Problemas

Tengo problemas
para quedar contigo
y tengo problemas
para ir a este sitio
y tengo problemas
para este horario
y tengo problemas
para esta música
y tengo problemas
para este vecindario
y tengo problemas
para esta temperatura
y tengo problemas
para esta alimentación
y tengo problemas
para estos precios
y tengo problemas
para esta televisión
y tengo problemas
para esta programación
y tengo problemas
para este volumen
y tengo problemas
para esta mesa de al lado
y tengo problemas
para estas conversaciones
y tengo problemas
para estas muestras de cariño
y tengo problemas
para esta indiferencia
y tengo problemas
para este postureo
y tengo problemas
para esta estas alturas
y tengo problemas
para quedar contigo
que tienes problemas
para ir a ese sitio
y tienes problemas
para ese horario
y tienes problemas
para esa música
y tienes problemas
para ese vecindario
y tienes problemas
para esa temperatura
y tienes problemas
para esa alimentación
y tienes problemas
para esos precios
y tienes problemas
para esa televisión
y tienes problemas
para esa programación
y tienes problemas
para ese volumen
y tienes problemas
para esa mesa de al lado
y tienes problemas
para esas conversaciones
y tienes problemas
para esas muestras de cariño
y tienes problemas
para esa indiferencia
y tienes problemas
para ese postureo
y tienes problemas
para esas alturas
y tienes problemas
para quedar contigo.

Una de dos:
O tenemos problemas compatibles.
O tenemos problemas incompatibles.

Una de dos:
Quizá no queremos vernos.
Quizá no tenemos problemas.
Quizá ambas afirmaciones sean ciertas.

Homenaje a Yoko Ono

A partir de una hoja de un libro de Antonio Machado, un comienzo de sección dedicado a LEONOR, decidí intervenirla y quedarme con esta pequeña muestra de aprecio a una de las artistas más interesantes del siglo XX a quien siempre me parece que se suele asociar a un cantante muchísimo menos interesante, aunque haya tenido más repercusión, mediática y en la cultura popular, que no discuto.

Por otro lado, LEONOR me recordaba a una monarquía a la que me veo obligado a reconocer como ciudadano de este país cuya constitución parece impuesta e inamovible. Así que era una bonita forma de «matar» dos pájaros de un tiro.

quiero pensar

oigo a una mujer
que dice
quiero pensar
y
yo
quiero pensar
que quiere pensar
y pienso que querer pensar
no es pensar
sino querer
y quiero pensar
que pienso
y sin embargo
no quiero
o no pienso
o pensar y querer
no están relacionadas
con la voluntad
sino con el destino
con el futuro
con el increíble juego
que las palabras hacen en mi boca
o en mi mente
de menta
que demente miente
y piensa que piensa
y quiere querer
con todas sus fuerzas
o interacciones intermoleculares
o intramoleculares
y ahora no puedo dejar de pensar
en querer pensar
y no pensar
o no querer
y pensar
aun así
sin parar
de pensar en pensar
de querer y querer
y la vida
va

Yo lo tengo claro, ¿y tú?

Usando una etiqueta de una prenda que una alumna de los Talleres de Poesía Contemporánea que defiendo desde hace décadas, realicé esta pequeñísima y algo «equidistante» piecita sobre ese papel que, al tacto, me cautivó.

El mensaje de la pieza no lo tengo tan claro, pero sí sé que yo sí tengo claro hacia qué lado me inclino, aunque las flechas estén intencionadamente confundidas y el YOU?, intencionadamente rojo.

Zapatitos

Casi descartados por incomodidad, estos zapatos ortopédicos, que compré en la tienda donde me veo condicionado a adquirir mi calzado desde que tengo problemas en esa parte del cuerpo que cubren, están bastante deteriorados por su utilización en la acción «Falta Civismo» que realicé en octubre del 2025.

Estaban casi sin estrenar, pero me resultaban sumamente incómodos, en parte por ese sistema de apertura dual: por cremallera y por cordones, que me confundía cada dos por tres. Además de algo ajustados por la punta, lo que hacía me dolieran los deditos.

Así que los usé en aquella «performance» en la que asumía que el calzado que usase iba a quedar algo malogrado, pero que requería un calzado más formal que la mayoría de mi habitual indumentaria.

Ahora ando caminando con ellos sabiendo que me acompañaron ese día y reconociendo en esa puntera rozada su servicio prestado. Además, parece que el uso los ha suavizado y ya no me dañan mis extremidades de la extremidad, aquello para lo que, por similitud con los de las manos, denominamos dedos.

Insignificancias

en lugar del enlace
o url directo
ahora desde android
se comparten vínculos
que incluyen un share.google
remitiendo el tráfico
a sus servidores
y facilitando
el control de la información
a la que hemos claudicado
en manos de gigantes
económicos

no deja de ser
insignificante
o todo lo contrario
cuando están bombardeando
países
y sube el precio de la gasolina
y baja el comercio mundial
y aumenta el tiempo de demora
hasta que traen mis adquisiciones
en una plataforma de venta
de insignificancias
online

no deja de ser
insignificante
o todo lo contrario

La paz como obra de arte

En medio de este escenario convulso, yo he decidido recuperar esta postal que tenía desde hace décadas guardada entre mis viejos apuntes de arte, del maravilloso Wolf Vostell, quien afirma:

«Yo declaro la paz como la mayor obra de arte»

Allá por los años 70 también el mundo era un lugar convulso y quedaban aún por suceder terribles acontecimientos como los golpes militares en Chile o Argentina, entre otros… y lo que vendría después.

Mientras tanto, yo vuelvo a declarar, con Vostell, la paz como la mayor obra de arte… y el arte como un formidable camino hacia la paz.

El silencio, espera en el recibidor.

Chantal Maillard

La escritura como abs-
tracción

¡Qué maravillosa ruptura de verso
haciendo que la escritura sea abstracta,
pero también siendo tracción!

Me ha sorprendido el libro
hilos
que tira de los hilos del lenguaje
con los juegos de Paul Celan
pero sin la tragedia del mismo.

Un regalo que me hizo
un poeta
bukowskiano y carabanchelero
que en realidad
es más Basho o Li Po
que cualquier otra referencia.

Ahora quiero leer más
y más
de esta escritora
a quien sólo había leído
de soslayo.

La lengua

Me he pinchado la lengua
con un tenedor.

Me he pinchado la lengua
con un tenedor.

En la lengua.
La lengua.

Me he pinchado y ahora me molesta
el ridículo agujerito
que las células
dejan alrededor.

Ha sido involuntariamente:
acto inconsciente
de silenciamiento.

Me he pinchado la lengua
por no mordérmela.

Mi lengua
no usa mi lengua
para lamerse a sí misma.

Recuerdo otras lenguas
a leguas
que mojaron mi lengua
con lenguas.

Las lengüetas de las botas
son incómodas
y yermas.

Mientras tanto
la lengua
sigue solitaria
un camino hacia la muerte
como el resto del cuerpo.

Inexorable
el tiempo
sigue esculpiendo heridas
en mi insignificancia.

Esto no es una broma