{"id":802,"date":"2009-02-13T18:27:00","date_gmt":"2009-02-13T17:27:00","guid":{"rendered":"http:\/\/giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/londres\/"},"modified":"2014-09-10T11:30:50","modified_gmt":"2014-09-10T09:30:50","slug":"londres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/londres\/","title":{"rendered":"Londres"},"content":{"rendered":"<p>Hac\u00eda mucho tiempo que no me hac\u00eda tantas pajas. De hecho, creo que nunca en mi vida hab\u00eda comprado una de esas revistas que tanto se estilaba entre los adolescentes. Creo que tuve una adolescencia sin granos, puede ser, pero insana mentalmente. Tampoco vamos a exagerar ahora mi virginidad onanista, pero s\u00ed puedo decir que hac\u00eda mucho tiempo que no me hac\u00eda tantas pajas seguidas. Ya la edad no est\u00e1 para heroicidades ni hay siquiera falta de ni tiempo para ellas. En realidad hablo de heroicidad cuando quiero decir tristeza. El aburrimiento no es un estimulante que deje satisfecho el esp\u00edritu. El caso es que jam\u00e1s habr\u00eda previsto cuando me dijeron que ten\u00eda que venir a Londres que esto iba a ser lo m\u00e1s divertido, por decirlo de alguna manera, que iba a poder hacer para pasar el tiempo. Y ni siquiera as\u00ed se dejaba el tiempo acelerar un poco. El muy imb\u00e9cil se empe\u00f1aba en ir a la velocidad a la que crecen los olivos. Porque aunque por aqu\u00ed no haya olivos, la comparaci\u00f3n es perfectamente v\u00e1lida.<br \/>Llegu\u00e9 hace ya casi una eternidad que mucha gente conoce como semana. Despu\u00e9s de un trayecto en coche alquilado desde Daimiel a Barajas, sub\u00ed al avi\u00f3n que se alej\u00f3 alej\u00f3 alej\u00f3 haci\u00e9ndose m\u00e1s peque\u00f1o y con ello disminuyendo mi tama\u00f1o hasta la insignificancia. As\u00ed llegu\u00e9 a Heathrow terminal 1 con mi enorme portaequipajes que parece el de un duque por el tama\u00f1o, pero el de un excursionista por los vivos colores que eleg\u00ed para no confundir con otro mi equipaje. Resulta que estos colores se han puesto de moda y ahora son tan comunes que eso me sucede con cierta frecuencia, pero eso es otra historia.<br \/>Con mi maleta de rueditas sal\u00ed del aeropuerto hacia la puerta que me hab\u00edan indicado en informaci\u00f3n donde pod\u00eda tomar un autob\u00fas hacia un pueblo llamado nosecomo que empezaba con f (y no era fuck) en el que un tren me llevaba a Bracknell. Esto ya era entrar dentro del mapa que tra\u00eda como indicaci\u00f3n de donde se iba a celebrar el curso. Me sent\u00eda tan bien sabiendo que estar\u00eda en terreno conocido que no me daba cuenta de que me alejaba paulatinamente y mucho del centro de la ciudad. Una vez en Bracknell, una ciudad que no le recomiendo a nadie visitar, puesto que, aparte de tener unicamente industrias de las nuevas tecnolog\u00edas, no tiene mucho que ofrecer, busqu\u00e9 un taxi y le ped\u00ed que me llevase a Crowthorne que es, en resumidas cuentas, donde ha estado mi centro de operaciones durante esta eternidad que antes mencionaba. El hotel, Waterloo Hotel, ten\u00eda el aspecto de una casa de reposo y, como luego pude comprobar, esto era exactamente lo que era, por m\u00e1s que algunos nos empe\u00f1aramos en tratar de hacer de este sitio un hotel para ejecutivos. No acababa de resultar verosimil encontrar maletines de port\u00e1tiles y tel\u00e9fonos m\u00f3viles colgando de miles de corbatas mientras alrededor las ardillas de los bosques nos ignoraban completamente como si no fu\u00e9semos los amos del mundo.