multicopy.sh

Otro de esos programas para demostrar que la programación puede ser tan absurda como la poesía.

En esta ocasión, el código simplemente realiza 27 copias (las que se decida en función de un parámetro incluido en el mismo) de un archivo dado su nombre y su extensión.

No sirve para mucho más, pero puede ser útil para saber cómo realizar bucles «for» con bash (shell script) y también para recordar cómo se usa «printf» como herramienta para crear cadenas nuevas (a modo de sprintf o para escribir a la salida estandar.

#!/bin/bash 
nombre="27signos" 
extension="odt" 
nombreoriginal=$(printf '%s.%s' "$nombre" "$extension") 

for ((i=1; i<28; i++)); 
do fichero=$(printf '%s_%02d.%s' "$nombre" "$i" "$extension") 
echo -e $(printf "Fichero original |||%s||| copiado |||%s|||" "$nombreoriginal" "$fichero") 
cp $nombreoriginal $fichero 
done

 

27 de agosto

¿Por dónde empezar?
¿Cuál ha de ser mi próximo proyecto?
¿Cómo dar fin a los que tengo a medias?
¿Por qué me cuesta tanto definirme?
¿Procastinación?

Y sin embargo…

aquí estoy
intentando concretar la poesía más abstracta
luchando contra el miedo perpetuo a la mediocridad
que por otra parte defiendo a capa y espada

aquí estoy
a primera hora de la mañana
sin desayunar
esperando que un rayo de inspiración
entre por la ventana abierta al ruido de Madrid

aquí estoy
y así me siento
de sentarse y de sentirse
abatido en ambos casos
por el peso de mi cuerpo

aquí estoy
escribiendo este poema que no es un poema
para un libro que nunca será un libro
reclamándome poeta sabiendo que no lo soy
más que en el sueño en el que habito

aquí estoy
y no tengo respuestas
salvo un extraño malestar por el silencio
que campa a sus anchas en mi mente
adormecida
a primera hora de la mañana
abatido
escribiendo
y en duda.

¿Cómo no darse por aludido?

Leyendo el libro «HISTORIA INTELECTUAL DEL SIGLO XX» de Peter Watson, de quien ya leí recientemente el libro IDEAS al que le dediqué una etiqueta entera de mi diario, me encuentro con esta maravillosa descripción de mi vida… en unas pocas líneas. Y me remueve el alma, por decirlo de algún modo.

Este libro del Siglo XX me ha decepcionado un poco en comparación con el más ambicioso de IDEAS y que, quizá por la lejanía temporal no está tan plagado de predilecciones personales del autor (compilador). Se le ha notado mucho el etnocentrismo casi inevitable, esa querencia a lo nuestro, a suponer que el hombre blanco (añadiría protestante anglosajón) ha alcanzado la cúspide de lo ideado, ignorando en casi todo el libro (quiero pensar que por ignorancia y no por mala fe) los logros de otras regiones del planeta que no sean Europa o Estados Unidos, con contadas excepciones, así como la poca atención prestada a la influencia femenina que ha sido uno de los mayores motores de cambios del siglo, sin duda alguna.

No obstante, no voy a criticar en exceso un pequeño defecto que tenemos quienes vivimos en esta sociedad que nos forma y nos deforma, sin informarnos… incluso a los más avezados. ¿Será que yo también soy un heterosexual blanco de clase media? Seguramente. Pero intento visibilizar lo que no visualizo… y poco a poco sacar del lodo del olvido lo que encuentro tras esfuerzos no despreciables.

Me he aburrido poco

Lamento haberme aburrido tan poco
que mi creatividad ha sido sedada
por riadas de entretenimiento
adormecedoras.

Unas vacaciones son para distraerse
pero ¿de qué?

Distraerse de la locura cotidiana
cuando la locura se ha instalado en lo cotidiano
por decisión propia
es absurdo
o lo que podríamos denominar
loco.

Distraerse
es un simulacro de sustraerse
como un hurto menor de lo mayor que se posee

y que no se posee.

Hasta me di de alta en un servicio de distracción adicional
buscando nuevas formas de evasión
olvidando que la evasión y la confusión van de la mano.

Me he aburrido poco
y debería estar feliz por ello
pero el aburrimiento no es antónimo de felicidad
aunque pueda engañar a la infelicidad
con orlas de terciopelo acaramelado
mientras llega la muerte.

