Conexión, siempre conexión…

Tener conexión a Internet ha sido una obsesión casi desde su despliegue para mí, así que lo primero que hago en un ordenador (o dispositivo cualquiera) es ver la manera que tiene de estar conectado o establecer un camino hacia la red.

En el estudio tuve infinidad de problemas de conexión, pues las distintas antenas wifi que usaba desde un USB de mi PC no alcanzaban a vincularse al router que generosamente me presta para su uso Jaime, en la habitación de al lado. No es un problema de distancia, sino de potencia de señal receptora de las antenas, lo que no solía nunca ser un asunto por el que me preocupase. Así, por ejemplo, el viejo portátil HP Pavillion que he estado a punto de tener que tirar a la basura, podía conectarse con su antena interna sin ninguna dificultad y no perdía señal como me solía pasar con las señales WiFi desde el ordenador de torre (que por cierto salió bastante malo, a pesar de ser un procesador i7, de tener 16Gb de RAM y un SSD desde el que arranca).

Finalmente adquirí un repetidor de señal para ver si el problema estaba en la intensidad de potencia y quedó conectado (ya sin más incidentes) de un par de maneras distintas, la primera haciendo uso de la posibilidad de extensión de la señal (básicamente un «bridge») sin cambiar la red, así me conectaba vía WiFi a la red original, pero la segunda me gusta más que es convertir el repetidor en un nuevo creador de red local, conectado a la red de Jaime, es decir, funcionar como un router (que yo llamo minirouter) al que uno mi PC mediante un sencillo cable ethernet, ahorrándome la posible conexión WiFi de las antenas que tanto problema me vienen dando en el mismo.

Pero este fin de semana he venido al estudio a instalar una placa PCI-e que dotase al equipo de 5 puertos USB adicionales (en concreto puertos USB 3.0 que esta placa no tenía) que al ser alimentada de corriente directamente pudiese ayudar a tener más funcionales las antenas wifi del equipo, así como permitirme tener un disco duro externo que aumentase la capacidad de almacenamiento en un terabyte sobre los 256Gb que ahora tenía disponibles en ese disco interno SSD que supuestamente es una panacea, sobre el que está instalado un linux mint 18.1 (Serena) con soporte hasta abril del 2021.

Afortunadamente todo ha ido bien y parece que incluso el equipo arranca mucho más rápido, y esta instalación me ha permitido que finalmente la conexión directa desde mi PC a la red wifi «original» que me presta Jaime funcione (podía ser un problema derivado de la falta de potencia eléctrica a las antenas Wifi, llamados «dongle»). Pero dado que ahora tengo el «minirouter» y que además también funciona sin problemas el dispositivo (otro «dongle») que dota al equipo de conectividad BlueTooth, tengo hasta tres caminos distintos por los que enviar los datos a internet… (más de tres en realidad)

1 Opciones a través de router de Telefónica que genera la red EA66:
1.1 A través de una antena WiFi «Conexión inalámbrica» directamente. Probada y funcionando.
1.2 A través del «MiniRouter» que se conecta por Ethernet al PC y por conexión WiFi a la misma red y genera otra subred en el ámbito de las 192.168.x.x reservadas para ello. Enrutando de una a la otra.
1.3 Rebuscada, pero la usé antes de tener el MiniRouter, es mediante un cable cruzado que se conectaba al portátil HP que a su vez se conectaba por WiFi a la red de Jaime sin problemas, con lo que este PC hacía las veces de router (algo fácil de configurar en Linux).
1.4 Usando un router instalado en una Raspberry que tengo en casa, es decir de la misma manera que 1.2 o 1.3.

2 Opciones a través de «Datos móviles» generados por mi smartphone, donde este hace las veces de router conectándose a Internet mediante tecnología 4G:
2.1 Mediante la creación de una red WiFi generada por el teléfono y conectándome a ella con el WiFi dongle del PC.
2.2 Mediante la conexión USB directa o Bluetooth al teléfono.

Es algo absurdo, pero saber que pase lo que pase tengo un camino alternativo para conectarme a Internet me tranquiliza. Siempre lo ha hecho desde que tengo idea de la potencia de estar de conectado a un red de datos que expande el concepto de ordenador hasta lo global (para bien y/o para mal).