<br \/>Era domingo, como hoy, y yo estaba cansado y con dolor de est\u00f3mago por un poco de resaca del d\u00eda anterior que no hab\u00eda podido reposar lo que hizo que no quisiese plantearme nada m\u00e1s all\u00e1 de la alimentaci\u00f3n y la satisfacci\u00f3n del sue\u00f1o. Prepar\u00e9, no obstante, el material que pod\u00eda necesitar al dia siguiente, portatil, m\u00f3vil, cuadernos y bol\u00edgrafos, tarjetero y mi trajecito impecable de gris marengo, una corbata verde oscura discreta, lo cual es toda una excepci\u00f3n en mis corbatas, y una camisa de manga corta por si ten\u00eda calor de un tono verde pera que no resultaba menos discreta que la corbata y el traje absolutamente profesional.<br \/>Alrededor (de nuevo alrededor) todo verde. El campo se pierde en bosques a la primera ocasi\u00f3n que tiene de extenderse, el mundo es verde como los olivos del principio del mundo aunque no sea aqu\u00ed muy apropiada la comparaci\u00f3n olivar. Pero me da igual. Quer\u00eda hablar de nuevo del olivo y ya lo he hecho.<br \/>Cuando hube terminado mis preparativos, decid\u00ed que era hora de cenar. No quer\u00eda quedarme en el hotel para tener un poco la sensaci\u00f3n de haber aprovechado el domingo, as\u00ed que me fui dando un paseo, tranquilo, muy tranquilo, por la calle Duke\u2019s Ride de camino a lo que luego result\u00f3 ser el centro del pueblo, si es que se le puede llamar as\u00ed. En una esquina, un restaurante italiano estaba tent\u00e1ndome un recuerdo del fin de semana anterior en Roma con mi mujer, siendo un hombre tan feliz como lo puede llegar a ser un hombre enamorado y correspondido por una mujer semejante. No pude ni quise evitar la tentaci\u00f3n que adquiri\u00f3 forma de lasagna y pan de ajo bien regado por un par de vasitos de elicsir de Baco. Bastante tinto, por cierto. Por supuesto, al cabo de un rato, los camareros ya estaban charlando conmigo, por aquello de la consanguineidad latina, especialmente uno de ellos, que result\u00f3 ser el marido de la due\u00f1a del restaurante, un tipo argentino y simp\u00e1tico que parec\u00eda m\u00e1s reci\u00e9n aterrizado que yo en esta tierra de Robin Hood.<br \/>Despu\u00e9s, sin muchas m\u00e1s fuerzas restantes en mi cuerpo hispano, me fui de vuelta al hotel y me acost\u00e9. Dorm\u00ed como una bestezuela lo que no hab\u00eda dormido esa noche anterior y quiz\u00e1s algo m\u00e1s, sobre todo si tenemos en cuenta que por muy tarde que se cene en esta zona, lo m\u00e1s tarde que puede uno acabar es a las diez y media. Esto da mucho tiempo por las noches, por m\u00e1s que el desayuno sea a las ocho en punto.<br \/>Ese d\u00eda un taxi me recogi\u00f3 para volver a Bracknell, ese lugar irrecomendable, en el que comenzaba mi curso. Nadie me hab\u00eda dicho a qu\u00e9 hora daba comienzo as\u00ed que supuse que a las nueve en punto, lo que result\u00f3 ser una predicci\u00f3n totalmente correcta.