo absurdo pues tendría que decidir qué hacer con la sucia, que no está tan mal como para tirarla. Existe la posibilidad de usarla (si quedan marcas) como alfombra para esta región personal, esta sobre la que ahora mismo estoy escribiendo esta pequeña disquisición, pero podría pasar que el contraste con la nueva resulte feo o aumente el ruido visual del espacio.

Comprar una nueva es mucho más ineficiente medioambientalmente, aunque no pueda estimarlo con exactitud. Amén de un gasto (aunque sea poco) innecesario adicional.

Comprar una nueva lo habría hecho utilizando el monstruo del monopolio comercial americano… por comodidad, por precio y por ahorro de tiempo. Perjudicando al pequeño comercio en cierta medida.

Después de un rato buscando limpiadores a domicilio de alfombras en internet… he pensado que quizá no era tan incómodo llevarla si podía ahorrar un poco de dinero, a la tienda en lugar de pagar por el transporte de quienes viniesen a limpiarla.

Así que he buscado tintorerías…

Y resulta que no recordaba (me he llevado las manos a la cabeza) que justo bajo mi balcón de la primera planta hay una tintorería que, en ocasiones, resulta algo molesta con su ruido de máquinas centrifugando. Justo bajo el balcón estaba la tintorería.

Aun así, he llamado por teléfono para no ir en persona para preguntar el precio de limpieza que era algo más caro por metro cuadrado de lo que ofertaban algunas de las empresas que realizaban la recogida y posterior entrega, pero cuyo coste total, sumado el razonable abono derivado de sus desplazamientos, sobrepasaba el modesto coste de la tintotería bajo el balcón.

Curiosamente, van a tardar mucho más en tenerla disponible que cualquiera de las opciones que barajaba, pero tampoco es tan grave, si pensamos que no queda fatal el suelo sin esa alfombra y que quienes vienen por primera vez a los talleres no saben si había o no alfombra bajo las mesas.

Esto no es una broma