sellos lacados
se tumban en mi mesa
autoadhesivos
-
horizontales
sus esquinas se pegan
a los rincones
contienen letras
imágenes de fondo
son solo mapas
-
los cuatro sellos
como estos cuatro haikus
no me requieren
Diario
sellos lacados
se tumban en mi mesa
autoadhesivos
contienen letras
imágenes de fondo
son solo mapas

Que cada cierto tiempo alguna persona se acuerde de mí y de mi Proyecto Paraguas, me hace muchísima ilusión y sentirme querido, recordado… cuando me envían fotos como esta, de un paraguas encontrado en mitad de un recorrido vital de alguien a quien, de una u otra forma, mis actos pretendidamente creativos han tocado.
En esta ocasión, mi queridísima amiga Aída B. Márquez me hizo llegar un par de fotos de un paraguas abierto en la calle siendo la boca de una papelera amarrada a un semáforo.

Junto a la mesa
altavoces alzan
voz sobre viento.
Sombra de taza
abraza ese cartón
bajo tu panza.
Esos bolígrafos
que duermen boca abajo
van a acabarse.

Sobre la mesa
un pendiente pendiente
de su destino.

En época de Franco
las curvas
eran rectangulares.
Puede transformarse muy bien en este otro que satisface la innecesaria «versificación» de 5-7-5 sílabas:
Las curvas eran
en época de Franco
rectangulares.
Podría cruzar los dados
para obtener un siete
en cada cubo.
Es improbable
la perfección.
Podría cruzar las piernas
para obtener un siete
en la postura.
Es muy probable
la imperfección.
Podría cruzar los ojos
para obtener un siete
en cada párpado.
Es improbable
la imperfección.
Podría cruzar las sienes
para obtener un siete
en mi interior.
Es muy probable
la perfección.
Las mesas limpias
preludio de comienzos,
eco y silencio.
Luz apagada
por la ventana abierta
entra la sombra.
Aquel botijo
sobre la estantería
preside encuentros.
Libros en cajas
ansían encontrar
quienes los lean.

El candelabro
bajo el sol de verano
derrite el tiempo.
El proyecto ya tiene fecha y lugar de presentación: el 5 de junio del 2022 a las 19:00 en el auditorio de la escuela de música Madrid Music Hall, que dirige Marta Aranda Roig.
He realizado este primer cartel que no acaba de convencerme. Desde luego, es cualquier cosa menos minimalista, como sí que es el libro.

Algo me dice que no será el último y definitivo.
Este es el texto del prólogo del libro, que describe a la perfección en qué consiste, pero no habla demasiado en detalle de las metáforas que me evoca el pensar en paraguas rotos.
Hace más de una década comencé a realizar fotografías de paraguas abandonados por la calle sin la más mínima intervención. Ni los manipulaba, ni editaba las fotografías, ni tan siquiera corregía una posición de los mismos o los rescataba del olvido, del injusto trato con el que alguna persona se había deshecho de ellos.
Ahí estaban, tirados, como llorando en mitad de la calle, en un entorno mayoritariamente urbano, en las proximidades de cubos de basura desbordados por un intento vano de introducir estos elementos en unas papeleras no pensadas para tal fin.
Me acercaba, me detenía, hacía una fotografía, en alguna ocasión más de una, para dejar huella, para dejar constancia del paso por la vida, por la utilidad, de esos enseres rotos, arrancados de su función por una varilla doblada, por una batalla perdida contra el viento, por una repentina mejora del clima.
Ahí quedaban, tras mi retrato, en el velatorio de la calle, en el cementerio de cemento, en la ignominiosa nada, en la desmemoria, tras un fugaz encuentro con una mirada ansiosa de metáforas.
Paraguas rotos.
Tan sólo son paraguas.
Paraguas rotos.
Algo más simple puede que se acabe imponiendo…