<br \/>Cuatro asistentes. Supongo que as\u00ed nos pod\u00edamos sentir m\u00e1s especiales, m\u00e1s amos del mundo, pero las ardillas segu\u00edan sin entenderlo. En el caso de los suecos, uno de ellos realmente atractivo, tampoco los topos respetaban sus campos de golf donde entreten\u00edan sus tardes. Yo les envidiaba que tuviesen algo que hacer, una motivaci\u00f3n, algo por lo que querer terminar el d\u00eda, el trabajo&#8230; pero yo segu\u00eda sin encontrar nada que hacer. A pesar de que me hab\u00eda propuesto muy disciplinadamente traerme todos los deberes de mis clases de poes\u00eda y varias de mis lecturas, entre ellas a mi querido Gunter Grass que tanto pesa, un librillo recopilatorio de Poe para los ratos alegres y otro de meditaciones de Kafka para que no se pasen de alegres, supongo. De poes\u00eda, lo \u00fanico que traje conmigo fue una antolog\u00eda que a\u00fan no he terminado de Apollinaire. Me dije, tengo el port\u00e1til as\u00ed que puedo aprovecharlo y hacer algo de las tareas directamente en \u00e9l, pero luego ten\u00eda una especie como de respeto o miedo a tocar algo de la empresa que no me dejaba concentrarme en no pensar, en no concentrarme, en escribir, en resumidas cuentas. De hecho, eso me est\u00e1 a\u00fan pasando mientras escribo esto y los dedos cometen m\u00e1s errores tipogr\u00e1ficos de lo habitual y siento el teclado m\u00e1s lejano por m\u00e1s que est\u00e9 m\u00e1s cerca y no lo aporreo como suelo hacer cuando tomo confianza&#8230; esto, de alguna manera, me paraliza un poco.<br \/>Despu\u00e9s de tanto preparativo en el vestuario, yo era el \u00fanico con traje y corbata en el seminario, posiblemente, incluso, en el edificio pero sent\u00eda, a\u00fan es m\u00e1s, que yo era el \u00fanico con traje y corbata en el mundo entero. Esto era algo que pod\u00eda pasar, presentido y para lo cual ten\u00eda incluso la respuesta preparada, as\u00ed que no fue algo tan grave como para avergonzarme, pero s\u00ed para demostrarme que el mundo y yo seguimos caminando por sendas paralelas que se tocar\u00e1n en el infinito de mi muerte eterna.<br \/>Ese d\u00eda, el primero de los cuatro que dur\u00f3 el curso, las clases terminaron a las tres o tres y media y decid\u00ed volver al hotel a cambiarme de ropa y ver qu\u00e9 se pod\u00eda hacer. No quise coger un taxi: fr\u00edo medio de transporte donde los haya y prefer\u00ed acercarme andando en busca de la estaci\u00f3n de tren o la de autobuses y desde all\u00ed buscar una c\u00f3moda combinaci\u00f3n a Crowthorne. <br \/>Lo m\u00e1s agradable fue volver en autob\u00fas coincidiendo con la salida del colegio de todas aquellas ni\u00f1as insolentes con falditas cortas, camisas blancas y ese ligero toque de n\u00ednfula insufrible que tan irrestible me resulta. Afortunadamente, no tanto como para no caer en el pecado original o no tan original de violar alguna de ellas contra las paredes del autob\u00fas, bajo la mirada de sus amigas que est\u00e1n intentando aprender algo de lo que les pasar\u00e1 a ellas el d\u00eda de ma\u00f1ana. Simplemente, sin m\u00e1s que alg\u00fan pensamiento calenturiento, llegu\u00e9 al hotel y me cambi\u00e9 de ropa. Ese d\u00eda me ir\u00eda por ah\u00ed a conocer el pueblo. Si hubiese sabido lo que me esperaba conocer no s\u00e9 si no hubiese postpuesto mi inspecci\u00f3n todo lo m\u00e1s posible.<br \/>M\u00e1s all\u00e1 del Don Beni en el que hab\u00eda cenado la noche anterior, se extend\u00eda una calle llamada High Street (aunque igual s\u00f3lo se llamaba High, de hecho, posiblemente, se llama as\u00ed) en la que estaban los comercios. Los 16 comercios del pueblo. Porque no ten\u00eda m\u00e1s. Tres restaurantes, tres pubs, una oficina de correos, un supermercado, una gasolinera con tienda de productos varios, dos agencias de viajes, dos oficinas bancarias, una tienda de adornos joyas escobas objetos curiosos menaje del hogar, otra de caramelos y una \u00faltima m\u00e1s bien indefinida que ten\u00eda la osad\u00eda de llamarse Mall. Esto, por supuesto sin incluir las tres iglesias, dos guarder\u00edas, el cementerio y el asilo de ancianos u hogar de la vejez, seg\u00fan la traducci\u00f3n literal.