Código de permutaciones

// C program to print all permutations with duplicates allowed 
#include <stdio.h> 
#include <string.h> 
#define OK	1
#define KO	0

  
/* Function to swap values at two pointers */
void swap(char *x, char *y) 
{ 
    char temp; 
    temp = *x; 
    *x = *y; 
    *y = temp; 
} 
  
/* Function to print permutations of string 
   This function takes three parameters: 
   1. String 
   2. Starting index of the string 
   3. Ending index of the string. */
void permute(char *a, int l, int r) 
{ 
   int i; 
   if (l == r) 
     printf("%s\n", a); 
   else
   { 
       for (i = l; i <= r; i++) 
       { 
          swap((a+l), (a+i)); 
          permute(a, l+1, r); 
          swap((a+l), (a+i)); //backtrack 
       } 
   } 
} 
  
/* Driver program to test above functions */
int main(int argc, char *argv[]) 
{ 
  if ((argc != 2) || (strlen(argv[1]) > 10))
  {
    printf("Utilización: %s Cadena\n", argv[0]);
    printf("'Cadena' no puede tener más de 10 caracteres.\n");
    return KO;
  }
    char str[27];
    strcpy(str, argv[1]);
    int n = strlen(str); 
    permute(str, 0, n-1); 
    return OK; 
}

 

720 maneras de escribir tu nombre

Gracias a la propuesta de «Amig@ invisible» a la que estuvimos jugando en el taller de Poesía y Escritura Creativa del grupo de los miércoles, me tocó hacerle un regalo a ISABEL y me planteé la curiosa propuesta de hacerle un pequeño obsequio sin adquirir absolutamente nada que no tuviese ya en mi poder.

Así que busqué un código que pudiese hacer permutaciones de palabras (sin repetición). Lo adapté a mis necesidades, aunque usar la palabra necesidad para esto no deja de tener algo de gracia, y generé un documento de las permutaciones que se pueden realizar con las 6 letras de la palabra ISABEL. A continuación, procedía hacer una desordenación aleatoria de las mismas con un comando linux bien sencillo:

sort -R isabel.txt > isabel_desordenada.txt

Lo más laborioso, pero también lo más bello, ha sido realizar la maquetación y posterior impresión de unos libretos con las 720 maneras de escribir su nombre, elegir la letra de la portada, en concreto, me ha llevado casi una mañana.

Las cartulinas que tenía disponibles para realizar la cubierta eran escasas y de un gramaje algo que pusieron en apuros (hasta casi estropear) a mi impresora Canon PIXMA 3650. Por supuesto, algunas de las tipografías elegidas para ser delicadas, como una Josefin Sans Light, apenas se ha impreso correctamente en varios de los ejemplares editados (no voy a realizar tiradas largas). Cada ejemplar de los así creados tendrán un precio de 6€ que era el máximo destinado al regalo del juego navideño.

Ahora me he encontrado con una fuente casi inagotable de generar publicaciones que me fascina: la utilización de la matemática y la informática para escribir textos poéticos delicados y dedicados, explorando la naturaleza corpórea del resultado en impresiones caseras sobre las que tengo un control exhaustivo y que me permiten, además, reutilizar materiales que casi tenía a punto de tirar (eso nunca, y lo sabes).

Traducción indeseada

A veces una red social hace cosas tan divertidas como traducir un poema que no era necesario traducir, y es que las palabras poéticas son como son: irreducibles, irreductibles, irredentas casi.

Mi querido amigo Ernesto, poeta visual, no sabía o no era consciente de que estaba escribiendo en portugués, de acuerdo a la ignorancia de la inteligencia artificial de Fafebook.

Papel para la poesía

Encontramos un papel, como puede ser el mantel de un restaurante tras una presentación de un libro de poesía, y sacamos un bolígrafo (o varios bolígrafos). Se reparte tinta disponible. Se escribe, casi sin pensar, sabiendo que se va a tirar a la basura. Son pequeñas tonterías que alguna vez retratamos, como si fuesen algo rescatable de la basura. Y recordamos lo divertido que fue escribir en un papel no pensado para ese fin, en un papel que tenía visos de ser un mantel, pretensiones de no servir nada más que para mancharse… y así fue: lo manchamos de poesía improvisada entre cervezas improvisadas…

Preparando portada para mi próximo libro de poesía programable

Se le llama code-poetry, pero en este caso es más bien poesía programable. Al fin y al cabo, ha salido de un programa hecho en C.

