manzanas podridas

UNIXes

PC, de Personal Computer, significa ordenador de uso personal, no sólo doméstico, sino también profesional, pero de manera personal, frente a los grandes ordenadores y las pantallas más o menos inteligentes de acceso a ellos, en ocasiones consolas. La primera vez que toqué un ordenador en mi vida (allende los spectrum y spectrum+) fue uno que tenía como sistema operativo UNIX (AIX, de IBM) y lo hice desde una consola de las 5 cinco que tenía simultáneamente conectadas, junto a la pantalla principal en la que se ejecutaba el entorno gráfico XWindows. Era multiusuario nativo, multitarea sin que tuviese que pensárselo y con una gestión de disco, de seguridad, de organización, que hasta ahora no ha sido superado por nada de lo que ha salido después. Fue en 1986.

No fue hasta un año más tarde cuando tuve que trabajar con un PC. Era un 8086 y estaba en una sala abarrotada de otros muchos que funcionaban con alguna versión de DOS (Sistema Operativo de Disco) que debías llevar en un disquete de 5 y 1/4, de los blandos. Era una pantalla negra con letras blancas. Tenía la posibilidad de algún programita que podías hacer en BASIC, después aparecieron (en mis manos) compiladores de FORTRAN 77 y de Pascal. No sería hasta 3 años después que amaría el Lenguaje C y sus posibilidades. ¡Qué curioso! C era un lenguaje que habían inventado los mismos que UNIX, sistema operativo al que estuvo emparentado por muchos años.

Es divertido ver cómo los sistemas operativos evolucionan como una dinastía familiar. Me encanta este árbol genealógico de UNIX que muestra cómo de variado y diferente, a la vez que competitivo, era el mundo X. Pero poco orientado a las arquitecturas x86 (ordenadores personales IBM y «clónicos«).

También de IBM, topé con los grandes (de tamaño y prestaciones) MainFrame 3090. Sus lenguajes de programación basados en «tags» como el que existía para formatear el texto antes de lanzarlo a imprimir son los antecedentes de HTML y todas estas cosas tan modernitas…

Primer modelo de Apple

Y entonces aparecieron los Apple. No sería hasta 1984, cuando de la mano de Steve Jobs y con un anuncio mítico dirigido ni más ni menes que por Ridley Scott, que Mackintosh se presentó como alternativa realista contra los recién nacidos sistemas operativos de Disco que Microsoft e IBM intentaban hacer atractivos en sus pequeñas cajitas de arquitectura 86.

Unos años después aparecen los primeros Linux, aún un poco orientados para programadores y trabajadores del sector, o gente que venga con experiencia en UNIX (yo había trabajado ya en AIX, SUN-OS, Solaris y FREEBSD cuando instalé mi primer RedHat (entonces gratuito) y costaba un poco hacerlo funcionar gráficamente).

Después llegó la diversidad. Los diferentes RedHat (que era mi preferido, incluso llegué a comprarme un libro para su aprendizaje, un libro en papel, absolutamente obsoleto hoy en día), Slackware y los Debian que ni conocía ni quería conocer.

Mientras tanto, la guerra se había desplazado: ya no era Microsoft contra IBM (que, en el mundo de la microinformática sería derrotado hasta pisotearlo), puesto que MS, de Bill Gates, había sabido aprovecharse de la tecnología UNIX:

El primer sistema operativo que la compañía lanzó al público fue una variante de Unix en el año 1979. Adquirido de AT&T a través de una licencia de distribución, Microsoft le apodó Xenix, y alquiló la empresa Santa Cruz Operation para adaptar su sistema operativo a importantes plataformas. Xenix fue cedido a Santa Cruz Operation, que adaptó el sistema para microprocesadores 80286 en 1985, bajo el nombre de SCO UNIX.

Había desplazado a IBM-DOS con su MS-DOS, copiando algunas cosas del OS/2 de IBM, entre otras el Presentation Manager, que llamaría Windows. Salió a la luz en 1990. Ya había muchos mejores entornos gráficos por entonces, como los de Mackintosh o los XWindows, pero se llevó el gato al agua sabiendo competir en un sector en alza: el ordenador personal de la clase media. Baja calidad de procesador, pero barato barato, sin complicaciones en la puesta en marcha que requería Linux y cambiable cada 3 años. Los vendedores de Hardware estaban encantados: MS-windows era su obsolescencia programada vestida de algo que, encima podían cobrar.