Engaño
falacia
ilusión
que se frustra con el paso del tiempo
o una mirada profunda
por un instante
al silencio.

Y entonces…

¿Qué son las vacaciones?

Vacaciones:

Dice la RAE que vacación proviene del lat. vacatio, -onis. 1. f. Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios. U. m. en pl. 2. f. Tiempo que dura la cesación del trabajo. U. m. en pl. 3. f. p. us. Acción de vacar (? quedar un empleo sin persona que lo desempeñe). 4. f. p. us. Cargo o dignidad que está vacante.

Me ha hecho especial gracia la acción de vacar:

vacar: Del lat. vacare. 1. intr. Dicho de una persona: Cesar por algún tiempo en sus habituales negocios, estudios o trabajo. 2. intr. Dicho de un empleo, de un cargo o de una dignidad: Quedar sin persona que lo desempeñe o posea. 3. intr. Dedicarse o entregarse enteramente a un ejercicio determinado. 4. intr. Estar falto, carecer. No vacó DE misterio.

Pero yo me pregunto otra cosa:

¿Qué necesidad hay de tomarse un descanso de la habitual actividad? ¿No tiene que ver con la alienación relacionada de trabajar u obtener remuneración de actividades que no nos hacen felices en general?

Preguntado de otro modo, ¿es precioso y preciso tomarse vacaciones de cualquier cosa, sea lo que sea?

Y si la actividad habitual fuese estar de vacaciones… ¿Cuál sería la forma de tomarse vacaciones? ¿Es posible semejante oximorón?

La mente me funciona despacio.
No actúo ni pienso con la celeridad habitual.
¿Es necesaria esa celeridad? ¿Es saludable? ¿Sostenible?

No sé responder.
No sé.

Mi mente, quiera yo o no, se ha ido de vacaciones.

Cadáver eXquisito

La luna es una región que escuece
hace cosquillas y les tiñe de amarillo
la añoranza de una tarde de un momento
y la terraza soleada,

horas de olvidar a tu enemigo saltando a la comba
en medio del mar
con marea alta
con el tiempo, el tiempo que se hace tarde.

El agua no quita mi sed.
Hay calores necesarios
como tus piernas.


A los ornitorrincos no les gusta el azafrán
porque quieren elegir a pesar de ser ornitorrincos
como versos sueltos sin conexión.

Las luces me ciegan aunque tal vez
sea una sed de vino y olvidos,
la tortura de los sordos es juzgar a ciegas
la lucha de la última noche y lloraron
lloraron todos pasaron la noche llorando.

Extraña existencia, extraño, extraño
negro sobre rojo
y cerca azul
nunca termina la luz
siempre está en alguna parte.

¿Por qué el proceso de «la manada» es tan mediático?

Normalidad.

Sí, por normalidad, por el hecho de que es «normal», son un puñado de «chicos» normales, más allá de la pertenencia del 40% de los mismos a algún cuerpo de orden y seguridad del estado, lo que da más miedo, lo que da verdadero pavor es sentir que cualquier «hijo de vecino» se parece a estos tipos y se siente identificado, de ahí esa defensa a ultranza de su «presunción de inocencia», que desaparece inmediatamente cuando los criminales son, pongamos, negros, vascos, argelinos… algo con lo que no identificar a cada hombre.

Distinguir entre hombres aquellos que no son como estos no es tan sencillo. Quizá no hay diferencia. Quizá no es una diferencia ontológica, ni tan siquiera óntica, sino tan sólo un acto diferente. Es ahí donde hay diferencia. Es eso lo que hace que este proceso sea especial. No son seres monstruosos, pero realizan un acto execrable que, por arte de birlibirloque (lease, patriarcado imperante), no reciben el trato de seres monstruosos y queda patente que lo que se juzga en muchos casos es el ser y no la acción.

No se juzga el delito de abuso sexual de igual manera si estos individuos hubiesen sido negros, vascos, argelinos, musulmanes… No recibirían ni una pizca de apoyo institucional. No se juzga el delito, sino a la persona. Este es un error declarado.

Porque esa es otra cosa: «la institución» (léase la legislación y las personas encargadas de aplicarla) está construida sobre estructuras que hay que modificar y está quedando especialmente en evidencia. Más que nunca. Y cuánto antes.

Esto no es una broma