Estoy probando diferentes portadas, que quiero que tengan sólo texto (mínimo), y un único color plano (o dos).

Por supuesto y siguiendo mis consignas casi fundamentalistas, todo está realizado con software de código abierto: Inskape sobre Linux Mint.

Presentación de Planiverso

Mañana se presenta el libro de poesía Planiverso.

Una iniciativa de Yolanda Jimenez, quien coordina el proyecto consistente en la recuperación de 10 poetas mujeres procedentes de los 5 continentes (2 por cada uno) poco conocidas, traducidas en ocasiones y «leídas» poéticamente por 10 poetas españolas, entre las que se encuentran Kay Woo, Isamaría JM, Andrea Vidal Escabí, Leticia Rejas Rujas, María José Gómez Sánchez-Romate, JMariano Velazquez, Ernesto Pentón Cuza, Virginia García Falagán, Juan Peláez Gómez y la misma Yolanda Jimenez.

Yo participo con un extravagante y cariñoso prólogo en la presentación de este libro que vi gestarse en las tripas de la Asociación Cultural Clave 53.

Este es el prólogo con el que he participado:

Prólogo Planiverso

Un libro es un continente, pero este libro es un continente de continentes, un viaje a otros mundos, una mirada que ha huido afortunadamente de resultar folklórica, a los textos de una decena de mujeres poetas poco conocidas (ahora, tras la publicación de este poemario lo serán algo más, produciéndose una divertida paradoja) desde los ojos de una decena de poetas (de diversas procedencias) que habitan Madrid. Como comenta Yolanda Jiménez García, se trata de un safari poético con ánimo de lucro, el lucro de las sensibilidades ajenas que captura cada lector o lectora de cada píldora-poema dispensada por el universo.

A lo largo del periplo que nos ofrece la presente antología comisariada por Yolanda, recorremos las jaimas del disputado Sahara Occidental, regamos semillas de muerte en el vientre de mujeres mozambiqueñas, sobrevolamos océanos perlados de barreras de coral, lanzamos el ancla a puertos de caderas naufragadas, vadeamos el río Han de la mano de una niña todo corazón, alzamos el brazo como diosas libres, bebemos el canto del urheimat1 indoeuropeo, también – ¿por qué no? – desamordazamos voces a la luz extremeña, olemos la tristeza de la carne amontonada en galeones esclavistas y sentenciamos a poesía toda la faz de la Tierra.

Cuando oí hablar por primera vez, a principios del 2019, de este proyecto, me surgieron infinidad de preguntas como, por ejemplo, si tiene sentido hacer una separación temática en continentes que, de alguna manera, carecen de justificación física o geográfica salvo en un sentido político, fronterizo: ¿Es Rusia asiática o europea? ¿Turquía? ¿España, incluso? Y recordé la antigua clasificación en tres continentes de las antiguas civilizaciones que, en puridad, sería un único Eurafrasia, incluso, más atrás en el tiempo, aún está la referencia a una Pangea que abrazaba a toda especie animal y vegetal, cuya deriva sobre el magma terráqueo ha derivado en esta instantánea que hoy habitamos poblada de manera altamente desigual, como desigual también es el reparto de riqueza económica o idiomática.

Idiomas que plasmados quedan en esta cuidada edición bilingüe que presenta los poemas de las poetas cuasidesconocidas en sus propios sistemas de escritura, deleitándonos con la hermosa caligrafía árabe de Jadiyetu Omar Ali, el hangul del gran Seayong en la poesía de Lee Sumeyong, o el majestuoso cirílico (de San Cirilo) que nos ofrece Iryna Fedirko.

Los textos en alfabeto latino, procedente del griego oriental a través de los etruscos, adaptando el abyad (consonántico) fenicio, descendiente del protosinaítico, con origen en los jeroglíficos egipcios con eventual influencia cuneiforme, nos hablan de la posibilidad de intercambio de ideas, de la revolución que supuso el descubrimiento o invento de la escritura, pero también de la utópica transcripción de sentimientos individuales para poder hacerlos colectivos, si es que hay individuo que no sea social, de la necesidad que tiene cada poeta de expresar, cada artista de crear, esa necesidad de la que habla R. M. Rilke en sus Cartas a un joven poeta, esa necesidad que convierte la inscripción de signos sobre una hoja de papel en poesía.

Y si toda escritura es en origen jeroglífica o pictográfica, quizá eso explica por qué conviven tan bien estos poemas con las bellas ilustraciones que Vicente Ruiz parece haber dedicado cual cordilleras tectónicas intercontinentales.