La historia de MS Windows es la de un pirata que va robando a quien colabora con él. UNIX primero, luego IBM/Presentation Manager, luego (sin colaborar), el uso de objetos visuales que tenía Mackintosh, para las últimas versiones, ya descaradamente «fusila» el código fuente de varios Linux… pero su campaña de marketing sigue siendo inmejorable. Más que una campaña publicitaria es una campaña de adoctrinamiento, de sumisión, de obligación a seguir siendo fiel a un sistema que nunca ha sido el mejor en todo, salvo en venderse.

Hasta ahora, quiere centrar la lucha contra Mac porque sabe que la tiene ganada. Las manzanas son caras y siempre han sido complejas para gestionarlas. Tanto como Win. Configurar una red TCP/IP con apple era poco menos que una tortura antes del 2000. Además, es una bonita táctica porque nos olvidamos de las posibilidades de usar LINUX.

Los muchos Linux en el «mercado», son gratuitos (salvo decepcionantes excepciones), son sencillísimos y, ahora, vienen cargados de un enorme paquete de programas que permiten sacar el máximo rendimiento a cualquier PC.

Ahora mismo tengo instalado LINUX y funciona maravillosamente UBUNTU 10.10. No necesito nada que no tenga. Tengo todo lo que puedo desear de software. Salvo los reticentes paquetes de programas específicos para dispositivos que los fabricantes declinan hacer para Linux. Pero hay soluciones: puedo instalar máquinas virtuales para los casos más necesarios… ya que, entre otras cosas, muchos de los Windows XP que fueron muriendo me dejaron unas licencias que puedo seguir utilizando. Me he librado de miedo a los virus, de descargas de software pirateado, de tener que pagar una licencia extra si quería utilizar los 4Gb de memoria que Windows VISTA (ese otro virus) no es capaz de gestionar.

Ahora y por casi capricho, quiero instalarme también otra máquina virtual corriendo un Mac OS X.

En realidad, las manzanas podridas de MicroSoft y Apple están jugando al bipartidismo con nosotros. ¡Hay otras opciones! Se libre. Se abierto. Se LINUX.

Descárgate UBUNTU completamente gratis y pruébalo hoy mismo. No te vas a arrepentir.

