Morada dicha palmera empanzurrada
en sí
bajo la cúpula dorada del destierro
y una paloma ausente
en el petril acallado de la hambruna
un pedestal cristo que ronda en el almendro
la llegada de la eternidad.
escape de vendedor ciclado
encontrando
allá, en la noche,
con la luz de tus ojos
la sombra, insomne, de tus labios.