<br \/>El resultado de mi escrutinio fue una peque\u00f1a decepci\u00f3n que fue haci\u00e9ndose mayor y m\u00e1s latente hasta llegar al punto en el que considero el aburrimiento como el estado natural del hombre en este pueblo. Especialmente, pude notar esto cuando el Viernes finalmente tuve ocasi\u00f3n de acercarme a la verdaderamente bulliciosa Londres de brazos abiertos y gentes alocadas, calles populosas, anchas avenidas, comercios multicolores, transportes p\u00fablicos a discreci\u00f3n, cafeter\u00edas, personas muri\u00e9ndose de hambre en el metro, o en las aceras, ricos comerciantes lanzando firmas bajo bodegones marrones de pubs de tres plantas con terrazas iluminadas, taxis, lanzallamas de alegr\u00eda y tristeza, de vida y muerte, de miseria y riqueza, poder e impotencia, lujuria y m\u00e1s lujuria&#8230; pero esto a\u00fan no tengo que contarlo, para no alterar el orden cronol\u00f3gico o il\u00f3gico de la historia.<br \/>Entr\u00e9 en el restaurante indio de Duke\u2019s Ride y ped\u00ed una comida que, por cierto, estaba delicios y al salir, fue cuando tuve claro que ten\u00eda que actuar, correspond\u00eda tomar alguna medida de precauci\u00f3n contra la inmovilidad de mis m\u00fasculos y, dej\u00e1ndome llevar por la curiosidad, por la soledad, por el aburrimiento sobre todo y, tambi\u00e9n, por qu\u00e9 no, tambi\u00e9n por las ganas de descargar un poco mi semen almacenado desde hac\u00eda unos d\u00edas, me atrev\u00ed a comprar una revista en el establecimiento de la gasolinera.<br \/>La elecci\u00f3n de la revista fue algo m\u00e1s dif\u00edcil de lo que hab\u00eda previsto pues todas ellas parec\u00edan demasiado expl\u00edcitas, como con poco hueco para que la imaginaci\u00f3n de uno pueda entrar en el juego y participar en el proceso de excitaci\u00f3n. Es m\u00e1s, de hecho, no me resultaban nada sugerentes las portadas ni en absoluto las imaginaba remotamente excitantes. Despu\u00e9s de una costosa revisi\u00f3n de la colecci\u00f3n que ten\u00edan (pues result\u00f3 que en esto s\u00ed ten\u00edan una gran variedad en este pueblo) me decid\u00ed por una en la que en la portada, al menos, se pod\u00eda distingur a primera vista una mujer, en bragas y sujetador, haciendo juego a tonos rosas y una mirada seductora y juguetona. Creo, no obstante, que no es el principal atractivo comercial de estas revistas plagadas de fotos m\u00e1s bien extra\u00eddas de tratados de anatom\u00eda comparada.<br \/>Aprovech\u00e9 para comprar desodorante y una botella de agua pero no con la intenci\u00f3n de quitar peso a mi adquisici\u00f3n principal que no era otra que la revista Men\u2019s Only.<br \/>Una vez ante el mostrador, el chaval que ten\u00eda que cobrarme ten\u00eda una cara risue\u00f1a y como cargada de picard\u00eda, de una picard\u00eda que yo no pod\u00eda tolerar, le habr\u00eda borrado la cara de un soplido o le hubiese sacado la polla delante de sus narices para decirle que a veces ella tambi\u00e9n tiene necesidades y no s\u00f3lo mis sobacos, pero me abstuve de hacerme c\u00e9lebre en el pueblo y le dije que s\u00ed a un comentario que no entend\u00ed acerca de la compra y, sin m\u00e1s, me fui.