Habilidades del educador en la enseñanza no formal

Ayer estuve en una reunión de una empresa en la que trabajo unas 200 horas al año impartiendo cursos de Informática a jubilados en centros DIA de la Comunidad de Madrid. Era una reunión informativa a cerca de las modificaciones de la metodología de la enseñanza que se iba a seguir a partir de la siguiente convocatoria.
Yo no podía parar de reírme hacia dentro por el despropósito, no dudo de su buena intención, que supone un cambio semejante sin tener en cuenta una suma de factores que afectan, incluso, al perfil del docente.
Esencialmente, lo que se modifica es que los, hasta ahora llamados, profesores, nos pasamos a denominar dinamizadores. Y, como bien informó el coordinador de los, ahora llamados, dinamizadores profesionales, las palabras importan. Claro que importan, me dije, hasta el punto de que me acaban de cambiar el puesto de trabajo, que no el salario.
¿Eso me molesta? No me molesta necesariamente, pero sí que se considere que las habilidades que demostré tener como formador o profesor sean las mismas que se requiere para ser un dinamizador profesional o educador de un curso de enseñanza no formal.
Obviamente, esto me molestaba a mí especialmente por el hecho de que, en mis talleres de Poesía, en los de Creatividad, etc, soy un coordinador que me empeño en diferenciar de profesor o maestro. Y, porque sé lo importante de las palabras en la significación, no se me ocurre pensar que tengo que usar la misma manera de impartir la clase.
Entendiendo educación no formal como la segunda de las definiciones dadas en el enlace.
pienso que se habla de la educación en sí, pero no de las habilidades especiales que ha de tener un educador de enseñanza no formal y que no son en absoluto las mismas que las que ha de tener un educador de enseñanza formal.
Esto hace que, si hubiesen pensado bien el cambio, lo primero que tendrían que haber hecho en la empresa en cuestión es una nueva entrevista de trabajo para cualificar la capacidad de los actuales docentes para afrontar las exigencias de la nueva metodología.
Y aquí surge un primer problema: ¿es posible evaluar objetivamente las habilidades psicológicas y sociológicas requeribles en un docente de enseñanza no formal? ¿No se estaría, de algún modo, formalizando en el mismo momento del proceso de selección?
A partir de la convocatoria siguiente de los cursos de Informática, ya no enseñaré informática, sino apoyaré en el desarrollo de proyectos de grupos de personas que generarán un resultado presuntamente informático, ayudándoles a desarrollar las capacidades que puedan ir necesitando desarrollar. O sea, el ámbito educacional se abre hasta hacerse casi infinito y me supondrá una capacidad casi infinita de adaptación. Afortunadamente, llevo años haciéndolo en otro tipo de talleres y no creo que me suponga el más mínimo problema, aunque sé que es más (mucho más) exigente y procuraré no acarrear tareas como el seguimiento de los proyectos al ámbito no profesional, puesto que ni el sueldo ni el cargo lo exigen en lo más mínimo.
A partir de la siguiente convocatoria voy a ser un dinamizador de grupos que van a contar sus “Historias de vida”. Esto es tan ambiguo como imposible de acotar. Esto hace que también tenga más libertad (y la responsabilidad asociada) en las materias a impartir, hasta el punto de que me han regalado, sin darse cuenta, el famoso derecho de libertad de cátedra.
Creo que se están equivocando completamente, pero no me pagan para pensar la eficacia de las metodologías de enseñanza. Es más, estoy convencido de que esta empresa, después de dos o tres convocatorias, se verá obligada a acotar este papel tan libre del docente y fabricar un guión más o menos rígido que los profesores (perdón, dinamizadores) deban seguir día a día, sesión por sesión, como hasta ahora venía siendo hecho con los convencionales cursos de informática que se impartían.
Entre otras razones, porque la mayoría de los profesores que hasta ahora podían impartir los cursos que impartían (y me incluyo, pero sólo en parte) no tienen el perfil adecuado para las exigencias que les va a demandar la nueva metodología.
¿Qué necesita un formador para ser un buen educador de enseñanza no formal?
Para empezar: no saberlo. No saber. Es esencial que parta de la base de que lo que enseña ya no es lo que sabe, sino lo que puede que los alumnos puedan aprender, que ya no se trata de enseñar, sino de fomentar el autoconocimiento, el desarrollo personal, o, como traté recientemente en otro artículo dejar de creer que se puede hacer otra cosa que no sea la de dinamizar al colectivo para que sus individuos evolucionen según sus propias necesidades y confiar ciegamente en que saben lo que quieren aprender.
El coordinador de un grupo semejante, ha de entender que no existe una verdad única, que debe autocuestionarse constantemente puesto que no hay una forma fijada a la que atenerse y ha de consensuarse en función del correcto equilibrio entre enseñanza y aportación de condiciones para el autoaprendizaje,
Sus habilidades principales entran en relación con la característica de la libertad y su ejercicio en la educacional no formal: ha de ser capaz de gestionar grupos con flexibilidad, habilidad relacionada con un alto conocimiento de protocolos sociales del colectivo en el que se desarrolla la actividad, ha de ser capaz de ser inflexible con cortesía, sabiendo poner límites para no dejar que el exceso de libertad bloquee la capacidad de creación de los asistentes, ha de ser capaz de tener un vocabulario cuidadoso y preciso, que también ha de ser comprendido con precisión por los educados. Ha de tener una capacidad de empatía con quien no necesariamente comprende, saber respetar la expansión inevitable de los egos con los que trata. Ha de dispersarse en cierta medida pero no demasiado y esto es tan ambiguo y poco mensurable que es uno de los puntos críticos de la enseñanza no formal.
Me dejo muchas y, como dije, innumerables que no sé ni puedo saber. Cualquier habilidad, diría, en resumen, es útil para un buen educador no formal con capacidad (insustituible) de relacionar conceptos o inteligente funcional y creativamente. Para profundizar en este asunto, remito al libro de Jose M. Marina, “Teoría de la Inteligencia Creadora”.
Nos pueden hablar de que han de ser buenos comunicadores, buenos líderes, amables y firmes, pero no nos pueden contar cómo puede ser alguien un buen comunicador o un buen líder. Es demasiado subjetivo porque todas estas palabras (que siempre importan) son claramente poco definidas. Ni la comunicación es algo perfectamente delimitado (teniendo en cuenta que existe la verbal, la no verbal, la implícita, la explícita, y las por venir) ni el liderazgo, ni, mucho menos, ese pequeño apócope que es “buen”.
En resumidas cuentas: no se sabe qué hace falta para ser un buen pedagogo de educación no formal y esto es inherente al hecho de que, como no formal que es, no hay forma de saberlo.
Eso sí, dudo mucho que esta empresa haya pensado en esto. ¡Ay! Qué poco saben de estas cosas. Me da que no han hecho ni una sola vez la aparición por un curso de enseñanza no formal aquellos que han decidido cambiar la metodología repentinamente. Pero no me pagan por resolverles estas dudas.
Sé, y cada vez tengo más claro, que no sé enseñar.
Sé que la enseñanza no formal es una parte integrante esencial de la nueva forma de aprender. Que la enseñanza formal es demasiado rígida para las necesidades de infinidad de cosas (incluso puede que esta misma para la que me contratan) y que se adecúa poco a, por ejemplo, cualquier materia que diga ser o tener algo que ver con la contemporaneidad.
Pero hablar de la contemporaneidad es algo que tendré que dejar para otra ocasión, aunque cada día me tienta más la idea de preparar un pequeño seminario en el que aclarar conceptos de cuándo y porqué surge y en qué se caracteriza.