20200202

Cuatro dígitos para el año, dos para el mes y otros dos para el día.

Desde hace años (prácticamente toda mi vida) escribo la fecha en este formato, que es el único racional posible, pues ordena las fechas como si fueran números ordenados de menor a mayor, mientras que cualquier otro formato eso no sucede.

El domingo tentado estuve de entrar en alguna red social para decir que es «capicúa», por si alguien no se había dado cuenta, pero luego estuve pensando que para ser simétrico completamente tendría que tener los doses escritos de manera simétrica, si es que eso es posible.

Hoy he creado una pequeña composición verdaderamente simétrica a partir de esa fecha tan interesante:

El poema visual está realizado con Inkscape sobre Linux Mint.

Una camiseta verdaderamente Vintage

Ayer, a varias amistades, les envié este fotografía, que podemos denominar autorretrato o selfie, al modo de las que se hacen youtubers o influencers… y otras personas cuyas profesiones son nombradas en inglés para proporcionar más empaque a sus naderías, dado el auge del imperialismo o colonialismo cultural anglosajón.

Es una camiseta que me habían regalado en un seminario de administración de sistemas, seguramente antes de 1997, pero no puedo precisar. En aquella época, los rs6000 eran el no va más. La última pieza de tecnología que quedaba por crear para hacer un mundo mucho mejor… jejeje…

Lo mejor del caso es que me está bien de talla. He de reconocer que me alegra saber que aún, a pesar del paso de los años y el aumento de los kilogramos (que no sé tampoco precisar por la ausencia de mediciones desde hace más de 3 décadas), sigue valiéndome y también saber que no la he tenido que tirar a la basura. Quizá su color me desmotivó a usarla durante muchos años y algo que no se usa suele durar mucho más que algo que se usa, lo que no sé qué aporta de información.

Lo único triste fue que mi móvil no tuviera resolución infinita para captar ese móvil en el espejo fotografiando ese móvil en el espejo fotografiando ese móvil en el espejo fotografiando ese móvil en el espejo… Así hasta infinito ?

720 maneras de escribir tu nombre

Gracias a la propuesta de «Amig@ invisible» a la que estuvimos jugando en el taller de Poesía y Escritura Creativa del grupo de los miércoles, me tocó hacerle un regalo a ISABEL y me planteé la curiosa propuesta de hacerle un pequeño obsequio sin adquirir absolutamente nada que no tuviese ya en mi poder.

Así que busqué un código que pudiese hacer permutaciones de palabras (sin repetición). Lo adapté a mis necesidades, aunque usar la palabra necesidad para esto no deja de tener algo de gracia, y generé un documento de las permutaciones que se pueden realizar con las 6 letras de la palabra ISABEL. A continuación, procedía hacer una desordenación aleatoria de las mismas con un comando linux bien sencillo:

sort -R isabel.txt > isabel_desordenada.txt

Lo más laborioso, pero también lo más bello, ha sido realizar la maquetación y posterior impresión de unos libretos con las 720 maneras de escribir su nombre, elegir la letra de la portada, en concreto, me ha llevado casi una mañana.

Las cartulinas que tenía disponibles para realizar la cubierta eran escasas y de un gramaje algo que pusieron en apuros (hasta casi estropear) a mi impresora Canon PIXMA 3650. Por supuesto, algunas de las tipografías elegidas para ser delicadas, como una Josefin Sans Light, apenas se ha impreso correctamente en varios de los ejemplares editados (no voy a realizar tiradas largas). Cada ejemplar de los así creados tendrán un precio de 6€ que era el máximo destinado al regalo del juego navideño.

Ahora me he encontrado con una fuente casi inagotable de generar publicaciones que me fascina: la utilización de la matemática y la informática para escribir textos poéticos delicados y dedicados, explorando la naturaleza corpórea del resultado en impresiones caseras sobre las que tengo un control exhaustivo y que me permiten, además, reutilizar materiales que casi tenía a punto de tirar (eso nunca, y lo sabes).

Preparando portada para mi próximo libro de poesía programable

Se le llama code-poetry, pero en este caso es más bien poesía programable. Al fin y al cabo, ha salido de un programa hecho en C.

Estoy probando diferentes portadas, que quiero que tengan sólo texto (mínimo), y un único color plano (o dos).