<br \/>En el hotel, tumbado en la cama, con el techo mir\u00e1ndome, las paredes mir\u00e1ndome, la televisi\u00f3n mir\u00e1ndome, la cama grabando mis movimientos, report\u00e1ndolos a recepci\u00f3n, pasaba las hojas de la revista intentando conseguir una excitaci\u00f3n. Digo intentando porque no fue sino pasado un rato que logr\u00e9 que aquella poblicaci\u00f3n sirviese para algo. Finalmente, mirando los ojos de la chica de la portada, me corr\u00ed.<br \/>La sensaci\u00f3n conocida de vac\u00edo y tristeza me llev\u00f3 a tiempos pasados, a una nostalgia de adolescencia aislada, triste y vac\u00eda, como si toda mi infancia hubiese sido una gigantesca paja que dios se hizo en la polla infernal de la vida eterna. Otra vez la vida eterna.<br \/>Afortunadamente, tambi\u00e9n me trajo el sue\u00f1o y me dorm\u00ed.<br \/>De esta manera hab\u00eda pasado el primer d\u00eda de curso, el segundo de estancia en lo que mucha gente cre\u00eda que se llamaba Londres y en realidad era Crowthorne.<br \/>El tercero de estancia y segundo de curso, o sea, el martes, comenz\u00f3 de igual manera que el lunes y a la misma hora hab\u00eda terminado de desayunar unos huevos con beicon y un caf\u00e9 con un par de muffins que no s\u00e9 traducir. De cada desayuno, sustra\u00eda un tarrito de mermelada que luego hac\u00eda un viaje conmigo en taxi a Bracknell, asist\u00eda a las mismas tonter\u00edas que yo, escuchaba el mismo pavoneo que yo, esperaba a que el caf\u00e9 de media ma\u00f1ana me permitiese llamar a Carmen, com\u00eda conmigo mientras yo com\u00eda enfrente al monitor a las doce en punto, como un buen y cl\u00e1sico inglisman. Por \u00faltimo, me acompa\u00f1aba, como ese martes, a la estaci\u00f3n de autubuses a coger el 194 que me dejaba en frente de Don Beni. Saludaba a mis conocidos y me dejaba caer por Duke\u2019s Ride hasta llegar a Waterloo. All\u00ed, el frasquito de cristal se iba con otros frasquitos de cristal con mermelada dentro que iban poblando el fondo del bolsillo de mi maleta. Yo, me iba solo.<br \/>El segundo d\u00eda, martes, de curso, tercero de estancia, me decid\u00ed a ir a un caf\u00e9 o a un bar a tomar una cerveza, comportarme como un aut\u00e9ntico ingl\u00e9s, as\u00ed que tuve que decir que no a lo del caf\u00e9, y llegu\u00e9 hasta un local llamado Something Inn que ten\u00eda un par de tablas fuera en las que se pod\u00eda estar sentado y aprovech\u00e9 para leer un rato a GG, mientras el sol se iba yendo despacio, como todo en este pueblo, por su l\u00ednea de flotaci\u00f3n y dejaba una claridad ambigua y fr\u00eda en la que ya no me estorbaba. Disfrutando de esta calma, de esta soledad hasta aburrirme, se me acercaron tres muchachas, m\u00e1s bien jovenzuelas, una de las cuales, la m\u00e1s guapa que seguramente lo sab\u00eda, me pregunt\u00f3 en un idioma que me cost\u00f3 reconocer que si pod\u00eda tener cincuenta pis. Tard\u00e9 tanto en saber qu\u00e9 contestar que ella crey\u00f3 que no lo entend\u00eda y me dijo, con un deje de altaner\u00eda que si me lo escrib\u00eda. Yo le dije que vale, le dej\u00e9 mi cuaderno y ella me lo escribi\u00f3 (esto, despu\u00e9s, me sirvi\u00f3 para un par de poemas, no est\u00e1 mal) pero yo segu\u00eda muy bien sin saber qu\u00e9 contestar, as\u00ed que lo \u00fanico que le dije es que los necesitaba y ella, entonces, ya sin muchas m\u00e1s palabras, dijo ok y se march\u00f3 arrastrando a sus dos amigas al fondo de la nada de la que hab\u00edan surgido. Volv\u00eda a estar solo, en la mesa del exterior del BlahBlah Inn pero esta vez no estaba en calma, no dejaba de pensar en el descaro que hab\u00eda tenido esa mocosa para pedirme as\u00ed dinero y en la falta de recursos en mi respuesta, la falta de ingenio, la brusquedad de mi derrota, vamos, que no pude seguir leyendo.