Las poetas Noemía de Sousa, Ali Cobby Ekerman, Hinemoana Baker, Madhumita Das, Catalina Clara Ramírez de Guzmán, Phillis Wheatley, María Clara González de Urbina han sido transcritas usando ese alfabeto latino y pueden urgirnos a una pregunta incómoda: ¿De quién son los idiomas que hablamos? Cabe reflexionar sobre la manera en la que los idiomas han resultado en ocasiones ser utilizados (y aún hoy) como herramientas de dominio, de “colonización”, por el devenir de invasiones, migraciones, desplazamientos humanos mediante los que hemos poblado la tierra emergida de palabras (somos lenguaje), de discurso, de preguntas, de miradas, de abrazos pero también de desolación, guerras, odios e iras.

¿Cabría haber realizado este libro de otra manera atendiendo a otros criterios? Claro que sí, pero no es importante, pues ha sembrado la semilla para conocer más, para viajar más lejos, para no olvidar; un llamamiento al descubrimiento, una búsqueda de la poesía en toda otredad, en la distancia y el tiempo, en sensibilidades múltiples, recuperando el placer del encuentro, del safari, sabiendo que safari significa viaje en suajili, lingua franca de África centro-oriental cuya raíz es la voz árabe safar (???) de significado equivalente.

Conscientes o inconscientes de ello, de estar realizando un safari poético, Yolanda Jiménez García, J.Mariano Velázquez, Juan Peláez Gómez, Leticia Rejas Rujas, Kay Woo, Isabel Jiménez Moreno, Ernesto Pentón, Virginia García Falagán, María José Gómez Sánchez-Romate y Andrea Vidal Escabí han viajado a esas otras sensibilidades con empatía desbordante, con afán de vínculo, tendiendo puentes de corazón y palabra entre continentes distantes, entre culturas diferentes, entre seres humanos, buscando abrazar con sus poemas aquellos otros poemas de una docena de mujeres en el mundo que representan a la humanidad completa, a la más doliente de ella en ocasiones, la olvidada, la ignorada, la denigrada… y lo han conseguido.

Giusseppe Domínguez, Madrid, 20190822

La superficie

¿Qué hay bajo la superficie?

¿Qué hay sobre la superficie?

¿Qué es una superficie?

Me llama la atención la idea de que la superficie de una cosa (a falta de una expresión más detallada de aquello a lo que me refiero como acotado por superficies) esté formada por los mismos elementos básicos (protones, neutrones, electrones… sin entrar en sus componentes quark/muones, etc) que lo que hay sobre la superficie o lo que hay bajo la superficie.

¿Acaso podríamos decir que, a nivel micro-atómico no tiene sentido hablar de superficie?

Claro, se trata de un comportamiento, como la temperatura, que sólo adquiere sentido cuando son muchas (MUCHAS) las partículas involucradas, del orden del número de Avogadro o similar. Con menos de, pongamos, 1000 partículas aisladas, no hay superficie ni temperatura.

Y sin embargo, de cuando en cuando alguien realiza estadísticas con muestras mucho menores para determinar qué partido va a ser votado… y luego pasa lo que pasa, claro. Así que llamar ciencias políticas o ciencias económicas a ambas cosas… es cuando menos cuestionable.

Me gusta fijarme en la superficie de las cosas pensando que soy parte de un todo que no está dividido más que para que nos hagamos una composición de lugar más simple, el simplismo es inherente a la necesidad e aprehender el mundo, para poder hablar, para ser el lenguaje que somos, que nombra, que separa con cada apelativo, el dentro del fuera.

Vemos y creemos que ver es ser…

Y nos olvidamos de la percepción, de la mente, de la mezcla que hacemos en nuestras mentes (que tampoco tienen otra frontera que la que decidamos adjudicarles) para manejar conceptos asociados a objetos. Somos seres concretos y el principio de incertidumbre nos marea.

Acotamos lo acotable y, si no podemos, nos vemos sumidos en cierta angustia casi diría que existencial por no poder apresar nuestra realidad, nuestro entorno. Y es entonces cuando me acuerdo de aquella frase de un filósofo presocrático «El sol es plano como una hoja» y me doy cuenta de lo necesitados que estábamos de metáforas… de tropos, y recuerdo la pasión que siento por la poesía como herramienta para explicar el universo.

Un universo
verso
completamente inapresable
bajo ninguna superficie.

Esto no es una broma