Por supuesto y siguiendo mis consignas casi fundamentalistas, todo está realizado con software de código abierto: Inskape sobre Linux Mint.

Bacalao

Una pequeña composición con la que jugueteé para decorar la publicación de la receta de marmitako de bacalao que publiqué en una red social.

Fue realizada utilizando Inkscape 0.91 r13725, sobre Linux Mint 18.1 «Serena» – Cinnamon (64-bit). No es la herramienta más potente del mercado, es más, cabría preguntarse si está «en» el mercado. Es lo que tiene usar software de código abierto.

A veces hay pequeños regalos

A veces la vida te da pequeños (casi insignificantes) regalitos, como esta actualización que ha tenido lugar «sola«, es decir, posiblemente llevada a cabo por los responsables del lugar en el que tengo alojada la web y este mismo diario (justhost.com), así que puedo disponer de un tiempo de aprendizaje que tenía que invertir en aprender a hacerlo, así como el dedicado a realizar la actualización del PHP 5.6 a esta reluciente versión de PHP 7.3 que espero que me deje tranquilo unos cuantos años.

¡Qué pequeña alegría un día cualquiera!

Hilando fino como aprendiz de editor

Terminada la maquetación del libro colectivo de este curso 2018-19, me voy haciendo pequeños detalles a modo de experimentos editoriales que mejoran la calidad de los ejemplares, pero es peligroso no caer en manierismos excesivos o barroquismos fruto del deseo de demostrar habilidades…

Hoy he estado reduciendo el ancho de una línea que separaba los números de página para hacerla menos masiva por decirlo así y he encontrado que diferencias en la décima de milímetro son muy significativas. Aunque pueda parecer ridículo. Por ende, he preferido no encajar la línea vertical con la horizontal para no dejar una sensación de claustrofobia, de encerramiento, con una numeración encarcelada.

El diminuto sello de una clave de sol que hace referencia obvia a la Asociación Cultural Clave 53, a falta de una definición editorial independiente de los talleres. Es algo que está por llegar, pero eso será en un futuro próximo y seguramente no para el libro colectivo, que seguirá siendo fruto de los Talleres de Poesía y Escritura Creativa de la Asociación.

Son pequeños detalles y aun así me importan.

Como siempre, editando y trabajando con software libre, el libro ha sido maquetado sobre Linux Mint, usando LibreOffice como herramienta para revisar el texto, compuesto con Scribus y la portada está realizándose en este momento con Inkscape.

Despreciando la obsolescencia

No creo mucho en ese término tan manido de la «obsolescencia programada» pues lo que se ha programado es realmente a la sociedad para que no quieran tener más que el último modelo de todo, para que todo sea tan rápido como pueda ser tecnológicamente o tan actual como pueda ser en otro orden de cosas. Modas y tendencias, usar y tirar.

Hace años que tenemos el ordenador de sobremesa (en realidad de torre, pero ahora a todos los llaman sobremesa vs portátiles, aunque ese es un conflicto de nombre tan absurdo como el de PC vs Mac, sin saber que PC significa literalmente Personal Computer, así que si un Mac es usado de manera personal…) Es un Compaq Presario de los tiempos en los que existía esa compañía antes de que HP la hiciese desaparecer formalmente en 2013.

Adquirimos a TOWI (nombramos los ordenadores de una manera muy simplona, aunque de un tiempo a esta parte ando pensando en renombrarlos a orquestas de tango o compositores) en 2010. Venía con un MS Windows 7 con licencia preinstalado, con un disco duro SATA 3G de 640 GB (7200 rpm), 4 Gb RAM en dos tarjetas de 2 Gb cada una, un procesador Intel Pentium E5300 y conexiones típicas para la época: 6 USB 3.0 (4 en la parte trasera y 2 en la frontal), ethernet y ranuras de expansión para tarjetas: 1 PCI (1 libre), 2 PCI-Express 1x (2 libre).

Han pasado casi 10 años desde que lo adquirimos y ha ido creciendo por dentro, añadido un disco SSD, usando esas ranuras de expansión disponibles, así como por fuera con las conexiones con almacenamiento externo por USB.

