Cursos de creatividad en entorno rural

Siempre que realizo un curso o seminario de desarrollo de la creatividad en entorno rural, es decir, que de una u otra forma convoco a unos cuantos interesados en asistir a un encuentro en el que ejercitar su creatividad con la intención de convertirla en algo cotidiano, siento que hay algo que está mal.

En parte, el entorno rural, para los urbanitas que suelen acudir a estos encuentros, resulta tan sugerente que el seminario acaba apareciendo en un segundo lugar, algo que se hace mientras se está disfrutando del campo, cuando lo que a mí me gustaría es que se disfrutase del campo mientras se está haciendo un curso de desarrollo de la creatividad.

Parece que es lo mismo, pero no lo es en absoluto.

Este fin de semana fui invitado a participar en unos encuentros que coordina un amigo, llamado Jacinto, en la finca de Castrejón Alto que posee Aníbal Merlo. Todos (o casi todos) los asistentes son amigos que se reúnen periódicamente y que disfrutan de unas jornadas agradables en un paradisiaco ambiente recogido mientras alguien les ameniza el tiempo con una propuesta formativa más o menos.

En esta ocasión fui yo el responsable de llevar a cabo esa labor, que entraba en competencia con las miles de sugerentes distracciones que ofrecía el mero hecho de estar en aquel lugar tan magnífico.

Quizá sea que el curso no era tan magnífico como el lugar… pero es que el curso es lo que es… algo que implica un esfuerzo, de algún modo, para salir de la inercia (la peor enemiga de la creatividad). Pero la inercia en un lugar como ese es la de dejarse llevar por los placeres que no se tienen en la ciudad y que convierten en oasis ese espacio-tiempo.

Siempre me gusta usar el lugar para estos cursos como algo generador, pero acabo sintiendo, en muchos casos, que es más un obstáculo a superar que un apoyo. No sé si no sé usarlo bien (más que probable) o es que no es una buena idea usar estos lugares que los urbanitas necesitamos para descansar, para relajar, y no tanto para trabajar, aunque sea relajadamente.

Me recuerda cuando decidí dejar de usar música para preparar a la gente antes de los ejercicios de creatividad. Era más fácil, aparentemente, ser creativo si una música suave, relajante, nos hacía entrar en un estado especial de calma, de mente preparada… pero el mundo no es así, la realidad no es así… no la vivimos así, tenemos que crear cuando nos sube un gato por la espalda o cuando tenemos alergia o una fisura anal, no cuando todo es tan bonito que las flores se caen solas de los árboles. Era una mala idea la de generar un espacio ideal para ser creativo. Quizá, esto mismo, sigo sintiéndolo cuando aprovecho lugares especiales (yo no los vivo como tales, pero la mayoría de la gente sí) para llevar a cabo estas convocatorias.

Por otro lado… ¿no es demasiado exigente pedirle a la gente que se comprometa hasta sacrificar sus fines de semana de relax en un curso para fomentar el desarrollo de su creatividad como forma de cambiar su vida y el mundo que habitan? ¿Hay algo intermedio entre mi fundamentalismo ortodoxo y la laxitud del ocio-entretenimiento-cultural?

Ayer no pude nada

nada de nada
me siento sin sentarme
con el culo al viento
o a sotavento
y sufriendo
sufriendo
pero no son hemorroides
esta maldita fisura que me tortura
que me hace vivir
deseando no hacerlo
y es algo que tenía
tan olvidado
que no sé manejarlo

hace mil años que dejé de pensar
en el suicidio
y ahora he vuelto
he vuelto a pensarlo sin parar
y me entristece tanto que temo
amargar a mi amor
a mis amigos
a mi familia
a dios a la patria y a todos mis compañeros
y no sé qué hacer para evitarlo
pero
de cuando en cuando
se me cuelan pensamientos
negros
paralizantes
entre las grietas de un cerebro que sólo recibe dolor
dolor
dolor
y no tengo ganas de sentarme a escribir
una mísera entrada en un mísero blog

hago unas cuantas fotos
una revista caminada
una deriva situacionista
en homenaje al fallecido Nel Amaro
y cuelgo las fotos en facebook con todo el dolor
que atenaza mi ano
y hoy salgo a caminar a encontrar nuevas
fotos
imágenes de líneas
de un proyecto que nunca concretaba
porque había que estar caminando por la calle
sin nada que hacer
y nunca tengo nada que hacer
o
lo que es lo mismo
siempre tengo cosas que hacer
así que estaba postpuesto y postpuesto y postpuesto
y ahora me he puesto
y siento que recupero algo de mi dignidad
que va asociada a mi capacidad de creación
indisolublemente
he hecho varias fotografías de la serie
de líneas que van a cubrir
las monolíneas
horizontales, verticales y oblicuas
las bilíneas
paralelas
horizontales, verticales y oblicuas
secantes
perpendiculares y oblicuas
las trilíneas
paralelas
horizontales, verticales y oblicuas
secante y paralela
perpendiculares y oblicuas
secante y secante
y así
geometría en mano
recorro madrid sintiendo que puedo hacer algo
aunque me cueste infinito esfuerzo
después
sentarme a la mesa y subir las fotos a mi blog
o a facebook
o a mi web
donde
sin duda
acabarán estando

poco a poco
iré olvidando
que me duele
¿verdad?

