Una inmensa sombra

He visto sangre de carne macilenta vomitar un llanto de miseria frente a mí
olido orines de hiel vertidos contra las rocas de iglesias convertidas en impúdicos urinarios públicos
pero grito
lloro
no hago nada
no sé qué hago
cuando recuerdo que
entre dos coches
un pantalón desaparecía
para que su culo
pudiese cagar,
apenas sus rodillas escapaban
del hedor y
unos pedazos de mierda
adornaban la calle
que
entre dos coches
vestía una inmensa sombra
para cubrir la vergüenza
de no tener Dios.

Esto no es una broma