<br \/>Por si acaso hab\u00eda suerte&#8230; este es un mal comienzo si no se cree en la suerte, me vine al hotel a cenar para poder aprovechar mejor el tiempo y luego escribir en el port\u00e1til o seguir leyendo en la habitaci\u00f3n.<br \/>La cena en el hotel fue poco menos que mala. La cocina no parece muy interesante y la comida, en resumidas cuentas, de calidad pero preparada sin imaginaci\u00f3n ni elegancia. Pero aprovech\u00e9 para escribir unas cartas a mis amigas desde la misma mesa de mi cena. Una forma insuficiente de sentirse algo acompa\u00f1ado.<br \/>El cuarto d\u00eda de estancia y tercero de curso ten\u00eda que instalar en el port\u00e1til (para eso lo hab\u00eda tra\u00eddo, de hecho) la aplicaci\u00f3n sobre la que me estaban formando as\u00ed que, m\u00e1s que atreverme a escribir cosas m\u00edas o semejante, me dediqu\u00e9 a revisar el estado del equipo, a copiar la aplicaci\u00f3n en el disco duro para que su instalaci\u00f3n fuese m\u00e1s r\u00e1pida, a tener presente todo posible imprevisto lo que, como su propio nombre indica, es imposible. Conclusi\u00f3n, no escrib\u00ed lo que ten\u00eda que escribir para el mi\u00e9rcoles que era este relato y no pude enviarlo al d\u00eda siguiente. Como corolario de la conclusi\u00f3n, me sobr\u00f3 tiempo y me falt\u00f3 tiempo para volver a practicar la \u00fanica actividad medianamente placentera en este tiempo que me acompa\u00f1aba aunque fuese en fotograf\u00edas, que me hac\u00eda, por un instante, eso s\u00ed, sentirme menos solo para, un instante despu\u00e9s, sentirme infinitamente solo, solo en profundidad y en extensi\u00f3n, en la distancia y en la hora, en el tiempo y el espacio, solo como s\u00f3lo lo hab\u00eda estado hace ya tanto tiempo que no quiero recordarlo.<br \/>Tercer mi\u00e9rcoles d\u00eda de curso cuarto de estancia. Hac\u00eda tiempo que no disfrutaba comparativamente tanto del trabajo como ese d\u00eda. Era mejor estar en ese edificio cibern\u00e9tico, fr\u00edo y elegante, de corte inteligente y eficiente, seguro y limpio, azul y gris pardo, pardo como los pantalones de los fascistas, azul como los ojos de la muchacha de la media libra, era mejor estar encerrado que tan libre, tan libre como lo estar\u00eda cuando me devolviesen a mi realidad, a esa que no me estaba gustando vivir, ese turismo profesional que me preguntaba qu\u00e9 sentido tendr\u00eda, cu\u00e1l era la raz\u00f3n verdadera y profunda por la que yo estaba aceptando aquella vejaci\u00f3n, aquella peque\u00f1ita alienaci\u00f3n que muchos s\u00e9 que considerar\u00edan privilegio. De nuevo, recuerdo la imagen de las paralelas que se tocan en el infinito.