Instalar Linux es un acto político

Tengo entre mis manos el portátil de mi amiga Lilian. En realidad está a mi espalda.
Después de que su sistema operativo se infectase de virus, me pidió, como habitualmente, un poco de ayuda con su PC. Yo estoy encantado de ayudarla y ella suele ayudarme a mí. Es una especie de Banco de Tiempo que se viene denominando Amistad.
Pero se ha hartado, por fin, de Windows y la he convencido para que se actualice a Linux. El otro día en casa de otro amigo hablé de Linux como si fuese la décima maravilla del mundo. No es tan bueno como para eso, pero es gratis.
Gratis, distribuido abiertamente y desenganchado de los intereses de empresas como MicroSoft. Es un sistema, además, más seguro y sencillo, sí, es más sencillo. Un usuario normal no necesita nada más que un CD para instalar todo lo que suele usar,,, sin requerir piratear software de ningún tipo, sin tener que recurrir a webs de dudoso pelaje de las que acaban por descargarse programitas infectados e infectos para sus recién instalados o adquiridos Windows. Da igual la versión.
Desde hace tiempo, no lucho contra M$, sino contra la idea de la falta de libertad que subyace al hecho de que, una vez contratado este software, da prioridades sabidas a sus allegados, ya sean otros programas de la misma empresa o de terceros que pagan por desarrollar bajo el paraguas de la famosa multinacional de Bill Gates. Pero, de verdad, no es una lucha a muerte, vengadora, ni nada por el estilo, es sólo demostrar que otro mundo es posible. Esta es la verdadera razón por la que merece la pena insistir en quien se lo está pensando, cansando o cansada de virus, malwares varios, o simples problemas de licencias de software. Pasarse a Linux es algo casi diría sano.
A veces da algún problema en la instalación, pero luego ese tiempo se va a ver compensado con el uso, con la sencillez que se tiene cuando se instala cualquier programa, cualquier nuevo software. No quiero entrar a valorar las prestaciones o esas cosas más o menos técnicas como la gestión de memoria de programas, procesos, etc, porque no es eso de lo que hablamos: hablamos de que otro mundo es posible. Linux pone en cuestión el sistema económico, Linux y todo el mundo del software “abierto” pone de manifiesto que es canalla hablar de piratería sin tener en cuenta estas cosas… y es que la famosa ley sinde… es otro tema.
Mientras escribía este artículo, el PC de mi amiga ya está funcionando con sistema operativo, aplicaciones de oficina equivalentes al famoso y repirateado MS Office, tiene varios programas de correo electrónico, por supuesto navegadores, conexión a internet antes de comenzar la instalación, varias formas de grabar discos (Cds y DVDs), programas de música, de edición de fotografía digital, de edición de vídeo, de chat, de videoconferencia, de gestión de agendas… y no he tenido ni siquiera que darme la vuelta para comprobarlo, y no he tenido que infringir ninguna ley, ni siquiera atentar un poquito contra una ética estricta.
¿Por qué no se hace con más frecuencia?
Para empezar con Linux: www.ubuntu.com

Esto no es una broma