Un clavo

El Clavo en la paredMe gusta encontrarme con detalles. Es algo que hago de cuando en cuando para disfrutar de una mirada que no suelo tener. Ver lo pequeño, lo casi insignificante, lo más cotidiano que cotidiano, podríamos decir, incluso, que vulgar… y darme cuenta de lo evocador que es, que resulta, una mirada a la realidad extraordinaria que hay en cada pequeño pedacito de la misma.
Me recuerda esa idea de que el mundo entero está en la punta de una aguja. Sí.
Este clavo/escuadra que no es un clavo, que quizá no era más que un pedazo de hierro penetrando un taco demasiado ancho para él. Sobre una pared algo tocada, indicando que había sostenido un cuadro, una imagen, que quizá contenía la foto de un taco del que asomaba una alcayata. Escarpia viril y solitaria, amante de la pared. Puedo ver en este clavo una metáfora, un poema de vida y muerte, un bello guiño de la realidad, también un corte de manga (lo que me recuerda unas acciones que fue invitado a hacer Isidoro Valcárcel Medina en Madrid, eligiendo para ello calles cuyos nombres hacían alusión a un corte de mangas, él siempre tan inteligente).
Me gusta lo que ve la cámara cuando, en modo “macro” se acerca a un detalle, cómo se desdibuja el fondo, se pierde en una especie de continuo, como si la realidad mostrara en este pequeño experimento su naturaleza dual: concreta y discreta, partícula y onda.
Me gustan los detalles. Me hacen sentir que la realidad es infinita. Me recuerdan que debo seguir mirando para encontrar sorpresas, para encontrar belleza, como de la que hablaba Lautreamont, la del encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de escribir y un paraguas. Me gusta mirar para recordar que ahí, justo debajo de mis ojos, está la poesía, esperándome, esperando ser encontrada y revelada. De ahí la fotografía.

Creatividad de un anuncio de Viagra

V      C      L

I      I      E

A      A      V

G      L      I

R      I      T

A      S      R

              A

$1.29/pill $1.58/pill $2.81/pill

Hoy me ha sorprendido la creatividad de los anuncios de Spam. Sí, parece mentira poder encontrarse algo próximo a la poesía visual en una publicidad de este tipo. Pero bueno, si me paro a recordar, ya me había llamado la atención las diferentes formas que tienen de saltarse las restricciones de los filtros antispam modificando letras por números y otras que seguro que conocemos.
La creatividad utilizada con una finalidad poco poética no es quizá lo que más me gusta, por no decir que no me interesa mucho, pero lo que sí puedo decir es que es creativa. Perogrulladas aparte, la dificultad que ha supuesto para estas campañas los filtros holísticos ha demostrado no ser invulnerable. Es una guerra sin final entre el no y el sí.
Siempre es la misma guerra. Parece.
No es un poema. Es sólo un ingenioso anuncio de pastillas. Utiliza los hallazgos de la poesía tipográfica o concreta. Esto, al menos, demuestra que hay hallazgos, casi podríamos hablar de progreso, en poesía: ¿La convierte esto en una ciencia o una técnica?
Desde hace tiempo me planteo la necesidad de permanecer en un eterno lugar de experimentación, de búsqueda sin objetivo, una actitud, como diría Rafael Lamata o Isidoro Valcárcel Medina, más que un acto. Esta búsqueda me hace sentir en ocasiones una especie de dispersión, de labrar selvas, de avanzar por caminos trillados o intentar construir puentes en acantilados del océano. Es una búsqueda poco eficaz, asociada al fracaso (tal como se entiende habitualmente el éxito) pero desde luego alejadísima de la frustración, de la castración, de la autocensura.
Si algo me sobrecoge personalmente de la actitud creativa es la libertad. La libertad absoluta y ejercida. La libertad es para mí la base de la humanidad. Ya lo he contado hace un par de días en la entrada referente a la pareja y la libertad. La libertad hace al hombre estar vivo, la libertad hace que la vida merezca la pena ser vivida, la libertad es lo que ha de ser buscado y ejercido en esa búsqueda, la libertad es algo no por definir, sino por vivir, por hacer, por crear. La libertad es una creación y la creación, cuando es libre, es poesía.
Sebastián Arce y Mariana Montes son creativos: Crean. Me interesa. No su habilidad técnica, más o menos imitable, incluso programable. Su capacidad para renegar de su pasado, para inventar su futuro y con ello el de los que les desean seguir me interesa. Son creadores de tendencias, pero las tendencias son otra cosa, son algo comercial o, cuando menos, basado en la popularidad, el prestigio, el marketing. La creación de tendencias me parece digna, pero lo que realmente me interesa es la creación: se sienten libres y lo de-muestran. A pesar de que este señor no me cae muy bien, respeto su trabajo y admiro su libertad creativa. De hecho, echo de menos que esta actitud no prolifere. Pero claro, la realidad, que no es sólo un bar, hace que nos sintamos incapaces de ser libres, incapaces de creer en nuestras creaciones, en nuestra voluntad libre y acabamos imitándoles, creyendo que creamos: craso error. Pero… ¿qué nos impide ser libres? ¿qué nos impide ser creativos?
El miedo.
Pero eso es otro tema.

Esto no es una broma