<br \/>A la vuelta al hotel, esta vez en coche por cortes\u00eda del compa\u00f1ero camarada instalador, me cambi\u00e9 de ropa, me quit\u00e9 la de la prostituci\u00f3n pues empezaba mi tiempo libre, y me fui al otro extremo de High Street a ver si hab\u00eda algo de la animaci\u00f3n prometida, pues alguien me hab\u00eda mentido que en aquella parte el pueblo es m\u00e1s activo. Estuve cenando solo en un restaurante vietnamita, pero cuando digo solo quiero decir que yo era el \u00fanico cliente. Y, en parte, puedo entenderlo porque no era nada sabrosa aquella comida m\u00e1s bien sosa y seca. Por supuesto, no se debe sacar de aqu\u00ed que yo juzgo la comida oriental por el patr\u00f3n de este local, en modo alguno, si bien al contrario, supongo que me extra\u00f1\u00f3 encontrar un restaurante oriental en el que la comida fuese tan simple, que no sencilla, y desapetecible.<br \/>Volv\u00ed al hotel intentando hacer que la calle se hiciese eterna, que el paseo fuese un paseo, pero no hab\u00eda nada que hacer: la calle diminuta no tiene manera de estirarse a esa velocidad tan lenta a la que pasan las cosas, si la luz fuese m\u00e1s despacio&#8230; pero resulta que dicen que la luz viaja a una velocidad fija y eso es lo que lo fastidia todo.<br \/>Por tanto, de nuevo otra vez temprano, demasiado temprano, en una soledad que no sab\u00eda manejar. En la cama, ya olvidada la revista por aburrimiento angelical, me dio por recordar a mi mujer, momentos que no puedo transcribir sin su permiso, su cuerpo insinuante que es tan superficialmente p\u00fablico como yo, sus curvas, sus senos, su risa, su dulzura, sus manos, sus besos, sus piernas, su culo vainilla, su sexo de miel, sabores, colores, texturas y adem\u00e1s compa\u00f1\u00eda, por fin, sinti\u00e9ndome con alguien, aunque fuese conmigo mismo, con mi imaginaci\u00f3n, con figuras de tango que bailaba en mi cuerpo, con pasos danzarines desnuda en el espejo, mi mano, poco a poco, me masturb\u00f3.<br \/>Quinto d\u00eda jueves de estancia \u00faltimo de curso pues el d\u00eda tercero nos hab\u00edan dicho que daba tiempo a terminar en cuatro d\u00edas con un poco de esfuerzo. Todos est\u00e1bamos dispuestos a hacer ese esfuerzo. Especialmente yo, pues eso significaba un d\u00eda libre para escapar de mi Elba, para ir a Waterloo, al de verdad, al de la estaci\u00f3n de tren en Londres City, a ver pasar los coches por las calles, a lagrimear en los caf\u00e9s mientras me perd\u00eda en la contemplaci\u00f3n de alguna turista que ande despistada.<br \/>Las despedidas fueron poco m\u00e1s o menos g\u00e9lidas. Como si no hubi\u00e9semos comido nunca juntos, como si nos acab\u00e1semos de conocer, como dos que salen a la vez de un autob\u00fas en el que han hecho un viaje de 20 kil\u00f3metros.<br \/>Yo volv\u00ed a mi estaci\u00f3n de autobuses, de ah\u00ed a Crowthorne y desde la parada al hotel. En el hotel baj\u00e9 a tomar algo y le\u00ed un rato (ya hab\u00eda terminado a Poe y a Gunter Grass) de mi olvidado subjuntivista Kafka que resulta que no se consideraba kafkiano en el sentido de heredero de la tradici\u00f3n familiar y resulta que fue \u00e9l, a partir de su vida, el que ha dado el sentido verdadero (\u00fanico y verdadero) a esa palabra.<br \/>Por la noche, es decir, a las ocho, me acerqu\u00e9 a Don Beni donde quer\u00eda tomar lo que supon\u00eda que ser\u00eda mi \u00faltima cena en este pueblo. Tal y como luego ha sido. Acab\u00e9 tarde porque estuve hablando largo y tendido con el due\u00f1o del local, un siciliano m\u00e1s chulo que la mayor\u00eda de los hombres mortales, pero simp\u00e1tico y tolerable a pesar de ello. Tres copas largas de vino hab\u00edan tenido la culpa (si es que esta palabra se puede seguir utilizando) de mi fluidez y atrevimiento.