Me encanta caminar
con los pies descalzos por la arena
sin embargo
sobre el mármol pulido
uso zapatos de tacón.
¡Qué bueno es caminar
sobre la arena de la playa.
sin embargo
¡Barre la terraza
que tiene arena!
Diario
Me encanta caminar
con los pies descalzos por la arena
sin embargo
sobre el mármol pulido
uso zapatos de tacón.
¡Qué bueno es caminar
sobre la arena de la playa.
sin embargo
¡Barre la terraza
que tiene arena!

Tonta ilusión la de gastar 6€ en esta tarjeta (que incluía 3€ en dinero utilizable) para poder viajar por Euskadi. Me hace particular ilusión saber que la próxima vez que viaje a Donosti podré moverme en transporte público (aunque suelo ir caminando a todas partes para no perderme ni un milímetro de ciudad).
Me siento como en casa cuando voy a Euskadi. No sé por qué me pasa, pero lo sé.
Y eso que, de Gazteiz, confesé a mi buen amigo Xabi:
No ha sido mi ciudad preferida. No podía evitar compararla con Donosti (y sentir que estaba tan cerca era peor, a punto estuvimos de acercarnos…) y no hay color. Hay 2 calles que me gustaron… el resto es «burgos».
Nada en contra de Castilla. Pero no es mi casa.

Escribir poemas asémicos es algo que me tiene bastante fascinado, pues es sólo escribir sin pensar en qué decir, buscar una manera de seguir escribiendo en este tiempo en el que toda información es desinformación o dogma o imposición.
Llega el momento en el que el silencio es angustioso, pero queda la salida de la asemia, el sinsentido, la carencia de voluntad, la supresión, la huida, el exilio más interior posible… pero que no es silencio. Es grito, quizá, silencioso. (Oe mediante).

Me llamó la atención leer el artículo de El País Amigos ‘yo, yo, yo’: cómo reaccionar ante quienes solo hablan de sí mismos, porque a medida que lo leía me iba quedando claro que el problema eran «Los Otros», nunca yo. A pesar de tanto «yo, yo, yo» del título del artículo, y es que encontré que nos dicen cómo evitar a esas amistades, pero no cómo dejar de ser uno de ellas, como si no lo fuésemos nunca.
Es una reflexión que cada día intento (no siempre con logros) hacer más: ¿Qué puedo cambiar EN MÍ para mejorar el mundo?
En lugar de perseguir cambiar a la gente (que nunca me incluye), aceptar a las personas como son, incluso si no me gustan (siempre puedo tomar la distancia que considere necesaria para no sufrir).
¿Es inmovilista? Puede ser. Pero es la manera en la que me encuentro a gusto en mi vida actualmente. Siempre habrá quien quiera cambiarme, y no pasa nada… pueden intentarlo. Aquí estoy. Inténtalo.

No soy de esas personas
que están pendientes
de la climatología
y escuchan los partes meteorológicos
como quien asiste a misa.