De las primeras expansiones «internas», abriendo la torre y adquiriendo pequeñeces para aumentar su funcionalidad o para reutilizar algo disponible, fue cuando compramos un pequeño dispositivo que permite convertir un disco de conexión IDE (mucho más antigua que los modernos SATA) a USB sin carcasa para no convertirlo en un disco externo. Inicialmente lo tuvimos así, pero la caja dejó de funcionar, extrajimos el disco y con ese mínimo aparatejo tuvimos un disco interno que se conectaba por USB.

Para no tener que sacar un cable USB de las tripas de TOWI hacia un conector externo y, aprovechando para aumentar el número de conexiones USB disponibles (que se nos habían quedado en muy pocas a partir de la adquisición de discos externos, ratones, teclado, impresora, webcam, pendrives…), nos pedimos para reyes una tarjeta PCI en enero de 2017 que incluye cuatro conexiones USB 2.0 externas y una conexión hacia el interior de la caja.

Hace un año que el ordenador, con un Linux (Ubuntu/TangoStudio) que sustituyó al preinstalado de MicroSoft, iba algo lento, lo que podríamos llamar gajes de la edad, pero le hemos dado un poco más de vida con la instalación de un disco duro de estado sólido (SSD) conectado a la placa mediante un cable SATA. Para poder llevar la corriente al mismo tuvimos que comprar un adaptador (mínimo gasto de menos de 2€) que bifurcase uno de los conectores MOLEX de 4 pines hacia conexión de corriente SATA.

El disco SSD particionado tiene 120 Gb, lo que no parece mucho, pero es suficiente para el sistema operativo y algunas carpetas que requieran acceso de lectoescritura más rápido. Fue una compra que hice por 27€ en su día para intentar darle algo más de vida a otro ordenador (en esta ocasión un portátil HP Pavilion) que no acabó de lograr su objetivo, así que lo reutilizamos en TOWI.

Towi, por tanto, tenía ya un SSD como disco principal, Lacie (que tiene otra larga historia relacionada con su adquisición como disco de almacenamiento externo LaCie Desktop Hard Disk 320GB USB 2.0, 7200 RPM, Negro, para luego pasar a una caja que soportase interfaz IDE cuando dejó de funcionar la que venía de serie) como disco conectado con ese adaptador IDE-USB a la tarjeta PCI-USB, por supuesto el disco que traía de serie de 640 Gb al que llamamos COMPAQ. Aproximadamente 1Tb de capacidad repartida en 3 discos muy diferentes.

En el exterior, por otro lado, había ido aumentando la cantidad de discos conectados por USB. Pero las interfaces USB 2.0 hacían algo lento el tener conectados discos que podían ir a la velocidad de USB 3.0 en las existentes, para ese momento 10, conexiones USB externas disponibles.

Carmen necesitaba cada vez más espacio y ya no había forma de distribuirlo sin que resultase muy incómoda su gestión. Así que le propuse adquirir un disco USB 3.0 de «gran capacidad» (2 Tb) MAXTOR que le compró a su hermano. Pero ahora quedaba la cosa de cómo aprovechar ese disco rápido y grande con sus anticuadas (que no obsoletas) conexiones USB 2.0.

Hace unos días compré para ello unas tarjetas PCI-Express (aprovechando que quedaban aún 2 slots disponibles) una de ellas para proporcionar 2 USB 3.0 traseros con un conector USB de 15 pines interno al que se le podía conectar la otra, que no es más que un sofisticado USB 3.0 hub que dota al equipo de salidas frontales 3.0.

Ambas tarjetas necesitaban ser conectadas a la corriente (necesitan alimentación eléctrica) y fue bastante complicado desplegar el cableado para que pudiese llegar a todas las tarjetas y discos duros que este pequeño Frankenstein necesita. Habría sido conveniente un alargador de cable MOLEX que cuesta menos de 2€ y que no tenía. Lo logré sin ello, si bien el disco IDE (Lacie) queda algo «colgado» en un dudoso equilibro en el espacio interior de la torre.

Puede que llegue un momento en el que no sea rentable seguir invirtiendo mínimas cantidades para hacer que este viejo ordenador siga siendo uno de los equipos principales que tenemos, pero de momento me resisto a abandonarlo y seguiré diciendo que la obsolescencia no está programada en los dispositivos, sino en los humanos.

Esto no es una broma