<br \/>Al final, casi en estado de embriaguez, me volv\u00ed al hotel a dormir. Ca\u00ed m\u00e1s bien rendido y a la ma\u00f1ana siguiente ten\u00eda que madrugar para coger el expreso X07 hacia Victoria Station.<br \/>Como un ni\u00f1o el d\u00eda de su cumplea\u00f1os, esa noche apenas pod\u00eda dormir, tanta excitaci\u00f3n me produc\u00eda el hecho de escapar por un d\u00eda de este exilio, de esta prisi\u00f3n sin lindes, esta carcel en la que adem\u00e1s hab\u00eda de ser mi propio carcelero.<br \/>Media hora m\u00e1s tarde que de costumbre, el desayuno, la consabida usurpaci\u00f3n de material alimenticio, la despedida del recepcionista. La parada del autob\u00fas. A\u00fan me quedaba media hora de espera, pero sab\u00eda que ya me estaba yendo, con esto, tambi\u00e9n un poco de vuelta a casa, un poco cerca de Carmen, de mi nosoledad, de mi Madrid de mis entretelas, de mis amigos y amigas, de mis cines, de mis calles, mi gente, mi miseria, mi tristeza descarnada y vital, metros y grupos de poes\u00eda, plazas terrazas, sol sin excepci\u00f3n, aire acondicionado, un ba\u00f1o que conozco, una botella de rioja en el trastero, sus besos, mis besos, poemas y libros.<br \/>Londres era un poco ese s\u00edmbolo de final de recorrido, \u00faltimos metros, la meta est\u00e1 pr\u00f3xima, imagino sus piernas cayendo suaves bajo su vestido azul, el aire un poco atrevido se mete entre sus muslos y comienza a jugar, las bragas que no existen, el cuerpo se humedece, una garganta que traga saliva que sobra, saliva que hace falta, imagino en el ba\u00f1o, en el \u00faltimo segundo, en el tiempo de descuento, su sonrisa morena, su pelo alborotado, sus pechos puntiagudos, su piel insudorosa abrazando a la m\u00eda y el agua se agita, la espuma se evapora, movimientos suaves se transforman en ritmo, el ritmo caribe\u00f1o en ritmo bacalao, tres \u00faltimos tambores estallan en el lago, una lava imparable destruye el universo, cadalso del dios padre, que se pierde \u00e9l solito en la recta infinita que ya no es paralela, porque es curva infinita, circulo abierto, arco voltaico de mi felicidad, un fecundo adelanto de alegr\u00eda inmensa, un adelanto, un caballo, un sue\u00f1o que no cuento, un principio del fin.<\/p>\n<p><i>Crowthorne, 20010526.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hac\u00eda mucho tiempo que no me hac\u00eda tantas pajas. De hecho, creo que nunca en mi vida hab\u00eda comprado una de esas revistas que tanto se estilaba entre los adolescentes. Creo que tuve una adolescencia sin granos, puede ser, pero insana mentalmente. Tampoco vamos a exagerar ahora mi virginidad onanista, pero s\u00ed puedo decir que &#8230; <a title=\"Londres\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/londres\/\">Read more<span class=\"screen-reader-text\">Londres<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10,11],"tags":[],"class_list":["post-802","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-libros","category-relatosdelolvido"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/802","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=802"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/802\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":882,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/802\/revisions\/882"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=802"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=802"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=802"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}