Llevo semanas
consultando aemet
(agencia española de meteorología)
para saber si llueve
o no llueve
o cuánto llueve
pero siempre llueve
en este invierno gris
al que ya no estamos acostumbrados.
Hoy
veo este recuerdo
en una red social perversa
sobre la nevada que cayó
en Madrid
hace hoy
justo hoy
la friolera (nunca mejor dicho)
de 8 años.
No había habido COVID
No sabíamos qué era
estar confinados durante meses
en nuestros domicilios
simultáneamente
a las personas
de casi todo el planeta.
No había habido ChatGPT
con su arrolladora influencia
en las conversaciones
y las que están por venir.
Trump ya gobernaba un país amenazante.
Putin ya gobernaba un país ocupante.
Siria estaba en guerra.
Libia estaba en guerra.
Palestina estaba invadida
y descuartizada.
El Sahara seguía en manos de Marruecos.
Y nevaba.
Eso era la noticia.
Nevaba en marzo. En Madrid.
Hoy hace frío.
Hoy siguen Trump y Putin (y Ayuso)
en el poder.
Hoy hace frío.
Mucho frío.
Y esta tarde
el pronóstico del tiempo
afirma
que lloverá.
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de Gaza
de Ucrania
hoy no toca hablar
de Libia
de Mali
de Myanmar
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de Trump
de Ayuso
hoy no toca hablar
de Kierkegaard
de Maxwell
de Curie
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de lluvia
de catástrofes
hoy no toca hablar
de entropía
de urbanismo
de predictibilidad
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de mercado
de algoritmo
hoy no toca hablar
de sueños
de ensoñaciones
de proyectos
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de ejércitos
de banca
hoy no toca hablar
de utopías
de ornitorrincos
de teatro
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de IA
de OTAN
hoy no toca hablar
de risa
de ilusiones
de longevidad
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de memes
de noticias
hoy no toca hablar
de manuscritos
de códices
de libros
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de youtube
de tiktok
hoy no toca hablar
de vimeo
de linux
de lapiceros
conversaciones a golpe de click
en las que toca hablar
de fútbol
de tráfico
hoy no toca hablar
de poesía
de tresillos
de tapicerías
conversaciones a golpe de click
en las que cada día
me aburro más
tiempo
tiempo
te invoco
para conseguirte
para abrazar la ilusión
de inmortalidad
pero sé
que no llegarás
hasta que quieras
darme
tiempo
tiempo
y será demasiado tarde
y seré demasiado tarde
y seré no ser
demasiado
y
tarde
tiempo
tiempo
tiempo
te invoco
para acurrucarme a tu lado
y tocarte los pies
y rodearte de besos
y acariciar tu nuca
y mejillear tu espalda
pero sé
que no hay tiempo
que no hay energía
que no hay velocidad
que no hay posición
que no hay
tiempo
tiempo
tiempo
ni posibilidad
de invocación
a una entidad inexistente
que tan solo
es atributo de mi devenir
hasta que llegue
hasta que roce
la parca que no abriga
tiempo
te invoco
para incordiarte
a la hora de la siesta
y saber que estás
abandonándome
despacio
hasta
caer
del
mar
a
tiempo
para vivir otra vida
sin tiempo
para vivir otra vida
sin tiempo
para vivir
no me gusta el mantenimiento
tener que trabajar
para las cosas
para mantener las cosas
para evitar que se deterioren
o que envejezcan
no me gusta el mantenimiento
de los sistemas operativos
de los múltiples ordenadores que tengo
de los múltiples ordenadores
que tienen personas a quienes quiero
y a quien
les mantengo los equipos informáticos
más o menos
al día
no me gusta el mantenimiento
de las instalaciones de las casas
que habito
que poseo en propiedad sacrosanta
que en realidad
es solo una
pero que hay que mantener
cada día más meticulosamente
apartada de su decrepitud
su decaimiento
a pasos agigantados
no me gusta el mantenimiento
de mi cuerpo serrano
que está para pocos trotes
y ni hablar ya de galopes
y que se desmorona
día a día
paso a paso
sin dejar dudas acerca de
la llegada del invierno
no me gusta el mantenimiento
de cuentas pendientes
de cuentas electrónicas
de cuentas contantes
de cuentas cortantes
no me gusta
no
no me gusta el mantenimiento
de lo matérico
queriendo ser etéreo
como rayo de luna
que habría que mantener
en vibración armónica
para que no degenere
en onda corta
o algo similar
no me gusta el mantenimiento
ni tan siquiera
la palabra
mantenimiento
que me induce a pensar
en mentira
en impermanencia
en mantenibilidad
en insostenible
en acabamiento
en arrobamiento
en otros mientos
y en mi caducidad
En los ordenadores que uso para trabajar soy muy, pero que muy, conservador. Mantengo versiones de Linux Mint (basado en Ubuntu (basado en Debian)) de «Long Term Support», es decir, que no haya que actualizar a versiones posteriores más que una vez cada 4 años aproximadamente.
El sábado pasado me tocó comenzar la actualización en el PC de casa (que tenía la misma versión de sistema operativo que la del estudio, Linux Mint 20.3 – una) y esta semana tendré que actualizar a Linux Mint 22.1 – Xia la versión en el PC del estudio.
Linux Mint 20.3 ha sido de las más estables versiones de linux que he usado nunca. No quería cambiar, además de que tenía customizado todo lo posible de su aspecto, sin incluir extensiones molestas que ralenticen el equipo, pero resultando un aspecto bello a la vista y cómodo de uso.
Tuve un pequeño susto porque en casa no uso UEFI, sino una BIOS (antigua pero que lo soportaría) de las «de antes», lo que me complicó un poquito la vida al intentar instalar, sin darme cuenta, la versión de Linux Mint UEFI… y, claro, no arrancaba.
No quería perder el tiempo buscando cómo instalarlo con UEFI en mi BIOS (UEFI, en realidad) del 2012, porque tarde o temprano lo que tendré que actualizar es el hardware, a pesar de mi lucha contra el tiempo, así que proseguí con la versión «Legacy».
Afortunadamente, las particiones están separadas convenientemente, de modo que todo mi trabajo y archivos que puedan importarme están libres de ser «tocadas» por esta actualización, así que ese no iba a ser el problema.
Pero reconfigurar y reinstalar los programas que habitualmente uso (que son muchos) y sus peculiares ajustes hechos a lo largo de años sí que sería bastante molesto, para lo que dediqué una mañana entera revisando las aplicaciones que utilizo y escribéndolas en un pequeño archivo del que después extraer la información para reinstalar todo lo necesario.
Lo dejo aquí por si alguien (posiblemente mi yo del futuro) tiene la más mínima curiosidad:
sudo apt install synaptic gparted vim-gui-common openssh-server pulseaudio pavucontrol virtualbox vde2 virtualbox-guest-additions-iso sudo apt install scribus inkscape krita shotwell gnome-color-manager imagemagick fontforge font-manager digikam gimp ttf-mscorefonts-installer gthumb fonts-ubuntu-classic sudo apt install filezilla chromium calibre freeplane minder geany pdfarranger libreoffice-base libreoffice-math sudo apt install audacious audacity clementine mixxx openshot pitivi kdenlive vlc shotcut spotify* ffmpeg
Además de estas, hube de instalar «manualmente» las siguientes aplicaciones:
Y luego las molestas herramientas para la administración como autónomo que no han desarrollado en condiciones, que siempre dan algún que otro problemita con Linux:

Ofrecer al mismo tiempo (simultáneamente) una consola retro y hablar del poder de la IA y un sistema operativo que tarde o temprano será retro, será pasado, será obsoleto.
Esto resulta una de las contradicciones más absurdas de nuestro tiempo, queriendo aferrarse al pasado, lanzándose al futuro con la furia de Marinetti.
Podríamos ponerle galones de paradoja, pero no resulta más que una herramienta adicional del neoliberalismo (neocapitalismo) donde se vende hasta la experiencia del viaje al pasado como una boina del Ché.
El domingo tardé algo más de lo necesario en la actualización (a Linux Mint 22.1 Xia) de mi flamante ordenador personal adquirido hace la friolera de más de 11 años, debido a que no encontraba mi simulador de Spectrum (Emulator of the 1980s ZX Spectrum home computer and its various clones) en los repositorios desde la línea de comandos.